ULITEO LA PAGINA DE "NADIE" (ULISES) Y DE "TODOS" (PROTEO)

Thursday, August 23, 2007

Los Nuevos Intelectuales

LOS NUEVOS INTELECTUALES
Por Freddy Quezada

Pese a que, muchos años después, me fue indiferente esa vieja película de terror de los años cincuenta, donde aquel hombre de dos cabezas que, no soportando la unión se estrella violentamente contra un poste, para dividirse físicamente en dos, no me dejó dormir durante muchas noches. Ahora que intento decir algo sobre los nuevos intelectuales recuerdo su figura. Son dos tipos diferentes, sin duda, pero que guardan un mismo tronco común.

Los del tipo "Post", son intelectuales que guardan en distintos grados un escepticismo en las grandes palabras, conceptos universales y macrosujetos de los que desconfían. Hay diferenciasy subcategorías entre ellos, no obstante. Unos son descendientes de Nietzsche, nihilistas activos y amantes de las fuerzas creadoras de nuevos mundos y valores y otros son pasivos, un poco como esas doctrinas mal llamadas "orientales", que creen en la quietud y la serenidad, versión propia de la ataraxia griega. Otros más, no pocos, se dedican al cultivo del placer y de las delicias de la hora. A veces defienden al sistema, en un destello de lucidez que nos hace responsables y culpables a la vez de tal defensa, colocándolos como cínicos; otras veces, lo condenan junto a sus adversarios, pero todos señalan el secreto oculto de su eficacia: proporcionarnos comodidad, laxitud y deseos satisfechos que, más bien, son para ellos, pero que no advierten la más de las veces, esa parte común con los otros, los resemantizadores.

Los nuevos intelectuales usan técnicas audiovisuales, logrando, sin importar si vienen de contradecirse o no, imponerse con el último argumento que nos impresiona la retina, apoyándose en la memoria corta de las audiencias. También, al revés de los tradicionales, que exponen largos y complejos argumentos, para rematar con una lección o comprobar una hipótesis inicial, estos escupen ideas categóricas, que necesitarían libros enteros para demostrarse y de los cuales prescinden, remitiendo a los lectores a Discovery y History Channel o a vínculos situados en otra parte para compartir una responsabilidad que no les importa si se asume o a las enciclopedias electrónicas abiertas y corregibles por cualquiera.

Son más jóvenes que la generación de intelectuales anteriores; también más pobres, porque proceden de capas menos altas. Y más democráticos, condición, esta última, que les llega no de ser menos arrogantes y aristócratas, como sus precursores, sino de una tecnología que siempre les representa en sí misma una competencia formidable en manos de un cualquiera, sino la manejan ellos mismos, para evitar las humillaciones y vergüenzas del caso que sufren los viejos.

Suelen escalar, (venga la expresión que me salvará de ofender a algunos:“con honrosas excepciones”), como las arañas, con mucha rapidez en organizaciones de cualquier tipo, gubernamentales o no, tal vez por los desplazamientos que saben efectuar en las redes informáticas y presentarse como intérpretes, como los define Zygmunt Bauman, de cualquier paradigma de moda, turno o dominante, volviéndolos poco menos que ingenieros de discursos, después de venir de ser jueces universales, a destajo o con sueldo permanente, según calculen el costo de las adulaciones y el precio de las servidumbres. Quizás estas características les debilite protagonismo individual, teniendo que efectuar más esfuerzo para destacar sobre equipos colectivos muy competitivos, que lo igualan en mañas y virtudes.

Saben moverse simultáneamente en la alta cultura y la cultura de masas, así como en las “otras” culturas no occidentales o premodernas. Sin desearlo, ni buscarlo, han terminado siendo tan universales como sus antecesores. No sé por qué estoy pensando en Umberto Eco. De ciencias duras, saben ligerezas, que les llegan de los paradigmas de moda que han considerado a las ciencias exactas y “naturales”, desde las humanidades, las ciencias sociales y las artes.

No les apena hablar de tiras cómicas, dibujos animados, telenovelas, música popular o películas universales saturadas de publicidad previa y de efectos especiales. Y las usan no en los términos que lo hacen los intelectuales más clásicos, para hacerse oír con este truco a las generaciones más jóvenes, sino sencillamente porque crecieron con ellas. Y les parecería absurdo que nadie sepa quienes son los Power Rangers, Condorito, El Exterminador, Tierra de Pasiones o Matrix. Acaso, alguien puede resistirse a repetir una y otra vez ese estribillo de Los Backyardigans: “Náufragos, somos náufragos...

Los nuevos intelectuales son, pues, una combinación de Woody Allen con los hermanos Wachorski. Para hablar dentro de los dibujos mismos, una combinación de ese hijo de la gallinita Patsy, de gruesos lentes y siempre leyendo cuando su mamá corre detrás del Gallo Claudio, con todos los demás amigos de Porky.

En música, ni nos pronunciemos. Los nuevos intelectuales quizás sean menos refinados, pero no es menor el buen gusto. Han elevado a rango universal obras populares en la sutura donde las ha juntado la cultura de masas. Y no es menos el disfrute que les llega de un Santana, que el de un Bach para sus antecesores.

Los otros son los resemantizadores, que regresan con las viejas categorías a darles un segundo aire y sólo consiguen, además del ridículo, frente a sus iguales, un esfuerzo inútil por explicar las cosas que suceden. Otros, más imaginativos, toman esa viejas categorías, las deconstruyen, a veces las rodean, las olfatean, las muerden, las quiebran por dentro y las devuelven revitalizadas y casi irreconocibles, sino fuera por la esperanza de esta vez sí, que invocan para ser aceptadas.

Los “intelectuales científicos”, si se me permite esta extraña combinación, cuyo nacimiento le llega de los medios de comunicación que los han incorporado como especialistas (dentro de ellos mismos antiguamente eran conocidos como populizadores de la ciencia del tipo Assimov, Sagan, Hawking) y los ha terminado por desfigurar, el formato audiovisual que les obliga a decir verdades (cagarse de la risa aquí, porfa) en menos de cinco minutos, con un tipo detrás de las cámaras descontando los dedos de una mano. Cuando llegan a impresionar de verdad en hora y media, como Al Gore, imitando a Peter Ustinov en sus mejores tiempos (un político copiando a un actor, y ambos hablando de ciencias), se ven expuestos a cantidad de correcciones en revistas especializadas, que uno termina por descubrir una gran estafa (cagarse de la arrechura aquí, porfa).

Los viejos intelectuales, han sufrido la indiferencia y hasta la compasión de los nuevos, por su ineptitud, odio y miedo no sólo ante las nuevas tecnologías, sino sobre todo ante los nuevos paradigmas, que muchos no comprenden o descalifican con facilidad desde sus esquemas centrales. Se abrió un nuevo modo de oponerse entre ellos; entre un saber alto, culto, elitista, y otro numeroso, horizontal y rebajado.

El intelectual de nuevo cuño, puede sintetizar sin mayores traiciones los antiguos esquemas, pero a los intelectuales clásicos se les hace más difícil hacerlo con los nuevos.

El puente que han reconstruido los continuadores de los intelectuales clásicos ha sido a base de resemantizar los viejos conceptos, dando entrada y lugar a los nuevos, pero sin desplazar la centralidad de los antiguos. Y, en el mejor de los casos, recobran una vez más ese aburrido equilibrio aristotélico, recurso de moderados y señoras que no quieren pelearse con nadie. Y consiguen el acuerdo de todo el mundo, porque nadie en su sano juicio puede oponerse a generalidades del tipo “todos tienen derecho a presentar su punto de vista”, “nadie debe imponerse a los demás por la fuerza y la violencia”, “una discusión debe basarse en argumentos”, “lo mejor es la moderación y el diálogo”, etc

Ambos comparten modos de vida, soportes escriturarios, tecnológicos, linguísticos y diccionales. Son cobardes (de nuevo, llamas a mí:
"Con honorables excepciones") y profundamente engreídos.


Que más se puede esperar de quienes siempre han creído poseer algo que imaginan una "técnica" y no es más que un gran garrote: la escritura, el habla, la representación y el pensamiento.

Todos estos desdichados se sienten solos, como el monstruo de esa vieja película de mi niñez, al estrellarse contra el silencio y la mudez, que no saben distinguir si es indiferencia, sabiduría, ignorancia o desprecio, y los parte, a los muy infelices, en dos.

Wednesday, August 01, 2007

El redibujo de las clases sociales

EL REDIBUJO DE LAS CLASES SOCIALES

Por Aurora Suárez y Freddy Quezada

Hoy le llamamos a la pequeña burguesía, ese agente portador de todos los vicios humanos según el viejo esquema marxista, cariñosamente “clase media”, la que vehicula todas las bondades del sistema triunfante y se sabe cómoda en las coordenadas globales; a los burgueses, se les conoce como “empresarios” y a los que quieren ser como ellos, “emprendedores”; los campesinos y obreros, después de apagarse sus luces prometeicas, se han subsumido en ese viejo concepto cristiano de “pobres”; muchos campesinos hoy se autoperciben como comunidades étnicas y los verdaderos “pueblos originarios” se están hibridizando con la globalización y todo lo que se mueva lleva ya un signo identitario, repartido en miles de movimientos sociales.

Las transnacionales se autobautizaron a sí mismas como firmas globales y el imperialismo desapareció del vocabulario político. El cuadro clásico del marxismo partía de demostrar la desigual distribución de la riqueza de una sociedad por la existencia de clases sociales que luchaban entre sí para imponer sus modos de ver el mundo. Los que estaban a favor de la Historia, que sólo una vanguardia la conocía muy bien, se llamaban revolucionarios y los que estaban en contra, reaccionarios. Elegir a unos, nos aseguraba la salvación, y los que se oponían, abrazaban su perdición. Como se ve, la espina dorsal del discurso, continuaba el metarrelato cristiano.

En realidad, en Nicaragua no teníamos más que un gran trapichón que era el Ingenio San Antonio de la familia Pellas y unos obreros, en la carretera norte, que los imaginábamos como los proletarios aguerridos de Chicago. Los inscribíamos en una bandera por la que muchos estuvimos dispuestos a morir. Algunos, que se enteraron tempranamente de la ilusión, sólo cambiaron de actor y apostaron después por un campesinado que nada tenía que ver, también, con el real.

Hemos aprendido con Orlando Núñez, ese oligarca político en el más puro sentido de la “ley de bronce” de Robert Michels, quien investigó la formación de la oligarquía en el seno de todo partido político, un curioso retroceso que ha sufrido el cuadro clásico de todo régimen de clases sociales dentro del paradigma marxista. Es todo un guiñón a la derecha.

Núñez, puso en circulación la noción vieja y anticuada de oligarquía económica y financiera para evitar hablar de la emergente burguesía nacionalista, representada por los capitalistas sandinistas, de cuyos intereses es su ideólogo. Y el imperialismo recobró su antigua odiosidad para encumbrarlo en la nueva división social de los enemigos de los “pobres”. El resto de las clases sociales han desaparecido de los análisis y discursos de los populistas de todo tipo.

Ya no digamos los movimientos sociales. El autor nos ha decepcionado por partida doble, habla de una oligarquía, que sólo la cree económica y financiera, y de la cual no se reconoce miembro en su parte política, y ha eliminado de sus discursos a unos movimientos sociales que lo sostenían cuando creía en la sociedad civil. Ni como anarquista ni como gramsciano, el autor logra pasar la prueba. Y recibirá coscorrones tanto allá como aquí. Ya se sabe, el mejor modo de criticar y desestabilizar a un ideólogo de cualquier signo es por medio de burlas y sarcasmos, como saben hacerlo los suplementos cómicos.

Es curioso que sean, desde el extremo opuesto, después de efectuar la vuelta entera, los descoloniales quienes se perfilen como los nuevos intelectuales que vengan a insuflar aire fresco a los viejos ideólogos populistas. Son ellos, los que ahora dicen que los “indios” y los “negros” son los nuevos redentores de la modernidad/colonialidad. Y no sería remoto que estos dos grupos se abracen y los unos (más graves, académicos, profundos y serios) les enseñen el nuevo paradigma, con vocabulario adjunto, a los otros, que terminarán por ser sus sirvientes. Lo más alto del espectro, el imperialismo y la oligarquía, puede encontrar su otra mitad, como contraparte prometeica, en los pueblos originarios y los afrodescendientes, para eliminar todo lo que se encuentre en el centro del mapa.

Francisco Mayorga, al seguir la corriente con su estudio sobre los megacapitales en Nicaragua, especie de continuidad de la obra de Jaime Wheelock, Imperialismo y Dictadura, al presentar la radiografía de la clase dominante en cinco grupos financieros, se guarda bien de investigar a la emergente burguesía nacionalista, al silenciar escandalosamente los capitales nacionales y regionales de Humberto Ortega, mencionando como débiles a los grupos Agricorp (donde uno descubre el protagonismo de otro comandante sandinista, sólo porque nombra a su esposa con el apellido de casada) y Conagro, que presenta como fracaso, pateando cadáveres financieros, como los Centeno Roque. Todo con el objetivo de invisibilizar al nuevo grupo de capitalistas nacionalistas, si cabe el término contradictorio en sí mismo. El precio que tienen que pagar algunos por su libertad.

Antes que toda esta discusión regresara, con esa resaca que a todo bebedor le sabe a rayos al día siguiente, las cosas estaban, y siguen por mucho, centradas en los movimientos sociales, en el derecho a la diferencia y en la libertad de opinar. Los grupos “post” (desde los postmodernos hasta los postanarquistas, pasando por los postcoloniales y los postoccidentales), desconocieron la centralidad de las clases sociales, teorizaron y profundizaron sobre el papel de un mesianismo de baja intensidad o pequeños metarrelatos que operarían en una dimensión local o un espectro donde las bases pudieran controlar a sus propios dirigentes por medio de decisiones rápidas, directas, masivas y democráticas, con dispositivos electrónicos que ya están a la mano.

Es, como si dijéramos, que el primer artículo de reglamentación de los Consejos de Participación Ciudadana en Nicaragua, fuera el derecho a destituir en cualquier momento, si lo ameritase, con la mitad más uno de votos procesados instantánea y electrónicamente, al más intocable de nuestros dirigentes. Esta sería la gran diferencia entre unos consejos espurios y uno real. El derecho sagrado a destituir a nuestros dirigentes de modo masivo, democrático y rápido.

Ser dirigente, debe ser casi un castigo y no un favor que nos hacen. Sería bello gozar, a través de una pantalla gigantesca de un procesador estadístico de grandes números, con el dedo pulgar hacia arriba para verlo, después, como se va doblando lentamente hacia abajo, al conocer los resultados de una votación contra un mal dirigente; por supuesto que con una sonrisa y un frotadito de manos como el del señor Burns, el jefe de Homero Simpson.

Sunday, July 22, 2007

Las carencias de Youtube

TRES COMERCIALES DE MIERDA
PARA PROBAR LAS CARENCIAS DE YOUTUBE


Por Freddy Quezada

Jamás sabremos si los terroristas del 11 / S, tenían planeado atacar la Estatua de la Libertad. Supongo que de haberlo contemplado, la Estatua de marras hubiese terminado como en el Planeta de los Simios, con la cabeza y su corona semienterrada entre los rieles de un subway de Nueva York. Atroz homenaje de la realidad a la ficción. Pero no fue así. Y sin embargo, la publicidad de ese afiche, todos lo hubiésemos recordado. Del mismo modo que unas aspas de helicóptero, emergiendo lentamente de unos farallones en medio de los acordes de “Suicide Painless”, y con docenas de chicas rubias y robustas corriendo y enfundándose sus chamarras sobre la marcha, nos recuerdan a M.A.S.H.


¿Cuál es ese poder de la publicidad, que la detestamos menos de lo que la amamos en secreto?


Lo que me impedía odiar por completo a la Chispa de la muerte, como le decíamos a ese refresco con sabor a pelotitas de mierda, en mis tiempos ingenuos de estudiante antiimperialista, era su publicidad tan sensible y llegadora. “Voy a cantar aquí de la chispa de la vida/ y de todo lo que nuestro mundo puede dar/, cosas como el mar, la risa y el amor...”, decía aquel chico enfundado en vaqueros, dominando con sus acordes desde el Gran Cañón del Colorado, adelantándose a ese grito de Di Caprio en la proa del Titanic, a toda la audiencia universal.O aquella cabecita rubia, joven, de clase media, como un John Voigt con audífonos por las calles de New York, oyendo “Everybody talking happy...”, moviéndose rítmicamente de un lado a otro con los primeros walkman que miraba en mi vida. Y que yo tarareaba en voz baja, sin sentir ninguna contradicción, remordimiento o alienación, en medio de las manifestaciones contra la embajada norteamericana exigiendo el retiro de las tropas gringas en Vietnam. Sería sencillo decir cualquier cosa contra la Coca Cola. Es un conductor de odio demasiado fácil para trasmitir lo que hoy deseo. Prefiero hacerlo a través de otros tres, mientras se me permita suspender lo que busco.

Una vez calumnié en unos aforismos, la bella construcción de un comercial diciendo con aplomo que los malditos publicistas nos habían engañado con un enano en zancos y un travestí, y que el colmo del efecto, era el beso más suave y dulce que había visto. Pero en verdad eran dos jóvenes “heteros”, occidentales, en una pradera soleada, donde la muchacha se deja caer para enseñar en una de sus muñecas, durante su ligero desmayo, su reloj Citizen. Y con una música de fondo, Dios, a base de arpas y un corito suave y susurrante, en medio de un rayo de sol, como al que canta John Denver. ¿Dónde está ese video que no lo encontré en youtube.com y he tenido que consolar a los lectores con otro, ya con actores japoneses?


Pero la música de Citizen siempre la confundí con la de Plumas Parker que, tarareándola al comenzar, terminaba con la de los relojes. Tal vez lo divino que me parece toda la pieza musical, le venga de esa mezcla personal que siempre hice. De nuevo, un corito angelical sostenido suavemente que acompaña la presentación del producto. Con el tiempo, empecé a odiarlo en los mejores tiempos del feminismo, por las teorías que sospechaban un pene agresivo, en corbatas y lapiceros. Hasta el nombre en ingles (Parker Pens) del spot le ayudaba. Pero la música nunca fue derrotada y, tampoco, la encontré en el banco de imágenes de Internet. Así que otro clip de consuelo.


Y el de Sony, tenía algo muy especial, aunque sólo sea porque hoy mi memoria lo confunda con los signos de libertad, al ser el primer comercial que observé después que fui liberado de las cárceles somocistas. Se trataba de dos jóvenes y una muchacha, todos con audífonos en sus orejas, alrededor de un micrófono de techo en un estudio, cantando una bella melodía con un estribillo pegajoso “Sony sound better”. El cantante principal era, al parecer, un afroamericano con barba cerrada, pero con una voz tan dulce, como la de Johnny Mathis cantándole a uno al oído, mientras se acaricia el escroto. Igual que los otros dos, vean un video alterno.


Fin del permiso de suspensión: no he querido decir nada sobre estos viejos anuncios publicitarios de los setentas, no vale la pena ensuciarlos con sandeces, en verdad, sólo deseo verlos, youtube, otra vez.

Friday, July 13, 2007

¿Quién hace la oposición en Nicaragua?

¿QUIÉN HACE LA AGENDA DE
LA OPOSICIÓN EN NICARAGUA?



Por Carlos Huerta
Presento este aporte de un nuevo autor.

I. MARCO GENERAL


Para hacer oposición política basta descargar una jugosa pedorreta ante la imagen de los gobernantes en televisión o mandarlos a comer donde deben hacerlo todos ellos. La capacidad de hacer oposición a cualquier gobierno no necesariamente nace de un programa coherente que agita un partido político, o grupo que se le parezca, y aspire a tomar el poder. Basta que desafíe y rivalice al grupo de turno sobre cualquier punto de la agenda de su gobierno. Cuando la política representacional entró en crisis en el mundo occidental, los movimientos sociales renunciaron a tomar el poder y el juego terminó donde comenzó, en manos de unos partidos políticos debilitados y en descrédito que encontraron en los medios de comunicación a sus rivales mortales.

Tradicionalmente los grupos que han detentado el poder, no sólo de imponer sus ideas a los demás, sino de representarlos en la tradición occidental, han sido las iglesias, los partidos políticos y ahora los medios de comunicación. Todos se han basado en la representación de los demás (sea la cristiandad, la humanidad, el proletariado o la opinión pública). Cada uno ha subsumido el poder del anterior, subordinándolo y absorbiendo sus potencias, sin hacerlo desaparecer ni evitar sus rivalidades.

En el caso de la izquierda, su propia “lucidez”, les ha llevado a creer en su imprescindibilidad para leer e imponer de grado o por fuerza sus convicciones y programas a los demás. Probablemente aquí esté la vieja diferencia entre la izquierda autoritaria y prometeica, y la libertaria y autogestionaria.

Cada aparato tiene su objetivo. En el caso de las iglesias es preservar sus bolsones de fieles llegados desde sus viejos reinos y principados (poder del número) para influenciar en las políticas públicas de Estados laicos o semilaicos como los nuestros.

Por su parte los partidos políticos, empezaron a interesarse en los ciudadanos no sólo como categoría filosófica, sino como un número por medio del derecho de unas votaciones ampliadas, a su despecho, en círculos concéntricos, por la lucha de sus sectores más oprimidos, explotados y marginados y que terminarían por reglamentar sistemas representativos de distribución del poder. Los llamados partidos de izquierda, por su parte, en su época dorada, contaban con militantes y “masas” simpatizantes cuyo fin era y es alcanzar el poder de los Estados nacionales (incluso las Internacionales políticas siempre tenían que decidir desde qué Estado nacional, generalmente uno convulso y en crisis pre o revolucionaria, desencadenar una actividad revolucionaria mundial que fatalmente terminaba por dividirlos aún más) y cuyos instrumentos son y siguen siendo los programas políticos, generalmente impulsados por revolucionarios tenidos a sí mismos por lúcidos y consecuentes.

Por último, los medios de comunicación, hijos de la postmodernidad globalizada y de la presión de las diferencias culturales, introdujo un viejo principio que le antecede como el derecho de la gente (poder del ciudadano) a saber todo lo relacionado con lo público. Dos deberes, pues, uno divino y otro laico (subdividido en uno liberal y otro revolucionario) y un derecho de opinión de los medios de comunicación, han sido los aparatos de poder que han venido sucediéndose unos a otros. Todos (Dios, Ciudadanos/masas, Opinión Pública) hablando en nombre de los demás, como si fueran homogéneos y supieran qué desean realmente los subalternos.

Ahora bien, la judicialización de la política, o la politización de la justicia, pero también de la economía y la cultura, de la que algunos sectores amigos de la fijeza de los conceptos y de la inmovilidad de los encuadres, se quejan, aunque no nos guste, es una ley que siempre rige los asuntos del poder. Y todo en Nicaragua, como en los demás países, pasa por tal asunto, sumamente elástico y, como los tiburones, en eterno movimiento. Michel Foucault le llamó la lucha entre la soberanía (la capacidad de un Estado de dotarse de sus propias leyes) y la gubernamentalidad (la capacidad de suspenderlas o crear otras que las negasen) y, en otros terrenos más claros, la lucha entre las normas de las democracias a la Montesquieu y las lógicas de poder a la Maquiavelo. Entre el deber y la obediencia que imponen los poderosos para que los gobernados lo cumplan y el poder que se reservan ellos, con sus propias leyes, para canibalizarse entre sí cuando vuelan seguros de sí mismos y, otros iguales a ellos, los persiguen.

Los límites de seguir haciendo política hoy son las fronteras nacionales destruidas, en reflujo y desacreditadas, pero en vez de sacar las lecciones más consecuentes, el internacionalismo político ha desaparecido, por lo demás, para dar paso a internacionalismos flojos y culturales o carnavalescos y turísticos.

II. LA AGENDA EN NICARAGUA

En Nicaragua, los tres aparatos (iglesias, partidos y medios) se han llevado siempre de las greñas. Unas veces dos de ellos se alían para combatir al otro, o una parte de ellos mismos, se cruzan al aparato adversario y terminan enredados en una madeja difícil de separar hilo por hilo. Una buena parte de los partidos y la mayoría de los medios en general, en coyunturas pre o revolucionarias, van juntos, pero en contextos regresivos y escépticos, usualmente son las iglesias y los medios los que se alían, o los partidos y las iglesias las que se reencuentran en situaciones de estabilidad. Y aquí se plantea el problema de la hegemonía de la agenda política entre los adversarios y aliados.

La agenda actual de la oposición nicaragüense no ha podido ser promovida desde los partidos políticos mismos (PLC, ALN y MRS) porque además de estar divididos, están sin un eje central alrededor del cual aglutinarse (aunque ha habido tentativas de hacerlo en contra del Pacto del FSLN y el PLC, en contra de las reformas constitucionales suspendidas por un año entre el ALN y el FSLN, recientemente por un Plan Nacional de Desarrollo, etc)

La derecha partidaria (PLC y ALN) está desarticulada, sin consignas centrales, dividida, con un imperialismo norteamericano errático o preparándose, al parecer, para crear una estrategia de largo aliento y más paciente, para esperar frutos a mediano plazo, dejando tal vez que el FSLN se confíe o que sea víctima de las contradicciones con sus aliados (socialcristianos, afrocaribeños, resistencia, étnicos costeños) y con las corrientes internas que lo componen (Arce, Marenco, Murillo), aún débiles e imprecisas.

La iglesia está tomando distancia del Cardenal Obando, aunque a un ritmo perezoso, y el COSEP se satisface con acuerdos a puertas cerradas del FSLN con ellos, ignorando el impacto de sus discursos públicos. Apenas, como no, se rompan algunos acuerdos de gran alcance entre ellos, como por ejemplo, políticas tributarias, exoneraciones fiscales, impositivas e irrespeto a los contratos, saltarán y romperán las lanzas. Mientras la policía y el ejército se dejan abrazar amistosamente en nombre de los viejos tiempos y se dejan ver gozosos en los círculos inmediatos y actividades protocolarias del presidente Ortega.

Por la izquierda, después de la cooptación de algunos de sus miembros más prominentes como Ruth Selma Herrera, por parte del FSLN en las estructuras del gobierno, no hay una oposición basada en los reclamos y luchas populares. Los organismo sindicales, gremiales y profesionales influenciados por el FSLN no tienen independencia, y sus aparatos burocráticos responden a los vaivenes del FSLN. Los movimientos sociales barriales, étnicos y agrarios verdaderamente autónomos, aún no asoman la cabeza con fuerza; quizás sean los barriales los que están empezando a reactivarse en contra del FSLN, pero muy débilmente. No hay, pues, izquierda a la izquierda del FSLN y posiblemente el propio FSLN la invente o resucite a la vieja, con la complicidad de otros o los mismos, para contar con un chivo expiatorio que le ayude a desviar los ataques de la derecha y de los organismos internacionales, cuando los haya.

Por el centro, está una parte de la sociedad civil, que no es más que Movimiento por Nicaragua, Ética y Transparencia, IPADE, Hagamos Democracia, Coordinadora Civil de Nicaragua, MRS, actores notables y algunos medios de comunicación. Son aparatos ilustrados, movimientos sociales y mini-partidos, compuestos por profesionales y miembros de clase media, que tratan de situar la agenda y su propuesta ante el gobierno bajo el expediente simple de respetar el Estado de Derecho y la institucionalidad, ofreciéndose ellos mismos como guardianes que nadie ha solicitado, y cuya capacidad de convocatoria no es fácil, rápida ni de desbordes masivos, y cuenta con recursos exiguos y militancias cómodas. En el agro, nadie sabe nada, ni nadie se ha preocupado de auscultar el movimiento subterráneo de los actores que, al saltar, creemos que por los viejos problemas insolubles de la tierra, nos sorprenderán a todos.

Desde el punto de vista del FSLN, todo esto quiere decir que no sólo debe contar con una estrategia política para derrotar a sus enemigos, ganarse nuevos aliados y neutralizar a los vacilantes, desconfiados y escépticos, sino que debe armar una estrategia de medios, política, inteligente y versátil. Las batallas políticas se ganan o se pierden hoy día en los medios, especialmente en la televisión. Una buena polémica en la prensa escrita, con un efecto de ganador, produce más simpatías y renta política, que un baño de multitudes en una plaza alegre. Y una cadena efectiva de listados monumentales, a favor o en contra de alguien en la Internet, a través de cascadas, efectos de “bola de nieve” y lógicas de la “teoría de enjambres”, puede producir resultados asombrosos.

En consecuencia, a la oposición de izquierda debe interesarle construir una estrategia que no sólo incluya los aspectos más sentidos de sectores marginados, explotados y oprimidos, sino que debe aprovechar los intersticios que ofrecen los medios más grandes para proponer y rivalizar con la agenda que los propios medios hacen y de la que ya la derecha empieza también a beneficiarse. Hay que recordar de nuevo que la política contemporánea ya no se hace en las plazas públicas y a través de periódicos revolucionarios solamente, sino a través de los grandes medios de comunicación, en especial de la televisión y la INTERNET. Incluso las encuestas políticas no llegan a saber qué piensa la ciudadanía, sino qué piensa la ciudadanía de la agenda de la que es víctima y recibe por parte de los medios de comunicación. Las encuestas en verdad son muestras representativas de lo que la gente piensa de la agenda de los medios de comunicación, de ahí esa complicidad oculta entre medios, publicidad, ciencia y poder.

Pero una política de despliegue eficaz y más o menos masiva entre la juventud por parte de una oposición de izquierda (que incluya neoanarquistas y postanarquistas), reclama el empleo de las nuevas tecnologías (blogs interactivos con contador de visitas, listas universales de emails, website abiertos incluso a la oposición de las ideas propias, links a sitios de debates dinámicos, actualización temática de las nuevas ideas políticas, etc.) y el aprovechamiento de los medios más masivos (entrevistas en programas de analistas, participación en mesas redondas y foros, figuración en listas de medios de formadores de opinión, etc.)

Hay dos dimensiones para posicionar una agenda mediática en la ciudadanía. De un lado, la de élite y para élites en la formación de opinión ilustrada con programas a base de especialistas y profesionales o formatos audiovisuales muy parecidos a revistas de análisis (como estar viendo Envío, esa mala síntesis política de recortes de periódicos de la UCA); y, de otro, las políticas informativas (con la presencia de sectores populares a través de notas rojas, última hora, coberturas in situ, información representacional clásica, etc.) de los dueños de medios que filtran y llenan el ambiente de sus estudios de posiciones claramente a favor o en contra de alguien.

III. EL PAPEL DE CARLOS FERNANDO CHAMORRO

Los medios de comunicación, pues, son los que han propuesto una agenda alrededor de la lucha contra la corrupción y el secretismo en Nicaragua (El “affaire” Tola, la confusión Estado Partido, la judicialización de la política, la política exterior, la rendición de cuentas por programas energéticos de Venezuela, la publicidad de las negociaciones con el FMI, el respeto a la Constitución, etc). Pero no todos los medios de comunicación, es cierto, sino sólo END, La Prensa y el Canal 2, como los más beligerantes. Y, dentro de ellos, Carlos Fernando Chamorro, quien casi a solas (desde todos su programas mediáticos y lugares que asesora e integra: Esta Semana, Esta Noche, CINCO, Confidencial, asesorías en END, la resonancia que consigue también en La Prensa, Ética y Transparencia, Fundación Violeta Barrios, etc) se ha encargado de articular algo parecido a una agenda opositora, que debieran hacerla los partidos políticos de oposición formal y oficial.

La relación de los diputados con la agenda mediática de Carlos Fernando es, con todo, ambigua, incierta e irresoluta. Los diputados apoyan a medias, protestan tibiamente, son rígidos en sus fórmulas contestatarias, les falta imaginación en sus modos de oponerse, especulan sobre alianzas que no se efectúan y sobre las que hacen descansar sus acciones de futuro, esperan señales de sus caudillos que, por su parte, la envían lo más ambiguas que pueden, etc.

Es posible que Carlos Fernando Chamorro, sienta los rigores del FSLN y sus métodos de presión (ya obtuvo la destitución del diputado Alejandro Bolaños Davis y la moderación de Armel González en sus declaraciones), que debe conocer bien desde los tiempos de su militancia con ellos, y que el FSLN le haga pagar su desafío de algún modo, por el carácter que tiene este actor, pero lo de fondo que hay, es que el gobierno no puede cooptar a intelectuales, analistas y pensadores políticos para subirlos a su planilla de defensores abstractos y simbólicos del poder asumido. Este es uno de sus talones de Aquiles.

IV. PROPUESTAS

Ciertamente, en política, un actor llega hasta donde los demás lo dejan. Y el FSLN se ha enseñoreado sobre los demás partidos y movimientos parlamentarios y extraparlamentarios, a excepción de algunos medios de comunicación activos y beligerantes, casi por inercia y parálisis. El FSLN es un caso de burguesía tardía y nacionalista, de orígenes plebeyos, que se encuentra apurada por negociar con la burguesía clásica, conservadora y mezquina, y un imperialismo discreto, un lugar para acomodarse en un nuevo bloque hegemónico, donde sus discursos populistas y antimperialistas serían mercancías para el “pueblo”, mientras ellos crecen, se consolidan y maduran un nuevo proyecto nacionalista para el país.

Lo cierto es que no hay banderas, consignas, ni lugares, desde donde partan las iniciativas populares. Y pese a que dos son inmediatas y claves: los servicios básicos (luz y agua), están atadas a una Red de Consumidores poco autónoma y vacilante. Pero, además de obligarla a romper con las ataduras oficiosas que pueda tener con el FSLN, debe llenarse de contenidos más allá de los relacionados con el consumo.

Quizás si se pensase en una Asociación de Suscripción Popular para combatir por el regreso de sus viejos derechos de postularse a cargos públicos, al mismo tiempo que dotarla de un contenido luchador por los servicios básicos (agua y luz), la profundización de los públicos (salud y educación), la titulación de una reforma agraria integral que al mismo tiempo ponga un punto final al problema de la propiedad, la formulación de un plan de medios de comunicación para su promoción y expansión, el descongelamiento sobre las reformas constitucionales acordados entre el ALN y el FSLN, para debilitar la discrecionalidad del Ejecutivo y preparar en su momento un llamado a una Asamblea Constituyente, etc., todos objetivos capturables e intercambiables con partidos revolucionarios de nuevo tipo, donde los haya.

De materializarse estas salidas, tales asociaciones (fundibles con todo tipo de redes civiles, incluso las propuestas por el gobierno) de suscripción popular, plurales, democráticas y luchadoras, serán las verdaderos fuentes de un poder ciudadano directo.
Ahora a ver el 19 de julio a Daniel por televisión. A la 1, a las 2 y a las 3... Con la mano en la boca y empujando con fuerza el aire de los pulmones, todos...

Sunday, July 08, 2007

Imagen e imaginación inodoras, intáctiles

IMAGEN E IMAGINACION INODORAS,
INTACTILES E INSIPIDAS


Por Freddy Quezada

Vengo de pasar un apuro que superé cómodamente por medio de dos movimientos al no recordar el nombre del niño protagonista de “Inteligencia Artificial”, la célebre película futurista de Spielberg. Curiosamente mi mente recordaba el icono publicitario del film (una especie de cono de luz azul oscuro, donde había un chico componiendo con su silueta las letras de “A.I.”, sus siglas en inglés).
Pero el nombre del chico no lo recordaba, aunque también me asaltaban unos muertos que sólo él podía ver, en otra película, y un niño en manos de dos leones de segunda mano, Michael Caine y Robert Duvall que, como sucede siempre, eran nombres que no estaba buscando.

Pasaba, sin cesar, de una imagen a otra sin precisar el nombre. Disminuyó mi angustia al saber que podía buscarlo en la INTERNET. Después de hacerlo, reparé en dos cosas. Por un lado, no necesitaba el nombre (Haley Joel Osment) frente a la imagen que tenía su propio universo. Y, por otro, aún cuando fuera necesario saber el nombre, sabía donde buscarlo en cualquier momento. Concluí que no se necesitan abstracciones simbólicas ni operadores abstractos, para orientarse en el mapa iconográfico de hoy. Y, también, que tenemos aligerada nuestra memoria, porque ya hay recipientes externos que pueden almacenar todo y mantener nuestra memoria ligera, semivacía y apta para ser llenada, sobre todo, de imágenes y vuelta a vaciarse de nuevo. Esta es la insoportable levedad del ser que hoy vivimos.

Tal constatación me hizo preguntarme por la relación entre la imagen (homo videns) y la reflexión (homo sapiens) y la discusión que desgarra aún a los teóricos sobre la escritura y la pantalla.

El pensamiento es la mediación originaria entre las cosas y un observador. Es la más importante de todas. Y su base constitutiva es la acumulación de sensaciones, de experiencias, de imágenes, en una palabra del pasado, desde el que responde y construye mundos y juegos de lenguajes. Hay un refrán entre hindúes que habla “del fuego de la antorcha en la pupila” que, ya uno en la oscuridad, sigue bajo su efecto. Las demás mediaciones (presencial, oral, escrita y audiovisual) se desprenden de esta fuente originaria. Los filósofos postmodernos, siguiendo a Heidegger, le llaman al fenómeno “metafísica de la presencia”. Y se ha complejizado tanto que las narraciones sobre el asunto, se han vuelto autónomas y sus referentes reales se han escondido, invisibilizado, descontruido o desaparecido.

Viendo la película basada en la novela de Patrick Suskind “El Perfume” (con Dustin Hoffman y Alan Rickman), por cierto muy apegada al texto (como esa viejas películas soviéticas sobre las obras de Tolstoi y Dostoievsky, demasiados literales) encontré, no lo que separa al libro de la película, a la imagen de la imaginación, a la letra de la visión, a la razón de los sentidos (vieja discusión desde Descartes y los empiristas ingleses), que aún empantana a los teóricos, sino su intersección: la carencia de los otros sentidos (esta vez el olfato, pero también el gusto y el tacto). A nadie se le ocurre todavía pasar la lengua por una pantalla, por ejemplo, u oler a los actores en escena. Tocarlos, se puede aún bajo ciertas reglas y en ciertas obras teatrales, pero no en las audiovisuales. Cuando estas cosas se puedan hacer, ya sabremos cuánto podremos soportar la halitosis de Tom Cruise y la hedentina axilar y pedicura de Bruce Willis, así como probar con un mordisco, si de verdad las nalgas de Skarlett Johansson saben a naranjas y sentir las arrugas, que no se ven, de Michell Pfeifer.

La representación, pues, hasta ahora, está basada sobre dos sentidos y una abstracción (la razón). O, si se prefiere, sobre la escritura y la audiovisión. Pero todas, sin cubrir todavía el tacto, gusto y olfato, sentidos presenciales (homo ludens) que de ser representables harían inútil toda representación. Siempre hemos vivido una representación mutilada que se nos ha presentado como completa.

Lo que hace parecerse la película a la obra (El Perfume -- Historia de un asesino), a diferencias de otras que se escriben para que se miren, aún cuando hubiese sido dirigida con más creatividad, es que ambas no recogen el olfato. Ambos campos hacen uso del viejo recurso de la imaginación para operar sobre una intersección vacía, sobre una ausencia. Ambos no pueden representar una carencia, que uno de ellos, lo audiovisual, ya cuenta con autonomía de la razón o la imaginación, que hasta hace poco dominaba el imaginario moderno.

La diferencia entra la imagen y la imaginación (los conceptos no pueden traducirse a imágenes) es parecida a la de la razón y los sentidos, que una vez fue despachado por Leibniz frente a Locke: como “no hay nada en la inteligencia que no haya pasado por los sentidos, excepto la inteligencia misma”. La discusión, como se sabe, viene de más lejos, de la pertinencia de las imágenes religiosas de la Europa pagana en la Roma cristiana.

La imagen paraliza la abstracción y atrasa la reflexión. Puede producir éxtasis o dolor, pero no encadenamientos causales. Entregamos todos los sentidos, en el caso de las películas, aunque sólo sean afectados dos: la vista y el oído. El aficionado a películas de ciencia ficción y acción, películas rápidas y veloces, sabe muy bien de este aturdimiento que uno sufre. Pueden pasar varios días y permanecer en uno la sensación del “círculo de fuego” en las pupilas del que hablan los hindúes. Cualquiera puede experimentar la sensación con Duro de Matar 4. La lentitud es, pues, el verdadero enemigo de nuestros tiempos. Se ha invertido la vieja idea que mientras la realidad avanza, el espíritu medita. Hoy podemos decir que mientras la realidad viaja, el espíritu se marchita.

La imaginación, sueño de la razón, por el contrario, se adelanta a los sentidos convirtiéndose en utopías pacientes, en futuros fatigosamente construidos, en críticas monumentales (ese odio al presente), en demostraciones alambicadas, en explicaciones causales. La imaginación opera sobre un vacío que de común es llenado por ejercicios escriturarios que liberan, pero también disciplinan ritmos y reglas. Cuando la imaginación no pisa el futuro y se detiene, se hace “presente”, se muestra, produce el arte hic et nunc. Se abraza con la vida y desaparece. Pero esta es otra discusión.

La imaginación (mundus inteligibilis) es lenta pero profunda, a diferencia de la imagen (mundus sensibilis), rápida y superficial. Sus diferencias son rítmicas y de espesor. En contenidos, en ambas hay tanto pornografias como bellezas, tanto basuras como joyas. Y no puede haber complementación entre una y otra, porque una está subsumiendo ya a la otra, produciendo sus propias hibrideces y abriendo intersticios en los que ya están circulando las nuevas familias de videoproposiciones, regímenes de iconofrases, y géneros de imagodiscursos. Subalternidad de la cultura de élite a la cultura de masas. Tal relación ya la han visto y se resisten a admitirla George Steiner, Harold Bloom, Alan Finkielkrauth y otros.




Como la película ni la obra tienen olor propio, sólo nos quedará esa escena de Dustin Hoffman sacudiendo el pañuelo para disfrutar del aroma creado por Grenouille quien sabe que, como la vida misma, se disipará y cuyo secreto estará en saberlo aspirar mientras dure. Ese placer con que Grenouille sabrá cubrir a todos en la plaza de su propia ejecución, para que después simulen olvidar el bacanal de todo origen (pecado que jamás le perdonarán a Sade) al que se entregaron; placer, por último, en nombre del cual, el propio Grenouille se dejará devorar por sus fascinados, para reunir en sí mismo, como en todos nosotros, a Eros y Thanatos.

Tuesday, July 03, 2007

Descolonialidad: el regreso de la emancipación

EL PENSAMIENTO DESCOLONIAL:
EL REGRESO A LA EMANCIPACIÓN


Por Freddy Quezada

Cuando era miembro de la IV Internacional, me impresionaba saber que un aborigen americano, hijo de la revolución boliviana de 1952, podía discutir sobre Hegel. Mucho tiempo después, cuando ya no era miembro ni de la lista de la pulpería donde fío, Leopoldo Zea, le recordó a los europeos en una conferencia en Roma, que las tradiciones precolombinas eran tan universales como las europeas y que ellos, también, tenían la obligación culta de conocerlas. Ahora, los descoloniales desean que la obligación sea la de los europeos provincializados de leer a Waman Puma de Ayala y a Otabbah Cugoano. Las vueltas que da el poder y el pensamiento.

Gustavo Lins Ribeiro habló del postimperialismo y yo le llamé interregno al boom creativo y caótico que explotó en todas direcciones en el pensamiento universal entre la Caída del Muro de Berlín y las de las Torres Gemelas en New York. Entre el 9 del 11 y el 11 del 9. Incluso, al hablar del cierre de ese rico período, señalaba el regreso de la brutalidad y la violencia del pensamiento único no sólo neoliberal, como creen Castells (quien aunque hasta hace poco empezó a reconocer al neoanarquismo) y Ramonet obtusamente, sino del marxismo derrotado (Wallerstein, Amin, Arrighi), que no acababa de morir (refrescado por Negri y Hardt) o los nuevos fundamentalismos teológicos, ecológicos, étnicos y sexuales modernos, a que daban lugar como resistencia ese pensamiento único en todas las culturas y en todos lo continentes.

Pero me quedé corto, pues no incluí a los intelectuales escépticos (algunos postanarquistas y otros neoanarquistas), en especial latinoamericanos en universidades de EEUU, que regresarían a ofrecer de nuevo las promesas de redención y las lecturas prometeicas desde sus aparatos teóricos sofisticados, en la búsqueda de nuevos redentores. Debe ser duro, sin duda, mantenerse sin creencias, sin acción, sin soluciones y sin ofrecer salidas a quienes las exigen. El giro descolonial no es más que la ruptura con la narratología desconstruccionista y el salto hacia la “realidad social”, donde los esperan las viejas doctrinas liberadoras. Al parecer, uno termina por regresar, para morir, de donde viene, como los elefantes y los salmones.

Con el tiempo y la lectura he llegado a convencerme, que la verdadera división de paradigmas del pensamiento está en creer y no creer. Todos los que están situados del lado de los credos, desembocan, tarde o temprano y llamen como le llamen a sus concepciones, en la acción. Del lado del escepticismo, sólo cabe explorar tradiciones “orientales”, que no son tales, pues “occidente”, también cuenta con sus escépticos, cínicos y místicos, cuyas ideas, tarde o temprano, le llamen como le llamen, desembocan en la serenidad. Mientras unos se agitan, los otros meditan; mientras unos actúan, los otros callan. Mientras unos viajan de arriba para abajo, los otros se mantienen quietos. Como se ve, no hay divisiones geográficas, ni culturales, ni económicas. Creer es el fundamento de todo poder; descreer, es el fundamento de nada. De tales principios se derivará todo lo demás.

Los postoccidentales (Walter Mignolo, Edgardo Lander, Fernando Coronil, Santiago Castro -- Gómez, Arturo Escobar, etc.) formaron un grupo que aplicaron las concepciones maestras del postcolonialismo árabe e indio. Los postcoloniales como Edward Said (empleador de la dialéctica negativa para no definir a los “orientales”), Homi Bahba (señalador de los “regímenes” intersticiales) y Gayatri Spivak (dubitativa sobre la representacionalidad de los subalternos) no creían en colonialistas, por supuesto, pero tampoco en anticolonialistas como Frantz Fanon y Aimé Césaire, porque --dicen-- compartían los mismos valores eurocéntricos emancipatorios de sus enemigos. Los postcoloniales aplicaron con creatividad las categorías postmodernas de Foucault, Derrida, Lyotard y Deleuze. Pero, siguiendo a sus maestros, sus construcciones fueron dentro del lenguaje y las narrativas, algo que le criticaron siempre sus propios colegas de grupos iniciales gramscianos (como Guha, Chakrabarty y Chatterjee) o posteriores marxistas (como Ahmad o Dirlik). Para ellos el colonialismo había empezado, como bien dice Said, con el imperialismo británico y sus colonias, en el siglo XVIII y XIX. El orientalismo es la coproducción del colonialismo y de paso la creación de Occidente de sí mismo. Para los europeos, “Oriente” era el competidor islámico, como América era la Utopía y los sueños. El miedo y el deseo.

Los postoccidentales sólo le agregaron al papel de las tres naciones de la Ilustración protagónicas en el paradigma de Said (Inglaterra, Francia y Alemania) otras tres del Renacimiento (la obra clásica de Walter Mignolo se llama precisamente “El lado oscuro del Renacimiento”), el dominio de sus respectivas lenguas (castellano, portugués e italiano) y la relación del imperio español en la modernidad/colonialidad (teoría de Aníbal Quijano) simultánea, un poco como la de Said. Empezaron justificar su lugar epistemológico, como centro aristotélico, diciendo que ellos eran los únicos que podían combinar el culturalismo del postcolonialismo y el economicismo del sistema--mundo. Dualismo generado como fruto de la división disciplinar entre las humanidades y las ciencias sociales. (Ver tabla de Debates Contemporáneos)

Al unirse más gente a ellos, mientras estaban paralizados por la copia, como Enrique Dussel (liberacionista empedernido), Ramón Grossfoguel (defensor de las utopías “otras”), Nelson Maldonado (defensor de la descolonización de los estudios étnicos en EEUU), Santiago Castro –Gómez (admirador del marxismo defensivo de Eduardo Grüner y de los compartimentos estancos regresivos y disciplinarios de Carlos Reynoso, pero, sobre todo, defensor de las sabidurías biodiversas de las comunidades agrarias y étnicas frente a las transnacionales farmacéuticas, biogenéticas y agroquímicas), Catherine Walsh y Freya Schiwy (defensoras miltantes de movimientos indígenas en Ecuador y Bolivia), el movimiento original reclamó un giro.

Estos últimos autores, nunca renunciaron a la emancipación y otros como Fornet Betancourt, ignorado completamente en esta escuela, incluso mucho más radical que ellos, pues no habla de “representar” a los grupos subalternos, sino de darles las palabra, sin mediación mestiza, empezaron la reemancipación con la emergencia de relecturas étnicas y de los pueblos originarios, que han encontrado en Evo Morales su héroe y en los sujetos indígenas sus redentores, hasta el grado de influir en el discurso y el giro descolonial, ni de izquierda ni de derecha, como le llaman ellos mismos, de algunos ministros bolivianos.

Todos están maduros para presentarse como los nuevos intelectuales orgánicos ante el emergente populismo latinoamericano, unos con más énfasis en Evo Morales, otros en Hugo Chávez, (a lo mejor profundizan más en las superficialidades de Heinz Stefan sobre el socialismo del siglo XXI) pero todos luchando por ofrecer de nuevo las promesas emancipatorias esta vez para restañar las “heridas coloniales”, indias y negras.

Walter Mignolo en “El pensamiento descolonial, desprendimiento y apertura: un manifiesto”, es el responsable del giro por atreverse a lanzar con pose de vanguardia, un manifiesto que dice en sus partes centrales que hay que cambiar “los términos de la conversación y no sólo el contenido” y que “el pensamiento des-colonial ya no es izquierda, sino otra cosa: es desprendimiento de la episteme política moderna articulada como derecha, centro, izquierda; es apertura hacia otra cosa, en marcha, buscándose en la diferencia...”.

Waman Poma de Ayala y Otabbah Cugoano, un “indio” y un “negro” letrados, son los nuevos fundamentos del pensamiento descolonial. Todos estos autores diferencian la descolonialidad de la descolonización. Dicen que este es un proceso que hay que completar en la descolonización, con la descolonialidad del ser, del saber y poder eurocéntrico. Aquí, es donde radica su carácter salvífico en los movimientos sociales, sobre todo étnicos y originarios, de los que se sienten intérpretes, otra vez, y traductores.

Se desmarcan de la poscolonialidad, aunque refríen muchas de sus concepciones y de los postmodernos (como la crítica al paradigma cartesiano y al dualismo inherente a él), ocultando sus fuentes, diciendo que la colonialidad todavía está vigente y hay que descolonizar los habitus del subcontinente. Regresan (o los secuestran como dicen sus críticos Pablo Iglesias et al) Frantz Fanon y a Aimé Cesáire. Así concluye este manifiesto: “La actualidad ( 2005), pide, reclama un pensamiento descolonial que articule genealogías desperdigadas por el planeta y ofrezca modalidades económicas, políticas, sociales, subjetivas “otras”. El proceso está en marcha y lo vemos cada día...”.

A mi juicio, lo descolonial de esta propuesta no es más que un anticolonialismo silvestre al que le han agregado un prefijo aburrido más, para la marca de fábrica en las publicaciones académicas.

En la modernidad/colonialidad, no es ni el “ego” cartesiano, ni la geopolítica (Mignolo), ni el cuerpo (Grosfoguel) del conocimiento, sino el poder, el fundamento de todo. Porque es una y la primera relación social, en cualquier parte. El poder es el verdadero “punto cero”, para usar la expresión de Castro Gómez, desde el cual “nadie” mira, pero desde el cual todos somos mirados, representados y seducidos. Porque no es solamente un problema de “dónde” se habla, sino “quién” lo dice. Y no para hacer coincidir expedientes morales de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, sino para conocer el paradigma que se defiende, la biografía del narrador, los amos a los que sirve, las amistades que cita en su bibliografía, su historia evolutiva, su nivel de vida y preferencias, sus ojos, su perfume, lo que dicen sus enemigos, hijas y ex mujeres de él, etc.

En primer lugar, los que siempre han hablado y escrito somos los intelectuales, al servicio de los poderosos “otros” que invisibilizamos con nuestro poder, invisibilizándonos nosotros al mismo tiempo con ellos. Podemos hablar de la modernidad y de la descolonialidad, pero ocultamos, con ello, nuestro poder (hablamos ahora por “negros” e “indios” en una nueva y vulgar recaída emancipatoria, desde universidades gringas). El poder, por ejemplo, de estos descoloniales (que viven y dan conferencias en EEU y la Europa que condenan) es el mío. Aunque, a diferencia de ellos, no tenga ni donde caer muerto, mi poder, pese a que puedo rebatirlos en su propio lenguaje y con sus propias armas, es el mismo de ellos. Este ensayo no saldrá en ninguna revista de peso, por ejemplo, pero yo estoy clarísimo del poder que tengo, el ilustrado y escriturario. Ellos no se miran, son la borradura (el término es de Derrida) de sí mismos. Son fantasmas, “ojos de Dios”, para usar la expresión de uno de ellos, que buscan siempre reencarnarse en mortales para su propia gloria. Es a ellos, (a nosotros), a quiénes hay que engañar con las armas del débil (al que no podremos conocer nunca) y las astucias del subalterno (al que jamás redimiremos), simulando que nos impresionan y nos persuaden. Y apenas damos la espalda, levantarles el dedo anular.

Ahora, sólo me toca despedirme de mis amigos de viaje con los que milité placenteramente todos estos años, mientras estábamos ricamente desorientados, fecundamente inciertos, creativamente dudosos, en un sano escepticismo coloidal, y un cinismo alegre, como dirán después, cuando ya estén sobreseguros de sus certezas mesiánicas. Ahora me tocará a mí, como a su hora a los marxistas firmes, ser el capitán que no huya del barco. Buen viaje, amigos y amigas, que las ratas os escolten hasta la orilla de donde vinisteis. Déjela venir, camañeca...
"Ohla que cosa mais linda, mais cheia do graça, e ela menina..."

Tuesday, June 26, 2007

¿Puede la burguesía nacionalista efectuar la Reforma Agraria?

POR QUE YA NADIE HABLA DE
REFORMA AGRARIA


Por Aurora Suárez y Freddy Quezada


La reforma agraria ya pasó de “moda”. Más bien, se podría hablar a partir de los noventa de una “contrarreforma agraria”. Las reformas agrarias en América Latina con la complicidad de intelectuales y agraristas engendraron a un campesino, dependiente de un Estado fuerte, fruto de golpes de Estado nacionalistas o revoluciones, que distribuyera tierras individuales o cooperadas.

Si alguna diferencia media entre el populismo de ayer y hoy, sería, pues, un campesino beneficiado o silenciado. Cristóbal Kay, al final de su balance del desarrollo rural y cuestiones agrarias en la América Latina contemporánea, dice: “el modelo neoliberal ha tenido un efecto particularmente negativo entre el campesinado semiproletario y los trabajadores sin tierra, quienes podrían llegar a convertirse en una importante fuerza en futuras luchas sociales en el campo”.

De acuerdo a José Bengoa en su balance de 25 años de lo rural en América Latina: “en este período se ha producido la pérdida de autonomía de la cuestión y sociedad rural y que surge, o debiera surgir, una nueva mirada hacia estas temáticas en busca de comprender el sentido que aún tiene y seguirá teniendo “lo rural” en nuestras sociedades” y, al cambiar actualmente las condiciones radicalmente, muchos asumen identidades étnicas o son absorbidos por clusters, se informalizan en ámbitos semiurbanos, migran a otros países o se hacen ambientalistas rabiosos. Nos preguntamos: ¿El campesino existió o la metamorfosis socioeconómica lo absorbió?

Algunos agraristas clásicos han sido llevados por estas nuevas corrientes. Ahora, se especializan en movimientos migratorios, se hacen aficionados a la antropología, a la ecología o se dejan reencantar de nuevo por los paradigmas económicos de escala: No existen reclamos de tierras. Pero, también nadie se las promete: ¿Por qué?

Los marxistas más radicales en su época, siempre dijeron que las dos tareas de la revolución democrática burguesa en países atrasados eran la reforma agraria y la independencia nacional y que, en los países postcoloniales, ya no las podían ejecutar las burguesías nacionales. Cuando estas tareas las combinaban con reclamos propios de la clase obrera, un grupo o clase social de vanguardia, se establecía una cadena de reivindicaciones que sólo podía avanzarla de modo sano un verdadero partido revolucionario o, de modo pervertido, una clase ajena. Era el doctrinarismo, bastante devaluado hoy, de hace años.


En Nicaragua, gobierna actualmente por la vía electoral una burguesía nacionalista de origen revolucionario, un poco parecida a la mexicana. Este nacionalismo llega, como siempre, tarde y mal. Con un problema de acceso a la tierra tiene que responder a esta pregunta: ¿fue un fracaso o un éxito? Si nadie habla de ellas, es porque todos los campesinos están contentos o porque fracasó tan miserablemente que nadie desea levantar esas banderas. O todos hijos o todos entenados. Para la curiosidad de un investigador, quizás estas preguntas tengan sólo un valor académico, pero en boca de políticos que la usen como bandera, pueden ser explosivas y dinamita pura en manos de algunos adversarios del gobierno actual. Antes de presentar las hipótesis que han invisibilizado el problema del acceso a la tierra en Nicaragua, son válidas algunas reflexiones previas.

I. LA BURGUESIA NACIONALISTA

Francisco Mayorga, en reciente publicación: “Los Megacapitales en Nicaragua”, dice que en Nicaragua existen cinco grupos financieros fuertes (BAC, BANPRO, UNO, LAFISE y BDF), los cuatro primeros con fusiones internacionales y sólo el último, sin ellos. Todo el cuadro y la obra de Mayorga, sugieren que la oligarquía está en los primeros cuatro grupos; y la burguesía nacional y el ejército en el BDF o, en grupos más pequeños aún (BANISTMO y otros). En esto, quizás, siga la idea de Orlando Núñez que esa burguesía “chapiolla” (el BANDES entra a jugar en estos escenarios), la componen el PLC y el FSLN, sin llegar a decir que, más que revolucionaria esa alianza, es nacionalista. Y más por el lado del FSLN que del PLC. Pero este nacionalismo, moderado frente a las negociaciones con el BM y el FMI, es inédito en más de 16 años de gobiernos neoliberales. Hemos dicho que, sin embargo, llega tarde y mal porque oponer oligarquía y burguesía “chapiolla”, como categorías que nada tienen que ver la una con la otra, en un paradigma cartesiano de lo claro y distinto, oculta, por ignorancia o mala fe, un paradigma rediático más próximo a la realidad.

a) la red jurídica. No basta construir desde la INTERNET, con un exceso de vínculos electrónicos, como hace Mayorga, los grupos financieros en Nicaragua. Es necesaria la investigación de campo en la tupida y cochambrosa red jurídica sobre la propiedad para aproximarnos un poco a la magnitud de los grupos económicos. De hecho, la actual incertidumbre (una de varias razones) ha paralizado, para bien o para mal, la presión por la tierra. O la ha desviado por su mercantilización. El problema jurídico de la propiedad es prioritario y se necesitaría un batallón de investigadores jurídicos para determinar el peso real de propietarios de todo signo. Es de sospechar que “chapiollos” y “oligarcas” están enredados en esa tela de araña, como por ejemplo, Armel González y su esposa y las cooperativas de Tola en Rivas.

b) la red financiera. No hay capital pequeño, sino uno preparándose para ser grande; siempre están en movimiento, como los tiburones. No tienen fronteras y su patria es la ganancia. Si la burguesía nacionalista puede aliarse con los oligarcas, lo hará bajo las mil fórmulas que tiene el capitalismo de riesgo y agresivo (joint venture, sociedades anónimas, acciones, bolsa de valores, inversiones relámpagos, etc). Sólo hay que recordar a Miguel Mora detrás de Carlos Pellas o a Bayardo Arce escupiendo en la rueda de los oligarcas tradicionales, para saber que son más las cosas que los unen, que las que los separan.

c) la red familiar. La más delicada de todas. Tierra de pasiones y capitales. Los oligarcas que se fueron del FSLN (denunciados toda la vida por la “ultraizquierda”) y los que todavía se quedaron dentro (Coronel Kautz, Rapaccioli, Baltodano, Chamorro, Cardenal, Fiallos Oyanguren, etc) se casaron con algunos/as “chapiollos/as”, tuvieron descendencia que, ahora, ya coronaron sus carreras y se preparan para administrar los negocios de la familia. ¿Dónde están sus lealtades? ¿Cómo distinguir a un “nacionalista” de un “oligarca”, entre ellos? ¿Qué pasa cuando se rompen esos lazos, como el de Manuel Ignacio Lacayo y Patricia Castillo?

II. DISIPACION DEL RECLAMO DE TIERRAS


La reforma agraria clásica fue concebida desde una perspectiva individual. Es con Kautsky y Lenin, que surge la visión agraria cooperativista, que fue tan solo la justificación para evitar la fragmentación de la tierra. El sector reformado en Nicaragua (cooperativas) en los 80s que se le quiere uncir otra vez al modelo fracasado agroindustrial, ha sufrido un atroz descenso (ver cuadro) y se puede discutir sobre ello.

Pese a todo, estos sectores por lo menos poseen “algo”, son los sedentarios. Pero los nómadas, los que no tienen nada de nada, popularmente llamados “campesinos sin tierra” , invisibilizados en las estadísticas nacionales y que ahora ni siquiera se pueden cuantificar por la incertidumbre, polisemia y erosión del indicador. ¿Qué hacen? ¿Por qué ya no presionan por la tierra? Presentamos algunas hipótesis.

a) La migración. Los campesinos sin tierra migran, disminuyendo la presión sobre ella, y constituyendo el verdadero soporte del país por la vía de las remesas.

b) Las comunidades étnicas. Al reclamo de las tierras individuales, le ha seguido la idea, acompañada de cambios identitarios en las comunidades agrarias, que el reclamo de hoy pasa por presentarse como comunidades étnicas que exigen titularidad de amplios territorios, modificando el perfil y naturaleza antigua de los reclamos por el acceso a la tierra.

c) El medio ambiente. Esta idea de nuevo cuño, debilita la imagen de individualización de las entregas, por otra idea colectiva, planetaria, de la Humanidad y de las futuras generaciones, donde lo fundamental no es el reparto de nada, sino el cuido y la preservación de suelos, su vocación y usos, cuencas y microclimas.

d) Los clusters y maquilas. Pese a que absorbe poca magnitud, es sin embargo, la figura que mantiene la proletarización, en su sentido más clásico, de los campesinos sin tierra.

e) La informalización. Migración interna que puede ser a centros urbanos, semi o suburbanos, donde se adquieren hábitos de consumo y cosmovisivos diferentes, fruto de las exposiciones catódicas a los nuevos medios de comunicación.


Preguntamos: ¿Pueden las burguesías en general, y las “nacionalistas” en particular, en medio de la crisis de los Estados naciones, continuar reformas agrarias o siendo más conservadores, resolver el acceso a la tierra de las que ya nadie habla?

Saturday, May 19, 2007

FSLN por dentro, abajo, arriba y afuera

EL FSLN POR ARRIBA, ABAJO, AFUERA Y ADENTRO

Por Freddy Quezada

Cuando era dirigente de unas de las fracciones sandinistas del FER, en la UNAN, a mediados de los setenta, nuestros rivales maoístas (CLEU) siempre llevaban al Auditorio 12 “Fernando Gordillo”, a una serie de personas muy pobres, del OPEN No. 3, como se llamaba entonces a la hoy Ciudad Sandino para acompañarlas de aula en aula en la solidaridad que solicitaban a los estudiantes universitarios por sus causas justas.

Casi todas mujeres, llevaban faldas transparentes por el uso continuo y único, cuyos vuelos levantaban en ocasiones para sonarse las narices por medio de unas manos nervudas y tostadas, con niños amamantados a la vista pública y chinelas de hule que cubrían sus pies llenos de grasa, mezcla de polvo y sudor de sus barrios. Siempre me pareció que el CLEU abusaba al llevar personas así a la UNAN, que no encajaban en el cuadro de clase media que entre todos componíamos.

Sólo con el tiempo acabé por reconocer que los trabajadores que habitaban mi imaginación y mi discurso redentor, no eran los mismos de carne y hueso que los maoístas, para nuestro escarnio, nos colocaban enfrente. Nuestros pobres eran puros, virtuosos, nobles y abnegados y estábamos dispuestos a dar la vida por ellos. Los pobres reales nos asustaban; estaban fuera de nuestros cánones, cuando los considerábamos diferentes a nosotros y como advenedizos, al estar frente a nuestra mirada. Dos clases de pobres que, además, pueden distinguir también al FSLN en sus dos regímenes. El tiempo de la “igualdad” de los ochenta y el tiempo de la “diferencia” en los dos mil. Los pobres buenos de nuestra imaginación aburrida y los pobres extraños, de carne y hueso, impredecibles.

Obviamente no es suficiente decir, para caracterizar el régimen político actual de Nicaragua, que el FSLN asumió el poder en condiciones democráticas y en un contexto escéptico y de desconfianza, totalmente diferente de la década de los ochenta. Hay que caracterizar más a fondo esas condiciones en las que se ve obligado a luchar con armas que no conoce u optimizar las que sabe manejar muy bien. El FSLN jamás ha sido democrático en su vida. No sabe lo que es tolerar un punto de vista opuesto, o siquiera diferente. El mal no le viene de ningún mal humor o cerrazón de sus dirigentes, sino de su constitución vanguardista y prometeica. Así, con esas características que ya le ha costado varias disidencias y desprendimientos fragmentarios, y le seguirán costando más todavía, podemos presentar las dimensiones en las que está inscrita el FLSN como gobierno en Nicaragua.


¿Adivinen qué toca la Pantera Chicha?

Por abajo: para cubrir el mayor número de simpatizantes neutros, indiferentes o militantes pasivos, además de sus simpatizantes activos que componen el 38% de votos que le dio el triunfo, el FSLN ha implementado dos estrategias para ganarse a los subalternos: la alianza con la Iglesia Católica (de la que se enteraron, según Tomás Borge, que cuenta con la verdadera mayoría del país y no, como pensaron antes, que era la Teología de la Liberación) cuyo precio a pagar fue la penalización del aborto terapéutico y el proyecto Hambre Cero, cuya centralidad pecuaria (paquetes de vientres cubiertos, fácilmente colocables en el mercado ante emergencias y eventualidades) evita una reforma agraria (de la que no dicen ni una sola palabra a pesar de que saben que se desarrolla un “dualismo agrario”, ver barras) al prescindir de un componente agrícola, atado a acompañamientos de tierra, crédito y asistencia



técnica. Es decir, para evitar la reforma agraria, se eligió lo más avanzado, con un proyecto estrictamente pecuario, que usualmente son cajas de ahorro campesinas. Pasa igual que en los ochenta que, en vez de empezar con el reparto individual de la tierra, se empezó con las APP y después con las cooperativas agrícolas y de servicios. No debe estar muy a la moda, defender reformas agrarias de donde las han expulsados hasta de la agenda mundial y ya no digamos de las naciones. Es lógico, los campesinos pagaron la acumulación originaria del capitalismo y del socialismo industriales; ahora, parece, que deben pagar la acumulación de la globalización. Pero, además, la garantía de todo el programa descansa sobre el papel de la mujer y sus virtudes que lo inscriben en un “esencialismo” totalmente superado por las corrientes más lúcidas del feminismo contemporáneo.

La reforma agraria y la independencia nacional, son dos retos que este nuevo gobierno, con el primero, no parecerá cumplir, aunque, ante el segundo, a medias, amenace a las IFIS, con independizarse de su financiamiento, por medio de sus alianza con la Venezuela de Hugo Chávez. Ya se sabe, no se discute con un millón de dólares, se lo toma o se lo deja. No conozco hasta ahora a alguien que lo haya dejado. No son las clases sociales las que determinan el contenido de un gobierno ni las que caracterizan la naturaleza de un régimen, sino el tipo de tareas que se proponen impulsar.

Si los sandinistas no hablan de reforma agraria, ellos que tanto lo hicieron en los ochenta, lo único que pueden hacer ahora es pararla a través de la Comisión de Reconciliación que preside el Cardenal Obando. Porque de pronto se le puede ocurrir a Salvador Talavera, pongamos por caso, liderar un proceso de toma de tierras que desencadene una exigencia de, al menos, legalizar la titulación agraria inconclusa y suspensiva del gobierno sandinista de los ‘80 y tumbar a este gobierno en dos semanas. Oigamos que decía hace tres años Fausto Tórrez, Directivo de la ATC: “La Reforma Agraria Sandinista no tuvo tiempo para documentar la tierra y desarrollar el movimiento cooperativo, aún en medio de la resistencia del movimiento campesino se han perdido unas 560,000 manzanas y 2/3 partes de las tierras en manos de las Cooperativas no tienen documentos legales”. Proponemos, dice más adelante Tórrez: “La promulgación de una ley de asignación y explotación de la tierra. La Reforma Agraria no es sólo un tema de los Sin Tierra es una lucha de toda la sociedad. Una de las últimas conclusiones de la Vía Campesina alrededor del tema agrario plantea: ‘No hay paz con hambre y no habrá paz sin tierra’ ”.

Por su parte, El Observador Económico. No. 172, de Diciembre del 2006, concluye: “El dato que más llama la atención, de la totalidad de la situación legal de la tenencia de la tierra, es que solamente un tercio de las propiedades poseen un título registrado y catastrado. Esto quiere decir sólo una tercera parte de las propiedades puede ser vendida, alquilada, regalada, heredada, cedida o donada...”

El “Marco de Políticas de Tierras”, sigue diciendo El Observador Económico, del gobierno del Ing. Enrique Bolaños, plantea que el problema de la inseguridad física y jurídica de la propiedad representa un alto riego para el mercado financiero y frena la inversión a largo plazo, tanto nacional como extranjera, al mismo tiempo que afecta el uso sostenible de los recursos naturales. Así, ha logrado identificar once grandes problemas sobre la tierra en Nicaragua todavía por resolver, el primero de los cuales lo encabeza, un marco legal e institucional débil y disperso.



Por arriba: El FSLN necesita profundizar sobre su discurso programático y de largo aliento, con la cooptación de una capa de intelectuales orgánicos (de Universidades, ONG´s, intelectuales sueltos de la vieja guardia, jóvenes autodidactas formados a la carrera, etc.) a través de medios de comunicación versátiles y modernos que le armen un discurso con efecto de profundidad y densidad teórica y que reencante a cierto sector medio e ilustrado.

Por dentro: en la Asamblea Nacional seguir urdiendo estrategias (aprobando leyes con una de cal y otra de arena que, al parecer, no ha rendido malos resultados) para mantener separados a los liberales antes de las elecciones municipales y el descongelamiento de las reformas en el 2008, después de las cuales la Nicaragua política será otra.

Por fuera: bailar entre las exigencias de Venezuela, las ofertas de Brasil, las formalidades de Chile y la presión de EEUU.

Escenarios pésimos: por abajo, corre el riesgo de un abandono al Cardenal Obando, por parte de la Conferencia Episcopal, sobre todo a la luz de las posiciones del Papa en Brasil y las próximas líneas maestras del CELAM; que el proyecto Hambre Cero se rompa por el lado burocrático de la gestión de las 75 mil familias o por regímenes de lluvia deficientes y desastres naturales imprevisibles; por arriba, que los intelectuales se le resistan y más bien arrecien contra el gobierno, con críticas más duras y radicales desde los mismo medios que ataca y no puede cooptar; por dentro, que los liberales se unan eliminando políticamente a Alemán y, por fuera, que los países populistas se enfrenten unos a otros como de hecho ya lo hacen en pequeña escala (Brasil vs. Bolivia; Argentina vs. Uruguay; Bolivia vs. Chile; Venezuela vs. Brasil, etc) y el bloque sea testigo de la emergencia en silencio de las potencias China e India.

Escenarios óptimos: por abajo, que el Cardenal Obando logre un éxito impresionante solucionando conflictos, sobre todo agrarios, a diestra y siniestra; que Hambre Cero, logre una evaluación positiva de un poco más de la mitad de las familias bajo compromiso y proceda una relativa seguridad alimentaria; por arriba, que una parte significativa de intelectuales jóvenes se perfilen en medios recientes e independientes, sin perjuicio de hacerse admirar en medios de comunicación ganados para la causa, sobre todo en televisión y medios de punta; por dentro, que el FSLN se logre aliar a mediano plazo con el ALN y muchos diputados sueltos del PLC, comprados para la nueva alianza que le permita comodidad y manejo en las políticas públicas y exteriores y, por fuera, que se conjugue la muerte de Castro y la baja del petróleo, para un liderazgo sin rivalidad de Daniel Ortega ante el bloque emergente latinoamericano de nuevos regímenes con un discurso moderado, heredando a Castro y desplazando a Chávez.

Escenario real: una combinación en proporciones imprevisibles de los dos escenarios anteriores.

Con los sandinistas, uno está tentado a caer en el lugar común hegeliano y decir que se están repitiendo, esta vez, como comedia cuando, la anterior, lo hicieron como tragedia. Pero, creo más bien que se están repitiendo como un melodrama en todos los escenarios. Están concentrados tanto en mantenerse en el poder, que ignoran su duplicación. Cuando uno está demasiado concentrado en algo, ocurre que las cosas cotidianas que efectuamos las hacemos dos o tres veces y sólo recobramos la cordura cuando recibimos una lucidez que nos devuelve a lo real, parecida al bastonazo que los maestros zen descargan por puro gusto a sus discípulos. Entonces, cuando nos estamos cepillando por tercera vez los dientes, cuando llevamos cinco pasadas del desodorante por nuestras axilas o cuando nos limpiamos el culo, sin necesidad, por segunda vez, y repetimos varias veces esa frase incoherente que nos decimos, como un principio claro de locura, que sólo nosotros sabemos qué significa, podemos decir: ahora lo sé, para entonces reconocer que ya no tiene sentido.

El día que los campesinos sin tierra o poca de ella, devuelva a la realidad a los sandinistas, que balbucean frases que sólo ellos conocen, como esos lenguajes privados de los que hablaba Wittgenstein, (como “oligarquía”, “pueblo presidente”, “democracia directa”, etc.), ojalá no sea demasiado tarde. O que lo sea, a quién rayos le importa !!!

Wednesday, May 02, 2007

Crítica y Utopía

CRITICA Y UTOPIA
(cuatro involuntarios)


Por Freddy Quezada


Deseo despedir, esta vez, cuatro involuntarios a guisa de aquellos motivos de queja infantil en plena clase, que obligaba a la maestra a preguntar con ira por el responsable de la descarga y cuando, apenados, todos callábamos por solidaridad con el culpable, sólo para reírnos de él durante el recreo. Supongo que al hacerlo esta vez contra la crítica y la utopía no les haré mas daño de lo que ellas le han causado a mucha gente. Será como el equivalente de balas de salva o de utilería y como un tributo a mis amiguitos de primaria.


La crítica y la utopía no siempre han sido una buena pareja. Hubo una época que eran opuestas y otras en que se ignoraban por completo. Tal situación ha tenido antecedentes y consecuentes presentados aquí.


Lustradito. El cielo: Utopía sin Crítica. La premodernidad, para caracterizar así a toda la época anterior al Renacimiento, ofreció una promesa sin deuda por la imposiblidad de verificarla en esta tierra y entregarnos a los intérpretes de ella, sin objeciones. La crítica, totalmente separada del reino, se pagaba con el ostracismo, la marginación y hasta la vida. Era básicamente una utopía contra otras, pero no era una crítica con los mismos métodos nacidos y vueltos contra ella de la utopía hegemónica. Las Cruzadas son el ejemplo más vivo. Incluso entre los griegos, las batallas eran de escuela a escuela o de Academia a Academia. Por dentro, cada una de ellas era intocable.


Jugoso. El futuro: Crítica con Utopía. Desde la modernidad la crítica tuvo una desembocadura práctica (en contra de los bizantinismos y escolástica anteriores) con su finalidad, generalmente una utopía secular que, con el tiempo, terminará por cristalizar en las ideologías universales. Octavio Paz definió una vez a la modernidad como la tradición de las rupturas. La crítica nunca estuvo satisfecha con el ser; todo le hedía, no soportaba el presente sucio, mezquino, indigno, desagradable e impuro; no podía dejar de impugnarlo por medio de una crítica ilustrada y de vanguardia, no hacerlo sería traicionar su naturaleza. Su ejercicio fue siempre para algo (deber ser), para superar o remediar lo real. Los marxistas, en su tiempo, decían cuando algunos críticos ejercían su derecho, pero que no lo acompañaban con actos y militancias, que eran charlatanes de cafetín. Entre ellos era lo peor que se le podía decir a un revolucionario. Protesta con propuesta, se oye todavía en algunos círculos incorregibles. La modernidad será inseparable en este sentido de la utopía y el enlace entre ambas será, pues, la acción. La crítica será lo otro de la utopía y viceversa.


Premiado. El desierto: Crítica sin Utopía. Con el derrumbe de los metarrelatos, es decir, de las utopías que caerán como fruto de la exigencia del pago de la deuda arrastrada desde la premodernidad, se nos dio la "Bienvenido al desierto de lo real", como la de Morpheus a Nemo en Matrix. La crítica, como la técnica, se vio privada de fines y de dueños. Criticar por criticar se volvió un oficio placentero y nada inútil como se le apreciaba antes. Criticar dejó de ser una ética y una metodología, para convertirse en una estética. Incluso, criticar a una escuela desde otra o a ambas desde adentro, hoy, es más parecido a las modas (descartables, reciclables y fugitivas) que al ejercicio críptico y sesudo con el que se preparaba a los chicos y chicas en la viejas universidades modernas. De las certezas del Renacimiento (donde el humanismo se entrona), a las angustias del existencialismo (que descubre la contingencia de los fines y el carácter constructivo de ellos por parte de los entes) hasta desembocar en el escepticismo post, la caída de la curva del humanismo es evidente (de una certeza orgullosa, a la incertidumbre de los angustiados y a la incredulidad de los desencantados del reino humano). La crítica moderna preparó siempre, sin saberlo, la soga con la que sería ahorcada. Y ahora baila colgada de un techo sin cielo ni horizonte. Azumi, un manga japonés reciente, tiene un diálogo que vale toda la película. La víctima, un señor de la guerra del Japón medieval, al ser alcanzado al fin por su asesina, admira su gesto y le dice, cuando ve partida su cara en dos: “Eres magnífica”, elogiando la belleza de su propia ejecución. Paga con su vida el precio de ver convertida en belleza sus propios métodos vueltos contra él.


Descargado. El Vacío: Ni crítica ni utopía. Con la estrategia de los subalternos (silencio incluido) y la ironía de los objetos vuelto contra sus críticos, se empezó a ver que el vacío aterrador y siempre presuroso a ser llenado por un sentido y otro y otro más, podía ponerse al servicio, sino de iluminar al menos para serenar esa sed infinita de acción con una especie de nirvana, satori o wu wei. El mundo no estaría ni adentro ni afuera y nosotros seríamos sin serlo. Imagino que sería un poco como el dintel de la puerta en que Jim Carrey, en Truman Show, al doblarse hacia delante por su cintura, se despide del mundo simulado para entrar al mundo que suponemos nuestro y real pero que en verdad, ese umbral es donde está todo, mientras Ed Harris (Dios padre creador) trata de reencantarlo una vez más desde su cabina de televisión.