ULITEO LA PAGINA DE "NADIE" (ULISES) Y DE "TODOS" (PROTEO)

Saturday, January 20, 2007

Debate Contemporáneo

TABLA MAESTRA DE LOS DEBATES DE HOY
Por Freddy Quezada

A Israel Lara y Bayardo Castañeda, mis amigos de infancia.

Aprendí a polemizar al estilo, digamos, Scorsese. Chico débil, flacucho y cagón, pero buen estudiante, siempre me protegieron de los más grandulones en las luchas callejeras de mi barrio y escuela, dos amigos míos que se imponían a mis perseguidores, con el concurso de mis muecas en medio de ellos, cuando me sabía ganador y a salvo. A uno lo asesinó la guardia somocista un poco antes del triunfo de la revolución sandinista y, al otro, la contrarrevolución, un poco después.

Aprendí de ellos, al contrario de lo que pasó con mi padre, que jamás logré heredarle sus manualidades, ya adulto, a espiritualizar las astucias de las luchas callejeras de mis pequeños compañeros, como la de esos grandes boxeadores (casi todos de origen humilde) que han hecho de los golpes al otro, un arte, más por la creatividad de ellos mismos (como el ballet de Mohamed Alí, la poesía defensiva de Nicolino Locche, el remate armonioso de Alexis Argüello y la velocidad musical de Ray "Sugar" Leonard), que por la reglas que el boxeo ha hecho de esas crueldades para transformarlo en deporte.

Luego, asimilé más aburridamente las leyes de la polémica del Organon de Aristóteles, el método de Descartes y, con los marxistas de todo signo, empecé a disfrutar de los combates ideológicos sin refinamientos ni exquisiteces que se generaba entre ellos.

Sólo más tarde, al descubrir la fascinación que ejercían sobre mí, pensadores de la talla de Feyerabend (que polemizaba humorísticamente contra los mejores), Cioran (que escupía al mundo entero), Krishnamurti (que no entraba en conflictos con nadie como recurso polémico) y Wittgenstein (que polemizaba violentamente consigo mismo adelantándose así al peor de sus críticos), reconocí que por mucho que me esforzara en imitarlos, jamás me desprendería de esa impronta que decidí incorporar en mí de mis amiguitos. Decidí, entonces, dejarme ganar por mis orígenes. Por eso, cada vez que veo las películas de Martín Scorsese, siento que a ese director de cine le pasó algo semejante. Cuando Daniel Ortega llamó una vez a Arnoldo Alemán "bujoncito de barrio", se refería también al mismo fenómeno.

Hoy, los debates en una sociedad bastante desapasionada por ellos, donde las seguridades son superficiales, las argumentaciones frívolas, la profundidad rápida y los horizontes cambiantes, es casi arbitrario plantear que podemos hacer despegar el debate contemporáneo con la polémica modernidad/postmodernidad.

Digo esto porque hoy se huye de la palabra polémica y debate como de la peste y es sustituida hipócritamente por mediación, integración, equilibrio, intercambio dialógico, complementación, facilitación, etc. bajo el supuesto aristotélico que el punto medio nos pone por encima y por fuera de una discusión que le hacemos creer a los demás que no la empezamos nosotros, pero que podemos terminarla del mejor de los modos.

En lo personal pienso que se aprende más peleando que oyendo o viendo. Y creo que las nuevas generaciones que les encantan los juegos mediáticos pueden ser seducidas con este recurso.

Creemos que el inicio del debate en nuestra época, lo marca un sólo hombre, reaccionando ante las nuevas propuestas, como el guardián de la modernidad, a la defensiva ante las duras críticas de la que ha sido objeto: Jurgen Habermas. Este gran pensador alemán (heredero de la teoría crítica frankfurtiana y del pragmatismo anglosajón) ha polemizado con varios hombres que han significado distintos niveles de crítica y pensamiento: Ratzinger, Luhman, Castoriadis, Gadamer, Appel, Dussel, Foucault, Lyotard y Sloterdijk. Cada uno de ellos representó la doctrina de la fe cristiana, la legitimidad del sistema, la praxis social, la hermeneutica, la ética universal, la filosofía liberacionista, el sentido del poder, la decadencia de los metarrelatos y el cinismo de la razón ilustrada. A partir de estos debates (puede verse parte de ellos en su obra El Discurso Filosófico de la Modernidad), se han desencadenado muchos más que se enlazan y a veces pierden sus orígenes, pero que están condicionados por estas batallas.

Para los que leen este blog, les informo que estamos trabajando un texto próximo sobre debate contemporáneo a cargo de Aurora Suárez, y este servidor.

Presentamos una tabla maestra donde están tentativamente los debates (activar vínculos) a nuestro juicio más claves de la época. Sin duda, faltan muchos más (los de las ciencias duras brillan por su ausencia); ni siquiera los de Nicaragua figuran y pensamos incluirlos, pero creemos que son pistas orientadoras. Creemos que es un buen esfuerzode síntesis. Cuando la obra esté terminada se podrá apreciar mejor.

MATRIZ

RAMAL

DEBATE REPRESENTATIVO

I.

P

O

S

T

M

O

D

E

R

N

I

S

M

O

S

Clásica





Deconstrucción









Neoliberales



Genero


Imperio


Habermas vs. Foucault

Habermas vs. Lyotard

Habermas vs. Sloterdijk

Derrida vs. marxistas

Zizek vs. postmodernos

Groys vs. educadores

Rorty vs. Lyotard

Vattimo vs. Habermas

Vs. Lyotard

Rawls vs. Walzer y Taylor

Crítica al Capital Social

Butler vs. Feministas

Polémica Queer

Negri y Hardt vs. Petras

Stiglitz vs. BM y FMI

Mires vs. Neomarxistas

Mires vs. Quezada

II

P

O

S

C

O

L

O

N

I

A

L

Clásica








Postoccidentales





Debate

Intercultural

Dirlik vs. Prakash

Ahmad vs. Postcoloniales

Guha, Chatterjee vs.

Postcoloniales

Europeos vs. Filosofía latinoamericana

Latinos post vs. latinos

Poscolonialidad a los niños

Pensamiento descolonial

Debate sobre Pensamiento descolonial


Fornet vs. Dussell et al

III.

C

A

O

S

Positivismo



Posmoderno

Bunge vs. Lacanianos

Quezada vs. Sokal

Quezada vs. Membreño

IV.

HO

LIS

TI

CA

Intercambio

Quezada vs. Gracio Das Neves

Tuesday, January 09, 2007

Comentario a la obra de Bonifacio Miranda

EL PARLAMENTARISMO SUI GENERIS
(Comentario a la obra de Bonifacio Miranda)

Por Freddy Quezada
Con una pregunta clave que se hace el segundo prologuista de esta obra, Antonio Esgueva (“¿Quién controla a quién, la Constitución al poder o el poder a la Constitución?” ) y la respuesta que brinda el primero, Alejandro Serrano (“La historia constitucional y del Estado nicaragüense ha sido más que nada la historia del poder” ) me parece que se aborda de manera clara y directa, aunque insuficiente, el asunto crucial sobre el Estado nicaragüense en la obra del Dr. Bonifacio Miranda “El Parlamentarismo sui generis”.

Muy jurídica en varios aspectos (hay un análisis comparado minucioso de la Constitución de 1987, las Reformas de 1995, del 2000 y del 2005) útil sin duda para el estudioso y el apasionado, no está exenta, sin embargo, de una interpretación política (los últimos capítulos pueden confundirse con una defensa abierta del gobierno de Bolaños) e histórica que le confieren un valor más que académico y que la pueden llevar a una polémica sana y productiva.

El Bonifacio político que conozco es sacrificado por el constitucionalista bajo el que se nos presenta. Esgueva le llama “madurez”. Y la impresión que proyecta es que toda la historia política de Nicaragua ha sucedido entre los ejecutivos y las asambleas, condicionado seguramente por el presente que actualmente vivimos.

El Bonifacio político hubiera preferido hablar de los actores extraparlamentarios que están invisibilizados en esas luchas legales entre poderes del Estado. Porque las luchas eran la consecuencia y no la causa, muchas veces, de batallas fuera de ellos y no solo dentro del país, sino afuera. Por arriba (de la presión del imperialismo norteamericano, de las democracias latinoamericanas y, en su tiempo, de la burocracia stalinista y el castrismo); por debajo (de la acción directa de las masas, de los movimientos sociales juveniles, étnicos y agrarios y de los partidos extraparlamentarios que, muchas veces, constituyeron verdaderas dualidades de poderes); por fuera (de la iglesia, los medios de comunicación, los intelectuales orgánicos de la oligarquía); por dentro (del papel del ejército, de la Costa Atlántica, de los conflictos con las naciones vecinas, de la judicialización de la política, de los cálculos maquiavélicos del partido mayoritario, etc).

Se podría incorporar, incluso, esa nueva perspectiva de las comunidades imaginadas de Benedict Anderson, o de Doris Sommer para el caso de las ficciones fundacionales, a través de las novelas románticas nacionales que se hacían por entrega en los periódicos, la poesía en nuestro caso, y que después pasaron a ser obligatorias en el sistema educativo formal; o el heroísmo nacionalista tardío para nuestro país, en medio de una masa agraria, étnica y desilustrada, que contó con características que dificultaron terriblemente la construcción de consensos y la comunidad de valores por parte de una clase ilustrada dramáticamente pequeña e insegura, con la cabeza en Europa y los pies en América.

Tales dispositivos ayudaron a promover el consenso y la hegemonía dentro de las clases populares para legitimar el Estado nación, tanto desde abajo (clases populares) como desde arriba (Estado). Esta lógica, sin embargo, no se cumplió del todo, como en Europa, y terminó siendo elitista y minoritaria (reuniendo en sí mismas las soberanías nacionales y popular, a través de la representación política) o fue interrumpida constantemente, condenando a la inmensa mayoría de las poblaciones nacionales a ser representada según los imaginarios de las clases medias y confinada a ser objeto de estudio de disciplinas especializadas que la mantuvieron separadas de la representacionalidad nacional. Eso es lo que después sectores ilustrados más agudos llamarán, aunque sea por contar con un opuesto para reafirmarse, el “país real”, por oposición al legal, que es el que siempre han deseado y del que habla Bonifacio en su obra. Concluye, al igual que Serrano, en casi lo mismo: "En Nicaragua la relación entre poder político y derecho está invertida , patas para arriba. Predominan las necesidades del poder político por encima de la Constitución... en los hechos, prevalece el acuerdo político por encima de la voluntad popular." (Miranda, 2006: 404)

Porque pese a que se reconozca que hay una diferencia entre el país real y el país legal, se sigue hipnotizado por este último. Incluso Octavio Paz, cuyos antecedentes de este reconocimiento le llegan del anarquismo estético, después de señalarlo vuelve a deleitarse en los paradigmas representacionales. Y del mismo modo los demás que participamos de una patria escrituraria (donde las leyes y la gramática nos gobiernan). Se conoce muy poco a las clases desilustradas, y cuando la llegamos a ver como son, no como deben ser, nos escandalizamos, las repudiamos y las censuramos.

Miranda Bengoechea, aplica a la historia de Nicaragua, las líneas maestras de un discurso claramente emancipador al considerar que, cada vez que se hunden los estados nacionales (según él en tres ocasiones, con la invasión de William Walker en 1856, con el derrocamiento de Zelaya en 1909 y con el derrocamiento de Somoza en 1979) son "las clases medias" (Miranda, 2006:311) las que lo reconstruyen otra vez con discursos incluso opuestos, pero cuyo sentido es partir de cero, como toda cosmovisión revolucionaria cuyos orígenes generalmente se sacralizan con sangre enemiga, para terminar pareciéndose a ellos. Revolución en su sentido original significa eso: regresar. Todavía hoy los ideólogos están construyendo fantasías sobre la burguesía nacional, como el mismo Miranda (2006:312) le objeta a Orlando Núñez en su obra La Oligarquía en Nicaragua.

Todavía hoy los ideólogos están construyendo fantasías regresivas sobre la burguesía “nacional”, como el mismo Miranda (2006:312) le objeta a Orlando Núñez en su obra La Oligarquía en Nicaragua. Para un autor venido de tradiciones internacionalistas, como Miranda, este tirón de un grado a la derecha de todo el espectro teórico (donde el "ultra" es hoy la izquierda, este el sociademócrata, a su vez, el derechista, a quién por último le llamamos "demócrata") debe sonarle a herejía, visto que para sus paradigmas, las fronteras de los estados nacionales siempre han sido el obstáculo principal para el desarrollo de las fuerzas productivas.

La idea del Dr. Miranda, que venimos de un parlamentarismo sui generis y estamos hoy en otro, pasando durante un buen tiempo por un presidencialismo fuerte, necesita de un complemento que le llegue de otras disciplinas para profundizar más la forma en que se construyó nuestro Estado nacional cada vez que se derrumbó. Ayudan mejor las deconstrucciones de nuevo tipo como las últimas obras de Erick Aguirre (Máscaras del texto), Erick Blandón (El Barroco Descalzo) y Carlos Midence (con una obra sobre esta temática en edición) para cruzar las narrativas fundacionales (sentido de nación desde abajo) con esta historia constitucionalista (desde arriba).

Esta bisagra entre la cultura letrada expresada en nuestro periodismo, y cuyo enlace con las clases populares se hizo a través de los relatos por entregas o novelas folletín, las verdaderas precursoras en el área escrita de las radio y telenovelas, más tarde prescindirán de la exigencia de leer y escribir, lo que producirá una ruptura clave entre las tareas que se impusieron a sí mismos los medios, tales como educar (cultivar el espíritu de las masas como extensión de la Ilustración), informar (espectacularizar los sucesos) y distraer (construir placeres) y la feroz batalla de imponerse unas a otras para ser, hasta donde vamos: un poder de alta calidad basado en regímenes figurales. Tal es el nudo de la discusión en la escuela de Frankfurt. Jesús Martín Barbero, una especie de Bartolomé de las Casas del Siglo XX, quien cree que el mejor modo de salvar las almas de los “indios” no es representarlos, como hacen los ilustrados, sino comprenderlos, toma toda su cosmovisión de estas fuentes.

Antonio Esgueva, dice en su ameno prólogo, que conoció a Bonifacio manejando una vieja moto roja desde la que saludaba con su puño alzado. A mi me tocó conocerlo en una situación más dura, pero cómica, cuando el FSLN empezó a reprimir todo lo que se moviera a su izquierda. Dura, porque el compromiso revolucionario, ante la incertidumbre de una represión segura y un exilio forzoso, de hacerle frente a la persecución sandinista redoblando los votos, nos obligaba a continuar las actividades revolucionarias en Nicaragua. Cómica, porque el Dr. Miranda, haciendo sonar su pasaporte en la mano, con ese chasquido típico con que los gigolós hacen sonar sus guantes, nos decía a todos “camaradas, nadie puede salir del país”.

Saturday, December 30, 2006

Víctor Canifrú: El señor de los amarillos

CANIFRU Y LOS AMARILLOS
Por Freddy Quezada
Amaneceres y atardeceres anudados en una banda de Moebius. Hay algo en este pintor que, a mi juicio, sintetiza el placer y el dolor y, al parecer, con la colaboración alegre e inconsciente de sí mismo, en el amarillo, más bien en los amarillos. La mayor parte de las obras de su nueva colección están, si se me permite la expresión, crucificadas dulcemente (con ese placer que sienten los cristianos en el momento culminante de un cáliz, amarillo precisamente, que los hace recordar el sacrificio de Jesús) por las tonalidades del amarillo; en algunas de ellas, incluso, tenues pero firmes.

Sabemos que el blanco contiene a todos los colores, cuando los hacemos girar a gran velocidad en un espectroscopio, pero Víctor Canifrú me ha hecho ver, de nuevo, que sólo el amarillo es el que contiene todas las emociones; hasta las más opuestas. ¿Será ese el secreto de la Iglesia y de ahi esa bandera blanca y amarilla?
El desprecio con el que los occidentales llaman a los chinos "amarillos", no cuenta que, en su hora de venganza, se les regresará a la cara en un solo gargajo: capitalismo, socialismo, mercado, pujanza económica, marxismo de margarina, sabiduría milenaria, despotismo, poder de potencia primera. Todo en uno.

Hace mucho tiempo se hizo célebre aquella teoría freudiana que creía que los burgueses padecían de estreñimiento por la ansiedad que les ocasionaba la acumulación de capitales. El amarillo fecal se juntaba con el amarillo del oro. La fórmula del éxito era la retención. “El amarillo es el color de la cobardía y va asociado a las personas marginales y objeto de rechazo, los locos, los musulmanes, los judíos, pero también es celebrado como el color del oro, entendido como el más solar y el más precioso de los metales”, nos dice Umberto Eco, en su monumental Historia de la Belleza, describiendo el significado de los colores en la Edad Media.

Milán Kundera, en una de sus novelas, narra cómo el hijo de Stalin muere electrocutado en un campo de concentración nazi, diciéndose a sí mismo y a los demás que él, como hijo de Stalin, era inmortal; el novelista checo, dice que nadie estuvo al mismo tiempo tan cerca de la mierda como de la gloria. El amarillo debió ser la bandera de esta decisión asumida por un solo miserable.

En Víctor Canifrú, sus amarillos son unas angustiosas alegrías que nos invitan a desestabilizar oposiciones y regímenes de significación, a renunciar a ese mundo de dualidad limpia que nos han enseñado desde la niñez. Un color que nos envuelve por completo y el cual esclaviza el pintor, hasta preguntarnos si necesitamos a los demás colores que ya pueden ser arbitrarios y completamente libres por decisión del autor mismo, que importa si les place reposar en hojas azules, juguetear en siluetas moradas o nadar en aguas rojas. ¿Sentid esa sensación en las ligeras gotas amarillas de El Coloquio de los Centauros, pintura que encabeza este comentario; o en la luz que atraviesan las redes del pescador; o en los filamentos de unas grandes hojas, espigas, prados o en las crines de unos caballos; o ese sol debajo de una botella, al frente de una chica en su momento más cobarde o al fondo de unas gaviotas en su momento más feliz? Un solo color reúne a los opuestos. Si el amarillo de las tardes nos derrotan, como dijo una vez Jorge Luis Borges, también el de las auroras, como diré hoy yo, nos ganan.


Thursday, December 14, 2006

Castrochet

CASTROCHET

Por Freddy Quezada

Con todas las letras: Fidel Castro es un dictador. ¿Cuál es el miedo a decirlo? Hasta hace poco, todo tipo de intelectual lo decía sin escrúpulos, remordimientos o vergüenza. Pasaba que había caído el socialismo real e imaginario y los intelectuales, a quienes le debemos el encumbramiento de todos los dictadores, césares y líderes (el Himno “La Internacional”, de inspiración anarquista, de E. Pottier, a contra pelo dice en unos de su párrafos “ni Dios ni Césares”), se habían desencantado. Y estaban rabiosos. Con el ascenso del populismo latinoamericano, lo están cada vez menos. Hoy se dice en voz baja y con vergüenza: Castro es un dictador.

La izquierda mundial y en especial la latinoamericana, viene de manifestarlo tímidamente con la caída del Muro de Berlín, pero desde que han venido asumiendo en AL los gobiernos neoestructuralistas, para usar un eufemismo venido de la economía, lo vienen diciendo cada vez menos. Esta actitud ambigua, más que sus obsesiones, fue lo que les valió ese largo chiste de Carlos Alberto Montaner y sus cómplices en “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”. Huyendo como ratas, se fueron del barco muchos intelectuales que desertaron del sueño de la razón moderna: la utopía socialista. Y ganaron algo de lucidez, al reconocer en sus antiguos ídolos, dictadores vulgares y siniestros. Pero ahora que olfatean el poder de nuevo, muchos de ellos se están acercando sigilosamente a los capitanes (Galeano, Benedetti, Chomsky, Borón, Petras, Saramago, etc) que prefirieron hundirse con su viejo código de honor.

Nada hay más fácil que decir que Pinochet era un dictador, pero, pregunta para la izquierda latinoamericana, Fidel? Aquí se quiebran y se hacen un “colocho” para explicar su posición: " sí pero no; es un dictador necesario; es un dictador ilustrado; es un gran dirigente; es un líder brillante, etc".

Michel Matellart, una investigadora de verdad brillante sobre el papel de las comunicaciones, llegó incluso, en el colmo del retroceso, a lamentarse que Castro, como en otros tiempos los revolucionarios con Marx, fuera mortal. Y nos dejara solos y en el desamparo. No lo logro digerir aún.

La Dictadura del proletariado que se usaba con franqueza y hasta orgullo en otros tiempos (Mao y Trotsky en esto fueron proverbiales), se definía como la dictadura de una clase sobre la otra. Todo era sencillo y claro. Y la democracia era la dictadura “blanda” de la burguesía; más sencillo aún. Nadie se podía equivocar.

El creyente en la democracia, cree que ambas dictaduras son iguales y simétricas (en la de izquierda se sacrifica la libertad, tanto como en la de derecha la igualdad, nos dicen) y se equivocan, por que el régimen que ellos defiende es otra dictadura más. Y una hermana juzga a las otras, siendo que todos ellas están atravesadas por el poder de la riqueza, del número y de la representación. El problema no es el reparto de la riqueza, la distribución de las libertades y la cobertura del poder, sino el poder mismo. La solución es el problema.

El anarquista (esos “locos” que rescataron lo mejor del liberalismo clásico y lo mejor del socialismo antiautoritario) es el único que supo ver los signos autoritarios en cualquier lado, por eso es enemigo de todo el mundo moderno organizado en autoridades del Estado (monopolio de la violencia legítima) en pensamiento (autores canónicos) y reglas y normas de los juegos de lenguaje (autorizaciones y prohibiciones), etc. Su pasión es la libertad y su enemigo el control. Los más inteligentes de ellos, han sabido devolver el golpe proponiendo controlar a los controladores con las viejas normas sencillas de la Comuna de Paris de 1871 y la penalización de las promesas dentro y fuera de las organizaciones.

Para la derecha, es un placer repetir una y otra vez que el castrismo es una dictadura violenta y sanguinaria, y están esperando su muerte en Miami para dejarse ir en la más larga y alegre conga de todos los tiempos con música de Celia Cruz de fondo. Mientras, dentro de la Isla, la mayor parte se prepara para el entierro más faraónico de todos los tiempos, como el de los Funerales de la Mamá Grande que sin darse cuenta, al parecer, le hizo su amigo al Patriarca en su otoño. El placer y el dolor desgarran a Cuba y ninguna es menos cierta que la otra.

Augusto Pinochet murió, como una ironía de la Historia, el día de los Derechos Humanos, Castro lo hará, como otra, el día de los Inocentes? Entonces, creeremos la broma de esa señora que absolverá a un cadáver?

Wednesday, December 13, 2006

Cómo controlar a los que nos controlan

PLEGARIA ANARQUISTA

Por Freddy Quezada

Una de las estafas más grandes de la historia (los emancipadores todavía la escriben con mayúscula) que escribieron los vencedores, fue hacernos creer el cuento que los marxistas eran los científicos y los anarquistas los utópicos. Si de verdad los socialistas, como los liberales, fueron los creadores y sepultureros a un tiempo de sus propios sueños racionales y modernos, lo contrario no fue menos cierto, que los anarquistas, esos terceros incómodos y silenciados por sus continuas derrotas, fueron los verdaderos “científicos”, si le acordamos la acepción que una de sus variedades más radicales, le ha atribuido siempre a una ciencia en la que, por lo demás, no creen: el poder de controlar a quienes nos controlan. Fourier, con su manojo de reglas, en este sentido, nunca tuvo nada de ingenuo. Así, pues, los marxistas fueron los verdaderos utópicos y los anarquistas los verdaderos previsores. Los unos creyeron en leyes históricas risibles; los otros, en la ubicuidad de un poder tan creador como peligroso.

El neoliberalismo regresó como copia, kitsch vulgar del liberalismo clásico, hablando sandeces alrededor del fin de la Historia con un discurso prestado a Kójeve, y con formulitas monetarias obtenidas con éxito en condiciones dictatoriales. Hoy el marxismo amenaza con regresar, con sus viejas promesas incumplidas, pero también como pastiche de sus propios clásicos. La época de las copias sin originales, el postmodernismo y la época del poder de los imaginarios estratégicos, el postcolonialismo, nos reciben muy bien a todos. ¡Que bien se está entre una copia y otra; entre un discurso y otro! La licencia ya también la están tomando los anarquistas y me atrevo a imaginarlos a través del uso que harán de la paradoja, esa hija también de nuestra era.




Hace un buen rato escribí un trabajo sobre estos cuatro hombres que llamé “Los cuatro jinetes del porvenir”, pronosticando un papel de primer orden de la herencia de estos maestros en los paradigmas del siglo XXI.

Una de las cosas más cautivante es el empleo de las paradojas por parte de los cuatro.

Cioran: la idea del suicidio es la única que puede detenerlo.La mayoría de nosotros no nos matamos, precisamente porque podemos hacerlo.

Feyerabend: Para conocer la verdad hay que disponer de todos los métodos, incluyendo ninguno.

Krishnamurti: no hay que creer en ninguna autoridad, ni siquiera en mí.

Wittgenstein: para encontrar el sentido de las cosas, hay que recorrer una escalera donde, sólo al final, descubrimos su inutilidad.

Todas estas paradojas siguen el sencillo método de incluir a su opuesto. Y el asombro, la parálisis y la confusión, estallan. Sucede que le siguen la anulación (para parecer místico), la suspensión del juicio (epojé) para parecer escéptico y la polisemia para parecer anarquista. Aquí algunas recomendaciones derivadas de los maestros para controlar a los zánganos. Empezamos con el viejo truco taoista.

1. El mejor modo de controlar a los controladores es no hacerlo, porque de lo contrario seremos uno de ellos.

2. Controlar a los que dicen los controladores que los controlan a ellos: Dios, la Justicia, la Historia, el Bien, la Democracia, el Derecho, la Libertad, etc, por medio de un desconocimiento olímpico y alegre de todos esos conceptos.

3. Penalizar a los controladores. Estos pillos, buenos o malos, que importa, sino cumplen sus promesas políticas, hay que arrestarlos en nombre de la violación del Contrato Político (Contrato anarquista a diferencia de ese concepto inútil de Contrato Social o de ese peor llamado Constitución) o que paguen sus fiadores políticos. El chiste es pasar toda la lógica contractual del mercado a la política. En los contratos mercantiles quien no cumple se expone a penalizaciones. Igual debe ser en la política. Como en la compra y venta de mercancías, que importa si es de derecha, izquierda, centro, rico, ateo o no, gay o travesti, ideólogo, anarquista, etc. Sino cumple, va preso. Es sencillo.

4. Aplicar sin piedad las normas sencillas de la Comuna de París en 1870: rotabilidad, temporalidad, destituibilidad y salario de trabajador calificado. Hay que recordarles a las nuevas generaciones que los dirigentes de esta revuelta fueron los anarquistas y no los marxistas. Hay que agregar la realización de primarias dentro de los partidos políticos.

5. La Democracia y el Estado de Derecho se ven a sí mismos como los que controlan a los controladores públicos, pero son más bien estrategias para que los iguales en poder o riqueza no se impongan unos a otros de manera tan fácil y respeten más o menos ciertas reglas pero entre ellos (que a veces sus regímenes jurídicos logran anular unas con otras, como demostró Joly, al imaginar dialogando a Maquiavelo con Montesquieu). Estas propuestas anarquistas, totalmente distintas, no son entre iguales, sino de abajo hacia arriba y no a favor de caudillos o líderes nuestros, sino en contra de ellos, al mismo tiempo que en contra de los de arriba en general. Temblad, miserables, que ya sabrán lo que es tener la bota en el culo, todos los días. Así controlaremos a los que nos controlan.

Y no nos dejes caer en tentación...

Saturday, December 09, 2006

Las nuevas tribus

Las Nuevas Tribus


Por Aurora Suárez y Freddy Quezada


Desdibujados y desacreditados los conceptos de clases sociales, desplazados por otros que provienen de lógicas de consumo y culturas de rescate, asistimos a la presencia e invasión de las nuevas “tribus”, término privilegiado por la antropología clásica y el postmodernismo de masas, que está entre nosotros. La naturaleza y conexiones internas de las relaciones políticas que caracterizan a la Asamblea Nacional (AN) nicaragüense nos remiten al concepto de Tribu. Evans–Pritchard, la identifica como un “grupo de personas, con un nombre, una lengua y una cultura común que está dividida en unidades políticas diferentes” (que serían las tribus). O un “grupo autónomo, social y políticamente, de extensión definida, de homogeneidad cultural y organización social unificada que habita en un territorio que le pertenece” según Giner.

Ahora con el cambio de Gobierno asistimos a un retorno de esas tribus. Si retomamos un poco a Mafessoli quien nos dice: “Estamos frente a una organización de la sociedad en tribus. Lo que antes era marginal se ha vuelto central”. Plantea además, que no existe una "práctica doméstica" del hombre político actual, en otras palabras "ocuparse de la casa".

En todas las legislaturas que anteceden la actual, se ha visto el “honorable” comportamiento de los/as diputados/as. De hecho, quienes hemos tenido la oportunidad de observar su funcionamiento cualquier día que les visitemos, pareciera más estar presenciando un mercado persa en sus mejores horas de ventas (incluidas las “agarradas de pelo”) que una Asamblea Legislativa. Esa es la realidad de “forma”. Las sesiones, el escaño, transformados en una sucursal de sus empresas o negocios. Cualquier cosa, menos para lo que les pagamos con nuestros impuestos.

Las aprobaciones de las iniciativas de ley, responden única y exclusivamente en orden de prioridad, a los intereses de ellos/as y de sus caudillos. Ya no digamos las de orden social, se engavetan y envejecen hasta que aparecen grupos organizados o no de la sociedad civil presionando para su debida aprobación, si es que lo logran. Algunas aprobaciones ya forman parte de la agenda estratégica de lucha, por llamarle así, de organizaciones como UNEN, FETSALUD, ANDEN, UNE (que fue revivida), entre otras, cuando se discute el Presupuesto General de la República. En otras palabras, se arma la “infanzón” y comienza el relajo que tanto parece gustarnos a los/as nicas, mientras en el interior de esa porqueriza los “corbatudos y emblazeradas“, desde sus celulares arman sus bussines económicos o políticos como si nada pasara.

Por otro lado, la AN ha tomado un cariz de museo nacional. Existen diputados vitalicios, quienes despojados de vergüenza alguna forman parte de la triste memoria institucional de ese poder del Estado.

Veamos pues cómo quedó conformada y construyamos un posible escenario de lo que pudiese ser:
Del total de las 92 diputaciones el 23% corresponde a escaños que serán ocupados por mujeres, menos de la cuarta parte, es decir tendremos una AN esencialmente patriarcal. Indicándonos ello además, la involución participativa de las mujeres en los espacios de poder. Esperemos pues, que no se introduzca y apruebe una Ley prohibitiva al uso de métodos de planificación familiar (y esperar tener los/as hijos/as que Dios nos manda…) o bien, eliminar los pensums de la educación secundaria referidos a educación sexual y reproductiva para que nuestra juventud se apropie de una concepción trasnochada de supuestos nuevos valores.

En un ejercicio prospectivo podemos visualizar el comportamiento de la Asamblea así:

La Luna de Miel: Se abre la AN, todos y todas se saludan, abrazan y prometen trabajar por la Patria. Sin embargo, la fangosidad de ese pantano inicia sus operaciones identificando o acercándose a sus posibles nuevos aliados (aquí juegan un papel relevante los gallos y gallinas viejos/as del corral y las nuevas aves rapiñas)

La Cotidaneidad: El “ponerse de acuerdo” comienza a generar los primeros conflictos (para honrar una de las muchas paradojas de las que seremos testigos), quiénes integrarán la Junta Directiva, qué Ley discutimos primero y cuál no, la conveniencia de intereses entran en juego, surgen los micropactos o micro alianzas en los corredores. De hecho, los ALN y un sector del PLC tendrán que llegar a acuerdos y los MRS terminarán formando parte de esa alianza (claro está, el poeta Cardenal dijo que prefería votar por Montealegre que por el FSLN). Muchos se saldrán de las filas de la “pantera rosa y del inspector Clousseau” y retornarán a sus antiguos nidos (especialmente la resistencia). Se comienza a romper la consanguinidad ficticia de algunas tribus, como la del FSLN.

La primera separación: No se puede hablar de divorcio, pero sí de discusiones que arrastran a las infidelidades. Se definen las tribus, explotan las primeras luchas y comienza el circo, mientras la ciudadanía espera la llamada reconciliación, descree una vez más en el Estado de Derecho: Concepto que funciona en abstracto en este país.

El Divorcio: Al final, se separan y el gran perdedor quizás pueda ser el FSLN, por muy San Cardenal que ore por ellos/as (si no es que ya se ha distanciado) y Mister Trivelli en este momento esté lanzándose otro discurso respecto al FSLN. La derecha se fortalece y el FSLN en su afán de mantener su cuota de poder se socialdemocratiza aún más de lo que está. Los de “abajo” vuelven a experimentar el sabor del abandono por andar haciéndose ilusiones (esas que nos conducen al fracaso). Desde “arriba”, se ondean lemas con la dignidad de un pequeño limpión de cocina: ¡Qué viva la democracia¡

Esperemos pues, que no sea así…

Friday, November 24, 2006

Regresa el debate entre postmodernos y neopositivistas

SOBRE EL ARTÍCULO CIENTÍFICO, EL ENSAYO
Y LA OPINION
Por Freddy Quezada

Con la patada en el trasero al pobre Plutón, que si fuera caricaturista lo representaría como un planetita triste y cabizbajo, hatillo al hombro, de espalda a sus expulsores, uno termina de entender el poder y las normas definitorias de la comunidad científica. Definir una cosa, al parecer, es que coincida con el Lecho de Procusto. Si sobresale la cabeza hay que cortarla; si las piernas son cortas, hay que estirarlas. El poder de la ciencia, como el del Estado, es performativo: hace lo que dice. Ahora, millones de textos escolares serán inútiles; millones de profesores serán recapacitados; millones de seres albergarán ese sentimiento incómodo de haber vivido tanto tiempo en el error; o de haber sido engañados miserablemente. La situación me recuerda esa rama de la sociología llamada etnometodología, que es el estudio de la reacción de las personas cuando sus fundamentos cotidianos se hunden y luego corren en todas las direcciones, se desorientan y paralizan. Por ejemplo decirles, las mujeres no existen. El mundo está dividido entre hombres y "travestis" y las feministas luchan a muerte para que nadie se entere.

Visitando algunas páginas de INTERNET, que de oficio hago para actualizarme sobre las discusiones contemporáneas, me encontré con una polémica entre Mario Bunge, el más grande representante de la epistemología científica en América Latina, y los lacanianos de Argentina, a propósito de los métodos en las ciencias naturales y las nuevas corrientes culturalistas y postmodernas. La polémica me recordó una propia que tuve con Alan Sokal hace varios años a propósito de su libro explosivo contra los más grandes representantes del postmodernismo, “Imposturas Intelectuales”.

Alan Sokal un físico teórico norteamericano, procedió a juntar un collage de citas de los más caracterizados autores postmodernos de EEUU, le puso su nombre al artículo de marras, y lo envió a una revista especializada (Social Text) en 1996 para darle a entender que un científico cuántico ya estaba convencido de la pertinencia del postmodernismo. Resulta que, después el propio Sokal, desde otra revista (Lingua Franca), se denunció a sí mismo y confesó que la sarta de tonterías que había enviado no tenía pies ni cabeza. Sus amigos le animaron para que escribiera la crítica a través de un libro que, en efecto, hizo junto a un colega belga, Jean Bricmont, y que titularon "Imposturas Intelectuales", pero esta vez dirigido a toda la más selecta intelectualidad postmoderna francesa desde Lyotard y Derrida hasta Kristeva y Virilio. La denuncia principal con la argumentación correspondiente consistía en demostrar la incapacidad y profunda ignorancia de todos estos autores en el manejo de conceptos científicos. Virilio, por ejemplo, "no sabe distinguir entre cinética y cinemática", Kristeva e Irigaray "no saben nada en absoluto de mecánica de fluidos", Lacan es "incapaz de diferenciar entre números imaginarios y números irracionales", Baudrillard no sabe nada de las teorías del caos, Deleuze sólo escribe disparates, Lyotard tiene un conocimiento débil sobre la teoría matemática del derrumbe. Latour, está convencido que la teoría de la relatividad de Einstein es la base del relativismo cultural, etc.

En lo personal, la charada de Sokal me recordó una mejor de Paul Feyerabend, por cierto uno de los blancos del joven físico norteamericano. Y es aquella célebre defensa de tesis que hizo ante Bertrand Russell, el insigne lógico analítico, que por cierto nunca le perdonó, sobre una teoría física totalmente "inventada y actuada" (Feyerabend era un actor aficionado) que, ante un auditorio de estudiantes, todavía aguantó la risa al ser aprobado con honores. El episodio lo contaba Feyerabend, para demostrar lo contrario de Sokal con el suyo: cómo los científicos "duros" podían aprobar cualquier cosa con la condición que quién les hablara fuera otro colega con una reputación tan buena o mejor que la propia. Es Feyerabend quien empieza a denunciar a los científicos como una "banda de vividores del presupuesto del Estado" y que la democracia de la ciencia consistía no en votar si la ecuación de Einstein era corecta o no, sino en ejercer el derecho de los contribuyentes a determinar el destino y la utilidad de las investigaciones. Estas cosas son las que tomarán después los postmodernos para también hacer de las suyas, pero el exceso no eliminará los cargos contra los científicos en general y las ciencias duras en particular. Robert Oppenheimer, el paradigma de científico desgarrado, desilusionado y traicionado, pagará con su vida estas miserias.

Después de leer el texto de Sokal y Bricmont empecé a creer que nos movíamos entre charlatanes postmodernos y neopositivistas autoritarios. Sobre Mario Bunge le advertí a Sokal en medio de la polémica:

Lo de «autoritarios» es más bien por los que vienen detrás de ustedes, (hay un chileno de apellido Otero que me pareció vengativo y un viejo diosecillo del positivismo en el área latinoamericana, Mario Bunge, que estaba rabioso de la alegría calumniando a las ciencias sociales en general). Después de abrir las ventanas para ventilar el ambiente, mérito de ustedes, vienen también los microbios. Sé que es un riesgo que debemos asumir todos”.

Mario Bunge en una entrevista que le hizo la Revista Ñ, suplemento cultural de El Clarín, periódico argentino, nos dice:

“P: Siempre ha fustigado a cuatro pasiones argentinas: el psicoanálisis, la homeopatía, el existencialismo y el posmodernismo. ¿Por qué cree que en la Argentina tienen tanto éxito?

R: — Son fáciles, no requieren un aprendizaje riguroso y largo. Cualquier diletante, aficionado, puede tomar un libro de Freud o de Lacan o de alguno de los posmodernos y, aunque no lo entienda, puede repetir. El caso del existencialismo es más complejo porque los existencialistas emplean un lenguaje muy oscuro, al punto de ser ininteligible. Por ejemplo, cuando Heidegger cree definir el tiempo diciendo que es la maduración de la temporalidad, es una frase sin sentido, es para épater le bourgeois, para deslumbrar a los amigos: "Ah, qué bien, habla en difícil". Eso da prestigio en ciertos lugares”.

La revista electrónica Antroposmoderno se le dejó ir con el artículo “Mario Bunge: un charlatán más en el reino de los charlatanes” de Leandro Andrini, un físico de profesión, que desencadenó una cascada de reacciones en la pestaña interactiva del ensayo correspondiente.

Sin embargo, quiero referirme a algo que, más bien, es un efecto menor de esta discusión, la diferencia entre distintos modos de expresar verdades y juicios a través de artículos científicos, ensayos y periodismo de opinión.

Nada de lo dicho abajo, tiene carácter definitivo ni cerrado, incluso, es posible que sea una opinión más a la altura de cualquier otra, pero de lo que se trata es precisamente de provocar la reflexión y motivar a interrogarnos sobre sus diferencias, cruces, límites, definiciones y pertinencias.

El debate entre postmodernos y neopositivistas, no es más que la continuidad de uno más antiguo, entre las natürwissenschaft y las geisteswissenschaft, entre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu o humanas. Entre los métodos para explicar (erklaren) la realidad no humana y los modos de comprender (verstehen) esta última. Max Weber fue quien expuso con mucha sencillez esta diferencia. Decía algo así como que al sol (o a Plutón, para el caso, a quien le importa un rábano la expulsión de los astrónomos) se lo podía explicar, pero no comprender y viceversa, las personas asignaban sentido (sinn) a todas las cosas que hacían, de tal manera que no se las podía explicar como a insectos o colonias de hormigas, sino que había que tratar de comprender sus comportamientos con arreglo a distintos tipos de fines. Brutalmente podemos decir que era una diferencia entre el sentido de los actores y las leyes ineludibles. Entre la voluntad de poder y la obediencia ciega; entre el determinismo y la libertad relativa.


Presentamos a continuación una caracterización de cada uno de ellos.

A) Artículos científicos
. Son frutos de investigaciones puras o aplicadas, naturales o sociales que siguen una normativa y procedimientos muy rigurosos. Se enmarcan y encadenan dentro de lógicas aristotélicas, cartesianas y empíricas de demostraciones y presentaciones de hipótesis. Tienen que inscribirse en un juego de lenguaje rígido y lineal, consecuente y conclusivo, además de contar con un respaldo fuertemente verificable en el terreno o en el laboratorio, bajo el principio clásico que la verdad (correspondiente, coherente, evidente y útil), puede ser comprobada por observadores independientes en cualquier momento y lugar. Deben contar, al menos, dependiendo de los criterios de las revistas científicas, con el IMRYD (Introducción, Métodos, Resultados y Discusión) como le llaman los especialistas. Sus dos consecuencias prácticas son: pronosticar y resolver problemas. Sin embargo, una tercera, que es el poder de sus reglas, normas y sistemas, aceptadas a través de demostraciones o consensos, por la mayoría de una población, se descubrieron que es el fruto de una comunidad de científicos que dominan alrededor de un paradigma estable (Thomas Khun), mientras no llegue un grupo rival que lo rompa y lo sustituya por otro. Paul Feyerabend, el más radical de todos los epistemólogos, fue más allá denunciándolos como “bandas hambrientas de poder y de dinero”. Para ser aceptados por esta comunidad que cuenta también con rangos, liturgias, sacralidades y escalafones, que autorizan o no investiduras, hay vehículos como las revistas científicas que los autorizan y canonizan. Son viejos métodos parecidos a las órdenes monásticas o a los rituales militares, que han roto el poder de los medios de comunicación, quienes hoy se reservan el derecho de decidir y otorgar el boleto para saber quién es el especialista o el doctor de moda o de turno. La situación recuerda la polémica célebre en Francia entre Jurgen Habermas y Michel Foucault, donde uno pareció derrotar al otro, sólo por el manejo que uno de ellos, Habermas, tenía ante las cámaras. Oid el manejo maniqueo de uno y el empantanamiento del otro, al pisar el terreno de la ciencia:

"Habermas: -- ¿Pero quieres decir que la verdad puede ser buena pero también mala?
Foucault: -- Usamos la verdad para excluir a otros. La verdad funciona en nuestras sociedades como un principio de exclusión. Incluso en la ciencia..."

Hay artículos científicos naturales y sociales y de ahí la vieja rivalidad de la que venimos hablando. Durante mucho tiempo, las ciencias exactas
(en especial las matemáticas, física y biología) dominaron por reflejo los paradigmas de las sociales. Es hasta hace poco, con el desarrollo de las teorías dinámicas no lineales, que se está reconociendo la complejidad, y al mismo tiempo simpleza, (“lógicas”paradójicas) de la materia, tal como, desde hace mucho tiempo, se ha dicho de las sociedades humanas. Pero, otro juego de lenguaje que ha cobrado importancia en medio de estas hermanas gemelas y rivales, es la literatura. Y de hecho han servido de puentes y bisagras entre ellas la lingüística (lo que importa es conocer las reglas de los "juegos de lenguaje"), la antropología (todo es cultura) y la arquitectura (la ciencia del arte).

B) Ensayos. Son muy populares en Latinoamérica. De hecho, se han distinguido desde el “descubrimiento” de América como identitarios de la región. Sus fuentes son literarias, de crónicas e históricas, compuestas de tejidos narrativos, que le llegan de un cruce de etnografía y literatura, potenciados hoy por los estudios culturales, subalternos y postcoloniales que ocupan las reglas del lenguaje tanto para el tiempo (Historia) como para las narraciones ficticias fundantes, un poco como lo pensaba Ricoeur. Durante la hegemonía del positivismo, fueron vistos como testimonios menores, perezosos, subjetivos y de escaso valor social, más objeto de las artes literarias que de los archivos; más del lado de las opiniones subjetivas y las especulaciones sin fuentes ni respaldos empíricos, que de los registros con valor documental. Hasta que la ciencias sociales lo usaron con moderación, fue que los ensayos empezaron a distinguirse entre filosóficos (linajudos y con trayectoria propia), científicos y artísticos.

C) Artículos de opinión. Este es el género con menos valor de verdad colectivo. Sin embargo, como dicen analistas contemporáneos, el periodismo de opinión se ha vuelto el refugio del mundo instantáneo, volátil, veloz y fragmentado de la información. El viaje y la rumia son aquí, en efecto, más lentos, reflexivos y fecundos. Es una burbuja que ahora se combina con rutinas literarias, navegaciones electrónicas, hallazgos científicos publicitados, impresiones de expertos y especialistas en programas televisivos, etc. Todo combinado con experiencias profundamente personales y puestas en primera persona, desde medios impresos hasta electrónicos (web, blogs, etc). Son territorios de la subjetividad pura, a veces es cierto son basura, pero también nudos de provocación y reflexión que pueden usar o no, los recursos del artículo científico y de los ensayos clásicos con imaginación, arte y profundidad. Probablemente los científicos y filósofos se terminen rindiendo a él. Porque los artistas, primero en todo, ya lo han hecho.

D) Combinación. Puede que toda esta situación se deba a que las ciencias en general, hermanas gemelas de la “alta cultura”, estén sufriendo, como ella, los embates de la cultura de masas. Y estemos asistiendo a una batalla campal entre sus formatos rígidos, formales y objetivos en el caso de las primeras y, entretenidos, ligeros y subjetivos, en el caso de las segundas. Así se están desdibujando las fronteras entre artículos científicos (revistas de ciencias que no tengan un website interactivo es como si no existieran y no hay Premio Nóbel vivo que no tenga al menos un blog), ensayos (los que marcan las grandes polémicas) y artículos de opinión (sencillos y lúcidos), por la fuerza de los nuevos paradigmas culturalistas (que incorporaron las ficciones fundadoras como parte de los cánones socionarrativos de los estados naciones y la idea motriz de que las comunidades “imaginadas o inventadas” seguían reglas de lenguaje parecidas a las de la narración, donde se incluía a las ciencias) y el empuje de las hibrideces, intersticios y derrumbes de certezas etnometodológicas. Todo se ha vuelto fecundo en sus combinaciones, donde podemos encontrar, como cuenta Umberto Eco (ese Leonardo Da Vinci de nuestros tiempos, artista y científico a la vez) que le sucedió con el abate Vallet, las revelaciones más brillantes en un humilde artículo de opinión refrito o pistas para imaginar mundos o pensarlos en ensayos locos y despiadados, como los de Cioran o Baudrillard, cuyas frases muchas veces tiene el poder iluminador del relámpago y la fuerza heurística de reconocer el universo entero en los guijarros.

Sunday, November 19, 2006

El gobierno de Lennon y Ono en Nicaragua

EL GOBIERNO DE JOHN Y YOKO EN NICARAGUA

Por Freddy Quezada
Aún resuena en la cabeza, incluso en la de los que no votaron por ellos, la canción de campaña del FSLN. Tengo la edad suficiente para recordar la foto escandalosa e iconoclasta de la época, donde John Lennon y Yoko Ono, desafían la hipocresía gringa y repudian la guerra en Vietnam, completamente desnudos en una cama a vista y paciencia del público y los medios de comunicación. “Lo que queremos, es trabajo y paz”.

Era una época curiosa, donde los progresistas luchaban para que no se confundiera al rebelde con el revolucionario. Albert Camus se hizo famoso porque escribió lo mejor sobre el tema: Un revolucionario decía, terminará siendo al final de su sistema vencedor, con tristeza, rebelde o policía. O termina reprimiendo a los que se opongan a él, o será triturado por sus ruedas dentadas.

Como balance postelectoral, los números y preferencias políticas no cambiaron mucho con respecto a las anteriores (38% contra 62%) y fue la división liberal la que brindó el triunfo al FSLN. Pero no creo, como dicen otros analistas, que en verdad no hubo cambios. El cambio es nada más y nada menos, el triunfo del FSLN. Primer dato con el que dormiremos todas las noches durante cinco años. Y que la unión de los liberales, siempre posible, segundo dato, no dejará gobernar al FSLN por esos mismos cinco años. A probar una cucharadita de su propio veneno.

En cuanto a la publicidad y la eficacia de los medios de comunicación, podemos decir que el FSLN sólo ganó apenas un 2.3% de electorado nuevo con respecto a la elección del 2001, o sea que los 6 millones de dólares gastados en la campaña por el FSLN, según E y T, fueron básicamente para mantener su voto duro. Algo carísimo que define y obliga al FSLN a ser un partido multimillonario para mantenerse en la línea de flotación. En cambio, lo invertido por el ALN, un poco más de 4 millones, siempre según E y T, fue muy favorable para construirle su tienda. Se pagó un partido nuevo con esa cantidad. Y vale la pena, sobre todo, si Arnoldo Alemán es expulsado formalmente del PLC y sus diputados corren a unirse bajo el liderazgo de Eduardo Montealegre, como al parecer ocurrirá. Una ganga!!!
Fuente: Edwin Sánchez

Nadie de los entrevistados, por otro lado, en programas televisivos (como los de Carlos Fernando Chamorro que llevó siempre con buen tino a publicistas) y en los medios escritos, le dedicó energía y concentración a las canciones pegajosas en contextos de culturas populares y de masas. Carlos Mejía Godoy, y sus publicistas, los llamados a explotar este filete, no lo hicieron a fondo. Y si las canciones repetidas mil veces, las ocupan hasta los torturadores para atontar a sus víctimas, cómo obviar el empleo de esta técnica de ablandamiento. Pertenezco, lo confieso, a ese gremio de idiotas, que dicen, sólo hasta después que han sucedido las cosas: cómo no lo vimos.

Con el presidente electo Ortega, no resisto la tentación de decir, como una parodia camusiana, ahora, que tenemos a la vista un revolucionario que pasó de consorte hippie a yuppie, en un abrir y cerrar de ojos. Me explico.Es extraño, y llama la atención, el comportamiento del FSLN en el nuevo contexto. Si uno fuera malpensado diría que lo mejor que le pudo pasar a la administración norteamericana (que pasó intrigando toda la campaña) es lo que realmente pasó. Un FSLN domesticado y prometedor frente a empresarios hostiles; amenazador con sus dirigentes de base si quiebran los mandatos de reconciliación; obediente con los lineamientos de gobiernos neutrales y democráticos; cariñoso con sus viejos subordinados del ejército y la policía; aplicado con los organismos financieros internacionales y con sus ideólogos trabajando sudorosamente para inventarse primero, y defenderla después, a una burguesía “nacional”. ¿Qué más quieren los norteamericanos? ¿No es su gobierno soñado? No más huelgas; no más luchas por el 6, 4 y 10 % de universidades, cortes y municipalidades. No más protestas en los barrios e instituciones públicas; no más rebeldías en las universidades. Lo único que los distingue es lo que menos importa hoy en política: el pasado. Y lo único que los une es lo que más les interesa a ambos: defender el sistema. ¿Qué más quieren gobernantes estadounidenses y sandinistas?

Para ser consecuentes con este escenario, los sandinistas tienen que nombrar a un gabinete moderado, con una segunda fila de militantes leales a toda prueba que mantengan a “mecate corto” a los señoritos de adelante. Estas serán las cartas que jugará a quemar el presidente Ortega, si se portan mal los peones.

Por el lado de la libertad de prensa e información, al presidente Daniel Ortega le pasará lo que al presidente Hugo Chávez en Venezuela. Como carecerá de un amplio espectro de intelectuales orgánicos que estén intelectualizando el imaginario utópico y profundizando las promesas, y antes bien, la mayoría de ellos esté en todos los medios (prensa escrita, televisión y radio) criticando y censurado fuertemente a su gobierno, dará la impresión que acosará a los medios, cuando en realidad lo que buscará, como dice Ibsen Martínez y Alfredo Ramos para Venezuela, es cooptar o amenazar discretamente a esos intelectuales rebeldes. La imagen que se presentará en consecuencia será la de un populismo autoritario con liderazgos carismáticos en medio de una masas de plebeyos, que no cuentan con el numero suficiente de ilustrados que les ilusionen hasta el grado de dar la vida o quitarla, por un proyecto emancipador.

Marta Lagos, analista chilena, fundadora de Latinobarómetro, nos expresa que: “Respecto de Chávez, 36% de la población de América Latina no lo conoce. Del 64% que sí lo conoce, 41% lo evalúa positivamente. Es decir, del total de los ciudadanos de la región, solo 26% lo evalúa de modo positivo. Esto significa que, para el público en general, el de Chávez es un liderazgo débil, ya que menos de tres de cada diez personas lo evalúan positivamente, cuatro de cada diez no lo conocen y tres de cada diez lo evalúan negativamente”.

Pero los verdaderos conflictos, al sandinismo le llegarán desde abajo, los tendrá con sus propias bases. Nadie resulta ser más envenenado contra sus propios dirigentes, que los más ilusionados de la primera hora. La luna de miel tardará no más de un año. Y en política no se está para quedar bien con todo el mundo, sino con el sector concreto que se elija, para apoyarse en los momentos más críticos. Los demás sectores son de relleno, auxiliares o de fácil sacrificio.

Estos conflictos estarán directamente vinculados a la problemática de los servicios públicos (educación, salud y carreteras) y básicos (agua y luz). Tales son los eslabones débiles de la cadena donde está concentrada toda la carga tensiva del sistema. Falta guiñar la espoleta. Y los últimos en tirar de ella, serán las burocracias sindicales, gremiales, estudiantiles y populares que controla el FSLN. Al contrario, serán excelentes aliadas de los sectores adversos a políticas públicas en beneficio de sectores vulnerables.

Me pregunto si todo esto no será un signo de decadencia, que un partido revolucionario tenga que echar mano de un peludo, marihuanero, de anteojitos redondos, y una japonesa liberada, tirados en una cama para desafiar desde el placer de sus cuerpos a toda una sociedad, sin que ellos ya no puedan hacerlo con sus propios medios y discursos que, dicho sea de paso, prestaron a la misma señora que los derrotó en el 90 y a una iglesia católica que ya la tienen recelosa con el abuso de su propio mensaje milenario.

Para cuando los primeros conflictos callejeros estallen, será divertido ver al Presidente Ortega, regañando a sus propios dirigentes, llamándolos al orden y a la asunción de la disciplina y la responsabilidad con el sistema. Lo imagino, para entonces, con una chamarra verde olivo con los galones amarillos de sargento y con una guitarra, acercándose al micrófono, casi escupiéndolo y cantando: “Come Together Right Now, over me”.

Friday, November 03, 2006

De lo Real

DE LO REAL
Por Freddy Quezada

“Una cosa sólo es real hasta que se divide”, decía Hegel. Tal fue la columna vertebral del siglo XX, cuyo principio de contradicción nos distribuyó en un universo de amigos y enemigos de ella, con un tribunal superior de la razón que nos condenaría o nos absolvería a todos, según estuviéramos a un lado u otro: la historia europea.

En su variante perversa, todas las contradicciones de nuestros discursos se alimentarían de la realidad, que era igual de contradictoria, justificando crímenes, al situarse del lado de los beneficiados de la historia (desde Stalin hasta Castro); o en su versión más noble, la contradicción era una necesidad cuya libertad descansaba al final del camino en la destrucción del enemigo y en la reconciliación del espíritu consigo mismo, justificando sueños (desde Lenin hasta el Che Guevara), para mantenernos sólo en el lado izquierdo del cuadrante. Es simétrico en el derecho.

Kolakowski (1970: 105), dijo que “Con la palabra ‘contradicción’ uno puede sortear un gran número de situaciones difíciles, pues se puede fácilmente salvar una teoría en sí contradictoria diciendo que la realidad es en sí contradictoria. De este modo el principio de las contradicciones inmanentes existentes en el mundo sirve para proteger a la doctrina de la acusación de inconsecuencia”.

El esquema tenía el encanto de las religiones: hiciese uno lo que hiciese, estaba determinado, positiva o éticamente, por las leyes emancipadoras de la historia. Por eso el fragmento, la diferencia, la contradicción, la lucha, era una necesidad inevitable, pero con un sentido fuerte por la punta de lanza ideológica que empuñaban sus creyentes que, para el primer caso, apostaban a ganadores por unas leyes “positivas” y, en el segundo, menos seguros, arriesgaban sus vidas en la empresa.

La dialéctica hegeliana genera una diferencia que, cuando fracasa, se convierte en una contradicción sin síntesis. La postmodernidad es la continuación de la moderna, pero sin fines. La diferencia ya no encuentra desembocaduras de ningún tipo, pero no se resigna y su acción perpetua (la misma de la modernidad) será su condena.

Fragmentando, articulando y combinando diferencias, tales divisiones e hibrideces, se pierden por el encuentro con las siguientes capas que las bañarán, como palimpsestos. O renuncia desde el inicio (que ya es de suyo una combinación) a buscar nada, partiendo que todo es todo y que en la primera cosa están las restantes, llegando a concluir, como un círculo perfecto, que el final es igual al comienzo. O se calla: “el ser mismo es el acallamiento de sí mismo; y este es verdaderamente el solo fundamento de la posibilidad del callar y el origen del silencio. En esta región se gesta por vez primera, en cada caso, la palabra” (Heidegger, 2006: 117).

Toda nuestra ilusión descansa en creer que “vemos” las cosas, pero en realidad lo que advertimos, como cuando miramos el cielo estrellado (un cementerio de astros encima de nosotros), es algo sucedido hace mucho tiempo (un cementerio de huellas). Estamos siempre de espaldas a todo. No vemos el presente. No lo podemos hacer. Tendríamos que olvidar a cada instante (esta es la coincidencia de uno con uno). Nuestra época, se encarga de recordarnos todos los días el deseo (para sufrir con las informaciones y gozar con las publicidades), la fuente principal de la memoria. Pero también su descarga todos los días, con los ordenadores, para llenarla otra vez. Sísifos postmodernos, a punto de coronar la presencia plena, volvemos una y otra vez a ocuparnos, desde abajo, sin reconocerlo en su ubicuidad, del presente que creemos falso y a vencer. Creamos, así, dos presentes.

Es como ver a una persona desconocida. Y sólo se puede de tres maneras: con la memoria, con la inocencia y con la ignorancia. Del primer modo, la suponemos con colonias de imaginarios venidos de todas las fuentes sociales (familias, medios, educación, la calle, etc), la construimos por medio de comparaciones, tejidos sociales, y le damos vida, como un dibujo animado. Con inocencia, la vemos tal como es, sin juicios, sin esencia, sin intereses, sin dirección ni sentido. Con ignorancia, ni nos preguntamos tonterías, sólo la observamos y la incluimos en nuestro radar existencial activo. Sólo en los dos últimos hay la diferencia que existe entre (Zwischen) el sabio y las personas despreocupadas por estas cosas. Pero están muy cerca...

El primer caso es la típica sobrerrepresentacion del mundo y los seres. Hay un plus que lo marca el sentido y sus excesos, siendo que el sentido ya es un exceso del ser. Las otras dos son variantes de representación uno a uno. Pero uno lo “comprende” y el otro no. El sabio es casi igual al ignorante.

El ser es dos. Se divide cuando uno piensa. Pensar es quién se pregunta (el ser del ente) y quién se responde (generalmente la cultura, que ya tenemos dentro como memoria). Uno nunca es uno. Si coincidiéramos con nosotros mismos no lo podríamos saber, decir o escribir. Porque en el instante que lo hagamos, volveríamos a dividirnos. De contradicción en contradicción, luego de diferencia en diferencia, llegamos al otro lado de lo real, topándonos con su contrario y preparándonos para disolvernos en el instante en que se cierre el círculo.

Spencer-Brown (1979: 50), uno de los teóricos del caos, al respecto, decía que "…el mundo es indudablemente sí mismo (esto es, indistinto de sí mismo) pero, en cualquier intento de verse a sí mismo como objeto, debe, igual de indudablemente, actuar de modo que se haga a sí mismo distinto de, y por lo tanto falso a, sí mismo. En esta condición siempre se eludirá parcialmente a sí mismo (…) Esto es llamado a veces el misterio original. Quizás, en vista de la forma en que nosotros nos apegamos brevemente a la existencia, el misterio surge de nuestra insistencia en formular una pregunta donde no hay, en realidad, nada que cuestionar".

¿Será posible que, a través del desmenuzamiento fascinante de uno en el vacío, podamos ser, todos, una sola persona?

Si es así, permítaseme, pues, al revés de cómo empezamos, decir con Krishnamurti: “Una cosa sólo es real hasta que se une”.

REFERENCIAS

Heidegger, M. (2006) Conceptos Fundamentales. Alianza Editorial. Madrid.

Kolakowski, L. (1970) El Hombre sin alternativa. Alianza Editorial. Madrid.

Spencer-Brown, G. (1979) Laws of form. Edit. Dutton. London.


E hubo fiesta...

ORTEGA, POR FIN, IRA A CELEBRAR CON CARTER

Por Freddy Quezada

Les recomiendo Acapulco, chicos, o las playas liberadas de Ibiza en España. Elijan, se lo merecen. Hace 5 años en ocasión de la derrota de Ortega por Bolaños, escribí:


"No resisto la idea de pensar que Jimmy Carter viene siempre a Nicaragua, en temporadas electorales, a consolar a un Daniel Ortega que desde la primera hasta la última derrota nos ha presentado un rostro compungido, como el del ’90, uno furioso como el del ’96 y el último casi alegre del 2001. El ex presidente norteamericano tiene la fortuna de conocer varios rostros de un mismo hombre con una misma mala noticia. Una elección más, con ambos protagonistas de por medio, y cuidado terminan el uno en brazos del otro, como esas viejas películas de Hollywood donde un miembro de la pareja se presenta semidoblada y ligera, en actitud de desmayo, sostenida por los brazos robustos del otro, exactamente antes de estamparse el primer beso. Con semejante compañía, es necesario y suficiente un par de trajes de baño y un destino como Cancún para olvidar cualquier agravio. Hay algo de romántico en imaginar como dos hombres se pueden caer tan simpáticos en momentos de dolor".

Pero, debo agregar ahora, también en momentos de alegría.

Después de estas eleciones, donde la sorpresa fue que no hubo sorpresa, aunque los sorpresivos del MRS (y del PLC con esa movilización del 29 de Octubre), fueron los sorprendidos con el efecto güegüense (los votos se les fueron a sus rivales), hay dos hechos claves.

1) Ganó el FSLN, aunque los números se mantuvieron más o menos 40% para los orteguistas y la mayoría (más o menos 60%) antidanielista, se repartía en fragmentos (dos grandes y dos pequeños) para las presidenciales. Esta es la novedad: primera vez que veremos al FSLN no sólo con legalidad sino con legitimidad, en un terreno (la democracia) donde ya aprendió, hace mucho, a pelear con astucia. Las consecuencias se verán en la lucha por la agenda parlamentaria.

2) Eduardo Montelagre es el fruto parcialmente del poder de los medios de comunicación. Con una alianza, joven, improvisada y viviendo de las estructuras ya hechas y corridas del PLC, no se explica su éxito relativo sino es por el apoyo de la prensa y la televisión de mayor tradición y raiting en el país.

Ahora, podemos decir, que se avecinan cuatro cosas inmediatas, que no sabemos cuáles sean sus consecuencias a más largo plazo:

a) Las contradicciones de los aliados del FSLN, desde Brooklin Rivera hasta Miriam Argüello, pasando por Salvador Talavera, Jaime Morales, Agustín Jarquín, Luis Humberto Guzmán, etc, todos ellos líderes viejos y curtidos de distintos grupos sociales que exigirán sus cuotas prometidas de poder e iniciarán las conspiraciones clásicas de todo despegue inicial de vencedores. El centro del verdadero poder, la familia Ortega Murillo, se las verá de frente con esta primer camada de aliados, de los que se irán deshaciendo en función del peligro que cada uno de ellos represente.

b) Las recriminaciones mutuas entre los liberales, que pasarán por una suerte de desahogo para evidenciar quién fue el responsable directo de la derrota. Es muy posible que, después de la catarsis, ensayen reconciliaciones coqueteando con la bancada mayoritaria en la Asamblea, según las agendas ocultas de cada quién.

c) Las reformas a la Constitución para darle solidez a la rama ejecutiva que pasó aserrando con el Pacto quién ahora se sentará en ella. De nuevo se abren las opciones suspendidas: referendum, Constituyente, consenso, prórrogas de la Ley Marco, etc. El juego político se volverá un oficio apasionante, y seguirlo como analista será mucho mejor, por las jugadas de ajedrez y de billar de bandas que se abrirán entre las bancadas, ligera mayría para el FSLN, más o menos parejas entre los liberales y unos pocos "mrs" a la espera de hacer valer sus votos en coyunturas claves.

d) Las relaciones internacionales. Con EEUU no se juega y lo mejor es definirse de entrada; a favor o en contra, es otro asunto. De entrada, el nuevo gobierno nicaragüense debe brindar señales que reciba alto y claro el gobierno de EEUU. Las ambiguedades en política sirven para las intrigas palaciegas y las estrategias cortesanas, esas que están abundando desde ya en el reparto de ministerios y embajadas que se están haciendo los orteguistas. Pero para las potencias, si las ambigüedades no se saben llevar por un genio de la diplomacia, es mejor no arriegarse. Que los sandinistas ofrezcan olivos y las hachas las guarden las señoras, que ya sabrán que cortar, cuando los bribones se pasen de listos.