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Saturday, September 14, 2013

Heidegger y Krishnamurti


Heidegger y Krishnamurti:

Pensamiento Contemplativo

Por Jeremy P. Tarcher














Imagine que está deambulando por una vasta catedral. Los incontables vitrales, radiantes en la oscuridad, representan los modos de oración y las formas de entendimiento que la humanidad ha desarrollado a través de su historia. Algunas ventanas describen la Presencia Divina a través de formas o atributos personales, y los buscadores rezan delante de estas ventanas con devoción. Otros buscadores, prefiriendo la forma de la sabiduría, contemplan los vitrales que presentan la nada personal, simplemente patrones esotéricos evocando armonía y unidad primitivas. La devoción y la sabiduría son caminos alternativos a la Iluminación. Algunas tradiciones sagradas entretejen ambos caminos.


¿Qué ocurre mientras contemplamos éstas ventanas de catedral? Estamos experimentando realmente Luz, difusa a través de contextos complicados que han sido creados individualmente y en comunidad, por artesanos visionarios. Y no podemos salir de ésta catedral, la cual es el pensamiento humano, porque debemos depender de algún medio personal y cultural. No podemos articular ninguna experiencia, aún ante nosotros mismos, sin algún proceso de pensamiento. Esto no es un encarcelamiento sino simplemente la naturaleza de la Luz o Realidad, la cual se expresa a sí misma como experiencia sólo a través de algún medio particular. [2]

Podemos sentirnos desilusionados. ¿Nunca podremos encontrar directamente lo que sea que esté ahí afuera, más allá de las ventanas opacas de interpretación personal y cultural? ¿Podemos experimentar la Realidad sólo indirectamente? ¿Qué es y donde está la fuente de ésta Luz? Tal pregunta nos lleva más profundo en el pensamiento contemplativo y mientras nuestra contemplación se intensifica, ocurre un sorprendente giro de perspectiva. Esta es la experiencia de la Iluminación, a través de la cual dejamos de imaginarnos a nosotros mismos simplemente dentro de ésta catedral de la mente humana. Tomamos conciencia que la esencia de nuestro consciente es la esencia de la Luz que ilumina las incontables ventanas. Nos damos cuenta que el Consciente es la Luz que constituye todos los fenómenos. Siempre estamos brillando por fuera de la catedral, pero no hay nada afuera que ver, sólo ser. Nuestra Verdadera Naturaleza sola está ahí: Divino Resplandor, o Consciente Máximo. Las experiencias particulares pueden ocurrir sólo a través de ventanas particulares, pero somos la Luz Clara que la mente humana ha creado a través de esta vasta catedral y que  refracta por medio de sus idiomas e imágenes.

Cada ventana de devoción o sabiduría transmite el mismo brillo del Máximo Consciente por medio de figuras personales o patrones simbólicos únicos a sí mismo. A través de la contemplación dedicada a una sola ventana, podemos armonizar a la Luz, o Realidad, y eventualmente darnos cuenta que nuestra naturaleza intrínseca es la Luz. Una vez que se da cuenta de que la catedral universal está inundada de la conciencia de Luz de nuestra Verdadera Naturaleza, una vez que el Conocimiento se ha iluminado, estamos en casa donde sea. Hemos sido liberados de la competencia entre visiones del mundo, al entender la calidad esencial de todas las ventanas de contemplación y la armonía entre las formas de sabiduría y devoción.  Donde quiera que sea en esta catedral, a través de todos los idiomas e imágenes posibles, ahora reconocemos la Luz, o Consciente, lo cual somos, lo cual todo los seres son, lo cual el Ser es.   

Esta imagen de la catedral ilustra la naturaleza del pensamiento contemplativo, un proceso natural para la mente por el cual [3] el pensamiento es dirigido a su propio centro, o base. Ya que el pensamiento contemplativo no es externo al funcionamiento ordinario de la mente, puede experimentarse sin entrar en ningún estado especial de trance o éxtasis. Ni tal pensamiento profundo depende de entrenamiento formal. Aún durante el pensamiento ordinario, la corriente de contemplación armónica y unificante, está siempre presente. Cada uno de nosotros tiene acceso inmediato al modo contemplativo, en  el momento que exploramos la base de nuestra propia conciencia. Aún nuestro acceso al pensamiento profundo puede estar oculto por desconocimiento. El estado contemplativo natural a menudo se queda dormido hasta que se despierta por el toque de una persona despierta.

El pensamiento contemplativo no está limitado a ciertos campos tales como religión, arte, o filosofía sino que florece sutilmente a lo largo de cada cultura con frecuencia de forma poco clara entre pequeños círculos o secretamente dentro de la vida interna de individuos que pueden no estar conscientes de ninguna tradición mística. 

Este profundo modo de contemplación, que es fuente de devoción y sabiduría, es quizás la posibilidad humana más preciosa. La persona santa, o chaman, en cada cultura- poeta, músico, santo, guerrero- es venerado por el poderoso toque que despierta y sostiene el pensamiento profundo y su sentido de descubrimiento, libertad y armonía. La figura del chaman es un sacramento por el cual todos los miembros de la cultura sin excepción pueden entrar al modo de contemplación.

Presentamos dos de tales individuos del mundo contemporáneo. Heidegger, el filósofo alemán, surge de las tradiciones filosóficas griegas y místicas cristianas. Krishnamurti, el sabio hindú, expresa una estrategia asiática incisiva. Aunque de contrastar los ambientes culturales, el pensamiento contemplativo de ambos tiene una relevancia similar. Ambos pensadores crean vitrales de sabiduría más que de devoción. Su rechazo a identificarse con algún contexto religioso convencional nos ayuda a empezar su estudio de vida contemplativa relativamente libre de nuestras presuposiciones sobre imaginación religiosa. Aún la experiencia de Heidegger de Ser [4] la experiencia de Krishnamurti de la Verdad constituye el cumplimiento de la sagrada búsqueda en cualquier forma cultural que esta búsqueda esté revestida. Heidegger describe la calidad más peligrosa de nuestra era secular como la obsesión con lo superficial del pensamiento que nos distrae del pensamiento profundo. Heidegger  clasifica esta superficie como pensamiento calculador, sin menospreciar su habilidad para organizar nuestro mundo sino previniendo contra su poder de absorber completamente nuestra energía y atención.

El pensamiento calculador no es meramente un eufemismo para la estrategia de ciencia empírica sino que caracteriza cualquier proceso de pensamiento que planee dominar y manipular situaciones. Los pensamientos religiosos y artísticos en sus superficies son también calculadores. Aun el empobrecimiento del pensamiento cuando está limitado a su propia superficie no puede privar a la conciencia humana de su naturaleza esencialmente contemplativa. Como Heidegger afirma: Podemos crecer con pensamiento pobre o aún menos pensamiento sólo porque el hombre, en el centro de su ser, tiene la capacidad de pensar... está destinado a pensar... es un pensamiento que es un ser meditador. 

Más que organizar energía, Heidegger sugiere que el pensamiento profundo,  contempla el significado que reina en todo lo que es. El estado contemplativo está aliviando,  calmando, fortaleciendo. Se abre al sujeto primitivo de toda contemplación, el cual Heidegger califica Ser, el brillo, o significado el cual reina donde sea. El pensamiento profundo no excluye al pensamiento superficial sino que permite que el superficial se vuelva transparente hasta su máxima base, o Ser. El botánico que desarrolla nuevas cepas de trigo no necesita reconocer sus cálculos científicos cuando se despierta al pensamiento profundo y contempla el brillo penetrante del Ser.
Aunque el pensamiento contemplativo no va más allá del alcance de cualquier persona, se necesita práctica, tal como para el domino del pensamiento calculador. Heidegger comenta: El pensamiento meditativo no sólo pasa por sí mismo algo más que el pensamiento calculador de sí. A veces requiere un esfuerzo mayor. Exige más práctica. Necesita de un cuido delicado aún más que cualquier otro arte genuino. Debemos desarrollar el arte de esperar, liberar [5] nuestra espera y confianza en un proceso espiritual que es natural y espontáneo. Como sugiere Heidegger, el pensamiento profundo debe ser capaz de esperar su tiempo, aguardar como hace el granjero si la semilla brotará y madurará.
Enfatizando en la simplicidad, terrenalidad y accesibilidad inmediata del pensamiento profundo, Heidegger continúa: El pensamiento meditativo no necesita por ningún medio ser rimbombante. Es suficiente si nos preocupamos por lo que se sitúa cerca y meditamos en lo que está más cerca… aquí y ahora, en esta parte de terreno conocido.  El terreno conocido que está más cerca es el conocimiento primitivo cuando se difunde en  nuestras actividades diarias. En la actual era de tecnología, no podemos convertirnos en un planeta de aldeanos rurales, pero la simplicidad y armonía de la vida de aldea está disponible, donde sea que nos hallemos a nosotros mismos por medio del pensamiento contemplativo. La contemplación es nuestro arraigamiento espiritual.
Cuando el pensamiento contemplativo se separa del calculador, con toda su aparente funcionalidad, se convierte en una abstracción. Desarrolla tecnología que poseen poderes manipuladores y ofrecen un sentido iluso de tangibilidad pero que no puede nutrir a la humanidad. El pensamiento calculador nunca puede aliviar genuinamente los problemas humanos a menos que éste se integre con el pensamiento  profundo. El pensamiento limitado a su propia superficie empieza a vivir solamente para organizar, manipular, dominar. Tal pensamiento esconde nuestra armonía intrínseca. Aun el hecho que a veces notemos una fuerza pacifica  en esos que han dominado algunos aspectos del pensamiento calculador- músico, mecánico, alfarero, matemático- indica que no hay dos dimensiones de pensamiento separadas, contemplativas y calculadoras, sino una sola corriente de conocimiento.La separación es un síntoma de falta de armonía espiritual al cual han estado sujetos los seres humanos, pero quizás más intensamente en esta era tecnológica y secular. El alivio de esta inarmonía entre cálculo y contemplación es el proceso de Iluminación que revela la esencia del todo pensamiento para ser contemplación. Este proceso no es solo para unos pocos santos o yoguis sino para todo el mundo.

El pensamiento profundo emerge orgánicamente de nuestra parcela de terreno, de nuestro jardín, de semillas simples. Nunca es abstracto sino permanece intensamente práctico porque es una práctica personal, una forma de auto-confianza tal como cultivar nuestros propios vegetales. Aun su naturaleza alentadora se oculta por su misma simplicidad. Como Heidegger sugiere: Quizás la respuesta que estamos buscando está a la mano, tan cerca que todos la ignoramos fácilmente. Porque el camino a lo que está cerca siempre es el más largo por consiguiente el más difícil para nosotros los humanos. Este es el camino del pensamiento meditativo.Durante nuestro peregrinaje a través de la catedral, la Luz que ilumina los vitrales de contemplación se reconoce eventualmente como nuestra propia Luz. Esto es lo que está cerca; conocimiento primitivo. Aun el proceso de llegar a casa está en esta cercanía es sutil y exigente.

Cuando comenzamos a leer Conversaciones acerca del Pensamiento en un Camino de Campo de Heidegger, un intercambio dramático entre tres pensadores contemplativos, podemos hallarnos con un lenguaje difícil de comprender. Heidegger crea nuevas palabras y nuevas maneras de formular pensamientos los cuales pueden aparecer complicados pero que son realmente valientes intentos de ver más simple y directamente. Este diálogo condensado es una ilustración de la naturaleza del pensamiento contemplativo, una caminata transformadora por un camino de campo al conocimiento primitivo de la base del Ser.

Empezando con una paradoja básica del camino místico, expresada por el arquero Zen  que aparta la mirada del objetivo mientras libera la flecha, uno de los personajes de Heidegger comenta sobre la cercanía a la contemplación: la naturaleza del pensamiento puede ser vista solo al apartar la mirada del pensamiento. Por consiguiente debemos cuidarnos  de nuestros impulsos al calcular, apartando la mirada al cielo o a través de las colinas de nuestro ser, para volvernos receptivos a la profunda naturaleza del pensamiento bajo su función superficial cuando estamos dispuestos. Mientras responde el segundo participante del diálogo: En respuesta a tu pregunta como quería realmente nuestra meditación en la naturaleza del pensamiento…. Quiero no estar dispuesto. Esta indisposición entra en juego cuando apartamos nuestra mirada del objetivo. Uno no puede obstinadamente tomar indisposición sino debe soltarse hacia ella. Como el tercer participante en ésta [7] conversación comenta, quieres una indisposición (o involuntad) en el sentido de renuncia a la disposición o voluntad para que a través de esto podamos liberarnos… nosotros mismos a lo deseado por esencia de un pensamiento que no es una voluntad/disposición. El pensador contemplativo no toma la esencia del pensamiento sino es más bien suelto/ liberado a la esencia del pensamiento. Esta distinción no es juego de palabras simplemente. Si esperamos tomar un significado particular, extrayendo la esencia del sujeto forzadamente, entonces nos quedaremos en el nivel de pensamiento calculador. Aun el uso de sintaxis ordinaria, un verbo y su objeto, tal como Sé la esencia del pensamiento, representa un involucramiento sutil con el modo  de control obstinado. El pensamiento contemplativo, por el contrario, es renuncia perfecta, que es fundamentalmente liberarse de la disposición/ voluntad. El contemplativo no afirma más, Sé la esencia, sino que reflexiona, No deseo saber, pero espero la esencia en perpetua ignorancia. Significativos avances culturales y científicos se han desarrollado de la disposición/voluntad de los seres humanos para tomar esencias y así controlar energía, pero nunca nos liberara a la naturaleza de la contemplación.

La conversación de tres formas continua, cada pensador respondiendo al otro como instrumentos en una composición musical.

n  Si sólo poseyera la liberación correcta/ el derecho a la libertad, entonces pronto sería liberado de ese deber de destetar/separar/ desintoxicar de la voluntad/decisión.

n  Hasta ahora como podemos desintoxicarnos de la voluntad, contribuimos al despertar de nuestra liberación.

n  Decir, más bien, a mantenerse despierto para la liberación.

Con respecto a nuestros esfuerzos personales como contribuir al despertar de la liberación es involucrarse en un cálculo sutil. La frase mantenerse despierto para la liberación expresa más asertivamente este inicio del estado contemplativo. Debemos reconocer que ya poseemos la liberación correcta porque el deber de destetar/ separar/ desintoxicar de la voluntad/decisión es interpenetrado por la voluntad misma. La voluntad nunca puede trascender la voluntad. La única manera de ser libres de la voluntad es experimentando la verdad que la liberación perfecta ya existe.

Mientras continúa la conversación;

-       Por nuestro lado nosotros no despertamos liberación en nosotros mismos.

-       Así la liberación es afectada desde algún otro lugar.

-       No afectada pero con permiso para entrar. La liberación despierta cuando nuestra naturaleza está adentro tanto como para tener tratos con lo que no es una voluntad.

Heidegger muestra el cuido continuo para reorientar desde la voz activa hasta la voz pasiva, desde el sentido obstinado de afectar la liberación hasta el sentido contemplativo de dejar entrar. Sin embargo, esta parcialidad del pensamiento profundo al modo pasivo en el ámbito del lenguaje no significa pasividad en el campo de la acción. Esto se hace claro a través de las conversaciones de los tres amigos pasean sin rumbo por el camino del campo:

    Hablas de un dejarse ser y das la impresión de que significa que es un tipo de pasividad… Creo que entiendo que no es de ninguna manera un asunto de permitir que las cosas se deslicen o vayan a la deriva.
    Quizás se oculta un acto más alto en la liberación que el que se encuentra en todas las acciones dentro del mundo.
    Aquel acto más alto aun no es actividad.

Aunque proveniente directamente de tradición filosófica occidental, el pensamiento profundo de Heidegger evoca la acción sin ego de contemplativos Zen y Taoístas cuya relajación perfecta en medio de la acción deja entrar la corriente del Tao, o involuntario lo deja ser de una manera que deja margen de calma al centro de la actividad intensa. A esto es a lo que Heidegger llama Liberación.

Uno de los tres amigos pregunta. ¿Qué tiene que ver la liberación con el pensamiento? Y el otro responde, nada, si concebimos el pensamiento de la forma tradicional con que se representa. Esta es la paradoja con la cual empezamos: la esencia del pensamiento no tiene literalmente nada que ver con el pensamiento calculador o el representativo, porque el pensamiento profundo no está haciendo sino siendo. El pensamiento calculador es re-presentado, usualmente reconstruido de bancos de memoria de ambas convenciones, personal y cultural. Por el contrario, la contemplación, o la esencia del pensamiento, es simplemente presencia.

El pensamiento representativo cataloga patrones útiles de pensamiento y los muestra una y otra vez para organizar energía. El pensamiento no representativo, o contemplativo, despierta un sentido de nuestra liberación intrínseca de todos los patrones de organización que son indispensables en la superficie del pensamiento pero ausentes en sus profundidades. 

A este punto, podemos preguntarnos cómo reconocer y practicar el pensamiento contemplativo ya que no puede  ser ni descrito ni representado. El diálogo se mueve en la misma dirección. 

-       Con lo mejor de la voluntad no puedo representarme esta naturaleza de pensamiento.
-       Precisamente porque esta voluntad tuya y tu modo de pensar como representante lo previene
-       Entonces, ¿Con qué tengo que ver en el mundo?
-       No tenemos que hacer más que esperar.

La espera meditativa genuina se descubre solo a través de la ruptura de la voluntad/disposiciónla cual comienza con el modo expresado en el dialogo como ¿qué tengo que hacer en el mundo?

Este modo puede ser uno de desesperación o templanza, renuncia o éxtasis, pero el movimiento del pensamiento voluntario a la espera meditativa requiere una revolución autentica en nuestros patrones de conocimiento habituales. EL pensamiento profundo ni implica hacer ni ocurre en el mundo porque el mundo y hacer son aspectos del pensamiento calculador.

Por lo consiguiente, la contemplación no provee ninguna respuesta directa al acertijo ¿Qué debo hacer en el mundo? La contemplación no puede ser nunca un proceso de satisfacer el deseo.

El ambiente apropiado para la práctica de la espera meditativa es a lo que Heidegger llama amplitud y lo describe a través de la siguiente metáfora: El campo de la visión es algo abierto  pero su amplitud no se debe a  nuestro mirar. La amplitud no se debe a ningún punto de vista específico sino es más bien la ausencia de la percepción y pensamiento de una sola perspectiva. La amplitud, no creada por ningún esfuerzo de nuestra parte, siempre está presente como conocimiento  primario. En cuanto a esta amplitud, superponemos diferentes mundos los cuales son, en las palabras de Heidegger, el lado frente a  nosotros de una amplitud que nos rodea, una amplitud que se llena de apariencias que, para nuestra representación, son objetivos.

Estos lados frontales de amplitud son los mundos que organizamos por medio del pensamiento superficial. Para el pensamiento representativo, nuestro mundo parece contener objetivos pero se revela a la contemplación como la extensión abierta de conocimiento primario. Los místicos afirman con frecuencia en sus distintos idiomas que no hay objetivos, que todo es una corriente, que lo que en realidad percibimos son facetas o texturas de una realidad armoniosa. Los personajes dramáticos de Heidegger ahora empiezan a explorar esta Realidad la cual se revela a si misma por medio de amplitud.

-       Me parece como algo como una región encantada donde todo lo que pertenece ahí regresa a eso en lo que descansa.
-       Hablando absolutamente, una región para todo no es una región entre muchas sino la región de todas las regiones.
-       El encanto de esta región bien puede ser… su regionamiento

El sustantivo región puede ser tomado como un espacio definible y así se convierte en el sujeto del pensamiento calculador. La forma verbal de regionamiento sugiere la calidad incalculable de amplitud, su encanto. La continua erradicación de cálculos sutiles mientras surgen es pensamiento contemplativo. Aunque haya una dimensión de contemplación en la cual aún esta actividad mental este calma, el pensamiento significativo se puede hacer de contemplación por medio de la misma. Este es el proceso con el que Heidegger se involucra aquí: guiar a otros hacia el centro del pensamiento  y proveerlos de algún sentido de cuido y alerta que se requieren para sostener el pensamiento contemplativo.

Heidegger usa las voces de este diálogo para describir su propia experiencia mística de venir de nuestro mundo organizado al centro radiante e impenetrable del Ser. El poder de sus palabras quizá se aprecia mejor al leerlas en voz alta. Describen el regionamiento como el presente primordial ofrecido a los seres humanos: refugio en el corazón sagrado del Ser. La región une uno a uno y uno a todos en algo permanente mientras descansa en sí misma, tal como si nada estuviera pasando. El regionamiento es una reunión y un refugio para un descanso extendido a una continuidad… Que tales regiones son una continua extensión la cual, reuniendo a todos, se abre a sí misma, para que en su amplitud sea detenida y retenida, dejando todo mezclarse en su propio descanso. Cada una de estas frases repite expresiones en literaturas místicas tradicionales que describen experiencias eufóricas de dejar objetivos atrás mientras uno es alcanzado en lo Divino o mientras uno se expande en lo Absoluto.

Carlos Castañeda, un antropólogo contemporáneo, fue guiado por su guía Indio Yaqui, el hechicero Don Juan, en  [11] tal regionamiento encantador. Cuando se ve empujado o engañado fuera de los límites del pensamiento calculador por su maestro shamánico, Castañeda entraría en una dimensión de conciencia en la cual los objetivos desaparecerían o aparecerían extrañamente en negación de su propia objetividad.

Como Heidegger remarca, las cosas que aparecen en tales regiones no tienen más el carácter de objetivos. Esto no niega la existencia de objetivos dentro de nuestros distintos mundos organizados. Sería tonto rehusarse a considerar por ejemplo un reloj como un instrumento con el cual se dice la hora. Sin embargo, completamente conscientes de ser liberados en tales regiones, un reloj no podría aparecer más que como un objeto separado sino como un lado frontal de amplitud, útil aunque totalmente transparente cuando regresa y se queda en la extensión del Ser. ¿Pero qué significa esto en realidad?

Uno de los tres participantes comparte una frustración que puede que sintamos nosotros mismos.

-       Debo confesar que no puedo representar mucho en mi mente todo lo que dices acerca de la región, extensión y continuidad, y acerca del regreso y el descanso.
-       Probablemente no pueda ser representado del todo.

Si mientras leemos intentamos desarrollar una figura clara de las tales regiones o su relación a nuestro mundo objetivo y convencional entonces estamos alejándonos del pensamiento contemplativo. Se requiere fuerza para quedarse con el pensamiento profundo, no la fuerza del poder del deseo sino la fuerza del descanso, de la apertura, de la espera. Nuestra tendencia es surgir de nuevo en la actividad calculadora para empezar a representar vagamente o precisamente de nuevo. El lenguaje de Heidegger intenta desafiar esta necesidad representativa, mientras permanece involucrado en el nombramiento auténtico. El permite que se revelen varios nombres del Ser en una manera no representativa sin describirlo realmente. Como los tres participantes del diálogo reflexionan:

Ninguna descripción lo cosificaría.
—Sin embargo, se permite a si mismo ser nombrado y siendo nombrado puede ser pensado.
—Sólo si el pensamiento no puede representarse más.

Pero ¿cómo debemos involucrarnos en este proceso del pensamiento [12] contemplativo en realidad? ¿Debemos mantenernos esperando perpetuamente por la respuesta a la simple pregunta de cómo empezar? Heidegger responde en la afirmativa sugiriendo que el modo contemplativo es simplemente uno de espera:

Quizá ahora estamos más cerca de ser liberados en la naturaleza del pensamiento… por esperar su naturaleza… La espera deja a la representación completamente sola. Realmente no tiene objeto. La contemplación está esperando sin prospecto, esperando el beneficio de la espera. Esta espera es el acceso al pensamiento profundo, el cual no borra el pensamiento superficial- simplemente lo deja solo. Sin embargo, no podemos afirmar, estoy esperando el pensamiento contemplativo para empezar porque eso es pensamiento calculador: la espera por algo más que la pura espera. El pensamiento profundo nunca comienza porque está siempre ahí, latiendo al centro de todo pensamiento- espera. A través de esta espera, ocurre una transformación sutil de conciencia ordinaria y la distancia se vuelve cercanía, la espera se vuelve permanente. En palabras de Heidegger, la espera se libera a si misma a amplitud, en la distancia expansiva… en cuya cercanía se encuentra la continuidad en que se queda.

A este punto los participantes en el dialogo surgen inesperadamente con una definición no representativa de la esencia del pensamiento. Esta definición es sugerida por la transformación de la conciencia en la cual la distancia se convierte en cercanía.

—Entonces, pensar seria entrar a la cercanía de la distancia.
—Esa es una osada definición de su naturaleza sobre la que nos hemos arriesgado.
—Solamente reconcilie lo que hemos nombrado pero sin representación, nada para mí mismo.

Llegando a Casa:
La Experiencia de Iluminación en Tradiciones Sagradas
(Los Ángeles: Jeremy P. Tarcher, 1989), 1-24
Capítulo Uno



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