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Wednesday, August 31, 2016

CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL SISTEMA DE REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS APA

Consideraciones críticas sobre el sistema de referencias bibliográficas conocido por sus siglas en inglés como APA

Por: Aníbal Alemán y Freddy Quezada


1) INTRODUCCIÓN

La lectura del presente ensayo en esta revista, probará que no fue rechazado para su consideración, a pesar del empleo de unas reglas bibliográficas contraindicadas y que, de atribuirle un carácter excepcional a su publicación, que será de recibo agradecer a su Consejo Editorial, será, también de suyo, la prueba que existen otros modos de citar autores, a la espera de un dictamen experticio que certifique su invalidez y superación que, en nuestra investigación, nosotros no logramos encontrar.
El presente artículo nace de observar las angustias que pasan muchos estudiantes a la hora de utilizar referencias bibliográficas, para soportar la solidez de sus trabajos investigativos de curso y las distintas modalidades de defensas de grado, donde su mal empleo se penaliza, a veces, desproporcionadamente.

En la UNAN-Managua, en muchas universidades del país, así como en Centros de Investigaciones Regionales, Instituciones de Estudios Superiores y Revistas indexadas de América Latina, se usa el sistema de referencias bibliográficas conocidas por sus siglas en inglés llamada APA (American Psychological Association) cuyo manual de procedimientos ya va por su sexta edición (http://www.cifcomlatinoamerica.com/Presentacion_Estilo_APA_6ta_Edicion.pdf) [1]

En este escrito, por razones demostrativas, pues usaremos el  estilo como prueba, no emplearemos tal modo de referencias para citar, sino el anterior (a base de numeraciones sucesivas en superíndices dentro del cuerpo del texto y cuyas referencias bibliográficas, dispensándose de presentarlas al final, para no interrumpir la lectura, se deja a discreción del lector continuar o informarse de ellas al pie de página [2]), conocido como sistema de Vancouver [3] y así demostrar, por la vía del ejemplo, su pertinencia y recordar que no sólo existe el APA como modelo hoy dominante, sino otros, cuya validez y eficacia nadie ha concluido, por medio de un dictamen de colegio de expertos, hasta hoy, como improcedentes e inútiles.

En muchas universidades de Nicaragua, en parte, un trabajo para ser calificado como científico debe utilizar las normas APA como sistema de referencias bibliográficas. Se ha llegado incluso a llamar, por algunos miembros de la comunidad académica, al empleo de unas reglas imperativas como indicador científico, confundiendo los medios con los resultados. Sin embargo, no sólo este sistema existe. Y, aún más, cualquier sistema de referencias hunde sus raíces en el problema de la representación que se hacen unos pensadores con, y de, otros y todos ellos con respecto a sus objetos, sean naturales (a los que los científicos suponen mudos) o sociales, a los que los pensadores, por sí y ante sí, a través de macroconceptos, deciden representar sin su concurso. Entre Boyle y Hobbes.[4]
Todo intelectual, por principio, establece en gran parte su autoridad, en una cadena hermenéutica,  a través de referencias de otras autoridades, que considera mayores y trascendentes, para criticarlas o servirse de ellas. El problema de un intelectual que cita a otro, es un fenómeno que no sólo cae dentro de la teoría de la representación, que veremos a continuación, sino de las interpretaciones y significados por parte de los receptores, que veremos al final. Y este es el nudo que une esta explicación ensayística, a la espera de indagaciones más empíricas, de lo que representa el APA en términos epistémicos y la severidad con que se invita a obedecerlo.

2) El APA como parte de un problema de representación

La representación epistémica moderna fue definida y, al mismo tiempo criticada, por Heidegger. Decía más o menos que era la adecuación (exadaequatio) entre un sujeto y un objeto, fórmula que habría sido fundada por Kant, quien la presentó por vez primera como su “revolución copernicana”. Pero Heidegger, yendo más allá, observó que tal atributo haría de todas las cosas un “objeto para un sujeto” que, sin advertirlo, haría del sujeto mismo, también, otro objeto más, concluyendo que jamás llegaremos a ser un sujeto[5] y arrastrando todo, a un mundo de manipulaciones y cálculos, donde permanecería prisionera la metafísica, la ciencia y la técnica, descendientes unas de otras.[6] Y todas, olvidando a un ser que se movería entre ellas, abriéndose a su posibilidad más auténtica (como lo planteó en Ser y Tiempo) y, ya en sus obras tardías, simplemente sucediéndose en los acontecimientos cotidianos, mediante una especie de apropiación disolvente (ereignis) y un darse (es gibt) gratuito, dejando ser al Ser.

Quizás no sea tan claro en qué medida una representación calculadora, puede beneficiar a los intelectuales que la emplean, al decidirse por programas emancipadores, necesitados de sujetos sufrientes que soporten el esquema y se les reconozca como autoridad en los dos sentidos, como autores y como líderes.

Gayatri Spivak[7], una pensadora india, y en la línea de su maestro Jacques Derrida, a su vez tributario de Heidegger, parece ser más clara, al establecer dos tipos de representaciones que, en alemán, cuenta con dos términos: vertretung y darstellung. El primer término es “hablar por alguien”, lo que hacen, por lo general, los intelectuales al hablar por los subalternos; y el darstellung, que se ocupa mucho en el arte y que es  hablar “como si fuera otro”, lo que se conoce como representación escénica o imaginación literaria. Esto ha sido un recurso intelectual de toda la vida, porque siempre los pensadores han hablado por unos subalternos que existen de manera empírica, pero que ellos construyen, cargándolos casi siempre de virtudes especiales, hasta el grado de conseguir borrarse ellos mismos durante el acto. Entonces se presentan transparentes y proyectan la impresión que invitan a una voz “otra” a que hable, como si fuera autónoma.[8] Este asunto, en sí mismo crucial para la interpretación que tenemos sobre la hegemonía del APA,  no puede ser abordado aquí por razones de espacio. Pero sí podemos articularlo, dentro de la misma línea, de lo que hicieron algunos antropólogos estadounidenses, durante la embriaguez postmoderna que sufrieron muchas disciplinas entre las décadas de los ‘80 y un poco más del año 2000.

El APA no sólo son alertas tempranas, expresables en nuevas reglas para devolver la autoestima a unos autores deprimidos, sino la respuesta a la crisis provocada por ellos mismos, a partir del giro postmoderno de reconocer el debilitamiento de la autoridad (despotismo del emisor) en todos los sentidos, incluyendo el epistémico. En particular fue Stephen Tyler, y un grupo de autores denominados a sí mismos antropólogos posmodernos, quienes originaron el registro de la amenaza a la estabilidad de todo el sistema representacional de autores, al exigir créditos editoriales y derechos, al menos de coautoría, para los grupos étnicos que estudiaban como “objetos”. Tyler alborotó el avispero.

El rehúso de reconocer la coautoría de los “objetos” de estudio, desencadenó lo que después pasó a conocerse como la “contrarrevolución copernicana” que no era más que la insubordinación de los actores sociales, construidos por los intelectuales desde sus programas emancipadores. Aún en el desorden de su retirada, para la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS, algunos pensadores mantuvieron una especie de guerrilla, que terminaron por reducir luces mesiánicas a sus sujetos sufrientes y, sin embargo, por otro lado, mantenerles privilegios epistémicos a algunos movimientos sociales. El caso de los decoloniales es ilustrador.

El intelectual empezó a resentir su papel representacional con la entrada de los medios de comunicación de masas, en donde se desplazó todo el acento de los emisores ilustrados a los usuarios, a la doxa, que es ahora la que reacciona desde esas pestañas interactivas en las redes sociales y desde donde se permite expresar groserías e insultos, es cierto, pero también  opiniones muy elaboradas y donde ya no se distingue quién es el letrado simple y quién el doctor, por la disponibilidad del mismo banco de archivos electrónicos para todos.

La sacralidad del intelectual, empezó a debilitarse, pues, y llevar a algunos de ellos, a reconocer su rebajamiento y humillación de jueces de la humanidad a vulgares intérpretes, como nos confiesa Zygmunt Bauman.[9] Los intelectuales en la actualidad son facilitadores porque, a su despecho, se obligan a saberse “otros” diferentes y sentirse, al mismo tiempo,  igual que los demás. Han sufrido un golpe que le viene de deslegitimar su capacidad representativa en nombres de valores abstractos, sin lugares ni historias.

Para  colmo, la carga interpretativa de los intelectuales ha llegado donde ya está siendo distribuida entre los receptores, por medio de los nuevos medios de comunicación interactivos. Ahora, recién ingresados al reino de la recepción, paso facilitado por la hermenéutica de los textos, se abre a la recuperación de una dignidad de las personas comunes y corrientes, que pueden tener acceso electrónico a unas redes desde las que ejercen, al menos, un poder reactivo. [10] Es muy difícil en nuestros días que, por ejemplo,  un paciente acepte la declaración pasivamente, por parte de su médico, de una dolencia severa acompañada de la respectiva medicación, si luego, para la siguiente cita, tal paciente no lleva ya varias preguntas y alternativas de curación, tomadas de Google.

3) APA como problema de antropólogos


Los antropólogos postmodernos estadounidenses, hemos dicho más arriba, cuestionaron la autoría de sus obras elaboradas sobre sus objetos de estudios, que eran algunas “tribus” no occidentales. Stephen Tyler[11], el más radical de todos ellos, creía que las obras de los antropólogos no eran propias, sino, al menos parcialmente, de los grupos étnicos estudiados. Tyler, decía que no podía ser posible que una historia étnica llevara el nombre de quien había efectuado un papel parecido al de un editor de historias ajenas.

Stephen Tyler y su escuela, amenazó todo el sistema de referencias por autor, que la antropología venía de compartir con los psicólogos estadounidenses del APA desde que se fundó tal régimen citacional, usado casi como ghetto por ellos, y toda la estima atesorada por los intelectuales, a base del reflejo de sus apellidos en el seno de unos textos ya amenazados por la teoría finita del receptor, [12] atravesó un nerviosismo a la que habría que sumarle la epistémica, que pasaba de la tiranía del emisor a la polisemia de los receptores.

Tyler, pues, concentra el solo, los dos frentes de batalla abiertos con su crítica: por un lado, la decisión de los psicólogos de devolver la confianza a los autores por medio de la masificación de su particular método de referencias, ya sin la compañía de los antropólogos que,  más  o menos para la misma época, estaban, por el otro lado, criticando epistémicamente a sus propios autores. En tal marco es donde se une una cosa con otra.

Los antropólogos gringos, pues, activaron algo que parecía más bien una denuncia y que se regó como pólvora en las demás disciplinas, al grado que los intelectuales no podían permanecer impunes, sin recibir un castigo al menos, o una censura de los “objetos”  que, en el caso de ellos, grupos étnicos no occidentales, no podían reclamar derechos de autor, ni protestar por múltiples razones.
Mientras esta tormenta tomaba lugar, muchas universidades y países continuaron usando el  sistema inglés, el clásico. Este sistema proviene de la sociedad médica de Gran Bretaña y fue promovida por editores de sus revistas. Una conjetura altamente probable es que las diferencias entre psicólogos y médicos anglosajones, pueda provenir de rivalidades de mercados, usuarios, consumidores y financiamiento de proyectos científicos y el efecto que podría originar la sobre presencia o no, de autores en promoción abierta. Sospecha que, de ser cierta, vista desde las Universidades del Sur, sería la triste confirmación de una esclavitud epistémica practicada por unas instituciones subalternas que, en puridad, deberían resistirla, sobre todo aquellas que dicen combatir todo tipo de enajenación y obediencia ciega a centros imperiales de decisiones externas.


DIFERENCIAS ENTRE SISTEMAS DE
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
SISTEMA DE VANCOUVER
APA
SISTEMA ELECTRÓNICO            
Privilegia obras 
Privilegia autores
Privilegia enlaces
Mensaje
Emisor
Receptor
Gentil con el lector al recogerse en notas al pie de página, al final de capítulo u obra
Interrumpe lectura en el seno de las obras, con apellidos
Admite reacciones de usuarios en pestañas interactivas
Proviene de sociedades médicas inglesas
No admite combinaciones con el sistema anterior
Admite todo tipo de combinaciones
Sin conocimiento de estudio de liquidación de uso
Discusión en antropología sobre legitimidad de los etnógrafos, fue resuelta por alza de autoestima de autor por APA
Teoría de receptores y poder del número
Flexible
Rígido
Hipertextual

Fuente: elaboración propia

Al APA, según su última edición, parece preocuparle más las formas de citar electrónicas que  derrotar al sistema inglés, más el futuro que el pasado, porque se nota el esfuerzo de compatibilizar dentro de su oferta, los sistemas electrónicos, más cambiantes de suyo,  inseguros y con pocas garantías de poseer una originalidad inusual en los archivos rediáticos.[13] Y, con todo, más fecundos y con una altísima capacidad, muchas veces anónimas y/o seudónimas, de conectar unas ideas con otras y estas, a su vez, con millones más, a través de hipervínculos retroalimentarios. No sabría decirse si lo que el APA siente hacia los sistemas de referencias electrónicos es una amenaza que podría representar su sepultura, o una promesa que podría ser su nueva residencia como inquilino.

FORMAS ELECTRÓNICAS DE CITAR EN APA


4) Recomendación

Citar no es un pecado. Es parte del oficio de un intelectual. De eso vivimos también muchos críticos, profesores y profesionales, de citar, haciendo muchas veces refritos y, en medio de eso, brindando alguna que otra idea original, acompañada de resultados empíricos y datos estadísticos al gusto, dándonos por bien pagados. Sólo los genios son los que hacen nuevas teorías que rompen con sus propios antecesores y eso es precisamente lo que los presenta a ellos ante la sociedad como tales.

Todas las universidades tienen derecho de adoptar el sistema de referencias que ellas estimen más eficaz y conveniente. Nadie discute ese derecho. El problema es que no se puede decir que un sistema sea superior a otro, hasta no contar con un dictamen de expertos que señalen las fallas de uno y las virtudes del otro. Es decir, no hay una resolución experticia que concluya que el sistema inglés no sirve para nada y el APA es superior. Como esto no existe, tenemos derecho a preguntarnos: ¿cómo se impuso el uno sobre el otro? Y, más aún, ¿hay justicia en penalizar desmesuradamente, en virtud de “vanidades de pequeñas diferencias”, a estudiantes, doctorandos y maestrantes por no emplear la versión sexta que no mandata negrillas, propia de la versión cuarta, y que huelga en aquella el uso destacado de las obras en favor de apellidos? Sólo se puede denominar como una violencia epistémica, que se ha hecho pasar por científica, la imposición inconsulta de un sistema referencial sobre otro en las universidades, sean cuales sean.

Aún cuando existan justificaciones legítimas de aceptar el APA, no se exime de presentar la historia y las causas de su recibimiento y la recomendación sana de despenalizar su uso y permitir un margen relativo de libertad y creatividad al usuario, de utilizar el sistema de referencias que más estime conveniente o combinarlos, siempre y cuando se guarde la coherencia y transparencia debidas.
En el espíritu de este ensayo ha dominado un sentido abierto y democrático, sin perjuicio de sus críticas y recomendaciones, siempre a favor de la excelencia de la enseñanza en nuestra Universidad, y sólo nos resta, como cierre, llamar a la discusión académica de altura sobre las bondades y desventajas que representan todos los regímenes citacionales que se emplean, y emplearon, en nuestra Alma Mater.





BIBLIOGRAFÍA

Bauman, Zygmunt. La cultura como praxis. Paidós. Barcelona, 2002
    ----               Legisladores e intérpretes. Ed. Quilmes. Argentina, 1997

Eco, Umberto. Los límites de la interpretación. Ed. Lumen. Barcelona, 1992

Latour, Bruno. La Esperanza de Pandora. Gedisa. Barcelona, 2001
    ----               Nunca fuimos modernos. Siglo XXI. Bs. As. 2007
La prensa “Revista Domingo”. Nicaragua. 2014
Sloterdijk, Peter.  Ira y Tiempo. Estacao Libertade. Sao Paulo, 2012
Spivak, Gayatri. “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” en Orbis Tertius. Año 3. No. 6. Universidad de La Plata. Argentina, 1998

Tyler, Stephen.   “Acerca de la ‘descripción/desescritura’ como un ‘hablar por’. C. Geertz, J Cliffor et al. El surgimiento de la Antropología Postmoderna, Gedisa, Barcelona, 1991; págs: 289-294

Zizek, Slavoj. Viviendo el final de los tiempos. Akal. Madrid, 2010


N       O       T      A         S     





[1] Consiste en lo esencial en citar, in media res, referencias por medio del apellido de los autores, con la fecha entre paréntesis de las obras aludidas y la página exacta si la cita es textual. Al final, se dispone la bibliografía por orden alfabético. Las diferencias entre las últimas ediciones son muy pequeñas (ver https://es.scribd.com/doc/169507715/APA-Diferencias-5ta-y-6ta-Ediciones), en lo que respecta al núcleo duro del formato propiamente dicho, por ejemplo, los títulos de las obras, en la sexta edición, ya no necesitan presentarse en cursivas. La parte gruesa de las diferencias, corre a cuenta de ajustar el canon a las formas electrónicas de citar, muchas veces prescindiendo de apellidos y cuya presentación, a través de esos largos y alambicados códigos del protocolo html, rompen la belleza y economía que sus creadores creen haber logrado. Véase cuadro sinóptico más abajo.

[2] En el APA se interrumpe la lectura en el seno de las obras, con apellidos, como cuando se ve una película en televisión abierta que, constantemente, rompe la  atención y coherencia con anuncios publicitarios. Mientras que el sistema inglés, más gentil, se recoge en notas al pie, como esta misma, brindando la opción al lector de leerla o seguir de corrido la lectura en la parte superior.

[3] En Europa, una parte significativa de académicos de renombre, véase Peter Sloterdijk, en Alemania, Rector de la Universidad de Karlsruhe (Cfr. Ira y Tiempo. Estacao Libertade. Sao Paulo, 2012), Zygmunt Bauman (Cfr. La cultura como praxis. Paidós. Barcelona, 2002 ) en Inglaterra y Slavoj Zizek (Viviendo el final de los tiempos. Akal. Madrid, 2010) en Francia y Argentina, entre otros, citados sólo porque son la moda hoy en América Latina, vivos y laureados, continúan usando el sistema inglés y, en algunas universidades estadounidenses, como Harvard, se permite una combinación flexible.

[4] Bruno Latour ha trabajado este asunto. Ver su obra  Nunca fuimos modernos. Siglo XXI. Bs. As. 2007. Sin embargo, no llegó tan lejos, pese a ser desprendible de su estudio, como para proponer la penalización de las promesas, por parte de los políticos y la de los pronósticos, por parte de los científicos.

[5]  Este es el principio que heredará Derrida, para establecer la diferancia, que consistirá en pasar de un significante a otro y de este a otro más y así sucesivamente sin alcanzar nunca la presencia o el significado pleno (Ousia). Tal registro lo llevó a expresar esa fórmula que lo hizo célebre: “no hay nada fuera del lenguaje”.

[6] En este contexto es donde Heidegger expresa que la “ciencia no piensa, calcula”.

[7] Gayatri Spivak. “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” en Orbis Tertius. Año 3. No. 6. Universidad de La Plata. Argentina, 1998.

[8] En realidad, en tal construcción, lo que hay es una cadena binaria que, desde Sócrates, voz narrativa de Platón, nos han hecho creer que ellos, los sabios y los sofistas, manejan la episteme, como Platón y Aristóteles, y otros, la retórica, como los sofistas. Tanto estos como aquellos, se unen en medio de sus diferencias, a veces violentas entre el saber y el poder, en contra de los que Sócrates llamó  los “diez mil necios” de Atenas, conformados por hombre, mujeres, niños, atenienses, que cuentan sólo con una doxa, es decir, que ellos solamente pueden opinar, pero no pueden formular teorías ni saberes. (Cfr Bruno Latour. La Esperanza de Pandora. Gedisa. Barcelona, 2001, en especial la parte “Sócrates y Calicles contra el pueblo de Atenas”, págs: 262-281). Se puede afirmar que lo que inaugura la relación y ese juego eurocéntrico de una categoría despreciable y oculta determinada por otra, maestra y brillante, se muestra entre la doxa de los atenienses necios y la episteme prestigiada y privilegiada de Platón y Sócrates, funcional a todo el juego binario, desde entonces, entre plebeyos romanos y patricios, siervos y sus señores, pecadores y sus pastores, burgueses y obreros, hasta desembocar en subalternos y hegemónicos y en una categoría muy especial, la de “ciudadano”, que sólo crecerá en círculos expansivos y concéntricos  a costa de sí misma.
[9] Zygmunt Bauman. Legisladores e intérpretes. Ed. Quilmes. Argentina, 1997

[10] La misma tecnología se encargará de proporcionar herramientas para ejercer más este poder en la red. Un ejemplo es la creación de una Internet tan rápida como la luz. Nos referimos a la tecnología LIFE  (fidelidad Lumínica, por sus siglas en inglés), que podría ser una realidad comercial en octubre de este año. Se trata de una tecnología que utiliza la luz eléctrica para la transmisión de datos a una velocidad cinco veces superior a la del WIFI. La tecnología LIFE se considera todavía en fase experimental, debido al corto tiempo que tiene en desarrollo. En el año 2010, el físico alemán Harald Haas empezó a desarrollar esta tecnología en la universidad de Edimburgo en el Reino Unido y México será el primer país de América Latina que usará este tipo de tecnología por medio de la empresa Sisoft.

[11] Stephen Tyler, antropólogo norteamericano, dice todas estas cosas en una antología de varios autores. C. Geertz, J Cliffor et al.  El surgimiento de la Antropología Postmoderna, Gedisa, Barcelona, 1991.Véase el capítulo propiamente de Tyler “Acerca de la ‘descripción/desescritura’ como un ‘hablar por’; págs: 289-294

[12] Ver Umberto Eco. Los límites de la interpretación. Ed. Lumen. Barcelona, 1992.
[13] El problema por su magnitud, (y el peso del número puede aquí cambiar las perspectivas, invirtiendo los términos y siendo los censuradores los llamados a cambiar de actitud) como se sabe, está dejando de ser un asunto ético y se está volviendo un problema epistémico, porque es tan masivo el plagio de los textos electrónicos (a través del copy and paste), que, a su vez, muy posiblemente, estos son plagiados y así retroactivamente, de tal manera que se amenaza con declarar que no hay originales sólo copias de copias, un poco como Nietzsche decía de la realidad: “no hay hechos, sólo interpretaciones”.



Monday, July 20, 2015

Tipología de usuarios en las redes


TIPOLOGA DE USUARIOS EN LAS REDES

 1. Los faranduleros: aquellos dedicados a informar sobre las novedades de la música, el cine y las series de televisión. Usualmente toman de Yahoo, y de algunos portales exclusivos de esos rubros, los chismes que consigan la atención. Pelean por establecer el mejor episodio de Juegos de Tronos, la mejor frase del Dr. House y la mayor perversidad de Mad Men.


2. Los religiosos: saturan todo el Facebook con oraciones  y postales, religiosas o no, bellísimas. Muchos hacen invitaciones conmovedoras y llenas de piedad y, a continuación amenazan coléricamente con catástrofes bíblicas, si no presionan like donde ellos ordenan.


3. Los dogmáticos: convencidos de su causa, sólo puede ser lo que ellos dicen. Júpiter tunantes, truenan cuando alguien duda de sus proposiciones, o interpretan de otro modo, las cifras que ellos mismos ofrecen. Se ganan calladamente el desprecio del usuario común y el temor de quienes se les acercan por vez primera.


 4. Los gays: alegres, divertidos, pero firmes a la hora de defender sus derechos. Cuentan con el defecto de no permitir bromas sobre su condición y amenazan con prohibirlas para cualquier otro movimiento social, corriendo el riesgo de arrasar al humor en general con las penalizaciones que recomiendan para la burla y el cotilleo.


5. Los chistositos: se burlan de todo y de todos, en primer lugar de sí mismos. Pero es un esfuerzo que no siempre les resulta exitoso, llevándose algunas amonestaciones privadas y públicas cuando su humor se basa en los tipos 2, 4 y 12.  Suelen apodar a sus amigas con personajes de caricaturas infantiles como My Little Ponys, Peppa Pig, Peg+Gato,

6. Los vulgares: muy abundantes en las discusiones, cuando se trata de ofender al adversario a base de malas palabras, obscenidades al uso e insultos a granel, por lo común mal redactadas y peor estructuradas en oraciones simples.


7. Los académicos: docentes y estudiantes, constituidos en grupos específicos para sus fines, que empiezan, de buena fe, preguntando por calificaciones, calendarios de matrículas, exámenes, deberes académicos y bibliografía fina, para terminar extraviándose a continuación en todas las avenidas de las redes, consagradas a la diversión, el chismorreo y el bacanal.

8. Los pensadores: caen mal a todos los usuarios y se hacen odiar fácilmente por pedantes, autosuficientes y engreídos. Este servidor, hace poco acaba de ofrecer un manual sobre los que quieren parecérseles y que se le puede consultar en este mismo blog.





9. Los “selfistas”: hombres y mujeres, por igual, que se entregan al innoble arte de tomarse fotografías hasta en el toilette y bajos los ángulos más inimaginables que cubren desde limpieza de fosas nasales hasta el descubrimiento de coxis y glúteos, al parecer, necesitados de socorro coital.


10. Los obsesionados por ser seguidos: amantes de las estadísticas sobre cuántos “likes” han recibido sus fotos y sus citas, tomadas de otros muros. Cuántos seguidores en Twitter han ganado y han perdido en el curso de una semana. Son los que constantemente verifican quiénes están detrás de cada “me gusta” en el listado automático que ofrece la red. Y mantienen abiertas de 10 a 15 ventanas para empezar a chatear fuerte por inbox.


11. Los comerciantes: les importa una mierda los usuarios. Ellos lo que quieren es vender. Y se acabó el mundo si lo logran.


12. Los espiritualistas: los de verdad, sin incluir a una colonia de charlatanes y vagos, son muy pocos. Se les nota cuando en las discusiones o cuestionamientos hacia ellos, guardan una serenidad aurática y sus respuestas son muy equilibradas, sensatas y educadas.


13. Los “oldies”: Montón de ancianos que confunden las redes con la calle, donde se sientan en una mecedora a ver a las muchachas. Cuando dejan de hacer el ridículo con poemitas, frases cursis, presentación de fotos con sus peinaditos de David Cassidy (el de la "Familia Partridge") y alusiones a la vieja época que, para ellos es incomparable, saturan las redes con música “oldies” y films en blanco y negro que la mayoría de usuarios observa como cuando una cucaracha sube por una pared o un ratón, de ojitos pequeños, asoma la cabeza por un agujero.





14. Los activistas: Abundan a derecha e izquierda. Son legiones y cada bando jura que ha llegado a las redes a cambiar el mundo donde, recíprocamente, cada uno cree que el otro se lo impide. Chocan con mucha violencia cuando sobre la agenda ocurre un evento que concita la atención mundial.


15. Los diseñadores: como los espiritualistas, son muy pocos. Si son electrónicos, se parecen a los hackers y más de uno ha padecido las consecuencias penales de la confusión. Se cree que son los creadores de los memes más imaginativos, jocosos e ilustradores de las redes. Son los nuevos dioses de estos nichos.


16. Los que prometen que se van: pandilla de irresolutos y chantajistas que se dan más importancia de la que tienen y merecen y parten de la idea fija y enferma que los usuarios los necesitan.


17. Los que regresaron: estos aprendieron la lección del grupo anterior. Como nadie se dignó llamarlos, regresan, como el perro arrepentido del Chavo, con la mirada tierna, el hocico partido y el rabo entre las piernas.


18. Las madres y los padres: el grupo, para los y las jóvenes, más terrorífico de las redes. Más eficaces que los servicios de inteligencia, conocedores de toda la información que uno no puede negarles en los interrogatorios, más poderoso que el más grande enemigo de la juventud, son un grupo que se mueve en silencio y a veces, sólo para averiguar algo, se comunican con los abuelos del tipo 13.


19. Los informantes: son omnívoros. Informan de todo. Mientras no ocurra una explosión de un volcán en México, un tifón en Filipinas o un terremoto en Asia Central, se especializan en ciertos rubros a un ritmo vegetativo y perezoso, como las estadísticas en los deportes, el cambio climático en el planeta o las recetas culinarias de Doña Haydee o de Nelson Porta. Apenas llegan los noticiones, pasan a gozar con ellos.


20. Los voyeurs: parásitos como yo, que sólo sirven para espiar a los demás y taxonomizarlos como mariposas desangeladas o hienas risueñas disecadas. 

Friday, July 17, 2015

Manual para parecer pensador en las redes

MANUAL PARA PARECER PENSADOR EN LAS REDES

Por Freddy Quezada




1. Escriba bien si desea engañar.  El menor error ortográfico, sus competidores no se lo perdonarán.

2. Decida enlistarse en grupos de discusión profunda y especializada, aunque Ud no sepa nada del campo.

3. Si decide, por razones estratégicas, parecer del bando de las “divinas”, tome citas de los filósofos griegos y Marx y no vaya tan lejos, puede hacerlo desde el mismo Facebook del que se sirve. Y, agréguele una aura de misticismo, citando a Confucio.

4. Amenace, si desea parecer del bando de las “populares”, con sacar a pasear a Foucault y los postcoloniales, cuando nadie le empiece a creer que Ud es marxista genuino.

5. A discreción primero, y a granel después, anúnciese militante de los decoloniales pero cuídese de no pronunciarse a favor de uno u otro de sus cabecillas, durante sus discusiones. Hable de ellos en general, como cuando estaban juntos.

6. En los grupos, en las casillas de reacción, siga a los que parezcan imponerse en la discusión, hasta que llegue el siguiente ganador. Emplee términos, para el que parece tener éxito, como “es evidente lo que dice”, “por supuesto que no se puede estar más de acuerdo”, “desde luego que es indiscutible” y, a continuación, presione “like”.

7. Hágase odiar por el mismo público que le hace reír con sus memes, al acordarle razón a autores de alta cultura, como Eco, Steiner, Vargas Llosa y otros, cuando estallan en rabietas, contra ellos.

8. A través del “inbox”, acuerde propósitos comunes con sus amigos de secundaria para darse “me gusta” mutuamente y producir el efecto de un sabio seguido por legiones.

9. Pague, en Twitter, si puede, o benefíciese de las promociones gratis durante un mes, para hacerse de un número de seguidores que pueda impresionar, con cierta discreción, para no parecer de alquiler.

10. No hay “Dasein” que valga sin publicarse en las redes.

11.  Hágale creer a los usuarios que domina el inglés, francés y alemán, pero que se ha negado a usarlos por eurocéntricos. Impresione usando palabras quechuas, quichés, guaraníes y tojobales.

12. Absténgase de manifestarse sobre pregrados. Manéjese en exclusiva a nivel de postgrados todo el tiempo y bibliografía de difícil rastreo, aunque lo único que ande buscando, en la realidad, es que alguien le preste dinero.

13. En las discusiones de los grupos especialistas, déjese notar por frases cortas y sibilinas y luego suspenda sus apariciones. Haga sentir su ausencia, para que la hagan notar unos cuatro miembros, tres de los cuales sean sus amigos, y el cuarto un ingenuo.

14. Húyale a los pensadores de verdad e invite a los usuarios a desconfiar de ellos por rasgos como la edad, la brutalidad de sus expresiones y la sinceridad cruel de su sabiduría.

15. Tómese “selfies” leyendo los libros de moda en una actitud reflexiva, aunque lo que esté pensando sea cómo pagarse el almuerzo. Procure colocar de fondo una biblioteca ajena o diseñe un montaje con una foto extraída del banco de imágenes de Google.



16. Defienda a los usuarios aunque hable mal de ellos.

17. Amenace con renunciar periódicamente, para brindar la impresión que lo tienen cansado y déjese rogar para que no lo haga.

18. Abra un segundo perfil, y desde ahí, permítase la libertad de decir los contrario de lo que dice en el primero. E invítese, Ud. mismo, desde cualquiera de los perfiles, a respetar el derecho a la transparencia y la libertad de expresión (y proceda a abrir un tercer perfil, uno nunca sabe, como prueba del reaseguro de su derecho).

19. En las canciones y tracks de películas, haga comentarios superficiales y simule que será más sesudo en una segunda visita a las redes. Cuando de verdad haya regresado, olvídelo y, al primero que se lo recuerde, dele de baja.


20. Repártase en la inscripción de grupos de discusión opuestos y tome los argumentos de unos para llevarlos al otro, diciendo que hará de abogado del diablo. Si lo sorprenden en falta y flagrancia del ardid, váyase a su segundo perfil y demande apoyo para Ud mismo. Use el tercero, que tendrá ya a esta altura, en la vidriera de emergencia, para sumar más voces.


21. Finja despreciar a los auténticos pensadores, que lo vuelven verde de envidia, y redoble los signos de interrogación sobre sus vidas que todo mundo conoce y pueda servirle para desautorizarlos sobre lo más fuerte de sus discursos.

22. Mezcle, sin orden ni concierto, paradigmas, teorías y culturas, unas con otras (por ejemplo, descubrir que para resolver un gran, gran problema, pueden ser fecundas, las fórmulas que emplea Peg+Gato), hasta producir la sensación que ya está creando y disponga del poder bautista de todo pensador genuino, para dotarse de un nombre propio, que antes deberá consultar con un publicista sediento de fama, que perfectamente puede ser su primo.


23. Hable mal de todos los grandes pensadores, pero sólo después de haber consultado, en la Wikipedia, la parte correspondiente a la crítica que les han hecho adversarios tan grandes como ellos. Tómelas y aunque no las comprenda, úselas discretamente.

24. Hágase necesitar de dos grupos para responder preguntas de gran aliento: a) estudiantes (de preferencia amigos incondicionales suyos, digamos de una vez, cómplices que acuerden de previo qué cuestionarán); b) expertos con rango de doctores, de cuyas tesis públicas se puedan tomar sus preguntas directrices, que ellos mismos las responden en sus conclusiones. Luego, suba las preguntas de ambos grupos a su muro y proceda a resolverlas con ceremonia y falsa modestia. Los usuarios no saldrán de su asombro.


25. Elija, entre sus amigos incondicionales, al alcohólico brillante, pero autodestructivo y al geniecillo fracasado y de baja autoestima, para que le revisen sus memes propios, vulgares y apestados de sentido común. Después de mejorados, súbalos de inmediato a su muro, dedíqueselos a ellos y, con la humildad fingida de siempre, declárelos, después, patrimonio de la Humanidad y hágase admirar por todos.

Managua, 19 de Julio del 2015 (Ay, Dios, qué fecha !!! Hace 36 años estaba encima de un barril invertido, en una zona residencial, anunciándole a una recua de borrachos de clase media, que la revolución había triunfado. Me llevaron en andas por todo el barrio, como Santo Domingo de Guzmán, el patrono de Managua).


Tuesday, June 10, 2014

Estrategias de activismo en Facebook

ESTRATEGIAS DEL ACTIVISMO EN FACEBOOK

Freddy Quezada

  1. EL DIAGRAMA CLÁSICO

Recibí gentilmente la invitación a este Foro por parte de la Red de Jóvenes Comunicadores. Les agradecí el gesto y empeñé mi palabra en asistir, bajo la condición que no podía presentar algo definitivo. Les dije, a los dos muchachos que se presentaron a mi despacho, para oír un adelanto de lo que hoy me atreveré a decir aquí, con carácter provisional y, quizás sin ser esa mi intención, provocador, que no podría entregar a la audiencia algo acabado y destinado a algún medio público.

A veces creo que me dejo llevar por una suerte de alucinación y que muchas cosas que pienso, pueden ser extravíos y verdaderos desatinos que, al más educado de los auditorios, no los movería a reír a carcajada batiente, y sería de recibo agradecerlo, pero sí, es seguro, a desplegar una sonrisita piadosa, como esas que uno destina a los privados de cordura o, a los morosos haciendo fila en un banco.

Con la venia, pues, de una audiencia comprensiva, procedo a presentar algunas ideas sobre la agonística en las redes sociales, en especial en Facebook.

Es ya un sentido común, patrimonio de todas las ciencias y de la opinión pública en general, el esquema básico de la comunicación que se compone, de modo relevante, sin ser los únicos componentes, aunque si los más importantes de: emisor, mensaje y receptor.

La historia de la comunicación y sus paradigmas han seguido un orden que empezó con el autor/emisor y está cerrándose, al parecer en un círculo hermenéutico, con el lector/receptor. Creo que tal paradigma sigue o es modelo, a su vez, para que lo sigan otros, de la carga que han llevado a su turno, en la economía y en la política, con el productor, la mercancía y los consumidores, aquella; y el Estado, la constitución y los ciudadanos, esta.

La soberanía del consumidor (economía), el poder de la sociedad civil (política) y las teoría de la recepción (semiótica) han gozado, desde sus campos propios, de los que los teóricos del caos llaman un “enganchamiento de fases”, algo que ellos explican de modo sencillo, y brutal para algunos espíritus delicados, como cuando se descuartiza un pollo y, todas sus partes, vivas aún, palpitan de un modo caótico, hasta sincronizarse poco a poco y acompañarse entre ellas, a un mismo ritmo conjunto.

Hubo una época, de la cual aún hay indicios fuertes en muchas áreas, del despotismo del autor o del emisor. Su palabra, sobre todo si era escrita, era casi emitida como una orden, cuya vigilancia corría a cargo de un cuerpo de intérpretes autorizados. La Biblia, la Ilíada, El Capital, etc. eran los modelos. Autor era casi lo mismo que decir autoridad, de donde, por cierto, derivan ambas de la misma raíz latina. Las vanguardias en política y economía y el intérprete autorizado en semiótica, dominaron el escenario por mucho tiempo, contando con la colaboración pasiva, a veces construidos por ellos mismos, de consumidores, masas y receptores, como cadenas cuantitativas obedientes a regímenes fuertes de verdades. En algunos de los casos, sobre todo los emancipadores, participativos, es cierto, pero no decisionales, ni  controladores desde abajo. Podemos resumir diciendo lo siguiente del emisor:

  • Emisor: despotismo de autor, vanguardias profesionales, regímenes de verdades fuertes, certezas imperativas, liderazgos infalibles, violencia de fundamentos, etc.

A continuación, y todavía hoy son dominantes, surgió la necesidad de descodificar los mensajes a través de su coherencia interna y al margen de la intentio auctoris, de la intención de los autores. Le debemos lo más sofisticado de estos análisis, a los estructuralistas y postestructuralistas franceses, y más tarde, a los estadounidenses. De alguna manera, la obsesión por descubrir lo encerrado como un tesoro en las obras literarias primero y en los mensajes prosaicos después, les llegó de la filosofía de la sospecha y/o del hermetismo, como sugiere Umberto Eco. La idea que detrás de una cosa hay algo oculto que obliga a la experticia a desocultarlo y que, a su vez, esa cosa no es definitiva sino que remite a otra y otra y otra, en un  rehusarse perpetuo, en una metafísica de la presencia, ad infinitum. En manos de los deconstruccionistas, quienes irán muy lejos, esto significará una deriva y diseminación del mensaje, hasta el grado de abrirse a cualquier interpretación.

Quizás el reino del mensaje sea el que se abre, con más flexibilidad que el del autor, a la diferencia. Pero será una diferencia y una polémica entre expertos. Y los códigos que llevarán la agonística, es decir el arte de los combatientes, serán los de emancipación o de mantenimiento del status quo. Es el reino de las obras sagradas en sus mensajes ocultos, sólo publicitables y popularizables por expertos que batallan entre sí por algunas interpretaciones que significarán estrategias de vida o muerte para las causas defendidas a conveniencia y solicitud de los poderes. Los periódicos, las obras canónicas, las constituciones, los programas de los partidos políticos, las obras de arte, las revistas especializadas, los análisis de gran densidad, serán los ejes de este momento en el que los receptores siguen siendo excluidos y tenidos como telón de fondo pasivo y colaborador. Resumamos:

  • Mensaje: códigos emancipadores,  programas de desarrollo, textos liberadores, regímenes de verdades totalizantes,  mensajes esenciales autorizados

Llamamos postmoderno a la entrada de las masas no a la Historia, como creían los marxistas, sino a los medios de comunicación de masas, en especial la televisión que concentró su fuerza en el entretenimiento (films, deportes y música) y en la información, que se la arrebató a la radio. Estos dos territorios (ver y oír) prescindían de saber leer y escribir desde ellos, para situarse en el nivel de esperar ser educado y educar a su vez. El número y el peso de las audiencias, empezaron a inquietar el escenario de los intérpretes autorizados y sus textos sacros. Volvía abrirse un viejo dilema no resuelto: ¿la verdad es un régimen de proposiciones a discreción de una experticia o la mayoría, como siempre se le ha dicho, lleva siempre la razón? Sólo en un escenario donde el número de los usuarios empezó a hablar por sí mismo, o al menos desobedeciendo las voces autorizadas (pensadores e intelectuales), como es el de la INTERNET 3.0, las cosas se abrieron a otros modos de mirarlas. Asistimos así al reino de los receptores, usuarios, consumidores, movimientos sociales, amalgamados unos sobre otros con agendas cultas, búsqueda de relajamientos en cine, deportes, música y archivos gigantescos, seguros, para echar mano de ellos en cualquier momento y para cualquier cosa. Se debilitaron en toda la línea, los dos momentos anteriores que aún continúan, pero ya conjugados y como subalternos, arrastrados y subsumidos por la ley de los grandes números. 

En los jóvenes cohabitan y se mezclan Gokú con El Quijote; Coelho con Condorito; El Ché Guevara con "My Littel Ponys", Godzilla con Messi. Los usuarios jóvenes de las redes mezclan todo. Para ellos sería algo natural que un jugador metiere un jonrón en una cancha. Lo que pareciera aberración, para escándalo de espíritus delicados y exquisitos, hay que informarles que muchos pensadores y artistas no están lejos de haber efectuado algo parecido.

Tenemos pues, ahora, a unos receptores:

  • Receptor: desobedientes, activos, participativos, muchas veces decisionales y con grandes potencialidades horizontales de controlar desde abajo todas las iniciativa estratégicas, sin necesidad de hacer sentir liderazgos visibles ni permanentes.

  1. FUNCIONES DE LOS MEDIOS EDUCAR, DIVERTIR INFORMAR

Antes de entrar a las estrategias en Facebook, unas pocas palabras sobre las tres funciones de los medios de masas.

Educar, informar y entretener fueron funciones jerarquizadas epistémicamente por el mundo de Gutemberg para los medios de comunicación masivos. Los medios, a partir de la Ilustración europea, debían educar a las masas desde los registros de la alta cultura que siempre ha supuesto energías, sacrifico, disciplina y trabajos pacientes y de frutos no siempre visibles de modo inmediato. Es la prensa escrita, y más tarde la radio, las que al introducir secciones en sus cuerpos y programas, irán separando la información y la diversión, del papel de universidades de bolsillo asignados a los periódicos. El cine, la TV y las redes sociales (el mundo de Mac Luhan) unirán a todas, a veces en desorden y amalgama, bajo el imperio del entretenimiento (convertido en industria), dotándole de ese aire frívolo y superficial que ha servido a sus críticos para descalificarlo. La pelota, incluida como aspecto teórico (desde las interpretaciones finitas de Eco hasta las diseminaciones de Derrida, pasando por el uso en Rorty), está ahora en la cancha de los receptores. Pero es desde ahí, en unión con el dominio que le ha impuesto a autores y textos, donde se ejercen poderes, a veces inconscientes de sí mismos, que nos permiten entrar a una dimensión insospechada de las luchas políticas y el activismo en las redes sociales, en virtud del poder del número, para bien o para mal.

  1. ESTRATEGIAS

Las redes sociales, al menos las dos más populares en Nicaragua, Facebook y Twitter, tienen sus diferencias, para lo que tiene que ver con estrategias de activismo social.  Veamos brevemente. Facebook es un anillo de amigos, con candados cada ciertos tramos de la cadena, que hace rápido, multiplicador y eficaz, entre conocidos, un mensaje. Es apta para construir convocatorias y conspiraciones (permite grupos cerrados de discusión), más o menos seguras, entre amigos muy cercanos.  Es la televisión interactiva de nuestros tiempos.  En cambio, Twitter, es la radio, más rápida y sin candados por conglomerados. Es menos interactiva y más abierta. Sirve, entre otras cosas, para sincronizaciones de campañas mundiales, a través de temáticas presididas por el signo de numeral, llamadas hashtags.

Para nadie es un secreto que las luchas más representativas de los últimos años (Primavera Árabe, Indignados, Ocuppy Wall Street, el caso de los estudiantes en Venezuela, Chile, el de la clase media en Brasil, el #BringBackOurGirls, la abdicación del Rey en España, etc), han sido desplegadas en las redes sociales, reflejando de un modo co-participativo el fenómeno en el mundo euclidiano, real,  sea como información instantánea, a través usualmente de Twitter, o a través de foros ásperos y rudos, muchas veces, y estrategias de convocatorias para conspirar directamente en marchas y contramarchas, apoyos o censuras, como en Facebook.

Probablemente las redes sociales sean los nidos más activos de militancia social blanda de nuestra era. Pero lo que en ellas domina no es solamente los regímenes de discursos clásicos, sino también el número de seguidores de personalidades de reconocimiento internacional, como artistas, atletas y presentadores de televisión, cuyas expresiones, por muy frívolas o desaliñadas que sean, muchas veces hacen tambalear las hipótesis más fatigosas y las explicaciones más doctorales que, por lo común, presentan también en las redes, intelectuales y expertos.

La cuestión abre la relación que guardan el poder del número y los regímenes de verdad. El peso de las opiniones por su muchedumbre, o doxas,  contra las virtudes demostrativas de un grupo pequeño de ilustrados. Los muchos contra los pocos. Por ejemplo, qué relación podría guardar la demostración del poder de los medios en el asunto venezolano, por parte de Ignacio Ramonet en contra de lo que opina otro de sus iguales, pero de signo opuesto como, pongamos por caso, Ibsen Martínez y ambos intelectulaes, frente a lo que dice Rihana, Paris Hilton, las Kardashians, Madonna o Jared Letto. El número de seguidores ya habla por sí mismo, a través de dirigencias indolentes y permisivas. Y si bien, en términos de número de seguidores, los Ramonet o los Borón, por muchos libros que escriban, no pueden derrotar a las estrellas y sus boutades, sus excentricidades, sí, al menos, le ofrecen resistencia otros de sus iguales, aunque de signos opuestos, con tanto peso como los adversarios, pongamos por caso, los Oliver Stone, Michael Moore, Sean Penn, Danny Glover y Antonio Banderas.

Y este es el nudo gordiano que nos tiene reunidos hoy alrededor de estas ideas igual de explosivas y caóticas que su objeto. Hoy más que nunca la política es una ciencia porque calcula, un arte, porque crea oportunidades que se deben aprovechar a fondo y un juego, sobre todo un juego, porque nos procura un placer que nos hace olvidar la bondad de los fines a los que nos obligamos, muchas veces con crueldad y ceguera. ¿Qué estrategias pueden derivarse de tales escenarios? ¿Cómo pueden pequeños grupos de activistas en Facebook triunfar, neutralizar o reducir los costos de una derrota ante quienes se basan a su vez en el poder del número y en un comportamiento de oleadas sucesivas de opiniones, o de apoyo en millones de “like”, a lo que dicen con indolencia y muchas veces sin conocimiento de causas, líderes superficiales de opinión? ¿Pueden ayudar en estos nuevos escenarios regímenes de verdades basadas en densidades y códigos difíciles? Los fines ya no se refinan y complejizan, sino que basta publicitarlos un par de veces para asegurar su certeza y proceder a diseñar estrategias agonísticas que oscilan entre el baile y la guerra. A ratos nos permite creer que su hechizo responde al juego por el juego mismo. Al número contra el número; a Antonio Banderas contra Madonna, curiosamente quiénes representaron, esa vez como aliados, juntos, en una película reciente, a Evita Perón y al Ché Guevara.

A manera de cierre:

1. Hemos pasado sucesivamente de la tiranía del emisor, al hermetismo de los mensajes y a la muchedumbre de los usuarios, reunidos a través del infoentretenimiento. Este es el gran paso adelante, que parece retroceso, de Internet, que rebajó la educación a una información más, al alcance de cualquiera y tal cosa no la pueden perdonar los intelectuales y es la que tiene desesperadas a las Universidades. El infoentretenimiento es el formato que se nos ha impuesto a todos, anudando los 3 momentos del diagrama comunicacional de un modo no lineal. Algo que terminará por devorar hasta los modos clásicos de citar fuentes bibliográficas.

2. El entretenimiento, el dominio que subsumió a los demás, como formato, condiciona todo despliegue de activismo social y político en las redes, al grado que hace cargar a las estrategias de un aire de juego que lo une al baile, en colaboración con el propio fondo que domina a las redes, en particular Facebook, y hace olvidar por momentos sus fines cohabitables con frivolidades, intrascendencias e insignificancias.

3. Las nuevas estrategias se están basando sobre el poder del número y cómo arrastrar literalmente a millones de personas detrás de un proyecto sin líderes carismáticos, un poco como V, personaje que precisamente se usa para enmascarar el anonimato. Para ello, se debe enviar a retaguardia o a logística, a los intelectuales y dar paso a los creativos, a los activistas anónimos que saltan de un lado a otro por el puro placer de desaparecer, a los que se hundan en el gozo de los juegos, a los que amen apostar y hacer de las derrotas un desafío.

4.  Para combatir y fabricar consenso, siempre frágiles, cambiantes y volátiles sobre masas de opiniones favorables, siempre hay que oponerle a una persona seguida por muchos, otra persona con parecido número, pero de signo contrario y, detrás de ella, fabricar oportunidades para aprovecharlas a fondo, como suele ser parte del registro político de todos los tiempos. ¿Para qué fines? Para el que elijan los jugadores.

Muchas gracias, muchachos y muchachas.