ULITEO LA PAGINA DE "NADIE" (ULISES) Y DE "TODOS" (PROTEO)

Monday, June 30, 2008

Dios, el Ser y la Nada

DIOS, EL SER Y LA NADA

Por Freddy Quezada

Hace años confundí, en un ensayo, la primera frase de La Ciudad y Los Perros de Vargas Llosa, citando “Tres, -- dijo el Jaguar”, cuando, en realidad, dijo “Cuatro”. Me dejé llevar, sin saberlo, por la cábala del tres. Y ahí me puse a especular, no recuerdo ya sobre qué cosas, acerca del “tres” en varias culturas. Es curioso que me haya dispuesto a escribir tonterías sobre una premisa de arranque falso. Espero, sobre la corrección y disculpa debida, aunque tardía, no cometer ahora la equivocación inversa, sobre una premisa verdadera, derivar conclusiones falsas.


Seré sencillo y breve con este tema que, con sólo leer el título, sé que espantaría a más de algún lector. Pero es casi hablar de otra cadena más clara: teología, humanismo y nihilismo; o, presencia, representación y ausencia; o, premodernidad, modernidad y postmodernidad; o, tardomodernidad, decolonialidad y postcolonialismo. Y de lo que todas ellas rompen y guardan sin solución de continuidad, ni síntesis, al mismo tiempo, en una suerte de paradoja profunda.


Cada eslabón, para empezar por donde concluiré, contiene a los demás, siendo más poderoso el último que contiene siempre a los anteriores, sin eliminarlos (para mantener la diferencia y articularse con ella) pero absorbiendo sus potencias y subordinando a los derrotados, que lucharán contra su hegemonía de mil formas. Así, la cadena entera no se destruye ni se crea, sólo se transforma por medio de ilusiones o juegos de poder, tal como lo dijeron hace más de cinco mil años los hinduistas.


Sartre con su
Ser y la Nada, eliminando a Dios, el primer eslabón, no pudo, con todo, evitar la gravitación del fundamento, recubierto en los otros dos, alrededor de una libertad proyectiva y decisional, que él la supuso como condena, y reconocer, por otro lado, desde la nada, el absurdo de la vida y al mismo ser, como una pasión inútil.


Cada eslabón se cree en su momento, la certeza fundamental que construye mundos donde ejerce hegemonía sobre los eslabones rivales y subalternos. Pero al final, si es que hay alguno, encontramos no la reconciliación ni la coexistencia pacífica, sino el retorno de lo reprimido.


Creímos expulsar a Dios y regresó en el “Hombre”, y éste al ser denunciado en su carácter representacional, ha terminado por abrazar sucesivamente a la razón, el poder y la tecnología, bajo la crítica, la diferencia y la emancipación. Ahora, el vacío de la mente empezará a ser necesario para justificar los bancos de datos afuera y los motores de búsqueda como
Google; el sentido se pluralizará en el comercio para estar siempre vacíos de espíritu y elegir cualquiera; el consumo tratará de convertir la nada en algo, y la virginidad de los cuerpos, al tatuarlos, nos diferenciarán unos de otros como huellas digitales. La Nada ocupará el lugar desfondado de los eslabones anteriores y abrirá sus brazos para recibirnos o ahogarnos. O las dos cosas al mismo tiempo.


Es viejamente sabido que Dios es un fundamento y garantía de sentidos de todo tipo. Origen (
Arché) y destino (Telos) de todo ente. Sin él nada existiría y nada se explicaría. Se puede contar con él al comienzo o al final, no importa, porque en los procesos circulares limpios (como los no modernos) o entorchados como el hegeliano, siempre se reencuentra consigo mismo, en cualquier punto de la circunferencia. Cuando muere este Dios, o lo matan, da lo mismo, es el vacío, que sus herederos suponen le antecedió al propio Creador, quien se encargará de construir su sucedáneo: el Ser.


El Ser, heredero secular de los atributos divinos, puede ser visto desde dos puntos de vista: el epistemológico/metafísico que inaugura Descartes y el óntico que señala Heidegger. Mientras Descartes anuncia el ascenso de una conciencia que se tendrá a sí misma por universal, cuyos coronamientos lo harán Kant para los liberales y Hegel para los marxistas, esconderá detrás suyo un “punto cero”, una borradura, como sus antecesores paganos y cristianos, invisibilizando no solamente a un observador europeo para justificar su dominio epistémico frente a los colonizados, como creen los decoloniales, sino a alguien más amplio y más grave aún, que me incluye y me hace responsable en su denuncia: los intelectuales, que siempre han hablado por los demás, a través de promesas y amenazas, sin garantías ni controles de parte de los que no son como ellos.

El principio básico de los intelectuales es el pensamiento como virtud y nobleza y ni uno sólo ha sabido ver en ello, porque viven de él, la madre de todos los problemas. Pensar es recordar y la memoria es lo más preciado que tienen; no en balde, creen que la Historia es la madre de todas las ciencias. El pensamiento, la cabeza, es lo más preciado que tenemos, según la mitología occidental. Recuerdo lo que dijo una vez Osho, a propósito de Alejandro Magno cuando llegó a la India y se encontró con un sabio hindú que le recordó a Diógenes: si no contestas mis preguntas, le dijo, te cortaré la cabeza. Y este le dijo, que no iba a encontrar nada ahí, porque él desde hacía mucho la había cortado ya. Alan Watts dice algo parecido cuando advierte que a los occidentales les gusta esconder la cocina y los baños porque prefieren engañar a la gente con la sala.


Sobre el dominio de los colonizadores, hay que seguir reflexionando sobre la reveladora importancia que han tenido los
intersticios interimperialistas. Se sabe que tales intersticios, mientras se hacían la guerra, generaron las dos revoluciones más grandes en los países semicoloniales (la Primera Guerra Mundial desencadenó la revolución Rusa y la Segunda, la revolución China) y al final de esas guerras, por su decadencia, cansancio y subordinación ante EEUU por medio del Plan Marshall, permitieron de algún modo la descolonización afroasiática. Puede ser que, a partir de aquí, Europa haya empezado a resentir su condición subalterna diciendo, por parte de muchos de sus pensadores, en contra de EEUU, cosas que ya fueron dichas en contra de ellos mismos por sus excolonias.


Sin embargo, es en el terreno epistémico donde poco se sabe que Alemania, la potencia sin colonias, dos veces derrotada, es a la que le debemos la denuncia y desenmascaramiento (primero con el Romanticismo frente a la Ilustración, seguido luego de un marxismo dogmático frente al liberalismo clásico, continuado a su vez por el escepticismo de la Escuela de Frankfurt, combinado débilmente con el nihilismo precedente que legitimó al nazismo), por su misma ambición de obtener ventajas de sus rivales, de toda la miseria eurocéntrica, representada por Francia e Inglaterra. Heidegger llegó a decir, una vez, que los franceses, pese a Descartes, no podían pensar, sino era a través de los alemanes y Nietzsche siempre despreció a la “pérfida Albión”.


Los pensadores postcoloniales todavía no terminan de explotar estas revelaciones alemanas (que, no por denunciar a sus gemelas rivales, dejaba de compartir con ellas sus valores, incluso superiores para justificar la colonización que no pudo hacer afuera, efectuándola adentro con ellas, e inventar sus propias cartografías que iban desde Grecia hasta ella misma), aunque se sirvan de muchos de sus principios para sembrar la desconfianza en todo tipo de utopías entre los colonizados.


Desde los cínicos hasta Heidegger, pasando por Bakunin (punto de fuga en esta colonia de autores), pero también desde el
Baghavad Gita hasta Lao Tsé, esta corriente nos dejó la sospecha sobre el asunto con “la representación de lo ausente” (Vorstellung), con la fuga e inasibilidad de la presencia plena. Y nos sembrará la duda hasta el corazón de la Representación de ninguna esencia y fundada sobre un abismo (Ab grund). Abismo, parecido pero no igual al de las corrientes “orientales”, que no han podido saltar los occidentales porque en vez de eliminar la “acción”, le multiplicaron con placer, más bien, su velocidad.


Habrá seres y no Ser; habrán incertidumbres y no certezas; habrá suspensión del juicio y no crítica; habrá empoderados y desempoderados; habrá lo que
no es y no lo que será; habrá siempre desconfianza y no utopía.


Reconoceremos, entonces, que la máscara sólo venía cubriendo un vacío, llamado
deseo de encontrar algo sólido. Esa nada creadora en otras culturas, nos desesperará en la “nuestra”, es decir, en la de los occidentales. Mientras a las culturas que mejor la conocen las calma, las serena, a la nuestra la excita, la droga y la destruye. Consumo sobre consumo, deseo sobre deseo, velocidad sobre velocidad, la nada nos está cobrando el precio para llegar a conocerla como el nuevo Dios que un día expulsamos: nuestra propia ejecución en nombre del centro de una cebolla, tras la caída de todas sus capas, que no encontraremos jamás.


Es curioso que sólo sepan ver las cosas así, los filósofos conservadores contemporáneos (especie de sucesores de la Contrarreforma) del tipo de De Maistre, Bossuet y Bonald, que imaginan al Dios de todos los tiempos, cambiar frente a sus enemigos, dejándose derribar, y al mismo tiempo colocarse en lo más profundo de los nuevos principios victoriosos y, así sucesivamente, llegar a declararse por fin vencedor en su desaparición completa, que es nuestro nihilismo de hoy.
“La trampa de la divinidad articulada en torno al nihilismo consiste precisamente en subsumir a la razón (con minúscula), en el interior de sí misma, y hacerse a la vez invisible: eso es nihilismo consumado. La trampa del nihilismo consiste pues en que finalmente se hace desvariar a la propia razón, y en la medida en que la divinidad es invisible, se convierte a la razón en víctima de sí misma, en ejecutora de lo que en realidad ejecuta esa divinidad ausente” (Serrano, 2006: 236).


Para concluir, en la cadena que he presentado, Dios, como fundamento, está siempre en todos los eslabones, pero en los dos últimos se invisibiliza como certeza, primero, y como abismo, después. Pero siempre vence, aunque sea al precio de su suicidio.


Harto de escribir sobre estos temas, imagino cómo deben sentirse aquellos de ustedes que soportaron el sufrimiento de llegar hasta aquí. Como les ordeno a mis alumnos, recordando los tiempos goliárdicos de las universidades renacentistas, cuando se aburren con mis charlas: cierren sus putos cuadernos, salgan a secuestrar un bus, llénenlo de cervezas y meretrices, y vayámonos todos al mar !!!

REFERENCIA

Serrano, Vicente (2006). Nihilismo y Modernidad (Dialéctica de la antiilustración). Madrid. Plaza y Valdés.

Wednesday, June 18, 2008

Cadenas mundiales de TV y sus paradigmas

LOS PARADIGMAS Y LAS CADENAS DE
TELEVISIÓN MUNDIALES


Por Freddy Quezada

Cuando uno cree analizar sociedades o coyunturas específicas, en realidad lo que está haciendo es analizar lo que los medios de comunicación de masas nos dicen de esos fenómenos, dada la imposibilidad de estar in situ en todos los lugares o en aquellos que no tenemos más remedio que confiar en quien nos lo comunica y hacer de ellos, con nuestro crédito, un monopolio. Entonces, siempre estamos analizando medios, no fenómenos. Y lo sorprendente de esta operación es que al invisibilizarlos, ganan en credibilidad por su mediación y es el precio que cobran cuando después, al independizarse, hablan en nombre de unas audiencias y opinión pública que han co-creado (y que luego se miden a sí mismas con técnicas estadísticas) para imponernos su agenda política en nombre de una credibilidad artificiosa.

Todas las cadenas de televisión mundial y regional, al menos las aquí consideradas (CNN, Al Jazeera y TELESUR) son profesionales, con sus secciones variadas y en orden, buena dicción, presentación sobria y equilibrada sea desde Atlanta, Qatar o Caracas. Sin embargo, cada una de ellas está soportada por un paradigma que simplificaré por razones pedagógicas, porque en la realidad se combinan pero donde uno de sus aspectos es el que domina en mayor medida a los demás.

Tales son el paradigma Clasista, en una variedad muy simple que, con respecto al marxista clásico e incluso heterodoxo, ha efectuado varios pasos atrás, presentando una estratificación ligera y fácil de las sociedades al dividirlas en imperialismo, oligarquías, pobres y dirigentes revolucionarios. TELESUR se presta a este esquema para vehicular intereses de países comprometidos en proyectos emancipadores de carácter subcontinental.
El “Democrático”, es el que supone, fruto aún de su borrachera de vencedor ante un adversario que se derrumbó solo, que todo el mundo está dirigiéndose inexorablemente a un esquema simple basado en un mercado autorregulador y una democracia formal que le acompaña como su sombra. Creen en la ONU, los Derechos Humanos, las organizaciones financieras, comerciales, migratorias y laborales internacionales y, por supuesto, sus favoritos, los expertos (esos vividores de temas). Parte que la mayoría son países democráticos, pero que lo son más las potencias occidentales, todos iguales en dignidad y respeto, invisibilizando las relaciones de poder no sólo económicas y políticas, sino también como dicen los postcoloniales, epistémicas (de metrópolis a ex colonias) que se guarda entre todos ellos. Consideran las manifestaciones de las otras culturas en el ámbito político como amenazadoras. Ven el mundo desde las reglas internacionales y a veces optan abiertamente y con complicidad por bandos políticos, como cuando colocan sus cámaras, con la anuencia de los mandos superiores, en las orugas de los tanques invasores, hasta hacernos sentir el polvo del desierto o, en la cubierta de los portaaviones, desde donde observamos hasta los destellos de los misiles teledirigidos. Como supongo se habrá adivinado ya, hablamos de la CNN.


El paradigma Cultural nacido para rivalizar y erosionar el monopolio de la CNN, por su papel en la invasión de Irak, ha incorporado en su seno la diferencia cultural, pero al copiar el formato, no el contenido, ha arrastrado el mal consigo y puede perfectamente creerse que son la CNN árabe. Hay que recordar que el medio es el mensaje. Puede ser visto, también, como narración alternativa y en ese sentido podrían aparecer otras, desde China o la India, las futuras naciones que desafiarán al poderío norteamericano, y que se presentarán de seguro como si fueran puras (que en verdad no lo son) por razones estratégicas de subalterno frente al hegemónico. A como sea, la cosa es que estos paradigmas culturales en las cadenas televisivas de cobertura mundial ya están despertando una suerte de resistencia frente al dominio sistémico (y pueden con ello aliarse al clasista) con la objeción, a mi juicio, de reencarnar otra vez, a través de la representación mediática, sucedánea de la eclesial y partidaria, la redención social desprestigiada y en retirada, propia del eurocentrismo, aunque esta vez de “otros” actores o culturas.


Los intelectuales, en este contexto, que antes se borraban detrás de todo tipo de mesianismo, ahora han tenido que salir a defender lo que según ellos es el máximo tesoro, el conocimiento, el eje de sus vidas; de aquí que estén en el centro de la discusión, la episteme, los intelectuales, la representación y la emancipación: todos conceptos altamente eurocéntricos elaborados por ellos mismos. Y ellos mismos son ahora, precisamente, los que se sugieren como los nuevos salvadores, pero ya sin máscaras. Un poco como aquellos viejos managers de baseball, que en los partidos más emocionantes salían ellos mismos a jugar al terreno. “El intelectual puede concebirse así como un coyote epistémico tanto en el sentido de que transporta teoría ilícita a través de los desiertos de la colonialidad, como en el sentido de tener muchas mañas, máscaras, o trucos para transportar y comunicar el conocimiento que se trafica”, nos dice Maldonado Torres, un teórico decolonial, sin advertir que también lo ha hecho, y lo ha pasado haciendo toda la vida, al revés, traficando teorías para los “otros” señores colonizadores, regresando, así, precisamente al punto de donde se busca huir.

Nada hay mejor que callar, lo exactamente “otro” de los medios de comunicación y de los intelectuales, para que no se enteren los adversarios, quiénes, desde dónde, cómo y cuándo les llegará el golpe sorpresivo. ¿No fue un sabio de las culturas “orientales” (comillas de nuevo porfa, editora), quien se cree ya nació viejo, el que enseñó eso desde hace miles de años, cuando dijo que las cosas llegan siempre cuando uno está viendo hacia otro lado?

Thursday, June 12, 2008

Intelectuales, eurocentrismo y poder

Geopolíticas del Conocimiento y la Intelectualidad en el Capitalismo Tardío:
Anotaciones sobre la obra de Arturo Escobar


Por Jorge Uribe
Tomado del blog de Jorge Uribe

Conclusiones

El intelectual fue inventado en la modernidad como una herramienta de poder enunciativa que clasificó el mundo y justificó los procesos de la misma modernidad, pasando por alto algunos procesos históricos locales particulares gestados en zonas que fueron colonizadas algunas y conquistadas otras por la metrópoli europea.

Aquella idea romántica del intelectual aislado de toda forma política ha sido desplazada por una idea en la cual se ha puesto en duda la misma existencia del intelectual como forma funcional de la sociedad.

Considero que la nueva intelectualidad es más colectiva y democratizada gracias a los medios de comunicación y a las nuevas tecnologías que han empezado a imperar y a penetrar aquellos lugares y cerebros expertos. Las masas modernas en los últimos años han privilegiado las ideas y no la autoría de éstas.

Las ideas no han sido pensadas aislada sino colectivamente, aunque en algunas oportunidades afloran diferentes fanatismos que con el transcurrir del tiempo se vuelven estáticos y rígidos. Tal es el caso del eurocentrismo y el capitalocentrismo criticado por Arturo Escobar. La fisura de las ideas y del intelectual mismo surge por donde menos se piensa y en el lugar menos pensado.

El intelectual es el resultado,-además de los dispositivos de poder, aparatos en los que está inmerso- de la institucionalidad académica en donde se desenvuelve. Tal es caso del intelectual metropolitano en el cual se evidencia la fisura de la hegemonía naturalizada y del periférico que evidencia la relación entre desigualdad/hibridación.

Esta forma de evidenciar las fisuras sociales no es exclusiva del intelectual; inclusive el intelectual en muchos casos no lo hace. Las instituciones y los medios de comunicación lo han hecho. Creo que los intelectuales y sus ideas han sido cooptadas por las instituciones. Es decir, que entre el intelectual y la institución hay una dialéctica discursiva del poder.

Wednesday, June 04, 2008

No hay teorías universales

¿PERO NO ES UNIVERSAL DECIRLO?

Por Freddy Quezada

(Con cariño, para mis amigos detractores)

Hemos creído siempre que los Derechos Humanos son para todos; que el socialismo no tenía fronteras y el proletariado jamás tuvo patria; que la igualdad y la libertad nos llega como un derecho natural por el simple expediente de nacer en cualquier lado; que la diferencia, es un derecho que debe respetarse en todo el mundo. Y que la lógica, la razón y la ciencia, siempre han cubierto como un manto al planeta, por encima de diferencias nacionales e historias colectivas. Pocos sospechan que todos esos conceptos y doctrinas esconden dos cosas: la nación que las fecundó y los intelectuales que las construyeron.

Así, pues, siempre hemos sabido, pero no desprendemos todas las consecuencias del dato, que los Derechos humanos han sido franceses, promovidos por unos ilustrados refinados y ejecutados por unos revolucionarios asesinos, sobre todo entre ellos mismos; que el socialismo hegeliano fue generado por unos alemanes autoritarios y racistas, aplicado por unos políticos, sucesores de ellos, convertidos en diosecillos de la Historia; que la libertad frente a todo poder, creado por unos ingleses calculadores y pérfidos, sólo podía ser para ellos y no para sus colonias; que la diferencia postmoderna europea y multicultural estadounidense, sólo puede ser gozada por los que ya están dentro como ciudadanos, pero no por los inmigrantes de sus viejas ex -- colonias territoriales y financieras, que no dejan entrar; que la lógica (Hegel), la razón (Rousseau), la ciencia (Newton) y la técnica (Gates) euro-norteamericanas, se nos presentan como estructuras sin tiempo, ni lugar, sostenida por sus demostraciones, éxitos y pruebas por parte de cualquier observador, ocultando las características individuales de quienes las impusieron a todo el mundo. Tales son los casos del eurocentrismo racial de Hegel, el elogio de la fuerza convertida en derecho de Rousseau, la profunda religiosidad colonizadora de Newton y la caridad protagónica y clientelista de Gates.

Ninguna teoría es universal; todas tienen un indiscutible sello local. De tal manera, se puede decir que son culturas en batallas abiertas entre sí, imponiéndose algunas a las demás, de grado o por fuerza. Es decir, una teoría se convierte en universal, porque ha triunfado en virtud de su poder, y no por su capacidad de argumentación, frente a otra que ha competido con ella.

Cuando triunfan, sus creyentes no pueden oponerse a sus generalidades. Uno se ve condenado a aplicar, ajustar o adecuarlas a las condiciones específicas, pero el corazón de un paradigma no se puede cambiar o, elegimos a otro rival, y repetimos la operación, por ejemplo, los intelectuales latinoamericanos, no vivieron de eso toda la vida con el marxismo y las distintas teorías de la modernización y la postmodernidad?

La cadena metateoría – teoría – práctica, entra en lucha, después, con otras que rivalizan con ella para imponerse a la comunidad de científicos o intelectuales que, a su vez, la imponen a la sociedad entera, con el auxilio de instituciones educativas y ahora, los medios de comunicación.

La práctica es lo que menos importa y está destinada a probarse por creyentes, ciudadanos, militantes, audiencias o cualesquiera observadores.

Detrás de todas las cadenas están los intelectuales, ingenieros de discursos y demostraciones, quienes se “borran” a sí mismos en el proceso. Alcanzaron su mayor cumbre con el positivismo y la representación prometeica. Su invisibilización les suelta las manos para diluirse en la gente “común y corriente”, y no afectar sus mensajes. A cubierto de cualquier “bajón” lógico de sus argumentos, la separación kantiana entre la razón pura y la práctica, los protege de vincular éticas individuales a discursos universales. Sólo el psicoanálisis y después la postcolonialidad, vino a dar una salida diferente al vincular la historia y geografía individual con las producciones teóricas, artísticas y científicas.

Con la postcolonialidad hemos aprendido que la teoría se despoja de atributos específicos y se convierte en abstracción, en virtud de la magnitud de los imperios territoriales, financieros y mediáticos que la soportan.

“El déspota turco de Montesquieu, el Japón de Barthes, la China de Kristeva, los indios nambikwara de Derrida, los paganos cashinahua de Lyotard son parte de esa estrategia de contención por la cual el Otro texto es para siempre el horizonte exegético de la diferencia, nunca el agente activo de la articulación”, como decía Bahba.

Así, las fábricas inglesas de la primera hora del capitalismo, como han demostrado algunos historiadores, son copias de sus haciendas de las colonias de Ultramar; el cercenamiento del politeismo a la lógica aristotélica fue necesaria para la modernidad; el silenciamiento de la profunda religiosidad del álgebra árabe tienen que hacerla sin ni siquiera enterarse, los matemáticos y científicos; la razón cartesiana, el propio Descartes tuvo que convertirla en geometría analítica; las polvaredas de Cantor, regresan a la Tortuga y Aquiles de Zenón; la indecidibilidad e incompletitud de Gödel, repite la regresión infinita de Sexto Empírico. En fin, la razón (Atenea) vinculada a Dioses vivos en el imaginario filosófico griego, se vio doblemente despojada, convirtiéndola en “sustantiva”, como sucedánea del dios judío, e instrumental, como expresión descarada de poder.

Poco importa, por ejemplo, que Europa no haya inventado la rueda, la escritura, la imprenta, la pólvora, sino cómo la pusieron a su servicio los imperios para sí mismos y para una fracción muy pequeña de subalternos dentro de sus colonias, que posteriormente “universalizaron”.

Con la ayuda de los intelectuales (por medio de una violencia gramatológica que les llegó del auge de la imprenta) despojaron de sus atributos culturales específicos a todo aquello que podía servir a sus propósitos de dominio, disciplinamiento y control e incorporaron a sus matrices racionales, para el caso moderno, la espina instrumental de las otras culturas. Racionalizaron las culturas desde el tiempo eterno de ellos (lógica), arrancando el corazón vivo de las culturas que venían de vencer. El último, siempre destruía y absorbía al anterior, colocándose de espaldas al que le seguía. Tal hacen e hicieron decoloniales con postcoloniales; ellos, con postmodernos; estos con modernos; a su vez, modernos con cristianos; estos, junto a los bárbaros, con romanos; ellos con los griegos y estos últimos con mesopotámicos. Terminando, todo, en ser una mezcla que domina a otras.

Las mezclas son lo predominante. No hay casticismo (ni blancos o negros como quieren hacernos creer los científicos sociales norteamericanos con sus paradigmas raciales), ni actores con epistemologías puras u “otras”, con la que no cuentan, ni tienen ya en estos tiempos, como lo que nos quieren hacer creer los decoloniales.

Todas las abstracciones impuestas, son descargables desde mezclas para mezclas. De aquí que la diferencia (de tamaño), entre una mezcla y otra, sea sólo una relación de poder. Las hibrideces no son sólo procesos culturales, sino, sobre todo, tejidos de poder.

El asunto se puede demostrar, hoy, con los coloniajes mediáticos y financieros, donde un inglés elástico, rápido y superficial (casi Esperanto) es la lengua dominante. Y, más todavía, en que el mercado moderno (nacido en Venecia como un negocio judío) y la democracia griega (incierta siempre entre la virtud y el exceso demagogo) serán, dentro de pocos años, recombinadas por el socialismo chino y la democracia india, ya de suyo combinaciones del marxismo y el parlamentarismo europeos, con las China e India “profundas”, confucianas, taoístas, budistas, hinduistas y mahometanas.

La abstracción no existe o, mejor, se enmascara con estrategias para imponerse a los demás halagando o amenazando. Y cuando agrada, lo hace con la complicidad de actores internos (de tal modo que no podríamos llamar al fenómeno “violencia epistémica” sino “seducción” y no episteme, sino juego) que hacen apetecible ser como ellos y que valga la pena hacer sacrificios de cualquier tipo, para conseguirlo.

Ahora bien, todo se reduce pues al poder, los intelectuales y los desempoderados en grados diferentes. Aquí la representación, la emancipación y la diferencia juegan el papel más importante. Cuando uno de los eslabones falla, se abre un abismo. Si, por ejemplo, nos enteramos que sólo debe haber aquel tipo de representación que nos consulta y nos brinda el derecho de callar, cambiar de opinión o equivocarnos, sabremos que no hay certezas ni garantías de ninguna promesa. De igual modo, si asumimos que no hay salvación y, por tanto, salvadores de ningún tipo, y que la diferencia, junto con la identidad, no son más que juegos de poder, estaremos en la contingencia, la incertidumbre y el escepticismo sano, que se debe guardar frente a todo tipo de promesas y castigos.

El intelectual siempre ha sido un estratega del pensamiento: convierte la teoría a favor o en contra del poder, y la práctica para ser ejecutada por los desempoderados. Y debemos a todos los intelectuales, la idea que el pensamiento es el solucionador de todos los problemas y no, como descubrió Krishnamurti, el problema más grande de todos.

Con el pensamiento persiguiéndose a sí mismo, los intelectuales todo lo hacen posible. Pueden jugar también al revés y llamar cicatrices a las heridas, mezclas a las purezas, seducción a la violencia, juego a la episteme, como lo he hecho, hasta aquí.

En síntesis: no hay teorías universales ¿pero decirlo desde cualquier lado, autorreferenciando la expresión para anular todo lo que he dicho, y reírme de ustedes, no es ya en sí mismo, universal?

Saturday, May 17, 2008

Mis otros "yo"

LOS OTROS “YO” DE UNO

Por Freddy Quezada


¿Habrá sido la intención de Steven Spielberg en su film "Inteligencia Artificial" transmitirnos esa alucinante paradoja entre la identidad y la alteridad promovida por el poder del sistema? Cuando el niño robot, buscando a su padres, encuentra a sus clones en serie y a su asombro le sigue una rabia destructiva ¿se habrá preguntado, por ventura, cómo un sistema que nos cultiva desde nuestros nombres propios una singularidad, que no tenemos, cuando nos llama a la igualdad, la violenta? O cuando decidimos luchar por esa igualdad, que no existe, nuestras diferencias nos lo impiden? O cuando esa identidad la distribuye a "otros", aunque sólo sean significantes, ¿vendremos a enterarnos de una vacuidad, no sólo de los nombres, sino también de los contenidos? Baudrillard llamó una vez a la realidad un simulacro que usa máscaras para ocultar una vacío.

A como sea, ahora sabemos que A no es igual a A. Y que dentro de "A", como en las polvaredas de Cantor en las que todos los números ya se encuentran en cualquier segmento de ellos, está todo el alfabeto.

Así, pues, “uno” nunca es uno. Nadie es sí mismo, porque estamos siendo el “otro”. Somos, siempre, varios “yo” en un punto que luego desaparece y se impulsa a sí mismo para mantener la ilusión. Toda la tradición “oriental”, desde mucho antes de Freud y Lacan, se ha consagrado a destruir tal ilusión. Es viejamente sabido, que el yo se descompone en el tiempo, en el espacio, en el inconsciente e, incluso, a cada instante estamos siendo habitados por un enjambre de escenarios que se nos ofrece y de los cuales, al decidir por uno, matamos todos los demás. La coartada que se usa, para explicarnos la identidad que poseemos, es la de contar con una memoria que une unos momento con otros, a conveniencia y solicitud, como un collar de perlas sin hilos, separadas unas de otras, por una especie de vacíos cuánticos, como esos trenes de alta velocidad, cuyos vientres jamás tocan los rieles.

Por ejemplo, en el tiempo, nadie puede decir que uno es igual al niño visto en los álbumes familiares, ni al adolescente vital y agresivo que fuimos; en el espacio, uno no se comporta lo mismo en un lugar que en otro. Hay que sumar a la fragmentación, los distintos roles que asumimos a veces sucesiva o simultáneamente, cuando somos subalternos, dominantes, receptores, productores, emisores, consumidores, etc. En fin, somos una colonia de “yo” despedazados, nube de puntos sostenidos por una tensión de rayos láser, como los píxeles de un cuadro que, de lejos, parecen brindarnos una imagen, pero de cerca son puntos separados por pequeños intersticios que, en el caso de la conciencia, son empujados por un horizonte o sentido al que nos entregamos. Sé que todo esto es muy complejo.

Pero de lo que hoy quiero hablar no es de esos “yo” internos, sino de los “externos”, de esos significantes (designadores rígidos) que se llaman como “uno” sin serlo. Me parece que Gabriel García Márquez también escribió sobre sus homónimos una vez y, si mal no recuerdo, se preguntaba que estaría haciendo en ese momento, el vendedor de seguros llamado como él.

Debo la curiosidad de este tema, a un comentarista de mi blog, cuyo seudónimo, "diosito lindo", expresión usada por las madres desesperadas cuando son testigos que sus hijos llevan más de tres deposiciones fecales y quien, supongo, para dar a entender que ando en las nubes, con ironía, me envió la resolución de una corte de EEUU condenando a Freddy Quezada por posesión ilegal de marihuana en el año 2001.

Obviamente no soy ese Freddy Quezada. Pero me di a la tarea de buscar en los robots de registros de INTERNET, a los demás "Freddy Quezada" en los que me reparto.

Hace algunos años, en la era preGoogle, en los viejos motores de búsqueda, siempre figuraba a mi nombre, el de un niño pintor méxico -- norteamericano a quien gustaba mucho de admirar sus pinturas, más parecidas a murales que a cuadros convencionales. No lo volví a ver en los nuevos registros.

Ahora resulta que “soy”, pues, (y pueden verificarlo visitando los links que les ofrezco) un karateka chileno, un guerrillero ecuatoriano, un acupunturista argentino, un travesti peruano y un marihuanero puertorriqueño.
En verdad, cualquiera de ellos, si se detuvieran a hacer lo mismo que yo, tendrían que agregar al espectro, mi condición de escritor. Sin embargo, creo no ser el único que puedo imaginarme como ellos (he dejado de creer en la tiranía de la escritura y la representación): ganando una bienal infantil, perdiendo una pelea de karate, huyendo de un ejército enemigo en medio de la montaña, buscando drogas en las calles de Rhode Island, curando el dolor con agujas o muriendo de SIDA en una clínica de Lima.

Ellos también pueden hacer lo mismo, sin enterarse, necesariamente, que hay “otros” con sus nombres. Lo hacen ya, de todos modos, sin que nadie se los recomiende, viendo películas, leyendo, oyendo a amigos, enemigos y desconocidos. Sus vidas, como la mía, son narraciones. Incluso con la de ellos, podría yo, si hubiese sido un guionista, componer otra y a lo mejor hasta ganarme la vida. Decir, por ejemplo: Freddy Quezada fue un niño que, después de parecer un gran pintor y un excelente deportista, seguido de unas ilusiones políticas que lo llevaron a militar en una guerrilla, explorando, luego, desencantado, culturas “orientales”, terminó volviéndose un travesti drogadicto, para irse muriendo de SIDA. Esqueleto argumental al que no se le ha agregado nada de imaginación, sólo una presentación lógica, a base de un recurso perezoso de homonimias.

No se tome, por favor, esta digresión como una vanidad, sino como un pequeño ejercicio epistémico, para demostrar que en las partes ya está el todo, como en un holograma. Encontré, para probar con un segundo ejemplo, 18 “Aurora Suárez”, y aunque sólo ante una de ellas puedo inclinarme para besar su mano y renovar mis afectos y votos de fidelidad, no me impide imaginar a las demás.

Todos podemos hacer la prueba con nuestros propios nombres, y si no son muy excéntricos, encontraremos todos los personajes del mundo real más inimaginables, yendo por la vida en aventuras fantásticas y diferentes, con lo más íntimo que creemos tener: nuestro nombre propio.

Así, pues, a la célebre frase de Borges, “he sido todos los seres” le agregaría, para completarla con el espíritu de nuestra época: “y ninguno”.

Thursday, May 15, 2008

Entre mitos y utopías

Nota de presentación: Este texto es de Carlos Schulmaister. Disfruten.
GUÍA BÁSICA DE MITOS Y UTOPÍAS

POR CARLOS SCHULMAISTER (Argentina)


Desmitificar es reconocer que un núcleo de significados encierra un mito (una explicación con dos posibilidades: una prerracional y otra falsamente racional). No reconocer el mito implica admitir sus aparentes significados como verdades. Luego resta analizarlo críticamente para demoler los falsos fundamentos de sus pretensiones explicativas y para rescatar el fondo de verdad que pueda encerrar y que escapa a nuestro conocimiento. En suma, se trata de interpretar luces y sombras del mito.

La vigencia de un mito implica cierto grado de vuelta atrás, de alejamiento del presente, pero mirando por el espejo retrovisor del auto mientras éste avanza, pues el mito no se impone por sí solo viajando del pasado al futuro, tradición mediante, sino que es tironeado desde el presente. Con ciertos mitos redivivos las sociedades, o grupos dentro de ellas, escapan imaginariamente de su propio tiempo histórico en busca de Arcadias a la medida de sus deseos y necesidades presentes soñando con resucitarlos, no en su totalidad sino en la parte o el significado que les permita relanzarlos hacia el futuro, pero en sustitución del futuro real. Me refiero a mitos con vitalidad, que son vivificados por generaciones actuales que adhieren a ellos sin importarles su larga antigüedad, o tal vez por eso mismo.

Aquellas con mayor cantidad de mitos vigentes suelen ser sociedades tradicionales y conservadoras, jerárquicas, sumisas, obedientes, formalistas y estables, temerosas de los cambios en las costumbres y las ideas, pues los mitos existen para obtener esos resultados.

Los escapes hacia atrás existieron en todos los tiempos y lugares en el pasado, pero también en el siglo XX, y aun en la actualidad. Tendencias de ese tipo se presentan también en ciertas subculturas dentro de sociedades actuales que cursan la etapa de la Globalización. En el presente, esas fugas pueden presentarse travestidas de progresismo, engañando así a la mayoría.

En otras sociedades, por el contrario, mitos similares ya no movilizan retrocesos históricos pues carecen de vitalidad, es decir, ya no se cree demasiado en ellos, por más que algunos sean artículos de fe religiosa vinculados a los libros “sagrados” de ciertas religiones.

La posibilidad del escape reside en el vigor del relato mítico para dominar, controlar o inducir la dirección del comportamiento y del pensamiento de hombres posteriores en miles de años a los imaginarios tiempos inaugurales del mito, produciendo en consecuencia la resistencia y la renuencia a desarrollar la aventura de poner en tensión el insuficientemente explorado potencial de las energías humanas (individuales y colectivas, materiales y espirituales) por fuera de los moldes tradicionales, considerados dignos de permanencia por su atribuida bondad intrínseca.

Inversamente, la utopía es un escape de la historia hacia adelante, y no necesariamente su afirmación plena, pero como es muy engañadora resulta altamente movilizadora socialmente. En realidad, pese a los discursos ideológicos a su servicio, e incluso por obra de ellos mismos, esa huída hacia adelante suele representar una deserción del presente inmediato, un intento de forzar la naturaleza de las cosas, por lo que equivale a una apelación a la magia, o al milagro. Eso sí, moviliza intensamente a minorías, cuando de acuerdo a sus excelencias debería movilizar a toda la sociedad.

La utopía, en principio, es todo lo contrario de los mitos. Si éstos son legitimadores de lo dado, es decir, de lo existente, del sistema, la utopía es el planteo de la justicia que debe ser como resultado de la crítica previa de lo existente. No obstante, en la práctica, la utopía, al igual que los mitos, es dominada por la ideología y se convierte en un mito al revés, una fuga hacia adelante. Esas son las utopías que hemos conocido, que a la larga no pueden realizarse y sus deficitarias implementaciones terminan en desviaciones que deben ser padecidas.

La razón, a mi juicio, es el desprenderse totalmente del pasado, de ese sedimento de incontables presentes agotados, por lo que sus promotores se ven obligados a continuar apelando e invocando al destino, al futuro, para dominar y controlar a amplias mayorías disconformes en el hoy, que es lo único que existe pese a su fugacidad. Si la utopía se mantiene con vitalidad sólo en la minoría la única manera de que prospere en punto a su realización es convirtiéndose en misionera y beligerante, y dejando en algún momento de ser democrática. Para entonces ya habrá desarrollado un inmenso cuerpo teórico destinado a explicar y justificar la necesidad de dar el salto histórico que la sitúe a la cabeza de las masas. En resumen: lo que la teoría crítica construye magníficamente, la praxis concreta lo desmorona y el fondo ético ideal originario es la primera víctima sacrificada.

La capacidad cuestionadora de sus mitos heredados no debe hacer perder de vista la tendencia implícita en la sociedad a identificar el presente, y sobre todo el estado de derecho y la democracia, en tanto que situaciones actuales relativamente extendidas, como un paradigma de racionalidad perfecto y acabado. A partir de allí, hay que reconocer el grado de mentira del presente, o mejor dicho, la renovada capacidad mitificante, alienante e irracional, de una racionalidad presente que pretende o intenta dar cuenta de los mitos supérstites y sobre todo de nuevas utopías. Como sujetos contemporáneos, nos preocupan más los mitos de la razón, la mitificación de la realidad producida por el extravío y la crisis de la racionalidad crítica.

Individuos y sociedades, en formas y grados diversos, tienen tendencias a situar en pasados y en futuros mitificados los impulsos históricos que traccionan en uno u otro sentido temporal al tiempo presente y su conciencia de si. Ello sucede así independientemente de la capacidad o incapacidad de aquellos de mirarse desde afuera del proceso.

Los mitos renacen en el presente, languidecen o bien ya quedaron en el pasado y están definitivamente muertos. Pero el presente también puede saltar hacia atrás buscando reverdecer antiguos mitos o creando otros conexos, como en las experiencias históricas fascistizantes del siglo XX. A la inversa, la utopía revolucionaria, con su salto histórico hacia delante y su asalto al futuro es en gran medida un salto al vacío, lo cual la diferencia de los atajos históricos, otra forma de acelerar el tránsito hacia el futuro reduciendo distancias sin saltos ni sobresaltos.

La huída del presente, en realidad, no obedece al “miedo” al presente, tan efímero y breve, sino a la angustia por la imposibilidad del futuro, el depositario de las estaciones imaginables de nuestra vida (lo que no ocurre con el presente, que es pura fugacidad) y el garante de nuestra finitud.

Pero el futuro personal no corre con uno, hacia adelante de uno, sino en contra de uno, como un dique que estalla o como una catarata incontenible que se nos viene encima sin que estemos vestidos para la ocasión. El presente devora el futuro como la locomotora de vapor consumía carbón. En definitiva, a lo que se teme es al futuro por ser un recurso no renovable (cuestión económica) y por lo que se piensa, se presume, se cree, y se teme que viene después (cuestión axiológica que condiciona la atribución de sentido a la vida).

En el futuro, lato sensu, hay dos futuros temidos de distinta manera: el inmediato y el mediato, y cada uno angustia de distinta manera en el fugaz pero desmesurado presente de la conciencia.

El culto del pasado y la arqueología de los mitos son un pretexto, una excusa para atenuar el miedo al futuro personal, imaginando la prolongación del tiempo por delante nuestro. El pasado es el depósito o el galpón de los trastos viejos de la vida, que nos permite disfrazarnos de tanto en tanto, en el carnaval de nuestra existencia, para adoptar una ficticia identidad, para tener un rostro, y también una familia, y una tribu, con lo cual nos quita soledad y angustia del presente, a cuenta del futuro.

La fascinación del futuro es una excusa irracional para reducir y controlar el miedo que provoca. El futuro que fascina es el lejano, separado y más allá del limitado futuro personal. El futuro abstracto no duele ni angustia, como lo prueba la indiferencia de mis amigos y de mis propios hijos ante la posibilidad de que sus nietos y biznietos se encuentren ante el peligro del anunciado choque de nuestro planeta con un cometa en el año 2126.

Ese futuro cuasi literario es un refugio colectivo de la especie, un útero tibio y placentero tal como lo es también el pasado mítico prehistórico, en los cuales se deposita optimismo y serenidad -a diferencia de los futuros personales de cada uno-, y donde precisamente, en cierto punto, se diluye toda individualidad.

En cambio, casi siempre para la mayoría el presente es tierra de nadie, es decir, un espacio no deseado, incómodo, pero potencialmente tentador. En general, al presente se lo apropia y lo disfruta el oportunista. Y a veces el loco.

Hay épocas en las cuales existen desmesuradas fugas colectivas hacia atrás, y otras en los que las fugas se dan hacia adelante con mucho brío y entusiasmo. Y también hay momentos y lugares donde el pasado y el futuro se unen complementariamente, como en las experiencias autoritarias de derechas, representando la conquista del futuro, en realidad, una mítica búsqueda del paraíso perdido. En tanto que en la revolución, la ruptura con el pasado se propone para siempre por más que a largo plazo eso sea imposible de lograr. Con todo, la utopía de la sociedad sin clases es tan sólo la resurrección del mito de la comunidad primitiva.

En América latina, por miedo al futuro -pues nunca fueron realmente progresistas- las oligarquías ensambladas con los imperialismos de turno promovieron golpes de estado tanto en el siglo XIX como en el XX. Temer al futuro las llevaba a proponerse clausurarlo. Habitualmente el mito vigente nos enseña todo lo contrario de lo que yo afirmo.

La utopía izquierdista de América latina en los ´60 y ´70 fue en parte una reacción a lo anterior, pero las luchas nacionales nunca fueron utopías sino desarrollos históricos de la conciencia política popular de cada momento, pese a haber recibido influencias del utopismo revolucionario. Los que saltaron el tiempo fugándose hacia adelante fueron los utopistas de izquierda, incluyendo principalmente a los Montoneros y a los grupos guerrilleros de izquierda. Ser utopista practicando cualquier forma de violencia no es, como mínimo, algo inocuo, y mucho menos un indiscutible modelo a seguir toda vez que esa identificación descansa en la lógica amigo-enemigo.

En Argentina, después de 1955, la resistencia peronista fue estrategia política de un gran conductor político de masas, sin que su grandeza impida ni evite revisar críticamente su trayectoria política. La superposición de la utopía revolucionaria, intentando acelerar la propia dinámica de la lucha movimientista peronista, unido a la agudización de las contradicciones internas de ésta, trajo como resultado su fracaso, la mayor represión popular conocida hasta entonces, y el retroceso de la evolución social de los argentinos.

La utopía futurista, desvinculada de la realidad de lo posible, siempre intenta forzar la realidad para eludir y borrar las responsabilidades históricas concretas y la necesidad de dar respuestas políticas y sociales ya, ahora.

En consecuencia, hay dos formas de imaginar el futuro: el futuro enlazado con el presente, el futuro racional, al que se llegará previsiblemente subiendo por la escalera peldaño a peldaño, incluyendo descansos y retrocesos; y el futuro desprendido del presente, al que se intenta llegar no por medio de ascensores pues no existen sino dando saltos: es el futuro mitificado. En la realidad, quienes crean posible escapar de los cercos de los “laberintos” por arriba han de fracasar inexorablemente a menos que le crezcan “alas” (algo imposible) o posean tecnología capaz de propulsarlos hacia ese “arriba”. En todos los casos, no podrán evitar los “porrazos”.

Lo mismo sucede con el pasado: el pasado construido y articulado con el presente es un pasado histórico, dinámico, provisorio, vital, y nosotros somos dueños de él. A la inversa, un pasado recibido, heredado, lejano, impreciso, desarticulado del presente personal, es un pasado mítico, estático, fijo, muerto, y aun así nos domina.

Y sin embargo, la huida del presente y de la racionalidad a través del mito y la utopía es sólo aparente, ya que ni el mito ni la utopía pueden desprenderse del presente donde son pensados ni pueden existir sin una dosis de racionalización, del mismo modo que la racionalidad va acompañada de la función mitificadora del sistema.

Hasta unas cuantas décadas atrás, la utopía era pensada como un imposible lógico. Hoy lo es como un inédito posible: cuando ella sobrepasa la mera entidad teórica se la comienza a percibir como una acumulación de energía puesta en tensión para lograr un salto cualitativo en las formas de organización y desarrollo de la vida colectiva en el sentido del bien común, y en ese sentido parece hallarse en marcha. En la práctica, las utopías se mitifican, se irracionalizan, tornándose irrealizables, con lo cual el antiguo significado de utopía vuelve a cobrar vigencia.

El fracaso y los terribles costos de las utopías totalitarias recientes han logrado que tengamos inclinación a poner en el centro de la utopía los riesgos, los extravíos y los resultados no deseados. Pero todas las utopías no han sido ni son homogéneas ni mucho menos violentas ni totalitarias. Y no tienen por qué serlo.

Friday, May 02, 2008

Polémica contra polemistas

CONTRA EL DURO, EL BLANDO Y EL ELASTICO

Por Freddy Quezada

Me parece que fue Thomas Kuhn quien dijo, a propósito de la inconmensurabilidad de los paradigmas, que los vencidos continúan dándole vueltas a sus ejes, como si nada hubiese pasado, mientras los paradigmas dominantes ya no hablan de ellos o lo hacen pero con otros recursos epistémicos y hasta con otro vocabulario. Usaba de ejemplos la diferencia entre el paradigma de Newton (mecánica) con el de Einstein (relatividad) y el de este con el de Bhor (cuántica). El decía, al final de sus días, que un paradigma no es superior a otro: sólo diferente y que luchan entre ellos para imponerse ante las comunidades científicas e ilustradas. Así que los paradigmas perdedores no han regresado, sino que ni siquiera se habían ido.

De una reciente polémica entre dos marxistas: uno “duro” y el otro “blando” llevada a cabo en END el 1, 8 y 15 de abril y que coincidió en el tiempo con las revelaciones que hizo La Prensa sobre las propiedades a nombre del ideólogo del FSLN, Orlando Núñez (el 22 y el 26 del mismo mes), y el derecho a réplica que ejerció ante las cámaras de televisión (usando categorías risibles como conciencia, posición y situación de clase), devolviendo a la agenda una vez más el viejo problema de la ética y de la revolución, decidí expresar mis ideas en este blog al amparo de las cosas que dijo Kuhn.

Para no ofender, ni calificar a nadie, llamaré al “duro” de tendencia trotkysta, el tipo a); al “blando” de tendencia socialista, el tipo b) y al “elástico” de tendencia gramsciana, el tipo c).

Expondré en forma numeral mis consideraciones, más bien en lo que los une a todos ellos.

1. Separar el mensaje del mensajero. Sólo del tipo c) sabemos algunas cosas que él alega privadas; de los otros dos, sabemos muy poco o casi nada, aunque del tipo b) en lo personal puedo dar fe de una pobreza franciscana y una honradez meridiana. Del tipo a) conozco algunas cosas personales, cuyo contenido no presentaré a la vista del público por el momento. Para todos los casos, ninguno de ellos estaría de acuerdo en que se hable de sus vidas privadas al máximo, para después ponerla en conexión con sus mensajes.

Falso: no se puede separar el mensaje del mensajero.

2. Es ético todo aquello que ayuda a los fines de un partido, ideología o causa y no lo es todo aquello que lo impida. Moral abstracta vs. Moral de partidos. Tipos a) y c) contra tipo b).

Falso: la esencia de toda ética es la de ser traicionada y la mejor la que no puede decirse. La ética es para los desempoderados; y para los poderosos, no existe más que como instrumento para mantener, aumentar o tomar el poder.

3. Hay una clase social (tipo a), alianza de clases y sectores (tipo b) o simplemente “pobres” (tipo c), que emanciparán a los demás (incluyendo a los enemigos) en virtud de algo especial y redentor que poseen, que puede ser su disciplina organizativa y carencia de propiedades, su vocación democrática o simplemente su aspecto y escasez de recursos en general.

Falso: ningún grupo social tiene virtudes prometeicas; ninguno.

4. Par todos los tipos la Historia es el máximo tribunal que sólo ellos conocen. Hablan como si alguna vez estuvieron al final de ella y han regresado llenos de lucidez a concientizar a los alienados que no pudieron viajar. Es una versión revolucionario del viejo mito de la Caverna de Platón.

Falso: la historia no tiene dirección ni sentido; es autopoietica.


5. Una Vanguardia (grupo muy pequeño de hombres y mujeres lúcidos/as) hablan por los demás (sin consultárselo) ignorando sus diferencias, sus humores, sus cambios y hojas de vida. Son representacionalistas. Hablan en nombre de un proletariado platónico (ideal, perfecto y utópico), mudo y obediente con ellos, como en el caso del tipo a) y del tipo b) y en el de tipo c) con sus “pobres” igual de silenciosos y adocenados con él. Los dos primeros lo ocupan para oponerse al capitalismo y el tercero a la oligarquía, y todos a un imperialismo sin diferencias.

Falso: Nadie puede representar a nadie; ni siquiera a sí mismo porque el derecho a cambiar de opinión y a equivocarse, lo rompe.

6. Siempre el “otro/otros” tienen la culpa de todo. Se absuelven de entrada y por principio de cualquier responsabilidad de lo ocasionado que se ofrece a su espíritu crítico que lo rechaza y lo obliga a proponer una utopía salvadora.

Falso: “Uno” es el primer responsable de lo que sucede y uno es el primer llamado a investigar, primero, si lo que pasa realmente es un problema y, dos, dejar que se autoresuelva, si lo es. Si un problema tiene solución, cuál es el problema y si no lo tiene, cuál es el problema.


7) Nada es más importante que la acción derivada de una certeza.

Falso: nada hay más ofensivo para un revolucionario de cualquier velocidad que llamarlo a la quietud, al abandono, al desorden y a la indiferencia, ya no digamos a la serenidad y a la meditación. La acción en sí misma ya es pensamiento y no está separada de lo que se dice.

8) Nada más superior que resolver los problemas socioeconómicos con una revolución suave o dura. Para unos “la crisis de la Humanidad se reduce a la crisis de dirección del proletariado”, para el siguiente, la mejor manera de desarrollar al país es con una democracia participativa con rasgos socializantes y para el último, sólo una democracia popular, ciudadana y directa puede ser digna de superar el atraso político y económico.

Falso: las soluciones es el terreno favorito donde les encanta pelearse a los marxistas de cualquier signo: trotskos, socialistas o gramscianos. Pero ese es precisamente el problema, las soluciones venidas, todas, de paradigmas euronorteamericanos, cuyos representantes blancos y mestizos, se mueren por imitar.

9) La fuente de la solución de todos los problemas sociales y económicos es la socialización de los medios de producción y su respectivo control de parte de los trabajadores. El desarrollo de las fuerzas productivas derrumbará los Estados nacionales.

Falso: el tipo de propiedad no es garantía alguna de ningún tipo de felicidad ni justicia e irónicamente quien desarrolló las nuevas tecnologías y debilitó a los estados nacionales fue el capitalismo mismo. Por parte de los trabajadores, ahora son una minoría (un milagro como dicen algunos) en todas partes del mundo, tanto como las etnias y los aborígenes.

10) Si el tipo a) y b) tuvieran el poder del tipo c), la garantía de que no nos traicionará ninguno de ellos, con tanto poder entre las manos, es la racionalidad interna, justa y autosostenible del discurso.

Falso: hay que controlar a los mensajeros que son los verdaderos sostenedores del mensaje. Si, por ejemplo, el tipo a) acusa el menor asomo autoritario, lo destituimos de inmediato, con la mitad más uno de los integrantes, como una vez le ocurrió de verdad a ese dirigente; si la táctica del tipo b), por muy buena gente que sea, es inadecuada a ojos de una mayoría significativa, la cambiamos para aliarnos con un enemigo en contra de otro peor; al tipo c), si sus discursos pierden encanto, lo despediremos sin más trámites.

11) La base de todo es la contradicción, una parte de la cual derrotará a la otra en virtud de encerrar en su seno una dirección histórica irreversible que la hace superior y prometeica. Al final habrá una reconciliación total entre la especie humana y la naturaleza. Recobraremos el paraíso que una vez perdimos.

Falso: nadie sabe hacia dónde vamos, menos un cretino como yo.


Wednesday, April 23, 2008

Semióntica



SEMIONTICO

Por Freddy Quezada

No se trata de una especulación filosófica, si se cree desprender del prefijo que preside el título. No es semi (mitad) y ontos (ser), sino el cruce de un aspecto muy específico de la semiología (el mensaje) y uno central de la óntica (distíngase por favor de la ontología), ese concepto confuso que para mis fines lo voy a definir como “ser sin sentido; ni horizonte; ser ahí; ser sin más.”

Así, pues, será una reflexión semióntica.

Me impresionó en el prólogo que le hiciera a Carlos Schulmaister sobre los intelectuales, que el tema del discurso y el narrador, se haya detenido, como línea de exploración, en algún punto de los intereses intelectuales dominantes, al menos hasta donde yo conozco. En la retoma de este hilo, por demás fascinante, y que estoy seguro profundizarán autores más lúcidos que yo en todos los terrenos, con más garras que las mías y superando en mucho mi estrechez de miras, sólo temo recaer en la trampa de las simplezas dualistas de nuestra cultura. Sé que al hablar de mensaje y mensajero, excluyo a otros componentes de la mirada epistémica: el lugar (locus), el sentido (telos), el origen (arché), la cultura (modus), el espíritu (spirit), la historia (tempo), la identidad (ego), la diferencia (alter), etc. Pero asumo el riesgo.

Hay cuatro situaciones que se pueden percibir desde esta perspectiva que ofrezco al debate:

1. Los escritores: (No importa aquí si son originales o no en sus mensajes) son los que usan y abusan de los discursos, en particular los escritos. No hay en ello distinciones entre ideólogos, pensadores, investigadores, científicos, teólogos, espiritualistas, etc. Los biógrafos saben bien a lo que me refiero, cuando separan el impacto de los credos, no importa si a favor o en contra de ellos, de la vida de los autores. Alguien dijo, una vez, con justicia, que nadie es un héroe para su sirviente. Entiendo que al esclavo no le importa, sea porque no le entiende o no le cree, el discurso de su amo. No está envuelto en el efecto discursivo, está pendiente de un cuerpo que exige reposo y placeres. La vida de un autor no influye, ni condiciona lo que piensa, se dice desde Sócrates hasta nuestros días. Quizás sólo los psicoanalistas hagan algunas conexiones que lleven del uno a lo otro. Pero dentro de la galaxia de discursos, son marginales estas lecturas. El mensajero se oculta, por defecto, en el mensaje. Los discursos son banderas, digamos relevables, no importa si quien las lleva tiene las manos limpias o no; lo importante es que viajen y expliquen. Biográficamente, el escritor o la escritora, en el tiempo (y según la perspectiva del historiador) cambia y suele ser muchas personas, acusando la tensión de un sujeto que se presenta como homogéneo, cuando en verdad le vemos las líneas discontinuas que lo fragmentan y lo interrumpen, al mismo tiempo que lo hacen correr, como ese fenómeno que ocurre con los rayos láser o las ondas de radios, fácilmente explicables hoy por las teorías del caos. Y es igual también con los textos, como demostró Barthes y los espacios en blancos que separan y unen al mismo tiempo su escritura. Es decir, está tan fragmentado (nunca son iguales a sí mismos) el mensaje como el mensajero. ¿Se puede juntar lo que no se ha separado jamás? ¿O tal separación siempre ha sido una ilusión, de tal manera que es inútil exigir una reconciliación?

2. Los artistas: Al revés de los anteriores, en ellos, el exceso de yoes, productos del creador, funcionan como la información hoy, cuya cantidad sirve para ocultar, sepultada por avalanchas y toneladas de criaturas, nunca sabemos nada del narrador “real”. El yo se oculta, en estos casos, por exceso, pero sigue en el mensaje.

3. Los sabios. El mensaje coincide con el mensajero. Y al hacerlo, desaparecen ambos términos. La conciencia, fuente de separación, se disuelve junto con el ser dividido. Ya en manos del poder, el modelo se vuelve imperativo y se yergue sobre sí mismo. Los fundadores de las religiones y las culturas (Sócrates, Lao Tse, Buda, Confucio, Cristo, Mahoma y Moisés) son el testimonio de los casos, junto a algunas excepciones de héroes y heroínas (Gandhi, el Ché, Juana de Arco, Tupac Amaru, etc).


4. La gente “común y corriente”.
Nosotros (permitid ubicarme en este piso) sí estamos claramente separados de un discurso que nos llega siempre de afuera y de extraños. Vivimos en discursos de otros, somos actores (villanos en unos, verdugos en otros; indiferentes en estos, beligerantes en aquellos) de los discursos de las tres categorías anteriores. Pero también los asumimos como propios, de modo incompleto, fragmentario e híbrido, traicionándolo todos los días y usándolo para justificaciones y enfrentar a un adversario que está hecho del mismo material que nosotros. No los creamos, pero los hacemos nuestros. También somos nuestra propia creación performativa en el sentido que le da Castoriadis y Maturana (autopoiesis) cada uno de ellos por su lado (desde el punto de vista óntico el uno y desde la naturaleza el otro). Somos hibrideces creadoras (prescindiendo así de conciencia y representantes) en el sentido anarquista, a punta de lucha y estrategias entre desiguales en mundos ilusos. Sin duda, somos universos autocontenidos, fuera de los cuales estamos lo que somos de verdad: un agujero.

¿Qué quise decir?: cuatro cosas sencillas:

a) La eficacia de los intelectuales, y la consiguiente absolución de sus faltas, se basa en separar el mensaje del mensajero. Este es el principio: Los soñadores pueden fracasar, pero los sueños nunca.

b) Sólo los sabios (y algunos héroes) han borrado al mismo tiempo al mensaje y al mensajero, reuniendo en sí mismos una sola “cosa” mística, intransmisible e indescriptible.

c) Cuando las personas como “uno”, comunes y corrientes, armonizan el mensaje con el mensajero conocen, sin enterarse porque no les importa, y sólo por el momento que les concede el equilibrio, lo que llaman tranquilidad, serenidad, paz.

d) La mayoría vivimos alejados del equilibrio y es bueno que así sea, porque nada honra tanto la virtud de un mensaje como traicionarlo, escamotearlo, calcularlo, engañarlo, adularlo, calumniarlo, desobedecerlo, traducirlo, regularlo, recortarlo, ajustarlo, interpretarlo, juzgarlo, o negarlo, todos los días.

Tuesday, April 22, 2008

Escuelas culturales y de comunicación en pocas palabras

ESCUELAS DE COMUNICACIÓN Y CULTURA EN POCAS PALABRAS
Por Freddy Quezada
Los estudios de comunicación y cultura nacieron separados. Los norteamericanos (Paul Lazarsfeld, Harold Laswell y Robert Merton), alrededor del esquema lineal de la comunicación de Shannon (el emisor transmite por varios medios su mensaje, llegando limpio a un receptor universal) hicieron las primeras investigaciones empíricas de consumo de medios, preocupados de cómo era consumido el mensaje del emisor por los receptores, en encuestas de opinión, surveys y raiting que cruzaron por primera vez la sociología (estructural funcionalista) con la comunicación (girando alrededor de la prensa barata, la radio y la televisión masiva en EEUU). Es hasta con el postmodernismo que se empezaron a acercar y los terminó de confundir el auge de los estudios culturales.
Girando alrededor del esquema básico de la comunicación, podemos hablar de cinco escuelas de la comunicación y la cultura. Se distinguen unas de otras, por el acento que le colocan a uno de los términos de la ecuación compleja de la comunicación.




ESCUELA DE FRANKFURT: escuela filosófica y sociológica alemana de orientación más o menos marxista, conocida también como Teoría Crítica. En lo que respecta a los medios de comunicación, centró su atención en los procesos de alienación en general que generaba el sistema moderno y el capitalista en particular. Sus procesos de liberación consistían, entre otras cosas, en hacer dominantes los propósitos educativos de los medios de comunicación de masas para llevar la alta cultura a toda la población. En su versión más vulgar, aconsejaban socializar los medios de comunicación (en su mayoría en manos privadas) para llevar conciencia revolucionaria y mensajes liberadores a las masas. Umberto Eco (un teórico inubicable ahora, después de moderarse en su entusiasmo por la teoría de la recepción) llamó a esta corriente “apocalíptica”. Internamente, Walter Benjamín disintió de la mayoría de ellos (Teodoro Adorno y Max Horkheimer) al advertir que los medios de comunicación producirían sus propias creaciones (subliteratura de masas, música popular, arte pop, telenovelas, deportes, películas) en los rubros de información y diversión, que terminarían superando a la misión educativa impuesta por los sectores ilustrados. A su manera han heredado estas tradiciones Manuel Castells con su nuevo concepto de “sociedades redes” e Ignacio Ramonet con el “pensamiento único”.
ESCUELA DE CHICAGO: conocida así por ser la ciudad norteamericana, donde se empezaron los primeros estudios sociológicos de consumo de medios, por parte de sociólogos funcionalistas (los ya mencionados Merton, Lazarsfeld y Laswell). De alguna manera esta escuela se preocupó por los receptores pero en el aspecto económico, y después tecnológico, y no en el cultural, como más tarde lo harán los estudios culturales. Tienen el mérito de haber señalado los aspectos receptores como claves del circuito social y mediático. Umberto Eco le llamó a esta escuela los “integrados”. La fascinación por los medios audiovisuales (en particular la televisión, cuya cuna es EEUU) dominó sus reflexiones y estudios empíricos.
ESCUELA DE BIRMINGHAM: también de procedencia marxista, pero no desde arriba, como la de Frankfurt, sino desde abajo, más centrada en la cultura de las clases subalternas (obreros, mujeres, inmigrantes). Sus ejes siempre fueron procesos de resistencia, dentro de la lógica gramsciana, a la cultura dominante. Sus teóricos desde Raymond Williams hasta Stuart Hall, se preocuparon siempre por aspectos culturales dentro de sentidos emancipadores, desde abajo, propios del paradigma marxista. Por eso son conocidos como Cultural Studies. Su impacto se hizo muy fuerte en las ex-colonias británicas sobre todo en la India (Subaltern Studies), desde donde influyó sobre latinoamericano/as estudiando o impartiendo clases en los EEUU (Grupos de Estudios Subalternos Latinoamericanos).
ESCUELAS SUBALTERNISTAS: son conocidos por ubicarse en las ex-colonias europeas. En la India la fundaron Ranajit Guha, Partha Chatarjee, Dipesh Chakravarty, siguiéndola en su lógica emancipatoria, después, Aijaz Ahmad y otros. Efectuaron estudios culturales, pero desde el punto de vista de los subalternos colonizados y contribuyeron con estudios sobre los campesinos y la formación de los Estados nacionales. Sus pilares son: Marx, Gramsci y Althusser. Luego sufrirían un empujón radical por parte de otros autores también de las ex-colonias (Edward Said, Homi Bahbha y Gayatri Spivak) pero que debilitarán sus aspectos emancipatorios y le darán lugar a un escepticismo sano (postcoloniales) en los metarrelatos y a las lógicas de poder de los colonizadores sobre los colonizados. Incluirán a Jacques Derrida, Michel Focault y Gilles Deleuze junto a los clásicos Gramsci y Althusser. Para América Latina, en particular residentes latinos en universidades de EEUU, estos autores los influenciaron hasta el grado de constituir el Grupo Subalterno de Estudios Latinoamericanos, basados en los cuatro jinetes apocalípticos, como ellos les llamaron a sus autores favoritos: Gramsci, Foucault, Althusser y Guha. De aquí nacerán los postoccidentales que se transformarán en lo que hoy se conocen como Grupo Modernidad/Decolonialidad. Sus estudios cruzarán lógicas culturales, de poder y geoepistémicas. Asumirán una franca y abierta denuncia contra el eurocentrismo y la defensa de epistemologías “otras”.
ESCUELA LATINOAMERICANA DEL RECEPTOR: presididas por Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Renato Ortiz, presentan sus estudios independientes y al margen de los Estudios Culturales y del postmodernismo. Se sienten fuera de la tradición que fundaron en América Latina sobre estudios de comunicación Armand Matellart y Michelle Matterlart (ahora defensor de la comunicación-mundo) y Ariel Dorfman (Para Leer el Pato Donald) influenciados por los “apocalípticos”. Se interesan por los receptores a quienes conjugan en procesos híbridos (García Canclini) con los consumidores globalizados o con racionalidades propias de cartografías urbanas de actores sociales subalternos; jóvenes, mujeres, marginales, narcos, músicos, televidentes, etc. (Barbero) o el impacto de la globalización en las identidades nacionales (Ortiz). Coinciden, a sabiendas o no, con los teóricos de la cultura de masas que ven en los dibujos animados, la música popular, la pintura pop, las películas de cobertura mundial y los íconos populares en general, objetos de estudios, dignos de ser pensados, como han apuntado Umberto Eco, Fernando Savater y Peter Sloterdijk. Conjugan medios de comunicación y culturas subalternas, obviando lógicas de poder y colonialidades del ser y el saber, de tal modo que los decoloniales los prefieren como precursores de ellos o como estudiosos marginales, todavía tributarios del eurocentrismo.

Friday, April 11, 2008

Globalización en pocas palabras

GLOBALIZACIÓN A LA FECHA

Por Freddy Quezada


TIPOS DE GLOBALIZACIÓN

Introducción: La globalización es la internacionalización y profundización de las relaciones de poder (fuerza, riqueza, conocimiento y tecnología) entre países y culturas.

En la época temprana de la globalización, las corrientes emancipadoras en retirada, tuvieron la tentación de definirla como “la fase superior del imperialismo”. Ahora que amenazan con regresar, intentan definir, al paradigma rival que la desafía, como socialismo del siglo XXI. El fenómeno desde luego era, y es, mucho más complejo que una reducción lineal y acumulativa, fruto de categorías superadas o más de lo mismo, como contrapartida.

Otros separaron en ambos lados, la globalización de la fragmentación, haciéndolas correr de modo paralelo, ignorando su alimentación mutua, anclando en purezas, hegemónicas y resistentes, los procesos de identidad e imposiciones por violencias financieras y epistémicas, o seducciones mediáticas y tecnológicas.

Unos decían que la globalización terminaría por hacernos iguales a todos (ya fuera que lo celebraran como “integrados” o le temieran como “apocalípticos”) y otros señalaron que los procesos de resistencias se agudizarían ante la amenaza de perder las identidades. Tales temores estimularon los estudios culturales y comunicacionales (venidos de las escuelas de Birmingham, Frankfurt, Chicago y las teorías latinoamericanas del receptor) que terminaron de cruzarse con el postmodernismo, los postcoloniales y la decolonialidad.

El resultado real de todas estas apreciaciones es que nos hemos hibridizados o “glocalizados” por llamarle así, en procesos de identidades dentro de identidades, o mestizajes dentro de mestizajes, en medidas desiguales, cuyo peso en la composición, revela aspectos de dominio y aspectos subalternos, que luchan dentro de esos universos.

Sea como sea, la verdad es que la globalización no puede ser definida de un sólo golpe, no importa si a favor o en contra, de tal modo que preferimos hacerlo en los niveles en que ella misma se desarrolla.

LA ECONÓMICA FINANCIERA

Es la más importante y la de mayor cobertura. Es el triunfo inobjetable del mercado a caballo de las nuevas tecnologías de la comunicación y al servicio del movimiento de capitales. Expresión de la concentración de estos capitales, son el poder de las Instituciones Financieras Internacionales como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio, cuyas políticas generalmente alteran el ordenamiento social, político y económico clásico de los Estados nacionales subalternos. Su contrapartida igualmente global, pero más lenta y dificultosa, es la migración de los trabajadores de países “lentos” a países “rápidos”. La globalización en este sentido se presenta como homogenizadora.

Parte del horizonte que todos seremos iguales por medio del consumo.

Para lograr mayores niveles de eficacia y competitividad se han agrupado en tratados regionales donde las cabezas visibles son las potencias rivales en el sistema (TLC, ASEAN, UE). Últimamente han surgió potencias desafiantes que están fuera de esta globalización con claro dominio occidental, quienes amenazan con nuevas reglas del juego: China continental y la India.

LA JURÍDICA


Es la inconclusa y la que se presenta como el triunfo inobjetable de la democracia, pero avanzando con dificultades en países de culturas autoritarias. Parte de premisas ya consagradas (Derechos Humanos, Derechos Colectivos, Derechos de Pueblos Originarios) en instituciones internacionales (ONU, CIJ, OIT) y presenta las bondades de derechos normativos para todos en pisos (derechos políticos y civiles, derechos económicos/sociales/culturales y derechos de la tercera generación) que deben respetarse en los contextos nacionales. Se presentan como universales y algunos derechos provienen de exigencias del tipo anterior de globalización (derechos de autor, tratados regionales, patentes, etc.).

Se han tomado la libertad incluso de juzgar en el exilio a ex -- dictadores bajo el amparo de este tipo de globalización que no distingue entre dictadores de derecha o de izquierdas. Culturas no occidentales (como China continental y algunos países árabes y africanos) no le acuerdan ni el peso normativo ni la autoridad que los propios occidentales se brindan a sí mismos.

LA TECNOLÓGICA/CULTURAL


Es la globalización diferenciadora por excelencia. Asume la “soberanía del consumidor” que a veces se la confunde con el “derecho a la diferencia” (mezclando al ciudadano con el consumidor) que exigen y gozan grupos sociales étnicos, lingüísticos, sexuales, medioambientales y culturales.

El “derecho a la diferencia” por lo común se lo obtiene mediante procesos negociados y de consensos, donde una sociedad civil pacífica y tolerante, pero firme y luchadora, dialoga con un Estado abrumado de problemas por arriba, por abajo y por dentro que no puede resolver. La tecnología se presenta cargada de bondades y como nueva forma de distinguir a los países en atrasados y rápidos. Las nuevas protestas de grupos globales ya no es impedir una globalización que ha terminado por ser inevitable, sino la de luchar por “otras” globalizaciones incluyentes y participativas.