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Wednesday, May 02, 2007

Crítica y Utopía

CRITICA Y UTOPIA
(cuatro involuntarios)


Por Freddy Quezada


Deseo despedir, esta vez, cuatro involuntarios a guisa de aquellos motivos de queja infantil en plena clase, que obligaba a la maestra a preguntar con ira por el responsable de la descarga y cuando, apenados, todos callábamos por solidaridad con el culpable, sólo para reírnos de él durante el recreo. Supongo que al hacerlo esta vez contra la crítica y la utopía no les haré mas daño de lo que ellas le han causado a mucha gente. Será como el equivalente de balas de salva o de utilería y como un tributo a mis amiguitos de primaria.


La crítica y la utopía no siempre han sido una buena pareja. Hubo una época que eran opuestas y otras en que se ignoraban por completo. Tal situación ha tenido antecedentes y consecuentes presentados aquí.


Lustradito. El cielo: Utopía sin Crítica. La premodernidad, para caracterizar así a toda la época anterior al Renacimiento, ofreció una promesa sin deuda por la imposiblidad de verificarla en esta tierra y entregarnos a los intérpretes de ella, sin objeciones. La crítica, totalmente separada del reino, se pagaba con el ostracismo, la marginación y hasta la vida. Era básicamente una utopía contra otras, pero no era una crítica con los mismos métodos nacidos y vueltos contra ella de la utopía hegemónica. Las Cruzadas son el ejemplo más vivo. Incluso entre los griegos, las batallas eran de escuela a escuela o de Academia a Academia. Por dentro, cada una de ellas era intocable.


Jugoso. El futuro: Crítica con Utopía. Desde la modernidad la crítica tuvo una desembocadura práctica (en contra de los bizantinismos y escolástica anteriores) con su finalidad, generalmente una utopía secular que, con el tiempo, terminará por cristalizar en las ideologías universales. Octavio Paz definió una vez a la modernidad como la tradición de las rupturas. La crítica nunca estuvo satisfecha con el ser; todo le hedía, no soportaba el presente sucio, mezquino, indigno, desagradable e impuro; no podía dejar de impugnarlo por medio de una crítica ilustrada y de vanguardia, no hacerlo sería traicionar su naturaleza. Su ejercicio fue siempre para algo (deber ser), para superar o remediar lo real. Los marxistas, en su tiempo, decían cuando algunos críticos ejercían su derecho, pero que no lo acompañaban con actos y militancias, que eran charlatanes de cafetín. Entre ellos era lo peor que se le podía decir a un revolucionario. Protesta con propuesta, se oye todavía en algunos círculos incorregibles. La modernidad será inseparable en este sentido de la utopía y el enlace entre ambas será, pues, la acción. La crítica será lo otro de la utopía y viceversa.


Premiado. El desierto: Crítica sin Utopía. Con el derrumbe de los metarrelatos, es decir, de las utopías que caerán como fruto de la exigencia del pago de la deuda arrastrada desde la premodernidad, se nos dio la "Bienvenido al desierto de lo real", como la de Morpheus a Nemo en Matrix. La crítica, como la técnica, se vio privada de fines y de dueños. Criticar por criticar se volvió un oficio placentero y nada inútil como se le apreciaba antes. Criticar dejó de ser una ética y una metodología, para convertirse en una estética. Incluso, criticar a una escuela desde otra o a ambas desde adentro, hoy, es más parecido a las modas (descartables, reciclables y fugitivas) que al ejercicio críptico y sesudo con el que se preparaba a los chicos y chicas en la viejas universidades modernas. De las certezas del Renacimiento (donde el humanismo se entrona), a las angustias del existencialismo (que descubre la contingencia de los fines y el carácter constructivo de ellos por parte de los entes) hasta desembocar en el escepticismo post, la caída de la curva del humanismo es evidente (de una certeza orgullosa, a la incertidumbre de los angustiados y a la incredulidad de los desencantados del reino humano). La crítica moderna preparó siempre, sin saberlo, la soga con la que sería ahorcada. Y ahora baila colgada de un techo sin cielo ni horizonte. Azumi, un manga japonés reciente, tiene un diálogo que vale toda la película. La víctima, un señor de la guerra del Japón medieval, al ser alcanzado al fin por su asesina, admira su gesto y le dice, cuando ve partida su cara en dos: “Eres magnífica”, elogiando la belleza de su propia ejecución. Paga con su vida el precio de ver convertida en belleza sus propios métodos vueltos contra él.


Descargado. El Vacío: Ni crítica ni utopía. Con la estrategia de los subalternos (silencio incluido) y la ironía de los objetos vuelto contra sus críticos, se empezó a ver que el vacío aterrador y siempre presuroso a ser llenado por un sentido y otro y otro más, podía ponerse al servicio, sino de iluminar al menos para serenar esa sed infinita de acción con una especie de nirvana, satori o wu wei. El mundo no estaría ni adentro ni afuera y nosotros seríamos sin serlo. Imagino que sería un poco como el dintel de la puerta en que Jim Carrey, en Truman Show, al doblarse hacia delante por su cintura, se despide del mundo simulado para entrar al mundo que suponemos nuestro y real pero que en verdad, ese umbral es donde está todo, mientras Ed Harris (Dios padre creador) trata de reencantarlo una vez más desde su cabina de televisión.




3 comments:

Freddy Quezada said...

La involuntariedad explicada a los niños.

En especial al colombiano B.G.

1) Los chicos de mi generación llamaban pedos a los "involuntarios". O sea, dije cuatro pedos contra la crítica y la utopía.

2) Tipologizaban tres tipos, que iban del más abstracto al más concreto, como le hubiese bautizado Della Volpe si hubiese crecido con migo en el barrio. El lustradito era el que producía esa música que le extraían a los zapatos, como violines pellizcados, los lustrabotas en el paño final. El jugoso, era el orgulloso de sí mismo que se anunciaba con escándalo y estridencia y, por último, el premiado era el que venía con su respectivas pintas de mierda. Es decir, la crítica y la utopía han descrito una trayectoria como la de los pedos, que va de la religión, cuna abstracta de las utopías humanas, hasta el estercolero que es nuestra época. Es tan difícil verlo?

3) Si hubiese usado de referencia películas como "Minory Report", pues hubiese coincidido con Sergio Ramírez; si "Blade Runner" con David Harvey; si las futuristas de Spielberg, con UmbertoEco; si la serie del Exterminador con F. Savater; si la misma Matrix con Sloterdijk. Las películas universales ahora son los interlocutores canónicos, para hacer llegar los mensajes a las audiencias más amplias posibles. Son las equivalentes de los interlocutores del siglo pasado (como Marx, Keynes, Darwin o Newton)y decir que por el sólo hecho de usarlas es coincidir con quienes las citan, es una soberana y reverenda estupidez !!! Es como si Bush citara a Fidel o viceversa y concluyéramos que por eso coinciden o se copian mutuamente.

Anonymous said...

Profesor, permítame decirle que alguien está usando un nombre parecido al mío, pero del que no soy responsable. En efecto, he seguido algunos de sus trabajos y como no soy nicaraguense, este último no lo entendí muy bien, sobre todo por la variedad a la que alude y ese juego infantil. Esas precisiones que hizo en su comentario seguro lo harán un poco mejor. Byron Guillén.

Amanecer said...

Señor Quezada, escriba con más calam sus ideas, el mundo no se acaba hoy, Usted es un gran intelectual pero lo atrapa la ansiedad para producir a veces, mejores cosas o darse a explicar de la mejor manera. Siempre le he dicho que uno no escribe para uno/a sino para los demás, ese es el gran secreto¡