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Saturday, September 04, 2010

Un enemigo furibundo de Pancho Madrigal

Un enemigo furibundo de Pancho Madrigal

Douglas Salamanca

En una edición reciente del periódico oficialista “El 19” aparece una carta abierta del poeta Félix Javier Navarrete, quien trabaja como vocero del Consejo Supremo Electoral. La carta destila una profunda y visceral animadversión contra Fabio Gadea Mantilla, director de Radio Corporación y creador del popular personaje de Pancho Madrigal.

Navarrete acusa a Gadea de aspirar a la presidencia. “Con mucha tristeza he observado que el síndrome de la Presidentitis aguda, tan arraigado en la cultura nicaragüense, está perturbándote en el ocaso de tu vida”. Le habla, como puede verse, como mucha familiaridad, y como aquejado de una enfermedad senil. Le niega el derecho a postularse como candidato a la presidencia ya que esa magistratura se encuentra reservada, al parecer, para Daniel Ortega. En el caso de este último, no resulta reprobable, de acuerdo al articulista, querer seguir siendo presidente después de 17 años al frente de ese cargo.

Luego pasa Navarrete a descalificar al personaje de Pancho Madrigal. “Quiero que sepás que crecí escuchando por la radio tus cuentos de muertos que salen de sus tumbas y de fantasmas pueblerinos como La Llorona y el Padre sin Cabeza, y siempre dudé de su calidad estética”. Resulta admirable que Navarrete hubiese desde niño dudado de la calidad estética de ese programa radial que cita. De haberlo hecho, tenemos que reconocer que fue un niño realmente precoz, dotado de un agudo sentido crítico.

Como era de esperar, le reprocha luego a Gadea su avanzada edad. “En primer lugar, tu edad te condena, y tu formación feudal, decimonónica te descarta completamente”. Pero Navarrete no objeta nada contra la avanzada edad del cardenal Obando (quien, según un secreto a voces, es el padre de Roberto Rivas), y sigue dando guerra dentro de la palestra política nacional. Continúa diciendo luego: “Tus cartas de amor a Nicaragua, por no decir, tus libelos de odio y resentimiento, reflejan un ostracismo que ni Aniceto lo tiene”. Aquí sí hay un problema de insuficiencia cultural, ya que la palabra “ostracismo” está empleada de una manera errónea. Recomiendo al poeta Navarrete consultar el diccionario antes de escribir una palabra que no conoce bien.

También le recrimina por no ser un buen patrón con los periodistas que trabajan en su radioemisora. “… Me han llamado para decirte que ojalá esto de la candidatura presidencial sea un cuento más como en realidad lo es, porque si estando en el poder nunca te preocupaste por el gremio periodístico de tu radio, menos si llegaras a la presidencia de la República. Y con ese carácter y ese ego que tienes, sólo en el Galope te aguantan”.

En un determinado momento, Félix revela cuáles son sus motivaciones más sentidas y secretas. Lo que le incomoda a él, o a sus superiores, fue una “Carta de Amor a Nicaragua”, publicada en el diario La Prensa, en la cual Gadea atacó al Consejo Supremo Electoral. Sobre ese particular, Navarrete le dice: “En esa carta hay más odio que reflexión. Hay estrechez y poco raciocinio.” Pero la carta, en realidad, es muy lúcida y totalmente apegada a la razón y a la verdad.

Previsiblemente, Navarrete, quien en otras ocasiones ha defendido a su jefe Roberto Rivas a capa y espada, defiende los resultados del fraude. “De estos resultados electorales y de estos votos que custodiaron los magistrados a quienes vos atacás, fue que salieron electos diputados tu hijo, tu nuera, tu consuegro y vos mismo. En primer lugar, lo mínimo que yo esperaría de vos son pruebas de lo que estás afirmando”. Navarrete pide pruebas del fraude. Todo parece indicar que para él no son suficientes las abrumadoras pruebas presentadas por los periódicos ni la televisión, el hecho de que los cómputos no sean congruentes, que una parte de los resultados no hayan sido nunca revelados, ni el cúmulo de evidencias que presentaron los partidos políticos de oposición, los propios implicados en el engaño, y los observadores locales e internacionales.

Finalmente, Navarrete hace una confesión y una profesión de fe, tomando partido a favor del gobierno. “Gracias a la revolución y al sandinismo, los nicaragüenses tenemos una formación política con la que hemos aprendido a distinguir las leyendas de la derecha de los programas concretos que ofrece el gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional tanto en el campo como en la ciudad”. Se nos presenta como el militante más ortodoxo, dando a entender que su trabajo en el Consejo Supremo Electoral no es que se respete el voto y la voluntad popular expresada en las urnas, sino garantizar que se manipulen las elecciones para que Ortega triunfe, de una manera u otra.

Un comentario de los lectores, publicado en el mismo diario digital dice “ Creo que el "pueta" Félix Navarrete no tiene más argumentos que el veneno. Como el oficio de escribir poemas - y malos poemas - no da tanto como el ser vocero de Rivas, tiene que defender al jefe. Pero parece que también le pagan extras por volarle penca a otro”

Y otro lector irreverente, llamado Yukis, afirma: “Muy buena defensa de tu "hueso", Felix Navarrete. Te quisiera ver escribiendo eso fuera de la teta del Consejo Supremo Electoral. Sos un vividor y tu cara lo refleja.”

Por mi parte, quiero señalar que el caso de Navarrete es similar al de tantos otros que se han visto obligados a plumiferizarse, en aras de congraciarse con el régimen actual, que exige de sus vasallos no sólo lealtad, sino absoluta sumisión e incondicionalidad. Su caso es lamentable, porque al prestarse a ese juego él menoscaba su dignidad, y al mismo tiempo envidiable, por las múltiples prebendas que cosecha, de las cuales no disfrutamos quienes nos limitamos a observar los toros desde la barrera.

Otro aspecto a señalar es este: Navarrete “regala” al Consejo Supremo Electoral su talento literario, que a mi modo de ver sí lo tiene, ya que es autor de uno o dos cuentos meritorios. Debería ser retribuido aparte por atacar ponzoñosamente a Pancho Madrigal, ya que esa tarea, en la que emplea sus mejores dardos de que dispone, no está especificada en su contrato. Por otra parte, pienso que el poeta es ingrato, ya que no reconoce las horas agradables de suspenso y emoción que antaño le brindó el personaje radial que ahora ofende. Jorge Luis Borges era más agradecido, pues no quiso hablar mal de Sherlock Holmes, una afición que disfrutó de niño y abandonó siendo viejo.

Finalmente, Navarrete omite un detalle: si Fabio Gadea Mantilla es un anciano venerable, y es tan popular como su personaje de Pancho Madrigal, legendario y casi mitológico a la vez, ¿no sería ese un mérito suficiente para respetarlo, siendo que tras de él está la voz de un amplio sector de nuestra población? En otras palabras, esa gente sencilla que admira a Pancho Madrigal, ¿no tiene derecho a exigir que su ídolo no sea difamado? Ese es un aspecto en el cual Navarrete, dada la tesitura en que se encuentra, no tiene obviamente, el menor interés en considerar.

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