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Friday, March 02, 2007

Las revoluciones metalépticas en tiempos anarquistas

DEMOCRACIA DIRECTA Y
ANARQUISMO POSTCOLONIAL

Por Freddy Quezada

Gioconda Belli, cuya fotografía en END me recuerda esas poses fatigosamente ensayadas en los estudios Lumington de Monseñor Lezcano, para hacerle creer a las jovencitas su parecido con Fara Fawcett -- Majors, publicó en la página de opinión de El Nuevo Diario, una serie de artículos sobre el socialismo en América Latina y la democracia directa. De ellos, he sacado en claro tres cosas: a) que la democracia directa en boca de los revolucionarios del socialismo autoritario es una demagogia vieja, pero aún efectiva, al menos para intelectuales ociosos; b) que la democracia directa, tal como la expone Gioconda, todavía está bajo el paradigma de la soberanía bodiniana, la centralización jacobina y el cálculo maquiaveliano de las concepciones modernas y c) cualquiera puede investigar estas cosas en INTERNET yendo, como la propia Belli al parecer, directamente a Google o a la Wikipedia.

Sobre anarquismo, uno se puede pasar años enteros leyendo sobre eso. La INTERNET está en buena parte, saturada, controlada y defendida por ellos.
El reflejo de la democracia directa está vivo, pero prisionero aún, en las constituciones modernas a través de los plebiscitos y referendums. Los modernos de toda laya que definen estos reflejos como residuales, dicen que son recursos extraordinarios y excepcionales, ademá de caros. Todos estos zánganos prefieren los métodos indirectos, delegativos, representativos o, sus disfraces "participativos" y "deliberativos". La democracia indirecta está basada sobre el principio de representación legítima de unas pocas personas en nombre de muchísimas más, que los delegan. Toda esta gente no tiene ni el poder económico ni el político propiamente dicho, el único que tiene es el del número. Aún así, mediadas por la representación, de vez en cuando se hacen sentir de manera brutal por medio de revoluciones o contrarrevoluciones, o por preferencias en arte, música y filmografía, o de forma regulada por medio de votaciones cada cierto tiempo.

El gran recurso que tienen los teóricos modernos contra la democracia directa es el tamaño de las ciudades y el interés económico de la ciudadanía. Dicen que la democracia directa fue efectiva entre las polis griegas y las civitas romanas y conceden incluso que en pequeñas comunidades sin un estado centralizador, como entre campesinos y grupos étnicos, se puede aún ejercer. Pero que la democracia más efectiva sólo es ejercible entre ciudadanos. Benjamín Constant llegó a decir que las personas comunes y corrientes estaban demasiado ocupadas en sobrevivir como para estar pendientes del mundillo político y que esa era una de las razones por las que se hacían representar. El último de los teóricos políticos modernos, Giovanni Sartori, sigue insistiendo en el tamaño de las ciudades modernas para justificar la representación política. De autores como él, seguro que Belli tomó esos ejemplos que los presentan como excepcionales (para confirmar la regla) de Suiza y Canadá, (tendrían que agregar también algunos Estados de EEUU), y cuyo ejercicio es inseparable, según ellos, de altas tasas de educación (como si eso les impidió hacerse las dos guerras más inhumanas de la historia). Se oculta sin duda, la idea que no se necesita aprender a leer y escribir para saberse un sufriente del poder o para creer que se vino a este mundo sólo a obedecer. O que lo necesitamos, para castigar a los responsables de un despotismo y una tiranía.

Sin duda, ese número grandísimo de personas que se invocó para legitimar la representación en los Estados nacionales, o para fundamentar las revoluciones, es el mismo que hoy puede decidir rápida, barata y periódicamente sobre sus propios dirigentes. Las nuevas tecnologías (computadoras en redes, videocámaras diminutas, celulares baratos y masivos, teléfonos satelitales, bancos de datos al alcance de todos, procesadores de alta velocidad para grandísimas cantidades de datos, etc) destruyeron, como demostró David Harvey hace años, el espacio, es decir, el tamaño de las ciudades ya no importa; que los mass media pueden abaratar y hacer periódicas las consultas (como hacen las firmas encuestadoras) para toma de decisiones, al amparo de referendums y plebiscitos, para cualquier fin colectivo, pero sobre todo para controlar a los que nos dirigen y penalizarlos si infringen el pacto de poder, es ya una realidad, ¿quién impide efectuarlas?

Irónicamente no fueron las revoluciones marxistas, ni la historia hegeliana, las que llevaron a las masas al poder, sino que ahora los únicos, a veces muy a pesar suyo, que lo pueden hacer, sean los medios de comunicación.


La representatividad le llegó a la modernidad de la Ilustración inglesa. Primero, apareció como vanguardia, aún en la modalidad rousseauniana de democracia directa con la voluntad general al separarla de la voluntad de la mayoría. Este vanguardismo lo heredará incluso el marxismo agudizado por el leninismo, aunque presionado por un ala anarquista que se refleja en la olvidada frase de Marx que "la emancipación de la clase obrera será obra de la clase obrera misma", donde no figuran intelectuales, ni dirigentes ilustrados, ni vanguardias prometeicas. Curiosamente el único lugar donde los intelectuales en general estarían cómodos hoy, es el único sitio donde se les odia y desconfía profundamente: el anarquismo. Segundo, como democracia entre los representantes por medio de sistemas electorales diversos y controles de poder entre ellos, para no concentrarlo en uno sólo en detrimento de los otros aspirantes tan poderosos como sus iguales. Las dos variantes expulsan y calumnian a una "masa" de personas iguales entre sí que las consideran como ignorantes, ingenuas, incapacitadas, menores de edad, sin especialización política, etc.

Ahora bien, el poder para controlar al poder, al modo anarquista, es una manera de anularlo, de disolverlo cuando no de controlarlo desde el número, desde las mayorías, sin menoscabo de disensos ni diferencias. Es como cuando la razón se aplica a sí misma sus propios fundamentos; se disuelve, se paraliza y vuela en mil pedazos. Daniel Ortega o cualquier otro dirigente de izquierda en el planeta entero, puede decir o prometer lo que se le ocurra o le pique el cutis, ya lo hacen sin el permiso de nadie. Incluso podemos acordarle el crédito, para los que creen a pie juntillas en él, pero nos reservamos el derecho de juzgar los resultados de sus promesas, y si no las cumple en un grado significativo, lo destituiremos sin miramientos. No hay que esperar cuatro años; ya se puede hacer por medio de muestreos aletorios relámpagos de resultados vinculantes. ¿Se va o no?

Viendo así las cosas, esta suerte de anarquismo postmoderno engarza bien con la idea que vivimos en América Latina unas revoluciones, donde las hubo, metalépticas. Es decir, lo que se creyeron efectos de una contradicción entre clases sociales, en realidad fueron las causas de la fundación de una de ellas: las emergentes burguesías nacionalistas. Pero, como en las novelas de Kafka donde las víctimas buscan ansiosamente a sus verdugos, las encuentra en medio de una crisis de los Estados nacionales que, junto a un desarrollo tecnológico exponencial, no tienen un asidero institucional sólido. Tal vez ello explique el inmenso peligro de reeditar unos mesianismos desenfrenados en contextos escépticos.

El fenómeno de las burguesías nacionalistas latinoamericanas, de cuna revolucionaria, quien mejor lo representa es La Muerte de Artemio Cruz, la novela de Carlos Fuentes que fabula la agonía de un revolucionario mexicano que recuerda la acumulación de sus propiedades por medio de crímenes y que termina por constituir esa burguesía nacionalista que los caracteriza. Los sandinistas de alto nivel comparten mucha semejanza con esta configuración. El verdadero nacionalismo lo están mostrando ellos hasta ahora. Nadie más podía hacerlo, pero huérfanos de un Estado nación que les impide sus proyectos, en vez de facilitárselos. Son sopas de pollo sin pollo, como las Maggi. ¿Cómo, ya estamos en comerciales? "Quiere acallar el discurso populista de Daniel Ortega y su esposa? Dele sopitas Maruchan."

2 comments:

Ingrid Bergman said...

ya habia pensayo yo lo de Wikipedia con la Gioco, pero yo lo veia como un feliz encuentro de Wikipedia con Rebelion.org, y media Coca-Cola.

Si le quitas Wikipedia y pones Prensa Latina (la de los cubanos) obtenes a Oscar Rene Vargas, y si le agregas pinolillo te sale Orlandu Nuñez

Buenaventura said...

no hablaría ya de anarquismo, porque parafraseando a sartre, no existe una receta ni reglas para llegar a la sociedad anarquista, que por supuesto tendrá que ser la sociedad futura.

Entonces el debate en que se queda, por allí que la alternativa situacionista es la que cobra fuerza por la misma situación de la juventud: crear situaciones aunque sean temporales para vivir de forma alternativa al sistema.
Creo que no viviré la sociedad anarquista, por lo tanto mi propuesta es crear situaciones, para vivir la revolución en el día a día, sin esperar la decayente espera de un "mecías" que traerá la revolución.
Eh si, la revolución del día a día.
Y si me decís, que eso es escapismo... puede ser, quizás si, quizás no.