ULITEO LA PAGINA DE "NADIE" (ULISES) Y DE "TODOS" (PROTEO)

Monday, March 23, 2009

El Regreso del Mestizaje

EL REGRESO DEL MESTIZAJE



Por Freddy Quezada

1. Es posible ver, paradójicamente, desde las teorías del poder que, con Platón, entre los europeos, nace la idea que la teoría no puede ser afectada por la geografía, la historia y las pasiones que pertenecen al mundo real, contingente y cambiante. Desde él y sus sucesores, los intelectuales, la teoría siempre las ha escondido en su seno desde la cual descargan sus juicios revestidos de eternidad. Nada los afecta, ni los cambios, ni los avatares, ni la presencia de extraños, ni otras geografías, ni otras historias con las que establecen (si son potencias) relaciones de centro/periferia; de hegemonía frente a subalternos.

2. Los conceptos y sus rivales (otros como ellos), están hechos para ejercer el dominio de los intelectuales como cortesanos o adversarios del poder. Sus “otros” ocultos, que los sostienen y justifican, son los semiletrados y desilustrados. Su campo es la eternidad y, sucedáneos de los dioses, su oficio, compartible con teólogos y artistas, es crear mundos y lenguajes, sobre la base de odiar, huir y calumniar al presente para proponer otro tiempo nuevo, arriba o adelante; o regresar al viejo, atrás; o a un espacio alternativo, abajo y adentro.

3. Una de las consecuencias de las dos premisas anteriores es la idea que, al parecer, según Walter Mignolo, es de Carl Pletsch, pero que yo encontré en Homi Bhabha, fecunda para lo que quiero decir, y es que los antiguos tres mundos contaban con una asimetría epistémica donde el primero se reservaba la creación de ciencia y conocimiento; el desaparecido “segundo mundo”, la ideología científica y el tercero, condenado a producir sólo cultura. Entre todos se estableció una especie de normas dentro de los cuales, cada mundo producía, por su naturaleza interna, lo suyo y brindaba la explicación del progreso de unos y el atraso de otros. No se debía, por ejemplo, llamar ciencia a la herbolaria indígena, ni filosofía a la sabiduría “oriental”. La misma distinción que el primer mundo guardaba hacia “afuera”, sigue guardándola hacia dentro y hacia abajo de sí mismo, cuando diferencia “alta cultura”, de cultura popular y de masas. Dentro del Tercer Mundo, estas últimas divisiones darán lugar al despotismo de pequeñas élites ilustradas contra amplia capas desilustradas.

4. La idea que el Tercer Mundo, más específicamente Latinoamérica (área que me resisto a admitir pero, vaya, concedamos por hoy) no produce ciencia aunque sí cultura, me parece que llega de una obediencia con los hegemónicos que nos lo dicen. Si desconocemos la idea de Pletsch (y su seguidor Mignolo) que, por el hecho que lo digan los emisores, los receptores lo obedecen automáticamente, y abrazamos la otra, más fecunda de Homi Bhabha, que su encuentro produce un “más allá” que lo arroja la propia complejidad de la unión en que desaparece el dualismo colonizador/colonizado (sin que desaparezca la relación de poder), encontramos el conocimiento y la ciencia de América Latina en su cultura.

5. Cuando un órgano no existe para ejercer una función, otro termina por efectuarla. Dentro de la cultura latinoamericana, fijada por los eurocentristas, y por mucho de los latinoamericanos mismos, estuvo siempre nuestra filosofía y nuestra ciencia. La prueba son el Darío de “Lo Fatal” y el Cortés de “Ventana”, así como el Borges de “El jardín de los senderos…”o el Paz de “El Laberinto de la Soledad” y muchos más. Nadie tiene, debe, ni puede exigir autonomía de esos reinos en el seno de un producto que no es ni una cosa ni la otra, sino algo “más allá” y “más acá”. No se trata del mestizaje romántico que va de Rodó hasta Vasconcelos; de Darío hasta PAC; o desde Zea hasta los latinoamericanistas en Europa y EEUU.

6. La búsqueda de nuestra identidad es exclusivamente mestiza. De hecho, Fornet Betancourt (otro hombre blanco defendiendo aborígenes y afros) lo llama con justicia "mestizocentrismo". Los criollo, afros y originarios no tienen esos problemas. Lo peor es que mestizos y mulatos la han encontrado en el seno de los imperios. Bolívar jura en Roma, lo mismo que Martí en New York. Los independentistas iberoamericanos defienden constituciones francesas, los emancipados, esquemas de gobierno como el estadounidense, los revolucionarios desgarrados entre Moscú y Pekín, del mismo modo que casi todos nuestros artistas descubren su identidad en París, Madrid, Berlín y Londres, como hoy los inmigrantes letrados descubren la suya en EEUU. La identidad del mestizo no sólo es buscarla, como dicen algunos de ellos, sino encontrarla en las metrópolis, como les gusta recordarlo con orgullo a quienes triunfan. Y debido a lo cual son considerados, eso sí, sólo en el reglón del arte, iguales a los euronorteamericanos, incluso hasta maestros de ellos, como suelen decir los Cioran, Kundera, Sontag y otros, de los Borges, Fuentes y Paz, latinoamericanos.

7. Todo el asunto nos devuelve, y al menos yo se lo debo a Bhabha, al mestizaje y a sus frutos derivados, el tomismo, el barroco, el melodrama, el sincretismo y ahora la hibridez, todo digerido a medias y semisepultado. Hay que terminar de abrir las tumbas. Tanto que huimos del mestizaje y henos aquí de vuelta.

8. Uno de los problemas del mestizaje, sentido más en México, Centroamérica y El Caribe que en la Sudamérica blanca, nos ha llevado a la idea incómoda, ya descrita por Bhabha en términos lacanianos, y que los latinoamericanistas más insistentes en ella, no logran ver por el dualismo español/indio o esclavista/afroamericano, que el mestizo al imitarlo “asusta al colonizador”, pero también a este le hechiza saberse el original y ver su grandeza en los ojos del colonizado. Esa combinación de deseo y miedo (como se ve, en nada debido a una mezcla sabia y equilibrada de lo mejor de dos o tres mundos), también la sufre el colonizado. Al copiar, está casi seguro de ser rechazado (como la sabe bien la intelectualidad latinoamericana) pero también sueña con ser reconocido como igual por sus antiguos amos, a quienes constantemente cita, aunque sea para refutarlos. Quizás esto explique esa actitud basculante de mestizos y mulatos, y por extensión de la clase media blanca subalterna que, cuando se sienten ofendidos por los euronorteamericanos corren a refugiarse a unas tradiciones “afros” y “aborígenes” desfiguradas por las mezclas, y que presentan como “puras” y, cuando el sistema los asciende, se avergüenzan de ellas.

9. Llegamos al punto: si la combinación de deseo y miedo, está en ambos lados ¿qué queda? Un baile de fuerzas puras, destructoras y creadoras, consigo mismo, como la danza de Shiva. Pero Bhabha y los postcoloniales, en contra de las tradiciones hinduistas de donde proceden ellos mismos, no llegan a decirlo: todo es una ilusión!!!

10. Los descoloniales, a los que hay que reconocerles aproximaciones al asunto, tienen sin embargo, a mi juicio, tres problemas: a) creen en la pureza (en virtud del derecho a la diferencia) de pueblos originarios (creyentes de religiones que no son suyas, como el Poma de Ayala que mira Mignolo) y de afrodescendientes (hablantes de la lengua de sus amos) como el Cugoano que también mira Mignolo). Aquellos se ven envueltos en sincretismos religiosos altamente jerarquizados y estos encuentran, como decía Wittgenstein, los límites de su mundo en su lenguaje; b) creo que al descubrir el modelo de “pensamiento de fronteras” de las pensadoras chicanas Gloria Anzaldúa, Norma Alarcón y Emma Pérez (discípulas de Bhabha), totalmente opuesto al modelo de pureza anterior, no lo aplican a Latinoamérica y, a los mestizos por ello, los entregan sin resistencias a blancos y criollos. El esquema sólo lo aplican a los inmigrantes dentro de EEUU; c) creo que los descoloniales vuelven a dividir el mundo en colonizadores/colonizados, para beneficiar a un esquema emancipador a donde regresa todo escepticismo derrotado.

11. Y, sin embargo, si el punto b) lo aplicamos al punto a), haciéndolo extensivo a todo Latinoamérica y, mantenemos el escepticismo dentro del punto c), todo el esquema cambia. Tendremos entonces tres relaciones (no importa si “nuevas” u “otras”) de poder: a) todos en Latinoamérica somos mestizos pero al modo chicano/bhabhiano, contra otros mestizos que ejercen sus dominios desde “purezas” que nos las hacen creer por medio de distintos dispositivos de poder; b) por puras razones de poder, el esquema que se nos ofrece encaja dentro del dualismo hegemonía/subalternidad o resistencia, pero él también es víctima de la hibridación y de ser central (creación de intelectuales) pasa a ser uno más dentro del arco (¿ilusorio?) de fuerzas que bailan en todos los sentidos, en el campo de fuerzas; c) como todos pertenecemos al baile, siempre nos tocará divertirnos. Aquel que sepa ver la ilusión de todo esto, será el próximo de nuestros sabios.

12) El super mestizaje, postmulataje o mestizajes "otros", se distingue del mestizaje clásico en varias cosas: a) ser postmestizo, no es ninguna virtud, ni bondad, ni garantía de llegar a ningún lado. No hay en ello deseos de liberar a una de las partes que lo componen. Es su modo de desconocer y al mismo tiempo de cohabitar con la diferencia. Es la unidad básica de un poder universal que lo constituye, lo refleja y lo crea y que tiene la capacidad de devolver todo para reimpulsarse; b) el super mestizaje no está compuesto de un dualismo, o triángulo si incluimos a los afrodescendientes, armónico, sino de un conjunto de capas en forma de palimpsesto, cuyo orden le llega del dominio de una de ellas sobre las demás; c) la capa dominante ejerce su hegemonía por la vía de la seducción y del menor esfuerzo audiovisual; d) la identidad y/o la alteridad ya no constituyen problemas para el postmestizo.Son al mismo tiempo una cosa y la otra y, de ser una búsqueda angustiosa, ha pasado a ser un fundamento; e) el eje de toda la acción de los supermestizos son estrategias subalternas o de dominados que son muy creativas frente a unos hegemónicos tan flexibles, mestizos y creadores como ellos.

Thursday, March 05, 2009

Tres reglas de oro del periodismo

ALGUNAS REGLAS DEL PERIODISMO

Por Freddy Quezada

Es un hecho: hay una repolarización en los medios de comunicación en Nicaragua. Estos son los momentos en que las universidades deben aprovechar para presentar salidas sensatas e incluyentes y colaborar en disminuir las tensiones. Y no es situándonos ridículamente en medio, como amables componedores, donde nos acribillarán moros y cristianos; ni por encima, como jueces infalibles, donde nos apedrearán todos; ni como tercer alternativa, que enmascarará la preferencia por uno de los bandos; ni como testigos de la repolarización; sino como bailarines en medio de la batalla, tensos, bien entrenados y sorprendentes. Aquí presentamos tres reglas del periodismo en general y del escrito en particular. No son las clásicas recomendaciones gramaticales y éticas que ya son lugares comunes. Se trata de reglas epistémicas, donde la verdad no es la resultante de una sumatoria de verdades relativas, ni una sinergia más allá de su suma, sino un sencillo efecto de poder.

1. Dudar de todas las fuentes. Este es un principio que no debe alarmar a nadie. Es el mismo de Descartes, Hume, Marx y de cualquier disciplina moderna que comprenda metodología de la investigación en su seno. Omnia dubitandum. Si yo fuera más radical la ampliaría a “desconfiar de todas la fuentes”. Aunque tal atrevimiento nos lleva directo a la pregunta autorreferente que disolvería en sí misma la pregunta librada a su propio peso: ¿si debo desconfiar de todos los puntos de vista, puedo desconfiar del mío? Esta regla la llamaremos duda epistémica, para diferenciarla de la duda metódica descartiana, la escéptica de Hume y la revolucionaria de Marx.

2. Incluir el máximo número de puntos de vista. Deben incluirse no sólo puntos de vistas cualesquiera sino, en especial, los opositores al dominante y al de uno mismo. No hay que buscar ningún punto medio, ni ningún equilibrio precario que, por efecto de la complejidad social, podría terminar en los lugares más inimaginables, como demostró Illya Prigogyne. Entre mayor sea el número de visiones, mejor será la calidad de la información. Debemos saber, sin embargo que, en los medios es casi imposible hacerlo, por el tiempo en que se deben publicar los puntos de vista. Incluir el mayor número puede retrasar la salida de un periódico, romper el tiempo televisivo destinado a un programa, consumir por una de las secciones todo el espacio radial de las demás, o en fin, desactualizar un tema. Y aquí no sólo tiene que ver el hecho de ganar en profundidad lo que perdemos en cobertura, o viceversa, sino el poder de imponer agendas de los dueños de los medios si son privados, o la línea política del partido gobernante, si son públicos. Esta regla la llamaremos, con todo, la democrática.

3. Luchar contra nuestro propio punto de vista. Esta es la regla más dolorosa que, sin embargo, cuenta con cierta belleza trágica, dado que la mayor parte de los periodistas la pierde, al sucumbir ante el poder de los agentes privados o públicos a los que sirve. Casi siempre, no obstante, se desarrollan juegos estratégicos entre subalternos y hegemónicos; entre periodistas, dueños de medios y políticos, donde todos se engañan, simulan, retroceden, traicionan, se hacen los héroes individuales, dicen sacrificarse redentoramente por los demás, se hacen los ofendidos, lloran, amenazan, adulan, se arrepienten, redoblan su agresividad, obedecen, sonríen, calumnian en voz baja, se callan, etc. Todo esto tiene que ver de modo directo con la objetividad, un principio exportado desde las ciencias naturales a las ciencias sociales. La objetividad, sin embargo, no existe. Los fenómenos sociales no se pueden explicar, sólo comprender. Lo que hay en las sociedades son intersubjertividades que se imponen unas a otras, según el poder del que nos narra las historias. De todas las reglas, quizás esta sea la más importante, porque en derrotar nuestro punto de vista -- incluso desde un “punto cero” de observación, como si no existiera un sitio (dónde) y una biografía (quién) desde el que lo hacemos --, estará nuestro triunfo. El Tao decía que no hay dominio más grande que el de vencerse a uno mismo y ni mayor éxito que vencer sin combatir.

Así, pues, las tres reglas se reducen a obrar con unos fundamentos de desconfianza epistémicos; a incluir el mayor número de sectores y a batallar contra nuestras propias certezas. A dudar, a incluir y a luchar contra uno mismo.

Tuesday, February 10, 2009

Escuelas "post" del Sur

ESCUELAS "POST" DEL SUR

Por Freddy Quezada

Presento estas notas sintéticas sobre las escuelas con más futuro en América Latina en los próximos lustros: los subalternistas, los postcoloniales y los descoloniales. Tendrán un impacto de profundidad en los estudios de comunicación y cultura que desde hace rato se vienen conjugando en los llamados Estudios Culturales y cuyos estudios más originales no son reconocidos por los mismos latinoamericanistas que dicen defenderlos.


Todas las corrientes “post”, por ser descendientes y tributarias del postmodernismo europeo, pero aclimatadas en el “sur”, son enemigas en grados diferente del eurocentrismo, cuya historia -- como dice Walter Mignolo -- gira alrededor de 8 lenguas imperiales, dos muertas (griego y latín) y seis vivas (tres renacentistas: italiano, castellano y portugués y tres ilustradas: alemán, francés e inglés) y cuya historia siempre viaja de Grecia a Francia y Alemania; y de Roma a Inglaterra y EEUU).

Tal eurocentrismo ve en América Latina y otros continentes, un área de “carencias” (herencia de criollos y mestizos castigados por haber nacido aquí) como dicen los postcoloniales, donde siempre nos hace falta algo, un “algo” (cultura, cristianismo, civilización, modernización, desarrollo, democracia, globalización y conexión) que sólo “ellos” tienen, estableciéndose una diferencia colonial epistémica, como bien dicen los descoloniales.

Los estudios sobre estos fenómenos, para el caso de América Latina, todavía no cuentan con el espesor debido. Ya traté de hablar de sus semejanzas y distinciones entre postcoloniales y descoloniales. La gran diferencia entre los tres, si sumamos a los subalternistas, es que estos y los descoloniales, se mueven en el terreno de las luchas sociales y, los postcoloniales, en los bordes entre esas luchas y la filosofía del lenguaje. Quizás a ello se deba que el primero y el tercero, no rompan la acción y los llamados liberadores que encierra todo proyecto emancipador y que, los postcoloniales, jueguen con ese lenguaje abstruso y juzguen las liberaciones de los oprimidos como estrategias textuales de intelectuales. Aquí trato de resumir sus características de más relieve, en menos palabras aún.

1. Los subalternistas anclan sus aspiraciones prometeicas en el número y las estrategias múltiples de los vencidos. En América latina, se les ha visto formar grupos, sobre todo en EEUU, a partir de la influencia que ejerció la escuela india de los Subaltern Studies, en especial la rama gramsciana que encabezó Guha y Chaterjee y, ahora, Aijaz Ahmad y Arif Dirlik. Están claros que hay que liberar a alguien, a los que ellos creen que han sufrido más que el resto del mundo. Se le pueden sumar, en la empresa, fragmentos y diferencias, sin importar tamaños y calidad, siempre y cuando sea contra el imperialismo o el Imperio, como lo hacen las nuevas corrientes (como la de Negri y Hardt), en lo que llaman multitudes o multitudes queers. Por la lógica de su esquema, lleno de acción liberadora, su campo son las luchas sociales y su especialidad las estrategias para desestabilizar al hegemónico. Son los que mejor han estudiado los paradigmas de la comunicación vinculados al poder y a la cultura, y en ello se han dado la mano con los viejos estudiosos del tema en el área como J. M Barbero, N. García Canclini y R. Ortiz.

2. A los postcoloniales no les interesa el número, ni la verdad, ni el sentido emancipatorio de los actores, sino el efecto de poder que producen los imaginarios de los colonizadores sobre los colonizados. También no caen en la trampa del dualismo colonizador/colonizado que hace morder de nuevo el horizonte de los eurocéntricos, que no rompen los subalternistas, tanto de la India como latinoamericanos, y descoloniales. Los postcoloniales hablan más bien de “terceros espacios”, de inbetween, de hibrideces, de como si, de mímicas. Desconocen el papel de intelectuales, expertos y salvadores. Su campo es una intersección fronteriza (como la llamó Bhabha) entre estrategias textuales y sociales, siendo sobre esta última, escépticos de horizontes prometeicos. Ellos, como el Ángel Exterminador, sólo ven la montaña de destrucción que los colonizadores han levantado frente a sus ojos, mezclándose todo, porque están de espaldas a un futuro que nadie puede ver.

3. Los decoloniales, antiguamente llamados por ellos mismos “postoccidentales” (especie de copia de los postcoloniales), volvieron a separar el esquema colonizador/colonizado que habían cerrado los postcoloniales. En cierto modo se separaron por un lado de los subalternistas, al rechazar a autores eurocéntricos (como Althusser, Gramsci, Foucault) pero volvieron a ellos (esta vez desde el campo epistémico) al mantener la separación, que ya habían efectuado los anticolonialistas clásicos (como Fanon y Cesaire), de colonizador/colonizado, recayendo en la emancipación de la que buscaban escapar. En la operación es inevitable, para que funcione el esquema en términos políticos, que se elijan actores cargados (por lo común minoritarios) de virtudes transmitidas por un sentido redentor de su sufrimiento. Contradictoriamente, emplean el pensamiento de frontera, aplicado por autoras “chicanas” de inspiración bahbiana, reconociendo las impurezas que, por otro lado, no están dispuestos a admitir cuando hablan de originarios y afroamericanos. La asimetría los hace desconocer a los “mestizos” dentro de los países latinoamericanos y a exagerar las purezas, en las que basan una inocencia a redimir epistémicamente, de grupos minoritarios. Muchas veces hacen hablar a los espacios (como si tuviera vida propia) por encima de los grupos que los componen. En esto le llevan ventaja los subalternistas, tanto indios como latinoamericanos que, sin dejar de reconocer el espacio, brindan más seriedad, sin admitir, por otro lado, su carácter de juego, a las estrategias de los subalternos. Como están en la fase publicitaria de su proyecto decolonizador, están abiertos a explorar nuevos campos y en ello la comunicación, espera su turno.


Contra cuatro polemistas

NO SE TRATA DE DISCURSOS, SINO DE CONTROLES

Por Freddy Quezada
(Contra cuatro polemistas)

Molotera”, es un viejo juego infantil donde los niños, primero lenta e individual y después colectiva y desordenadamente, se lanzaban encima unos de otros hasta terminar haciendo una pirámide humana, sufriendo el primero el peso de todos y gozando, el último, que los sabía debajo de él.

Ver la polémica que inició Andrés Pérez Baltodano (APB) contra Jorge Eduardo Arellano (JEA), me abrió los recuerdos sobre tal pasatiempo y ahora me encuentro en la alegría de no haber sido el primero y la incertidumbre de preguntarme si seré el último.

Al principio de la polémica, creí que era una rivalidad, no entre dos intelectuales nicaragüenses, sino entre dos disciplinas rencorosas y envidiosas entre sí: la historia y la sociología; el cronos y el logos europeos. Pensé que Andrés Pérez llevaba razón contra Jorge Eduardo, quizás por la misma profesión que compartimos y además, que no se dejó provocar por Carlos Midence, ya que esa polémica cae fuera de los cánones eurocentrados; que se preparaba a conciencia para responder con apoyo bibliográfico de primera mano y actualizado. O bien, decidió ignorar a Midence y centrarse sólo en un antagonista. Vaya uno a saber las estrategias de un polemista en marcha.

A uno de ellos, que pidió mi opinión, pues los conozco a todos, le dije que sólo intervendría si alguien más se integraba. Mientras, giraba en mi cabeza la idea de quién sería la última pieza que faltaba del rompecabezas para decidirme, cuando en eso, escribió Fernando Bárcenas, el marxista irredento que llegó a la fiesta de Andrés Pérez. Y es hasta ese momento, que me animé a decir lo que pienso. Mi punto de vista sobre este asunto, procuraré simplificarlo para ganarme el agradecimiento de los que lo ven confuso:


ANDRÉS PÉREZ BALTODANO: Es un seguidor de Max Weber que se rige por normas y consensos perfectos y abstractos, como un metro con el que se anda por el mundo, para ver si nuestras sociedades postcoloniales, al ser medidas por él, se ajustan o no a la norma euro-norteamericana. Es una promesa desde arriba: normas universales.


JORGE EDUARDO ARELLANO: Es un conservador que, con el mismo metro que usa su adversario, busca la perfección del primus inter pares, sólo que en el pasado y en cadáveres concretos, como el de Vicente Cuadra. Es una promesa hacia atrás: modelos del pasado.



CARLOS MIDENCE: Es un decolonial, que cree en las virtudes de la diferencia y que sólo por ser “otras” se asignan a sí mismas el derecho de redimir a los demás en función de la cantidad de sufrimiento infligido por los colonizadores. Es una promesa al de al lado: modelos etnográficos.



FERNANDO BÁRCENAS: Es un marxista que promete el aburrido cielo que todos esperan en un futuro proletario que, al parecer, sólo él conoce y cada cierto tiempo corre a la página de opinión de END para traernos noticias de ese reino. Es una promesa hacia adelante: modelo proletario.


FREDDY QUEZADA: Es un anarquista al que no le interesa lo que separa a todos los polemistas entre sí (véase un buen resumen de Castro Jo para los interesados). Le da lo mismo que terminen matándose a pañuelazos con bibliografías ajenas o terminen desnudos haciendo el “trencito” en las playas de Cancún, indiferente si desean o no convertirlo en círculo, para igualar placeres. Le interesa lo que les une a todos: unas normas, una nostalgia, un discurso alternativo y unos actores prometeicos. Desea continuar lo que ya hicieron en su momento para regularse entre ellos en sus pequeños círculos, los conservadores con el sistema primus inter pares; contra sus propios iguales dentro de los estados burgueses, Montesquieu, separando los poderes; los anarquistas, protegiéndose con medidas sencillas de sus propios dirigentes en la Comuna de París en 1870; y los iroqueses, con procedimientos que plagiaron incluso los fundadores de los EEUU para su propia constitución, desconfiando de sus jefes.

No se trata de promesas, distinguidos polemistas, sino de garantías; no de tipos de discursos, amigos, sino de sistemas de controles; no de creer, carajo, sino de asegurarse el culo; no de utopías, jodido, sino de sistemas de defensa; no de contratos entre las partes, sino de penalizaciones a los dirigentes que nos traicionen; no se trata de esperanzas, sino de desconfianzas sanas; no de sueños, sino de precauciones. Ninguna promesa: sólo controles.

Saturday, December 13, 2008

Hagan sus apuestas, señores

HAGAN SUS APUESTAS, SEÑORES
Por Freddy Quezada


La política es, sobre todo, un juego; también puede verse como un arte. El ajedrez une ambas pasiones. Siempre he experimentado la sensación que la norma y el cálculo, el deber y el ser, juegan eternamente en el tablero de la democracia. Como si a un lado estuviera Montesquieu, moviendo una pieza, y del otro, Maquiavelo estudiando la siguiente jugada. Quien la vea de otro modo, la convierte en ética, religión, ciencia y sistema.

Para quienes no la miran como un juego, están las páginas de opinión de los periódicos físicos o electrónicos, los programas televisivos y radiales, si lo que desean es descargar sus lamentos, quejas, furias, descontentos, maldiciones, pronósticos y especulaciones o bien, celebrar sus victorias y aturdir de explicaciones a los adversarios que reclaman derechos violados. A favor o en contra de llorones de clase media o de bárbaros populistas; de la hipocresía sensiblera mestiza o de la violencia de los tonton macoutes, es como nos la pasamos cuando la situación política de Nicaragua, nos ofrece sus espectáculos más rudos. Pero se puede ver de otra manera.

En Nicaragua, las cosas se pueden ver también como un juego político, donde alguien que ganó un día, al siguiente se convierte en perdedor; o, simultáneamente, ganan en un lado y pierden en otro; o, más fascinante aún, reconocemos que dentro de todo Maquiavelo hay un Montesquieu y viceversa. El ejemplo más vivo es la censura del INC a Sergio Ramírez (de quien se están aprovechando los jóvenes artistas para descanonizarlo) y quien, al parecer, saldrá ganando más prestigio con la operación, lo que debiera agradecérselo al gobierno, sobre el verdadero censurado por todos los actores: Carlos Martínez Rivas.

Los espectadores de cualquier deporte no son objetivos para nada, al contrario, son los más fanáticos del mundo cuando han optado ya por un equipo, pero muchas veces cuando una gran cantidad de ellos no tienen un equipo favorito, prefieren al débil por el puro placer de gozar de un juego equilibrado, donde las reglas se respeten, los árbitros sean realmente imparciales y justos y se imponga el más hábil e inteligente. Es disfrutar del juego por el juego mismo. Pero no hay que confundir nuestros deseos con la realidad, aunque aquellos muchas veces crean a esta, quien, a su vez, los destruye.

En tres pisos, podemos observar la relación de fuerzas reales, sin entrar en escándalos éticos tomistas (del bien común traicionado) o en móviles ocultos (totalitarismos o imperialismos al acecho) que dejamos para historiadores y biógrafos, para ciudadanos ingenuos y calculadores de segunda. Veamos los pisos, en el tablero.

Por abajo: desde el 9 de noviembre el FSLN, es el dueño de las calles. Nadie, hasta el momento, les mete las manos. Bueno o malo, noble o perverso (eso se lo dejamos a las monjitas, a los curas, a los notables y a los analistas), lo cierto es que la oposición y buena parte de la población civil, está atemorizada. Es un hecho, por abajo el FSLN gana: 1 a 0.

Por arriba: El FSLN ha sido derrotado hasta el momento en la arena internacional. Desde que en la OEA sus funcionarios no cabildearon y resultaron con una derrota diplomática tan fuerte, no obtuvo apoyos significativos, ni siquiera en algunos de los países tenidos como aliados (Bolivia, Ecuador), el FSLN perdió puntos. Y sigue perdiéndolo en otros terrenos; el retiro de la ayuda de buena parte de países europeos, amenazas de suspensión de la CRM, DR CAFTA, etc., por parte de los EEUU, quien sigue maquinando en este piso. Otro hecho, por arriba el FSLN pierde: 0 a 1.

Por dentro: El FSLN está paralizado. Al menos en el seno de la Asamblea legislativa, donde no cuenta con el voto 47, para aprobar agendas y préstamos de su parte o anular las elecciones, de la parte contraria. No sabemos el desenlace. Hecho número tres, por dentro hay empate: 0 a 0.

Cada piso es fluido, pues cada uno de ellos cuenta con una resistencia que puede remontar el marcador.

La oposición por abajo (que ya cuenta por su lado con el apoyo de los medios de comunicación de mayor cobertura, ONG´s, notables, muchos intelectuales, apoyo de la Iglesia Católica, el COSEP y algunas embajadas de Europa y EEUU) puja por romper el temor y la apatía para ganar la calle con tímidos sectores medios y llamar a referendos.

Por arriba, el FSLN busca ponerse a cubierto en tratativas regionales como el Grupo de Río, ALBA, la presidencia de organismos centroamericanos y maniobra a nivel internacional con Rusia, para disminuir la ofensiva contra él, mientras espera la nueva actitud de Barack Obama.

Por dentro, el FSLN (que ya cuenta con tres poderes del Estado, en sus manos), busca el favor explícito del ejército y la policía, clave para especular en términos de fuerza, ante las resistencias de los adversarios, en cualquiera de los niveles.

Es una lástima que, para ilustrar la narración de este juego, ya no podamos contar con la colaboración de Enrique Armas, quien se decidió por un equipo, ni con la de Edgard Tijerino, quien ha decido callar sus locuciones políticas, por temor a verse perjudicado, actitud tan contraria a Víctor Jara quien, con las manos cortadas ante su verdugo, que le pedía cantar, le gritó: “a ver compañeros, démosle gusto al señor”. .. y a la señora.

Thursday, October 30, 2008

El derecho al silencio

EL DERECHO AL SILENCIO

Por Freddy Quezada

“Tiene derecho a guardar silencio o todo lo que diga puede ser usado en su contra”, se dice en series y películas policíacas norteamericanas y, siempre me asombro cuando el prisionero, no importa lo violento que viene de ser, obedece y calla. Toda persona casada, sabe lo que tal principio significa, cuando confiesa sus secretos al cónyuge, en momentos de armonía y, se maldice, cuando se le vuelve en contra, en momentos de conflicto. Ahora que sandinistas y exsandinistas, por ejemplo, se acusan mutuamente, uno disfruta de la verdad, aunque venga envuelta en cianuro, por ambos lados. Por lo visto, la verdad sólo la podemos conocer cuando se divide. Uno es esclavo de lo que dice, en efecto, y dueño de lo que calla.

Charles Baudelaire, el inventor moderno de lo “nuevo”, solía decir, “me gusta lo que no ha de verse dos veces”. En esos chispazos que las culturas producen como un relámpago, pocos advirtieron la sabiduría de este artista. Al contrario de lo que decía el poeta, sólo se pueden ver dos veces las cosas y las personas, si lo que nos interesa es hacerla distintas de otras, jeraquizarlas con respecto a otras o mantenerlas en la memoria, para buscar otras como ellas y anular su carácter insólito. Todas esas perversiones de lo nuevo como un “afuera”, lo hacen ahora tres poderosas máquina de las que hablaremos más adelante.

Muchos intelectuales dicen que no hay un “afuera” de la globalización, como casi todos los autores coinciden, a favor (desde Fukuyama hasta Stiglitz), crítica (desde Habermas hasta Baumann) o alternativa (desde Wallernstein hasta Negri), todos dicen que estamos dentro. Y los que creen que sí hay exterioridades (desde Escobar hasta Grossfoguel), le llaman “afuera” a “otras” culturas, pero no a lo “nuevo”, base de los esquemas de cambio, desarrollo y ascenso, que vienen de ser sepultados por el paradigma postmoderno, postcolonial y decolonial de la diferencia. Es, pues, el espacio (diferencia) contra el tiempo (novedad). Sin embargo, el verdadero “afuera” de la realidad global, es la novedad, pero no la moderna, la temporal, sino la incapturable, la fugitiva, la que captamos con atención, sin memoria, cuando estamos frente a ella. Lo nuevo es incapturable. Mantenerlo “afuera”, desenchufado de las máquinas de poder, es una estrategia subalterna que perfila a los nuevos sujetos como “desconectados” en sus nomadismos urbanos y en sus “esencialismos” estratégicos (Spivak).


Boris Groys (2005), con su concepción que lo nuevo en arte, lo dicta el museo porque es el que prohíbe la reproducción afuera; Michel Foucault (1980) con su revelación acerca del poder de los archivos y su uso discrecional en las luchas entre científicos, políticos y críticos; y Jiddu Krishnamurti (1995) señalando a la memoria, y al pensamiento que es lo mismo para él, como los responsables que nos impiden ver lo nuevo en su originalidad, los tres, nos han alertado, cada cual a su manera y desde sus perspectivas, sobre cómo lo “nuevo” lo convierten en colección, archivo y pensamiento. En diferencia, jerarquía y memoria.

Lo “nuevo” nos necesita siempre para poner a prueba una inteligencia que todos tenemos y que sólo lo nuevo puede colaborar en su fortalecimiento. El que no aprende es el que sabrá qué hacer. Hace poco un científico definía la inteligencia exactamente de ese modo: “es lo que uno hace cuando uno no sabe qué hacer”. Y, precisamente, lo único ante lo que uno no sabe qué hacer, es ante lo nuevo. Lo demás sólo sirve para controlarnos.

La sociedad contemporánea sea metropolitana o colonial, combina todos los modos de sujeción, y en la que es vital la complicidad de los que monopolizan el conocimiento. Desde la represión más abierta hasta el control más discreto, pasando por regímenes discliplinarios de verdad y discurso, el poder y los intelectuales, a favor o en contra de ellos mismos, no importa, reparten todas sus estrategias en tres máquinas que son uno y trino: el museo, el archivo y el pensamiento. Todas al servicio de ubicar, describir, separar, juzgar y controlar a todos, incluyendo a los tenedores de ellas.

Por favor, fíjense bien en la paradoja que emplearé a continuación. Todo lo que he dicho hasta aquí no es cierto; pero teníamos que usar el blog del END como medio para decirlo, porque sabemos que pasará al archivo y logrará distinguirse de los millones de documentos que contiene. Ha sido dicho así, para desconcertar a las máquinas de poder al hacerles archivar “algo” e indicarle que nos estamos burlando de Google, el archivo de los archivos, por ejemplo. Que nos resistimos a entrar en el museo de reglas (la sociedad), del que habla Groys, vagabundeando en el desierto, para que los amos no nos “distingan” de otros contenidos, o para que la memoria, una vez más, no nos mire porque siempre vigila desde el pasado. Lo “verdadero”, pues, no lo he querido decir y sólo lo conocen, como en el cuento de Balzac, 13 personas, que han decidido no hacerlo circular por ningún medio y guardarlo como un destornillador subalterno, con el que desarmaremos a las tres máquinas, para humillarlas con nuestro silencio estratégico.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Groys, Boris (2005) Sobre lo Nuevo. Ensayo De Una Economía Cultural. Pre-textos. Valencia.

Foucault, Michel (1980) Microfísica del poder. Madrid: Ediciones de La Piqueta.

Krishnamurti, Jiddu (1995) Sobre la Mente y el Pensamiento. Kairós Barcelona.

Saturday, October 04, 2008

Crítica y Emancipación

CRÍTICA Y EMANCIPACIÓN

Por Freddy Quezada

No hace mucho, hice un trabajo en clave de humor sobre la crítica y la utopía, ilustrado con aquella figura de Marilyn Monroe donde trata de bajarse la falda ante un viento indiscreto. Lancé al aire cuatro consideraciones. Hoy rebajaré un grado el humor empleado entonces, visto que el cambio de Utopía a Emancipación no representa un gran giro y me faculta para decir casi lo mismo.

Ha salido el primer número de Crítica y Emancipación, revista de la CLACSO que continúa la tradición inaugurada por Crítica y Utopía, su vieja revista, aquella de los tiempos guerrilleros y de los intelectuales comprometidos. Cómo es la vida ¿no? Todo lo que presenta en positivo el editorialista en su bienvenida al primer número, yo lo presentaré en negativo a partir del nombre mismo. Nada más atrevido.

Tómese como un juego, pero no como crítica, ofensa, insulto o burla. También puede considerarse como admiración: después de tantas derrotas y evidencias en contra de sueños y soñadores, estos intelectuales siguen insistiendo con imaginación, creatividad y tesón en unas ilusiones colectivas que, otros colegas suyos, observan con desconfianza y donde ya empiezan a sospechar que el mal no está fuera de ellos, sino en ellos mismos.

Los nuevos tiempos, de seguro prontamente conocidos como postneoliberalismo, después del derrumbe de Wall Street, el equivalente a la caída del Muro de Berlín, parece haberle señalado a los autores de la revista, que sólo necesitan el cambio de un sinónimo por otro: de Utopía (el viejo seudónimo medieval de la salvación religiosa) a Emancipación, vieja máscara moderna, también, de la liberación de las víctimas de cualquier tipo. Se mantiene intacta, es de recibo agradecer, la crítica pero sólo al presente, reconstruyendo desde ahí el pasado (que ya incluye a aborígenes, afrodescendientes y emigrantes) y seguir imaginando el futuro. No es mucho, pero de algo tienen que vivir los intelectuales de nuestro tiempo, sobre todo los que encabezan organismos académicos e investigativos internacionales.

Se ha debilitado el neoliberalismo, el paradigma del éxito, enhorabuena, pero no olvidemos que aún subsiste su gemelo enemigo, el paradigma de la diferencia, que corre, desde hace rato, por las venas de sus críticos revolucionarios y cuyo veneno paradójicamente ya circula en la misma sangre de quienes lo condenan ¿Cómo ganarle a un enemigo que nos hizo creer a todos en la lógica del vencedor, si derrotarlo es darle la razón; y cómo negarle un derecho a “su” diferencia, si fue la que mantuvo sobreviviendo a sus adversarios?

Los conceptos son simplificaciones de la infinita variedad y movimiento de diferencias que tiene el mundo. Es imposible dar cuenta de todas las variedades con una sola definición. No tenemos más remedio que reconocer su carácter arbitrario y poderial. Pensar, pues, es matar las diferencias. Y verlas en su infinitud, como se puede hacer ahora a través de los fractales de Mandelbrot, a contrariu sensu, es no pensar, tal como le pasaba a Funes el memorioso, en el cuento de Jorge Luis Borges.

Por cierto, Funes podía reconstruir, a punta de ver diferencias, si mal no recuerdo, todo un día, en dos. Ese plus (exceso de habla), ese desbordamiento de un día en dos o tres, a base de diferencias, se parece mucho a lo que hacen hoy las escuelas contemporáneas del pensamiento (desde el postmodernismo hasta los decoloniales, pasando por el marxismo abierto). Han descubierto la diferencia como derecho y como jerarquía, juzgando a aquel, como deseable, y a esta, como enemiga. La diferencia de esa diferencia es que no los paraliza, como a Funes, sino que los excita con nuevas narrativas melodramáticas, como las llama Nirmal Puwar.

Todo, pues, se transforma en una simulación del pensamiento, porque es un simulacro de vuelo, de despegue de lo real, que es exactamente lo que hacen los intelectuales. Separan al observador de lo observado por medio de la conciencia, perdiendo con la operación, lo que después se afanan en buscar y no se saben los responsables de una pérdida que, al problematizarla con la crítica, les justifica su oficio prometeico.

Hoy las escuelas de pensamiento, están más preocupadas por presentarse como "diferentes" que como "nuevas", aunque la diferencia de esa diferencia no sea ni nueva ni diferente, porque ambas provienen, no solo de un tiempo eurocéntrico una, o del espacio postcolonial las otras, sino de un mismo punto de vista intelectual, todas.
Cada cosa nueva, el archivo, el registro y la escritura, tal como el museo con las artes, según Groys, lo convierten en diferente. Un paradigma es igual a otro en su diferencia, incluso el que habla de que hay una relación de poder entre ellos. Pero cuando lo “nuevo” se hace pasar por “diferente”, lo que está haciendo es presentándose como el archivo mismo, que reúne en su seno todas las diferencias, al convertir todo lo nuevo en diferente. Hay una traducción del tiempo en espacio. Es lógico que se llame a una coexistencia, pero no a una ruptura que es del orden de lo nuevo. Lo nuevo sigue siendo desconocido, fuera de la memoria, el pensamiento, el archivo. Lo mejor en consecuencia es callar, porque lo real, lo siempre nuevo, no tiene referencia más que en sí mismo y no necesita de archivos y "novedades" para su captura.

Los decoloniales creen que el "Ojo de Dios", el punto de vista desde la eternidad, es exclusivo de los eurocéntricos y creen que un punto de vista diferente lo resuelve un locus espacial subalterno, cuando de lo que se trata es de la borradura de los propios intelectuales, sean de donde sean.

Tales autores se desgarran entre decididir si hay algo totalmente "diferente" fuera de la globalización (y declararlo puro e inocente) y al cual nadie (o sólo algunos intelectuales "lúcidos" que no quieren decir cómo lo lograron) pueden aproximarse para comprenderlo y medir su cantidad de dolor y fabricarles una redención. O si lo que existen son combinaciones fronterizas (Anzaldúa), híbridas (Canclini) e intersticiales (Bahba) que imponen juegos que, tomados en serio se convierten en mortales, convirtiendo el pensamiento en lo que siempre ha sido: estrategia, agonística.

Desde Descartes sabemos que se critica sólo lo que se considera problema. Lo que no es problema, no es digno de ser pensado, decía Heidegger. Hasta ahora el pensamiento siempre se ha considerado a sí mismo como la solución de todo tipo de problemas. Estamos todavia a la espera de hacer del pensamiento precisamente un problema y aplicarse a sí mismo sus propios procedimientos. Un poco como Godel aplicó los fundamentos matemáticos para "demostrar" la indemostrabilidad de los fundamentos matemáticos.

El problema de todo intelectual moderno es el presente. No le gusta, le molesta, quiere trascenderlo, esta es su parentela con los dioses; no sólo viven fuera del tiempo, sino también de “su” tiempo, juzgándolo desde los fines que ellos mismos se inventan.

Mejor lo ejemplifico con el cuento de Jorge Luis Borges, “Funes el memorioso”, para darme a explicar:

A) Funes es “ellos” (no intelectuales) cuando coincide su cobertura de las diferencias en un día; es el mapa igual al territorio, hay una relación sencilla de 1 a 1 (todos piensan y todos ven diferencias o semejanzas y no se sienten especiales por ello), y no es que no hablen los subalternos, o que no los escuchen los hegemónicos, si no que se escuchan entre ellos sin mediaciones de un pensamiento que no lo separan de sí mismos.

B) Funes somos “nosotros” (intelectuales) cuando desbordamos el día y el mapa empieza a tener más importancia que el territorio, al que empieza a dominar.

C) Pero, un tercer momento no debe hacernos olvidar que Funes es una criatura de Borges, y este una ficción de sí mismo con la complicidad de canonizadores y críticos. Borges, también, es un malentendido, tal como él mismo se decía, y también un “otro” en dos tiempos y en dos espacios, como lo refiere en sus cuentos donde se encuentra el Borges joven con el Borges viejo. Borges, pues, es la suma de todos ellos (donde ya estamos nosotros). Además, desde luego, del real. El Borges real es esa brecha intersticial de la relación uno a uno (1:1), mapa = territorio, como en los filamentos de los fractales, que se encuentra la misma figura en todos los sitios y que no conoceremos más, por mucho que profundicemos, porque ha sido conocido desde el primero. ¿Complejo? Sí.

Otro modo de decirlo: Todo se parece a la película “Los crímenes de Oxford” donde el perseguidor del responsable que desencadena unos asesinatos en serie es él mismo, sin saberlo, como si la mariposa de la “teoría del caos” que provoca el huracán en New York, fuera hasta esa ciudad a averiguar quién ocasionó el desastre. Y paren, por favor, el maldito tren que quiero bajarme.


Los conceptos, esa unidad representable, ese valor de cambio, de los intelectuales, si no han podido reflejar las diferencias a riesgo de anularse, mucho menos que simule el movimiento, como si lo ha hecho la imagen primero, al menos en uno de sus momentos, y la imagen móvil, después, en todos ellos, pero sólo como serie de una posibilidad que se muestra cerrada y finita, cuando todos sabemos que es lo contrario: abierta, infinita y autopoietica, en sus combinaciones y variedades.

El intelectual moderno (sobre todo el que cree en los cambios) lo que mejor conoce y ha perfeccionado es la crítica. Pero necesita una pareja, y esta es el salto, el sentido, el destino de la flecha que el arquero disparará y sólo puede ser un sitio que se presente como la desembocadura de algo que los demás intuyan, pero que les sea reservado en exclusiva, sólo a ellos. Tal sitio empezó siendo un no sitio: la utopía, sucedánea del cielo, luego le siguió la emancipación en la historia, dentro del lenguaje, desde la pureza de la alteridad, o desde la inocencia de la subalternidad, etc. Cualquier cosa, con tal de no ver el maldito presente.

Así, pues, esta pareja (ser crítico y deber ser emancipador) está indisolublemente unida por una misma lógica y un vínculo que al mismo tiempo que las une las separa: la acción.

Sin embargo, no se puede criticar por criticar (a menos que se haga desde un segundo piso, como yo en este momento, criticando a los críticos y emancipándome de los emancipadores para que, en el siguiente piso, otros hagan lo mismo conmigo, en una regresión infinita[i]), ni tampoco actuar por actuar, en nombre de salvarnos para cualquier causa.

Aquellos siguen siendo charlatanes, aunque ahora no lo hagan desde cafetines, sino desde Universidades, ONG’s y Centros de Investigación; y los otros, continúan siendo los activistas que necesitan de una capa de intelectuales (aunque nazcan dentro de ellos mismos) que les presenten de modo nítido y profundo sus propias aspiraciones. Este es el modo en que los intelectuales explican la separación de los dos conceptos y critican a los críticos, por un lado, y a los activistas, por el otro. Es una manera de situarse en el centro de todo.

Digo que la crítica sólo se hace a un presente que duele, está torcido y se debe corregir por medio del paradigma de la justicia y la defensa de los demás. Es el ser al que no tenemos la valentía de mirar de frente y no juzgarlo. La crítica sistemática, metódica, integral, científica, histórica, epistémica, sólo se hace al presente, y por parte de un grupo selecto. Cuando se le hace al pasado, se le hace desde ese mismo presente que, además, están redimiendo con un mañana: su lugar favorito. Es un no lugar, un u topos, muy parecido al que ocupan cuando reflexionan y esconden su vida personal que, se sabe desde Platón, no la necesitan para hablar, porque ellos siempre hablan desde lo más parecido a la eternidad, que es la teoría.

Pero, en sus astucias de la razón, también hacen lo contrario, hablan desde lugares específicos, al mismo tiempo que simulan anclarse en él y seguir teorizando desde su única patria: la universidad y su pasaporte de visa múltiple: la escritura. Cada crítica de unos intelectuales a otros, es como una capa de cebolla que cree que está avanzando hacia un núcleo y no puede ver que "no puede ver", tal como lo hizo su predecesora y lo hará su sucesora.

Nadie odia más al presente, que quienes huyen de él todos los días. Y la más bella de las huidas, así como la cobardía más elegante, es la de pensar y crear, creyendo que sólo un grupito lo puede hacer. Pero en verdad, todos somos intelectuales, la diferencia es que unos cobran por eso y la mayoría, no.

Lo “otro”, correlativo y complementario, de este escape del presente, es la emancipación. Como no nos gusta el maldito presente con todas sus criaturas, que las imaginamos dentro de un universo de víctimas y verdugos, buscamos el reposo de todos y de nosotros mismos, para recompensarnos el sacrificio de ser visionarios y primeros, en descubrir el bálsamo para las heridas, en la promesa, en el mañana, donde todos seremos libres, iguales y respetuosos de nuestras diferencias.

Los intelectuales han monopolizado el pensamiento en su exclusivo provecho. Las personas no intelectuales tienen mil modos (todos ricos, vivos y muy jugosos) de “criticar” a esos mismos enemigos que abstraen los intelectuales: mienten, traicionan, se hacen los tontos, se callan mientras pasa la tormenta, critican por la espalda, simulan, no entienden ni papa pero hacen como si, son indiferentes, serviles, ingenuos, heroicos contra el sistema cuando se deciden, etc, etc, etc. Dentro de un concierto así, la crítica intelectual de cualquier tipo, sólo sería un modo, ni el más importante ni el mejor, entre otros.

Resumo lo que quise decir:

1) La crítica de la crítica, y a su vez el riesgo que se vuelva autorreferente, se resuelve relativizándola. Hay que decirlo sin miedo: la crítica es un instrumento exclusivo de intelectuales y no es el único ni el mejor, sino uno cualquiera, para enfrentar o coexistir con un sistema considerado enemigo o indiferente, pero poderoso.

2) Sólo se puede juzgar a los intelectuales, observando que ellos hablan por los demás para liberarlos de algo, haciéndolos, a su vez, un objeto de estudio específico, como ellos hacen con los subalternos.

3) Digamos que se acepta, provisionalmente, esta crítica de segundo piso (alguien la objetará desde un tercero o la devolverá desde el primero)[ii]. Es seguro que le seguirá la pregunta típica de esta manera de pensar: ¿cuál es la alternativa que se propone? Respondo seriamente: jugar.

Hice alusión, en un punto de este texto, a que pertenezco, un poco como Gödel frente a Russell, a una especie de meta- metalenguaje que se sirve del meta lenguaje, como él se sirve del lenguaje objeto, y los resultados que se obtienen son paradójicos, indecidibles, de tal manera que debo terminar preguntándome ¿quién reconvendrá al crítico de los críticos y quién se librará del emancipador de los emancipadores? Por lo pronto, mi compañera, de seguro, quien no tardará en señalar mi mal lavado de trastos y en garantizarme una separación segura, si esta noche no observo con ardor mis deberes conyugales.

BIBLIOGRAFIA

Tomasini, Alejandro (2006) Filosofía y Matemáticas. Plaza y Valdés. México. D.F.




1“Desde el Tractatus, Wittgenstein había defendido la idea que la autorreferencia se produce cuando una función funge también como su propio argumento. Gödel hace ver que hay juegos simbólicos en donde esta limitante no vale y que cuando se pasa del lenguaje objeto al meta-metalenguaje la autorreferencia es posible. ¿Refuta Gödel a Wittgenstein?” (Tomasini, 2006: 38)

2 Las paradojas, según Russell, “surgen porque al hablar de una totalidad se incluye a esta dentro de sí misma como si fuera un elemento más. Así, la totalidad resulta ser simultáneamente tanto una totalidad como un elemento de dicha totalidad (…) Naturalmente cuando así procedemos lo que construimos no es una proposición sino un sinsentido” (Tomasini, 2006: 22). Gödel “demostró” que no es así.


Wednesday, September 24, 2008

Comentario a la obra "Cuánto Cuento"

DEL CREADOR, SUS CRIATURAS Y SUS EVENTOS
(Comentario a Cuánto Cuento)

Por Freddy Quezada

Empezaré diciendo que no puedo hacer ninguna crítica literaria sobre esta obra, en principio por no ser mi especialidad y, además, creo que lo fundamental ha sido dicho por Roberto Aguilar en el prólogo. Pero sí deseo contribuir en el campo epistémico: la relación entre el creador y sus criaturas (como universo propio) y entre estas últimas con la realidad.

La historia y la narración tienen una estructura parecida, ya advertida por Paul Ricoeur, fundamentada en Aristóteles. Ambas se basan en el sentido que le brindan sus creadores y se construyen como tramas argumentales con un origen, un destino y unos acontecimientos dramáticos.

Para el caso de la narración, son los artistas en general y los narradores en particular los que dotan de sentido a todas sus criaturas. En la historia, son los intelectuales en general, y los filósofos en particular, quienes señalan el camino por donde todos debemos avanzar y el drama de quienes se oponen a ese horizonte. La narración y la Historia, coinciden en poseer un sentido brindado por el creador en el caso de esta, o el punto de vista dominante del enfoque histórico, en el caso de aquella.

Tomaré, para lo que quiero decir, un cuento en particular “El rito del silencio”. Roberto habló del bosque, permítanme a mí, ahora, hablar del árbol. Previamente, debo distinguir un evento de un suceso.

Un evento es un hecho de la realidad cotidiana que vivimos todos. Un suceso, es el mismo evento inscrito en las coordenadas de un relato que puede estar a manos de artistas o intelectuales. Si el evento se desfigura totalmente, estaremos en presencia de los primeros y si guarda aún características empíricas verificables por medio de pruebas documentales y rigores causales, estaremos entre los segundos.

Para que un evento se convierta en suceso, decía Sartre, es necesario y suficiente contarlo. Pero ya en el terreno de la narración, un suceso debe responder a sus reglas. Y la primera de ellas, como decía Darío, es la de crear, es decir, inventar criaturas.

En “El Rito del Silencio” hay dos hombres que se han encontrado en la vida desde siempre y, a pesar de que se reconocen con la sola mirada, nunca se saludan, hasta que uno de ellos muere y el primer saludo, será el último. Es una especie de despedida, más que entre dos amigos, de un evento que se transforma en creación y que abandona el nicho de la cotidianidad evanescente, inasible, impresentable, fugitiva… y vuela.

Pero hay que pagar la deuda que, al cerrar la estructura de cualquier narración, contraemos al perder la belleza de lo real de un evento, que no podemos perseguir, encerrar o transformar a fuerza de una imaginación pura. El hombre muerto en el cuento, en la realidad, no ha muerto. Existe y vive. Así que son dos personas: una creada y otra real. Nadie sabe quién es, qué hace y qué piensa esta última; no les importa a los creadores.

El creado y el real, de ningún modo pueden coincidir, porque no tendría sentido el oficio del creador/intelectual (el territorio coincidiría con el mapa), por un lado; y por el otro, el real seguiría siendo lo que es (el territorio seguiría siendo igual a sí mismo) y en la gran mayoría de los casos, ni siquiera se enteraría de la desaparición de los creadores.

La ruptura del silencio de los dos hombres, que se paga con la muerte de uno de ellos, rompe el encanto y el misterio guardado hasta el último momento.

Es ese misterio de lo real, que no puede ser señalado, ni siquiera con el auxilio del dedo adánico ocupado por García Márquez, para señalar las rocas de Macondo, cuando las comparó con grandes huevos prehistóricos. Todo lo real se mueve en el instante siguiente, arrastrando consigo su pequeño universo fractal y autopoietico, para cambiar, una y otra vez, cada segundo y detenerse eternamente en cada uno de los momentos. Tal paradoja es una ilusión aterradora y un caos inaudito, que no pueden soportar unos creadores amantes de la armonía, así como del orden y la obediencia a las reglas.

Un rostro real, sin duda, es más bello que todas las pinturas juntas del mundo y de seguro, los no intelectuales, puestos a elegir en medio de las llamas de su casa, si rescatar a su perro o a su biblioteca, muy posiblemente salvarían a su mascota. No desconozco los méritos de la creación, sino que devuelvo algo de dignidad a lo real, como ese silencio místico de estos dos conocidos que los mantuvo unidos, antes del desastre de saludarse, y ser capturados por el creador, en una representación que destroza toda esa magia y lo simplifica para provocar un efecto estético.

La violación de un silencio llegado de lo real, en nombre de inventar o descubrir su secreto, ejerce su propia vacuidad, y así se protege, coincidiendo con el propio vacío que ya contiene la violencia misma de la representación. Busca "afuera" lo que ya tiene dentro, como medio, para hacerlo.

Los artistas y los intelectuales no pueden ni quieren conocer, si no es a través de sus propias mediaciones, a las personas de carne y hueso, que les sirven de base, alimento y barro. ¿Será por eso que no pueden conocerlas? ¿Y por eso viven escapando de ellas a través de ficcionarlas dentro de una burbuja, que empujan desde dentro, para ilusionarse con un avance o un goce? ¿Cómo se llega a descubrir esto?

Creo que situándose en un punto de vista de segundo orden, donde intelectuales y artistas son vistos como un grupo social que comparte ciertos rasgos identitarios (todos quieren representar “algo” o a “alguien” y todos quieren salvarnos por medio de la emancipación o la belleza) y cuyos frutos son, así como ellos mismos hacen con los seres reales, tomados como la materia prima y el barro para los observadores de segundo piso, de tal manera que cada obra que producen, será inscrita en otro conjunto de reglas narrativas, donde los creadores serán, esta vez, las criaturas.

Los que nos creemos en un segundo observatorio, tenemos que estar claros, a su vez, de ser objetos de un tercero y, así sucesivamente, hasta que uno de los niveles superiores tenga la humildad de reconocer la inutilidad de un vuelo que ya está contenido, por entero, en el primero. En otras palabras, el todo estará siempre en cada una de las partes.

No está en los creadores conocer sin mediación, porque de lo contrario, para ser los eventos, tendrían que negarse y desaparecer en esos mutismos que sirvieron de base al cuento “El Rito del Silencio”, como yo en este preciso momento, que paso a convertirme en el evento mismo, sin suceso alguno que medie, después de cerrar este comentario e invitarlos a leer la obra de Javier González Serrano: Cuánto Cuento.

Sunday, September 14, 2008

El Suicidio de los intelectuales

EL SUICIDIO DE LOS dioses
(Mientras cambio de opinión y/o
reconozco un nuevo error)

Por Freddy Quezada
Introducción

No es nada nuevo decir que a partir del Humanismo y el Renacimiento, los europeos pasaron a ocupar el lugar vacío de su divinidad derrotada o en retiro. Algunos de ellos, en exclusiva desplegaron como herencia, todas las virtudes (que se vieron como horrores desde las víctimas en sus colonias) del Dios cuestionado.

Cada crisis en el pensamiento euro-norteamericano apela a estos fundamentos. A partir de Nietzsche, se abrió la posibilidad de que Dios estuviera muerto, pero aún así, le sobrevivió en el mismo Nietzsche, quien estaba testimoniando intelectualmente su asesinato desde otro fundamento igual de trascendente: la voluntad de poder. Dios seguía viviendo en sus asesinos y retadores más temibles: los intelectuales.

Los que han perdido fuerza, a partir de las crisis de representación epistémica (hablar a, con, de, desde y en nombre de los demás) y de las crisis que sufren todo el espectro de las emancipaciones, desde las más duras (vanguardias, partidos, escuelas, paradigmas, corrientes, etc.) hasta las más blandas (movimientos sociales, coexistencias alternativas, diálogos pluriculturales, etc.). Podemos hablar, entonces, del suicidio de los pequeños dioses, únicos herederos (según ellos) del entendimiento de esa luz “mayor” que contribuyeron a despedazar un buen día de julio de 1789, fecha impuesta como importante para sus colonias a través de sus letrados.


DEL PENSAMIENTO

El pensamiento, es el gran problema de todo y no la solución. Concebido como la gran mediación entre el ser y la realidad, cuya paradoja descansa sobre la idea que nos acerca más a unos objetos y seres a los que pertenece (en virtud de que no hay separación entre el pensamiento y el pensador), en el momento exacto en que su empleo (para justificar al pensador) nos aleja de ellos: nada puede ser visto sin él.

El pensamiento es el verdadero fundamento de toda la cultura occidental. Y lo que más le fascina es perseguirse a sí mismo por medio de un juego de contradicciones que lo afirma aún más. Se ha creído indebidamente que la cabeza es la parte más importante de nuestro cuerpo, donde están cuatro de los cinco sentidos, más el sentido propio de la reflexión (filosofía/ciencia/técnica) y la imaginación (política/moral/arte). De todos los sentidos, dos son ausenciales (visión y escucha que se pueden reproducir en ausencia de los cuerpos) y tres presenciales (olfato, gusto y tacto que no se pueden reproducir). La imaginación, por medio de la memoria, los subsume todos para escenificarlos, pero sólo puede reproducir dos.

Así, pues, a dos sentidos sensoriales, tres dimensiones euclidianas y una representacionalidad intelectual, le llamamos “realidad”. Con esta cadena de definiciones, en realidad, andamos por el mundo “suponiendo” lo visto y pensado que, muchas veces, por efecto performativo propio o impuesto, lo materializamos de verdad.

El pensamiento, además de lenguaje, es sentido. El sentido desde entonces ha sido el ser. Sólo cuando el sentido se quiebra, produce esos latigazos de lucidez sufridos por nuestra cultura y que supo ver bien Husserl, desde las guerras “mundiales” dentro de su continente, para el caso de “su” ciencia europea. El ser, privado de telos, de sentido, es un haz de fuerzas, un campo de batalla e ilusiones, un nodo de entradas y salidas, todas inasibles, fugitivas, cambiantes, irrepresentables e impresentables. La relación básica que se ofrece es de dominio entre un sujeto que “crea” a su objeto y lo investiga para su servicio. Este será negocio, oficio, recreación, obsesión y campo de los intelectuales. Profesionales del pensamiento que harán de sus habilidades, porque es parte del oficio, hacerse pasar por imprescindibles para dar “voz” a los sin voz, argumentos para liberar a los desposeídos, explotados y oprimidos, así como iluminar a los invisibilizados.

DE LOS INTELECTUALES

Son intelectuales, aquellos capaces de generar una opinión entre los demás (con el concurso de los medios de comunicación social) e imponerla por demostración racional o seducción sensorial, a través de una cadena de afirmaciones, dentro de un juego de fuerzas a favor o en contra de algo o de alguien.

El “juego” consiste en tomar en serio lo que dicen. Usualmente desde el ámbito escrito (de mayor prestigio y profundidad) y audiovisual (de mayor amplitud y fuerza) consiguen sus audiencias y consensos. Generalmente, separan su vida cotidiana, de lo que dicen creer. Hasta donde yo sé, sólo el psicoanálisis (bastante devaluado) y algunos historiadores, lograron establecer una conexión entre lo que dicen los intelectuales y lo que ellos creen ser. Los intelectuales prohíben la exhibición de su vida personal (ad hominen), pero necesitan siempre para ilustrar y legitimar sus mensajes, las de los demás, usualmente figuras binarias (para atacar a unos y defender a otros) construidas desde ellos mismos.

DE LA REPRESENTACION

Los intelectuales, en el sentido indicado arriba, parten de fijezas homogéneas y de matar las diferencias reales (y construir otras como virtud y derecho o naturalización y jerarquías) entre los seres y las cosas. Producen subjetividades e intercambian unidades representables con sus iguales, muchas veces adversarios, que son parte del juego.

Da lo mismo eliminar o resaltar, el tiempo, el espacio y las diferencias para convertir en teoría cualquier cosa e imponerla por seducción, fuerza, demostración, convicción o violencia, a otros usualmente débiles, semiletrados o enemigos superiores a sus fuerzas (con nombres abstractos como “poder”, “sistema”, “capitalismo”, “socialismo”, “culturas”, “globalización”, “colonialidad”, etc.), para justificar un poder hurtado a ellos y pasable como resistencia. Sin embargo, hay que saber distinguir dos tipos de representación; las epistémicas, abordadas en este ensayo y, las legales y delegativas, en la cuales los ciudadanos expresan su voluntad y deciden, por medio de procedimientos notariales, de elección, registro y control, disponer de ella.

El problema de la representación epistémica han sido los intelectuales, de los que no me excluyo: no los subalternos o hegemónicos de cualquier tipo, lugar o tiempo. Su relación central es amar (como el Dios severo pero amoroso que venían de derribar) las preposiciones utilizadas para separarse de sus objetos. Estas son pensar; a, ante, con, de, desde, hacia, en, entre, para y por los demás, debidamente representados (incluso negando hacerlo y viéndose a sí mismos en la operación como transparentes). En este último caso se abren alternativas de las que hablaremos en su suicidio.

DE LA EMANCIPACION

Es la madre de las ilusiones modernas. El verdadero núcleo de la modernidad occidental. Junto a la representación, dota de identidad a los intelectuales. No tiene sentido representar a quien sea, si no es para salvarlo en la ciudad, en el cielo, en la historia, en el lenguaje o en, y desde, los márgenes del sistema. Y la emancipación activa, alternativa y revolucionaria (deber ser), tiene su “otro” oculto en la crítica, como método, como acción (ser), de un presente del que se desea escapar hacia adelante; siempre hiede, no nos gusta.

Y esa es la diferencia entre las personas “pobres” o los/as “otros/as” (nobles, indoblegables, puros e inocentes) que construye un intelectual y el pobre y otro/a “real” (la barriada, el lumpen, el delincuente, el violador, la inculta, el indio, el negro, el chino, el árabe, la puta, etc.), a menudo a merced de la definición de otro intelectual adversario. Entre un “pobre” real y un pobre “real”, la diferencia no son solo comillas, sino ilusiones redentoras. Ilusiones de unas criaturas que estamos condenados a no saber nunca quiénes son de verdad y, aunque lo supiéramos, lo mejor para todos es no definirlos, no decirlo.

Cada estudio registrable sobre los/as “otros/as”, sea ejecutado o no con la mejor de las intenciones y por el mejor de los estudiosos, siempre terminará en los archivos de los servicios de inteligencia de potencias y embajadas.

Toda la desgracia occidental, proviene de no estarse quieta dentro de una habitación – como señaló Pascal. Las sociedades se han tornado en un infierno de salvadores. Se parecen a esos autobuses urbanos en las que nos abordan los predicadores, sin pedirnos permiso, obligándonos a escuchar sus amenazas de condenarnos, sino seguimos su camino redentor. La emancipación es una heredera de la esperanza pasiva de las religiones y síntesis del telos moderno. En la cultura occidental aún hace estragos, incluso dentro de los que creen adversarla y suponen no emplearla, para dirigirse a los demás, rehusando reconocer que lo mejor es callarse.

DEL SUICIDIO DE LOS INTELECTUALES

Si partimos de que no podemos representar a nadie, ni siquiera a uno mismo, porque constantemente cambiamos como cambian los demás, y además reconocemos que nadie quiere ser salvado, porque ha sido un invento nuestro sobre ellos, entonces se abren varias salidas a) decimos todo esto como último grito, a guisa del canto de ese cisne negro que pedía Popper, como prueba, para falsar a todos los blancos, y luego disolvernos; b) tenemos que decirlo cada vez que podamos, como aquella paradoja de los trapenses, que ordenan a gritos callar a sus hermanos de orden, cuando violan el voto de silencio; c) lo decimos, lo sabemos y sin embargo, seguimos repitiendo el fenómeno como modus vivendi; d) nos dejamos arrastrar por el curso de las cosas que, con o sin nuestra voluntad, orientación, dirección o sentido “externo”, cambiarán de todas maneras, como lo dijeron taoístas y anarquistas y ahora, teóricos del Caos con la “autopoiesis”, en materia natural y en materia social la “poiesis”; e) no seguir diciendo estupideces y terminar de una maldita vez por todas, aquí mismo

DE LA VIDA

Si fuera consecuente con la opción e) anterior, este apartado debiera quedar en blanco sobre fondo blanco, como el cuadrado de Malevitch. Al desaparecer los intelectuales, como los lemmings que se suicidan en masa para autorregular su especie, la vida se reconciliaría consigo misma, incluyéndolos, sencillamente porque siempre lo ha hecho, sin ellos. Pero, cuidado, la desaparición puede ser una nueva coartada de su borradura. Son especialistas en hacerse desaparecer detrás de puntos ceros de reflexión, separados de sí mismos como biografías y cuyos discursos nadie se los hace cumplir, por medio de controles y penalizaciones.

Si lo lógico es suicidarnos y disparar a nuestra identidad desde un universo que no tiene “afuera”, porque nosotros, sucedáneos de Dios, hemos creado todas sus criaturas, levanto los brazos y me rindo: pertenezco a la opción c) y, precisamente a causa de saberme cómplice de este crimen, por esta vez como un gran lemming disfrazado de flautista de Hamelin, tocaré el instrumento para encabezar el despeñadero de todas las ratas y reírme del chillido de las muy putas.