ULITEO LA PAGINA DE "NADIE" (ULISES) Y DE "TODOS" (PROTEO)

Thursday, May 15, 2008

Entre mitos y utopías

Nota de presentación: Este texto es de Carlos Schulmaister. Disfruten.
GUÍA BÁSICA DE MITOS Y UTOPÍAS

POR CARLOS SCHULMAISTER (Argentina)


Desmitificar es reconocer que un núcleo de significados encierra un mito (una explicación con dos posibilidades: una prerracional y otra falsamente racional). No reconocer el mito implica admitir sus aparentes significados como verdades. Luego resta analizarlo críticamente para demoler los falsos fundamentos de sus pretensiones explicativas y para rescatar el fondo de verdad que pueda encerrar y que escapa a nuestro conocimiento. En suma, se trata de interpretar luces y sombras del mito.

La vigencia de un mito implica cierto grado de vuelta atrás, de alejamiento del presente, pero mirando por el espejo retrovisor del auto mientras éste avanza, pues el mito no se impone por sí solo viajando del pasado al futuro, tradición mediante, sino que es tironeado desde el presente. Con ciertos mitos redivivos las sociedades, o grupos dentro de ellas, escapan imaginariamente de su propio tiempo histórico en busca de Arcadias a la medida de sus deseos y necesidades presentes soñando con resucitarlos, no en su totalidad sino en la parte o el significado que les permita relanzarlos hacia el futuro, pero en sustitución del futuro real. Me refiero a mitos con vitalidad, que son vivificados por generaciones actuales que adhieren a ellos sin importarles su larga antigüedad, o tal vez por eso mismo.

Aquellas con mayor cantidad de mitos vigentes suelen ser sociedades tradicionales y conservadoras, jerárquicas, sumisas, obedientes, formalistas y estables, temerosas de los cambios en las costumbres y las ideas, pues los mitos existen para obtener esos resultados.

Los escapes hacia atrás existieron en todos los tiempos y lugares en el pasado, pero también en el siglo XX, y aun en la actualidad. Tendencias de ese tipo se presentan también en ciertas subculturas dentro de sociedades actuales que cursan la etapa de la Globalización. En el presente, esas fugas pueden presentarse travestidas de progresismo, engañando así a la mayoría.

En otras sociedades, por el contrario, mitos similares ya no movilizan retrocesos históricos pues carecen de vitalidad, es decir, ya no se cree demasiado en ellos, por más que algunos sean artículos de fe religiosa vinculados a los libros “sagrados” de ciertas religiones.

La posibilidad del escape reside en el vigor del relato mítico para dominar, controlar o inducir la dirección del comportamiento y del pensamiento de hombres posteriores en miles de años a los imaginarios tiempos inaugurales del mito, produciendo en consecuencia la resistencia y la renuencia a desarrollar la aventura de poner en tensión el insuficientemente explorado potencial de las energías humanas (individuales y colectivas, materiales y espirituales) por fuera de los moldes tradicionales, considerados dignos de permanencia por su atribuida bondad intrínseca.

Inversamente, la utopía es un escape de la historia hacia adelante, y no necesariamente su afirmación plena, pero como es muy engañadora resulta altamente movilizadora socialmente. En realidad, pese a los discursos ideológicos a su servicio, e incluso por obra de ellos mismos, esa huída hacia adelante suele representar una deserción del presente inmediato, un intento de forzar la naturaleza de las cosas, por lo que equivale a una apelación a la magia, o al milagro. Eso sí, moviliza intensamente a minorías, cuando de acuerdo a sus excelencias debería movilizar a toda la sociedad.

La utopía, en principio, es todo lo contrario de los mitos. Si éstos son legitimadores de lo dado, es decir, de lo existente, del sistema, la utopía es el planteo de la justicia que debe ser como resultado de la crítica previa de lo existente. No obstante, en la práctica, la utopía, al igual que los mitos, es dominada por la ideología y se convierte en un mito al revés, una fuga hacia adelante. Esas son las utopías que hemos conocido, que a la larga no pueden realizarse y sus deficitarias implementaciones terminan en desviaciones que deben ser padecidas.

La razón, a mi juicio, es el desprenderse totalmente del pasado, de ese sedimento de incontables presentes agotados, por lo que sus promotores se ven obligados a continuar apelando e invocando al destino, al futuro, para dominar y controlar a amplias mayorías disconformes en el hoy, que es lo único que existe pese a su fugacidad. Si la utopía se mantiene con vitalidad sólo en la minoría la única manera de que prospere en punto a su realización es convirtiéndose en misionera y beligerante, y dejando en algún momento de ser democrática. Para entonces ya habrá desarrollado un inmenso cuerpo teórico destinado a explicar y justificar la necesidad de dar el salto histórico que la sitúe a la cabeza de las masas. En resumen: lo que la teoría crítica construye magníficamente, la praxis concreta lo desmorona y el fondo ético ideal originario es la primera víctima sacrificada.

La capacidad cuestionadora de sus mitos heredados no debe hacer perder de vista la tendencia implícita en la sociedad a identificar el presente, y sobre todo el estado de derecho y la democracia, en tanto que situaciones actuales relativamente extendidas, como un paradigma de racionalidad perfecto y acabado. A partir de allí, hay que reconocer el grado de mentira del presente, o mejor dicho, la renovada capacidad mitificante, alienante e irracional, de una racionalidad presente que pretende o intenta dar cuenta de los mitos supérstites y sobre todo de nuevas utopías. Como sujetos contemporáneos, nos preocupan más los mitos de la razón, la mitificación de la realidad producida por el extravío y la crisis de la racionalidad crítica.

Individuos y sociedades, en formas y grados diversos, tienen tendencias a situar en pasados y en futuros mitificados los impulsos históricos que traccionan en uno u otro sentido temporal al tiempo presente y su conciencia de si. Ello sucede así independientemente de la capacidad o incapacidad de aquellos de mirarse desde afuera del proceso.

Los mitos renacen en el presente, languidecen o bien ya quedaron en el pasado y están definitivamente muertos. Pero el presente también puede saltar hacia atrás buscando reverdecer antiguos mitos o creando otros conexos, como en las experiencias históricas fascistizantes del siglo XX. A la inversa, la utopía revolucionaria, con su salto histórico hacia delante y su asalto al futuro es en gran medida un salto al vacío, lo cual la diferencia de los atajos históricos, otra forma de acelerar el tránsito hacia el futuro reduciendo distancias sin saltos ni sobresaltos.

La huída del presente, en realidad, no obedece al “miedo” al presente, tan efímero y breve, sino a la angustia por la imposibilidad del futuro, el depositario de las estaciones imaginables de nuestra vida (lo que no ocurre con el presente, que es pura fugacidad) y el garante de nuestra finitud.

Pero el futuro personal no corre con uno, hacia adelante de uno, sino en contra de uno, como un dique que estalla o como una catarata incontenible que se nos viene encima sin que estemos vestidos para la ocasión. El presente devora el futuro como la locomotora de vapor consumía carbón. En definitiva, a lo que se teme es al futuro por ser un recurso no renovable (cuestión económica) y por lo que se piensa, se presume, se cree, y se teme que viene después (cuestión axiológica que condiciona la atribución de sentido a la vida).

En el futuro, lato sensu, hay dos futuros temidos de distinta manera: el inmediato y el mediato, y cada uno angustia de distinta manera en el fugaz pero desmesurado presente de la conciencia.

El culto del pasado y la arqueología de los mitos son un pretexto, una excusa para atenuar el miedo al futuro personal, imaginando la prolongación del tiempo por delante nuestro. El pasado es el depósito o el galpón de los trastos viejos de la vida, que nos permite disfrazarnos de tanto en tanto, en el carnaval de nuestra existencia, para adoptar una ficticia identidad, para tener un rostro, y también una familia, y una tribu, con lo cual nos quita soledad y angustia del presente, a cuenta del futuro.

La fascinación del futuro es una excusa irracional para reducir y controlar el miedo que provoca. El futuro que fascina es el lejano, separado y más allá del limitado futuro personal. El futuro abstracto no duele ni angustia, como lo prueba la indiferencia de mis amigos y de mis propios hijos ante la posibilidad de que sus nietos y biznietos se encuentren ante el peligro del anunciado choque de nuestro planeta con un cometa en el año 2126.

Ese futuro cuasi literario es un refugio colectivo de la especie, un útero tibio y placentero tal como lo es también el pasado mítico prehistórico, en los cuales se deposita optimismo y serenidad -a diferencia de los futuros personales de cada uno-, y donde precisamente, en cierto punto, se diluye toda individualidad.

En cambio, casi siempre para la mayoría el presente es tierra de nadie, es decir, un espacio no deseado, incómodo, pero potencialmente tentador. En general, al presente se lo apropia y lo disfruta el oportunista. Y a veces el loco.

Hay épocas en las cuales existen desmesuradas fugas colectivas hacia atrás, y otras en los que las fugas se dan hacia adelante con mucho brío y entusiasmo. Y también hay momentos y lugares donde el pasado y el futuro se unen complementariamente, como en las experiencias autoritarias de derechas, representando la conquista del futuro, en realidad, una mítica búsqueda del paraíso perdido. En tanto que en la revolución, la ruptura con el pasado se propone para siempre por más que a largo plazo eso sea imposible de lograr. Con todo, la utopía de la sociedad sin clases es tan sólo la resurrección del mito de la comunidad primitiva.

En América latina, por miedo al futuro -pues nunca fueron realmente progresistas- las oligarquías ensambladas con los imperialismos de turno promovieron golpes de estado tanto en el siglo XIX como en el XX. Temer al futuro las llevaba a proponerse clausurarlo. Habitualmente el mito vigente nos enseña todo lo contrario de lo que yo afirmo.

La utopía izquierdista de América latina en los ´60 y ´70 fue en parte una reacción a lo anterior, pero las luchas nacionales nunca fueron utopías sino desarrollos históricos de la conciencia política popular de cada momento, pese a haber recibido influencias del utopismo revolucionario. Los que saltaron el tiempo fugándose hacia adelante fueron los utopistas de izquierda, incluyendo principalmente a los Montoneros y a los grupos guerrilleros de izquierda. Ser utopista practicando cualquier forma de violencia no es, como mínimo, algo inocuo, y mucho menos un indiscutible modelo a seguir toda vez que esa identificación descansa en la lógica amigo-enemigo.

En Argentina, después de 1955, la resistencia peronista fue estrategia política de un gran conductor político de masas, sin que su grandeza impida ni evite revisar críticamente su trayectoria política. La superposición de la utopía revolucionaria, intentando acelerar la propia dinámica de la lucha movimientista peronista, unido a la agudización de las contradicciones internas de ésta, trajo como resultado su fracaso, la mayor represión popular conocida hasta entonces, y el retroceso de la evolución social de los argentinos.

La utopía futurista, desvinculada de la realidad de lo posible, siempre intenta forzar la realidad para eludir y borrar las responsabilidades históricas concretas y la necesidad de dar respuestas políticas y sociales ya, ahora.

En consecuencia, hay dos formas de imaginar el futuro: el futuro enlazado con el presente, el futuro racional, al que se llegará previsiblemente subiendo por la escalera peldaño a peldaño, incluyendo descansos y retrocesos; y el futuro desprendido del presente, al que se intenta llegar no por medio de ascensores pues no existen sino dando saltos: es el futuro mitificado. En la realidad, quienes crean posible escapar de los cercos de los “laberintos” por arriba han de fracasar inexorablemente a menos que le crezcan “alas” (algo imposible) o posean tecnología capaz de propulsarlos hacia ese “arriba”. En todos los casos, no podrán evitar los “porrazos”.

Lo mismo sucede con el pasado: el pasado construido y articulado con el presente es un pasado histórico, dinámico, provisorio, vital, y nosotros somos dueños de él. A la inversa, un pasado recibido, heredado, lejano, impreciso, desarticulado del presente personal, es un pasado mítico, estático, fijo, muerto, y aun así nos domina.

Y sin embargo, la huida del presente y de la racionalidad a través del mito y la utopía es sólo aparente, ya que ni el mito ni la utopía pueden desprenderse del presente donde son pensados ni pueden existir sin una dosis de racionalización, del mismo modo que la racionalidad va acompañada de la función mitificadora del sistema.

Hasta unas cuantas décadas atrás, la utopía era pensada como un imposible lógico. Hoy lo es como un inédito posible: cuando ella sobrepasa la mera entidad teórica se la comienza a percibir como una acumulación de energía puesta en tensión para lograr un salto cualitativo en las formas de organización y desarrollo de la vida colectiva en el sentido del bien común, y en ese sentido parece hallarse en marcha. En la práctica, las utopías se mitifican, se irracionalizan, tornándose irrealizables, con lo cual el antiguo significado de utopía vuelve a cobrar vigencia.

El fracaso y los terribles costos de las utopías totalitarias recientes han logrado que tengamos inclinación a poner en el centro de la utopía los riesgos, los extravíos y los resultados no deseados. Pero todas las utopías no han sido ni son homogéneas ni mucho menos violentas ni totalitarias. Y no tienen por qué serlo.

Friday, May 02, 2008

Polémica contra polemistas

CONTRA EL DURO, EL BLANDO Y EL ELASTICO

Por Freddy Quezada

Me parece que fue Thomas Kuhn quien dijo, a propósito de la inconmensurabilidad de los paradigmas, que los vencidos continúan dándole vueltas a sus ejes, como si nada hubiese pasado, mientras los paradigmas dominantes ya no hablan de ellos o lo hacen pero con otros recursos epistémicos y hasta con otro vocabulario. Usaba de ejemplos la diferencia entre el paradigma de Newton (mecánica) con el de Einstein (relatividad) y el de este con el de Bhor (cuántica). El decía, al final de sus días, que un paradigma no es superior a otro: sólo diferente y que luchan entre ellos para imponerse ante las comunidades científicas e ilustradas. Así que los paradigmas perdedores no han regresado, sino que ni siquiera se habían ido.

De una reciente polémica entre dos marxistas: uno “duro” y el otro “blando” llevada a cabo en END el 1, 8 y 15 de abril y que coincidió en el tiempo con las revelaciones que hizo La Prensa sobre las propiedades a nombre del ideólogo del FSLN, Orlando Núñez (el 22 y el 26 del mismo mes), y el derecho a réplica que ejerció ante las cámaras de televisión (usando categorías risibles como conciencia, posición y situación de clase), devolviendo a la agenda una vez más el viejo problema de la ética y de la revolución, decidí expresar mis ideas en este blog al amparo de las cosas que dijo Kuhn.

Para no ofender, ni calificar a nadie, llamaré al “duro” de tendencia trotkysta, el tipo a); al “blando” de tendencia socialista, el tipo b) y al “elástico” de tendencia gramsciana, el tipo c).

Expondré en forma numeral mis consideraciones, más bien en lo que los une a todos ellos.

1. Separar el mensaje del mensajero. Sólo del tipo c) sabemos algunas cosas que él alega privadas; de los otros dos, sabemos muy poco o casi nada, aunque del tipo b) en lo personal puedo dar fe de una pobreza franciscana y una honradez meridiana. Del tipo a) conozco algunas cosas personales, cuyo contenido no presentaré a la vista del público por el momento. Para todos los casos, ninguno de ellos estaría de acuerdo en que se hable de sus vidas privadas al máximo, para después ponerla en conexión con sus mensajes.

Falso: no se puede separar el mensaje del mensajero.

2. Es ético todo aquello que ayuda a los fines de un partido, ideología o causa y no lo es todo aquello que lo impida. Moral abstracta vs. Moral de partidos. Tipos a) y c) contra tipo b).

Falso: la esencia de toda ética es la de ser traicionada y la mejor la que no puede decirse. La ética es para los desempoderados; y para los poderosos, no existe más que como instrumento para mantener, aumentar o tomar el poder.

3. Hay una clase social (tipo a), alianza de clases y sectores (tipo b) o simplemente “pobres” (tipo c), que emanciparán a los demás (incluyendo a los enemigos) en virtud de algo especial y redentor que poseen, que puede ser su disciplina organizativa y carencia de propiedades, su vocación democrática o simplemente su aspecto y escasez de recursos en general.

Falso: ningún grupo social tiene virtudes prometeicas; ninguno.

4. Par todos los tipos la Historia es el máximo tribunal que sólo ellos conocen. Hablan como si alguna vez estuvieron al final de ella y han regresado llenos de lucidez a concientizar a los alienados que no pudieron viajar. Es una versión revolucionario del viejo mito de la Caverna de Platón.

Falso: la historia no tiene dirección ni sentido; es autopoietica.


5. Una Vanguardia (grupo muy pequeño de hombres y mujeres lúcidos/as) hablan por los demás (sin consultárselo) ignorando sus diferencias, sus humores, sus cambios y hojas de vida. Son representacionalistas. Hablan en nombre de un proletariado platónico (ideal, perfecto y utópico), mudo y obediente con ellos, como en el caso del tipo a) y del tipo b) y en el de tipo c) con sus “pobres” igual de silenciosos y adocenados con él. Los dos primeros lo ocupan para oponerse al capitalismo y el tercero a la oligarquía, y todos a un imperialismo sin diferencias.

Falso: Nadie puede representar a nadie; ni siquiera a sí mismo porque el derecho a cambiar de opinión y a equivocarse, lo rompe.

6. Siempre el “otro/otros” tienen la culpa de todo. Se absuelven de entrada y por principio de cualquier responsabilidad de lo ocasionado que se ofrece a su espíritu crítico que lo rechaza y lo obliga a proponer una utopía salvadora.

Falso: “Uno” es el primer responsable de lo que sucede y uno es el primer llamado a investigar, primero, si lo que pasa realmente es un problema y, dos, dejar que se autoresuelva, si lo es. Si un problema tiene solución, cuál es el problema y si no lo tiene, cuál es el problema.


7) Nada es más importante que la acción derivada de una certeza.

Falso: nada hay más ofensivo para un revolucionario de cualquier velocidad que llamarlo a la quietud, al abandono, al desorden y a la indiferencia, ya no digamos a la serenidad y a la meditación. La acción en sí misma ya es pensamiento y no está separada de lo que se dice.

8) Nada más superior que resolver los problemas socioeconómicos con una revolución suave o dura. Para unos “la crisis de la Humanidad se reduce a la crisis de dirección del proletariado”, para el siguiente, la mejor manera de desarrollar al país es con una democracia participativa con rasgos socializantes y para el último, sólo una democracia popular, ciudadana y directa puede ser digna de superar el atraso político y económico.

Falso: las soluciones es el terreno favorito donde les encanta pelearse a los marxistas de cualquier signo: trotskos, socialistas o gramscianos. Pero ese es precisamente el problema, las soluciones venidas, todas, de paradigmas euronorteamericanos, cuyos representantes blancos y mestizos, se mueren por imitar.

9) La fuente de la solución de todos los problemas sociales y económicos es la socialización de los medios de producción y su respectivo control de parte de los trabajadores. El desarrollo de las fuerzas productivas derrumbará los Estados nacionales.

Falso: el tipo de propiedad no es garantía alguna de ningún tipo de felicidad ni justicia e irónicamente quien desarrolló las nuevas tecnologías y debilitó a los estados nacionales fue el capitalismo mismo. Por parte de los trabajadores, ahora son una minoría (un milagro como dicen algunos) en todas partes del mundo, tanto como las etnias y los aborígenes.

10) Si el tipo a) y b) tuvieran el poder del tipo c), la garantía de que no nos traicionará ninguno de ellos, con tanto poder entre las manos, es la racionalidad interna, justa y autosostenible del discurso.

Falso: hay que controlar a los mensajeros que son los verdaderos sostenedores del mensaje. Si, por ejemplo, el tipo a) acusa el menor asomo autoritario, lo destituimos de inmediato, con la mitad más uno de los integrantes, como una vez le ocurrió de verdad a ese dirigente; si la táctica del tipo b), por muy buena gente que sea, es inadecuada a ojos de una mayoría significativa, la cambiamos para aliarnos con un enemigo en contra de otro peor; al tipo c), si sus discursos pierden encanto, lo despediremos sin más trámites.

11) La base de todo es la contradicción, una parte de la cual derrotará a la otra en virtud de encerrar en su seno una dirección histórica irreversible que la hace superior y prometeica. Al final habrá una reconciliación total entre la especie humana y la naturaleza. Recobraremos el paraíso que una vez perdimos.

Falso: nadie sabe hacia dónde vamos, menos un cretino como yo.


Wednesday, April 23, 2008

Semióntica



SEMIONTICO

Por Freddy Quezada

No se trata de una especulación filosófica, si se cree desprender del prefijo que preside el título. No es semi (mitad) y ontos (ser), sino el cruce de un aspecto muy específico de la semiología (el mensaje) y uno central de la óntica (distíngase por favor de la ontología), ese concepto confuso que para mis fines lo voy a definir como “ser sin sentido; ni horizonte; ser ahí; ser sin más.”

Así, pues, será una reflexión semióntica.

Me impresionó en el prólogo que le hiciera a Carlos Schulmaister sobre los intelectuales, que el tema del discurso y el narrador, se haya detenido, como línea de exploración, en algún punto de los intereses intelectuales dominantes, al menos hasta donde yo conozco. En la retoma de este hilo, por demás fascinante, y que estoy seguro profundizarán autores más lúcidos que yo en todos los terrenos, con más garras que las mías y superando en mucho mi estrechez de miras, sólo temo recaer en la trampa de las simplezas dualistas de nuestra cultura. Sé que al hablar de mensaje y mensajero, excluyo a otros componentes de la mirada epistémica: el lugar (locus), el sentido (telos), el origen (arché), la cultura (modus), el espíritu (spirit), la historia (tempo), la identidad (ego), la diferencia (alter), etc. Pero asumo el riesgo.

Hay cuatro situaciones que se pueden percibir desde esta perspectiva que ofrezco al debate:

1. Los escritores: (No importa aquí si son originales o no en sus mensajes) son los que usan y abusan de los discursos, en particular los escritos. No hay en ello distinciones entre ideólogos, pensadores, investigadores, científicos, teólogos, espiritualistas, etc. Los biógrafos saben bien a lo que me refiero, cuando separan el impacto de los credos, no importa si a favor o en contra de ellos, de la vida de los autores. Alguien dijo, una vez, con justicia, que nadie es un héroe para su sirviente. Entiendo que al esclavo no le importa, sea porque no le entiende o no le cree, el discurso de su amo. No está envuelto en el efecto discursivo, está pendiente de un cuerpo que exige reposo y placeres. La vida de un autor no influye, ni condiciona lo que piensa, se dice desde Sócrates hasta nuestros días. Quizás sólo los psicoanalistas hagan algunas conexiones que lleven del uno a lo otro. Pero dentro de la galaxia de discursos, son marginales estas lecturas. El mensajero se oculta, por defecto, en el mensaje. Los discursos son banderas, digamos relevables, no importa si quien las lleva tiene las manos limpias o no; lo importante es que viajen y expliquen. Biográficamente, el escritor o la escritora, en el tiempo (y según la perspectiva del historiador) cambia y suele ser muchas personas, acusando la tensión de un sujeto que se presenta como homogéneo, cuando en verdad le vemos las líneas discontinuas que lo fragmentan y lo interrumpen, al mismo tiempo que lo hacen correr, como ese fenómeno que ocurre con los rayos láser o las ondas de radios, fácilmente explicables hoy por las teorías del caos. Y es igual también con los textos, como demostró Barthes y los espacios en blancos que separan y unen al mismo tiempo su escritura. Es decir, está tan fragmentado (nunca son iguales a sí mismos) el mensaje como el mensajero. ¿Se puede juntar lo que no se ha separado jamás? ¿O tal separación siempre ha sido una ilusión, de tal manera que es inútil exigir una reconciliación?

2. Los artistas: Al revés de los anteriores, en ellos, el exceso de yoes, productos del creador, funcionan como la información hoy, cuya cantidad sirve para ocultar, sepultada por avalanchas y toneladas de criaturas, nunca sabemos nada del narrador “real”. El yo se oculta, en estos casos, por exceso, pero sigue en el mensaje.

3. Los sabios. El mensaje coincide con el mensajero. Y al hacerlo, desaparecen ambos términos. La conciencia, fuente de separación, se disuelve junto con el ser dividido. Ya en manos del poder, el modelo se vuelve imperativo y se yergue sobre sí mismo. Los fundadores de las religiones y las culturas (Sócrates, Lao Tse, Buda, Confucio, Cristo, Mahoma y Moisés) son el testimonio de los casos, junto a algunas excepciones de héroes y heroínas (Gandhi, el Ché, Juana de Arco, Tupac Amaru, etc).


4. La gente “común y corriente”.
Nosotros (permitid ubicarme en este piso) sí estamos claramente separados de un discurso que nos llega siempre de afuera y de extraños. Vivimos en discursos de otros, somos actores (villanos en unos, verdugos en otros; indiferentes en estos, beligerantes en aquellos) de los discursos de las tres categorías anteriores. Pero también los asumimos como propios, de modo incompleto, fragmentario e híbrido, traicionándolo todos los días y usándolo para justificaciones y enfrentar a un adversario que está hecho del mismo material que nosotros. No los creamos, pero los hacemos nuestros. También somos nuestra propia creación performativa en el sentido que le da Castoriadis y Maturana (autopoiesis) cada uno de ellos por su lado (desde el punto de vista óntico el uno y desde la naturaleza el otro). Somos hibrideces creadoras (prescindiendo así de conciencia y representantes) en el sentido anarquista, a punta de lucha y estrategias entre desiguales en mundos ilusos. Sin duda, somos universos autocontenidos, fuera de los cuales estamos lo que somos de verdad: un agujero.

¿Qué quise decir?: cuatro cosas sencillas:

a) La eficacia de los intelectuales, y la consiguiente absolución de sus faltas, se basa en separar el mensaje del mensajero. Este es el principio: Los soñadores pueden fracasar, pero los sueños nunca.

b) Sólo los sabios (y algunos héroes) han borrado al mismo tiempo al mensaje y al mensajero, reuniendo en sí mismos una sola “cosa” mística, intransmisible e indescriptible.

c) Cuando las personas como “uno”, comunes y corrientes, armonizan el mensaje con el mensajero conocen, sin enterarse porque no les importa, y sólo por el momento que les concede el equilibrio, lo que llaman tranquilidad, serenidad, paz.

d) La mayoría vivimos alejados del equilibrio y es bueno que así sea, porque nada honra tanto la virtud de un mensaje como traicionarlo, escamotearlo, calcularlo, engañarlo, adularlo, calumniarlo, desobedecerlo, traducirlo, regularlo, recortarlo, ajustarlo, interpretarlo, juzgarlo, o negarlo, todos los días.

Tuesday, April 22, 2008

Escuelas culturales y de comunicación en pocas palabras

ESCUELAS DE COMUNICACIÓN Y CULTURA EN POCAS PALABRAS
Por Freddy Quezada
Los estudios de comunicación y cultura nacieron separados. Los norteamericanos (Paul Lazarsfeld, Harold Laswell y Robert Merton), alrededor del esquema lineal de la comunicación de Shannon (el emisor transmite por varios medios su mensaje, llegando limpio a un receptor universal) hicieron las primeras investigaciones empíricas de consumo de medios, preocupados de cómo era consumido el mensaje del emisor por los receptores, en encuestas de opinión, surveys y raiting que cruzaron por primera vez la sociología (estructural funcionalista) con la comunicación (girando alrededor de la prensa barata, la radio y la televisión masiva en EEUU). Es hasta con el postmodernismo que se empezaron a acercar y los terminó de confundir el auge de los estudios culturales.
Girando alrededor del esquema básico de la comunicación, podemos hablar de cinco escuelas de la comunicación y la cultura. Se distinguen unas de otras, por el acento que le colocan a uno de los términos de la ecuación compleja de la comunicación.




ESCUELA DE FRANKFURT: escuela filosófica y sociológica alemana de orientación más o menos marxista, conocida también como Teoría Crítica. En lo que respecta a los medios de comunicación, centró su atención en los procesos de alienación en general que generaba el sistema moderno y el capitalista en particular. Sus procesos de liberación consistían, entre otras cosas, en hacer dominantes los propósitos educativos de los medios de comunicación de masas para llevar la alta cultura a toda la población. En su versión más vulgar, aconsejaban socializar los medios de comunicación (en su mayoría en manos privadas) para llevar conciencia revolucionaria y mensajes liberadores a las masas. Umberto Eco (un teórico inubicable ahora, después de moderarse en su entusiasmo por la teoría de la recepción) llamó a esta corriente “apocalíptica”. Internamente, Walter Benjamín disintió de la mayoría de ellos (Teodoro Adorno y Max Horkheimer) al advertir que los medios de comunicación producirían sus propias creaciones (subliteratura de masas, música popular, arte pop, telenovelas, deportes, películas) en los rubros de información y diversión, que terminarían superando a la misión educativa impuesta por los sectores ilustrados. A su manera han heredado estas tradiciones Manuel Castells con su nuevo concepto de “sociedades redes” e Ignacio Ramonet con el “pensamiento único”.
ESCUELA DE CHICAGO: conocida así por ser la ciudad norteamericana, donde se empezaron los primeros estudios sociológicos de consumo de medios, por parte de sociólogos funcionalistas (los ya mencionados Merton, Lazarsfeld y Laswell). De alguna manera esta escuela se preocupó por los receptores pero en el aspecto económico, y después tecnológico, y no en el cultural, como más tarde lo harán los estudios culturales. Tienen el mérito de haber señalado los aspectos receptores como claves del circuito social y mediático. Umberto Eco le llamó a esta escuela los “integrados”. La fascinación por los medios audiovisuales (en particular la televisión, cuya cuna es EEUU) dominó sus reflexiones y estudios empíricos.
ESCUELA DE BIRMINGHAM: también de procedencia marxista, pero no desde arriba, como la de Frankfurt, sino desde abajo, más centrada en la cultura de las clases subalternas (obreros, mujeres, inmigrantes). Sus ejes siempre fueron procesos de resistencia, dentro de la lógica gramsciana, a la cultura dominante. Sus teóricos desde Raymond Williams hasta Stuart Hall, se preocuparon siempre por aspectos culturales dentro de sentidos emancipadores, desde abajo, propios del paradigma marxista. Por eso son conocidos como Cultural Studies. Su impacto se hizo muy fuerte en las ex-colonias británicas sobre todo en la India (Subaltern Studies), desde donde influyó sobre latinoamericano/as estudiando o impartiendo clases en los EEUU (Grupos de Estudios Subalternos Latinoamericanos).
ESCUELAS SUBALTERNISTAS: son conocidos por ubicarse en las ex-colonias europeas. En la India la fundaron Ranajit Guha, Partha Chatarjee, Dipesh Chakravarty, siguiéndola en su lógica emancipatoria, después, Aijaz Ahmad y otros. Efectuaron estudios culturales, pero desde el punto de vista de los subalternos colonizados y contribuyeron con estudios sobre los campesinos y la formación de los Estados nacionales. Sus pilares son: Marx, Gramsci y Althusser. Luego sufrirían un empujón radical por parte de otros autores también de las ex-colonias (Edward Said, Homi Bahbha y Gayatri Spivak) pero que debilitarán sus aspectos emancipatorios y le darán lugar a un escepticismo sano (postcoloniales) en los metarrelatos y a las lógicas de poder de los colonizadores sobre los colonizados. Incluirán a Jacques Derrida, Michel Focault y Gilles Deleuze junto a los clásicos Gramsci y Althusser. Para América Latina, en particular residentes latinos en universidades de EEUU, estos autores los influenciaron hasta el grado de constituir el Grupo Subalterno de Estudios Latinoamericanos, basados en los cuatro jinetes apocalípticos, como ellos les llamaron a sus autores favoritos: Gramsci, Foucault, Althusser y Guha. De aquí nacerán los postoccidentales que se transformarán en lo que hoy se conocen como Grupo Modernidad/Decolonialidad. Sus estudios cruzarán lógicas culturales, de poder y geoepistémicas. Asumirán una franca y abierta denuncia contra el eurocentrismo y la defensa de epistemologías “otras”.
ESCUELA LATINOAMERICANA DEL RECEPTOR: presididas por Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Renato Ortiz, presentan sus estudios independientes y al margen de los Estudios Culturales y del postmodernismo. Se sienten fuera de la tradición que fundaron en América Latina sobre estudios de comunicación Armand Matellart y Michelle Matterlart (ahora defensor de la comunicación-mundo) y Ariel Dorfman (Para Leer el Pato Donald) influenciados por los “apocalípticos”. Se interesan por los receptores a quienes conjugan en procesos híbridos (García Canclini) con los consumidores globalizados o con racionalidades propias de cartografías urbanas de actores sociales subalternos; jóvenes, mujeres, marginales, narcos, músicos, televidentes, etc. (Barbero) o el impacto de la globalización en las identidades nacionales (Ortiz). Coinciden, a sabiendas o no, con los teóricos de la cultura de masas que ven en los dibujos animados, la música popular, la pintura pop, las películas de cobertura mundial y los íconos populares en general, objetos de estudios, dignos de ser pensados, como han apuntado Umberto Eco, Fernando Savater y Peter Sloterdijk. Conjugan medios de comunicación y culturas subalternas, obviando lógicas de poder y colonialidades del ser y el saber, de tal modo que los decoloniales los prefieren como precursores de ellos o como estudiosos marginales, todavía tributarios del eurocentrismo.

Friday, April 11, 2008

Globalización en pocas palabras

GLOBALIZACIÓN A LA FECHA

Por Freddy Quezada


TIPOS DE GLOBALIZACIÓN

Introducción: La globalización es la internacionalización y profundización de las relaciones de poder (fuerza, riqueza, conocimiento y tecnología) entre países y culturas.

En la época temprana de la globalización, las corrientes emancipadoras en retirada, tuvieron la tentación de definirla como “la fase superior del imperialismo”. Ahora que amenazan con regresar, intentan definir, al paradigma rival que la desafía, como socialismo del siglo XXI. El fenómeno desde luego era, y es, mucho más complejo que una reducción lineal y acumulativa, fruto de categorías superadas o más de lo mismo, como contrapartida.

Otros separaron en ambos lados, la globalización de la fragmentación, haciéndolas correr de modo paralelo, ignorando su alimentación mutua, anclando en purezas, hegemónicas y resistentes, los procesos de identidad e imposiciones por violencias financieras y epistémicas, o seducciones mediáticas y tecnológicas.

Unos decían que la globalización terminaría por hacernos iguales a todos (ya fuera que lo celebraran como “integrados” o le temieran como “apocalípticos”) y otros señalaron que los procesos de resistencias se agudizarían ante la amenaza de perder las identidades. Tales temores estimularon los estudios culturales y comunicacionales (venidos de las escuelas de Birmingham, Frankfurt, Chicago y las teorías latinoamericanas del receptor) que terminaron de cruzarse con el postmodernismo, los postcoloniales y la decolonialidad.

El resultado real de todas estas apreciaciones es que nos hemos hibridizados o “glocalizados” por llamarle así, en procesos de identidades dentro de identidades, o mestizajes dentro de mestizajes, en medidas desiguales, cuyo peso en la composición, revela aspectos de dominio y aspectos subalternos, que luchan dentro de esos universos.

Sea como sea, la verdad es que la globalización no puede ser definida de un sólo golpe, no importa si a favor o en contra, de tal modo que preferimos hacerlo en los niveles en que ella misma se desarrolla.

LA ECONÓMICA FINANCIERA

Es la más importante y la de mayor cobertura. Es el triunfo inobjetable del mercado a caballo de las nuevas tecnologías de la comunicación y al servicio del movimiento de capitales. Expresión de la concentración de estos capitales, son el poder de las Instituciones Financieras Internacionales como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio, cuyas políticas generalmente alteran el ordenamiento social, político y económico clásico de los Estados nacionales subalternos. Su contrapartida igualmente global, pero más lenta y dificultosa, es la migración de los trabajadores de países “lentos” a países “rápidos”. La globalización en este sentido se presenta como homogenizadora.

Parte del horizonte que todos seremos iguales por medio del consumo.

Para lograr mayores niveles de eficacia y competitividad se han agrupado en tratados regionales donde las cabezas visibles son las potencias rivales en el sistema (TLC, ASEAN, UE). Últimamente han surgió potencias desafiantes que están fuera de esta globalización con claro dominio occidental, quienes amenazan con nuevas reglas del juego: China continental y la India.

LA JURÍDICA


Es la inconclusa y la que se presenta como el triunfo inobjetable de la democracia, pero avanzando con dificultades en países de culturas autoritarias. Parte de premisas ya consagradas (Derechos Humanos, Derechos Colectivos, Derechos de Pueblos Originarios) en instituciones internacionales (ONU, CIJ, OIT) y presenta las bondades de derechos normativos para todos en pisos (derechos políticos y civiles, derechos económicos/sociales/culturales y derechos de la tercera generación) que deben respetarse en los contextos nacionales. Se presentan como universales y algunos derechos provienen de exigencias del tipo anterior de globalización (derechos de autor, tratados regionales, patentes, etc.).

Se han tomado la libertad incluso de juzgar en el exilio a ex -- dictadores bajo el amparo de este tipo de globalización que no distingue entre dictadores de derecha o de izquierdas. Culturas no occidentales (como China continental y algunos países árabes y africanos) no le acuerdan ni el peso normativo ni la autoridad que los propios occidentales se brindan a sí mismos.

LA TECNOLÓGICA/CULTURAL


Es la globalización diferenciadora por excelencia. Asume la “soberanía del consumidor” que a veces se la confunde con el “derecho a la diferencia” (mezclando al ciudadano con el consumidor) que exigen y gozan grupos sociales étnicos, lingüísticos, sexuales, medioambientales y culturales.

El “derecho a la diferencia” por lo común se lo obtiene mediante procesos negociados y de consensos, donde una sociedad civil pacífica y tolerante, pero firme y luchadora, dialoga con un Estado abrumado de problemas por arriba, por abajo y por dentro que no puede resolver. La tecnología se presenta cargada de bondades y como nueva forma de distinguir a los países en atrasados y rápidos. Las nuevas protestas de grupos globales ya no es impedir una globalización que ha terminado por ser inevitable, sino la de luchar por “otras” globalizaciones incluyentes y participativas.

Monday, March 31, 2008

Prologo a "Intelectuales. Entre el mito y el mercado"


Los intelectuales. Entre el mito y el mercado

Por Freddy Quezada

No voy a ser neutral, ni académico en la presentación de este libro; no puedo y no quiero serlo. Este es un prólogo que está motivado por un profundo acto de solidaridad de Carlos Schulmaister del que me permito discreción, y el cual debe contarse como un tributo a su generosidad.

Casi todos los prólogos que conocemos empiezan alabando las virtudes de los autores de un modo formal y donde se centran realmente para bien o para mal, es en el contenido de la obra. Es un viejo modo de seguir la tradición socrática de separar al mensaje del mensajero, y ocultarse éste en áquel. El “uno” y el “se” reflexivo del que habla Heidegger, probablemente se refiera a esta borradura que asumen inconscientemente los mortales, pero que los intelectuales lo “saben”. El "cada uno es el otro y nadie sí mismo" se opone y complementa al mismo tiempo con el "cada cual para sí y Dios para todos", cuyos objetivos son borrar la presencia del que habla en nombre de todos.

Generalmente es intrascendente para un lector si el emisor es virtuoso o no, y tal idea le abre las puertas de salida del escenario, dominando la idea que lo interesante es sobre todas las cosas lo qué dice, no quién lo dice. La biografía y la episteme están separadas; el carácter y el discurso.

Cioran no salía de su asombro cuando leía las cartas aduladoras de Marcel Proust dirigidas a la nobleza de Francia y las contrastaba con la descripción decadente que hacía de ella en su obra “En busca del tiempo perdido”; es la hora y todavía uno se pregunta cómo hizo Rousseau para escribir sobre niños, cuando enviaba a orfanatos a los suyos; o aquel hombre que se prometió liberar a los proletarios del mundo, mientras embarazaba a su empleada doméstica, para dolor de su esposa y, negaba la paternidad de su hijo, secreto que guardó para siempre su mejor amigo, como en una vulgar telenovela venezolana.

Todo el éxito de los intelectuales contemporáneos se soporta en esta “borradura”. Nietzsche invirtió la fórmula radicalmente, sin mejorar el asunto, mandando a freír espárragos al mensaje y otorgando todo el poder a la voluntad del emisario.

En este caso, el mensaje de esta obra está a la altura de su mensajero. Es sincera, equivocada o no, escrita desde la rectitud de un hombre que pertenece a ese mínimo grupo de personas que en la actualidad corren a socorrer a una persona desconocida con desprendimiento y desinterés. Propongo que esta obra deba tomarse por quién lo dice y no sólo por lo qué dice, aunque esto último sea muy importante.

Hasta hace poco, los intelectuales se dividían, incluso para ellos mismos, en universales y específicos. Se tenían así mismos como representantes de un reino emanado de la razón, al que sólo ellos podían tener acceso, en virtud del medio mismo; es decir, la razón era su medio y su fin. Con el descrédito de las promesas de emancipación, de las que se sentían tribunal inapelable, los primeros se debilitaron y empezaron a ganar terreno los segundos. Pasaron, como lo advirtió uno de ellos mismos, de jueces a intérpretes; de vanguardias a facilitadores; de curas a sacristanes.

Entre los intelectuales específicos, todavía son muy pocos los que admiten desde su punto de vista, que los intelectuales sólo se representan a sí mismos y miran con temor las alternativas que se abren:

a) Son un grupo social específico que lucha por sus reivindicaciones, corriendo el riesgo incluso de diluirse y desaparecer, igual que cualquier otro, como lo advierte Walter Mignolo en una primer parte de esta cita: “si los intelectuales de hoy pueden desaparecer (…) pueden hacerlo por dos razones: porque, por un lado, los intelectuales mismos nos vamos convirtiendo en un movimiento social más…”.

b) Siguen creyendo, pese a que reconocen su carácter gremial, que ellos cuentan con una herramienta que no tienen los demás (el pensamiento) y se ofrecen como enlaces de los demás movimientos sociales como ellos, terminando por ser igual a lo que vienen de huir y negar, como lo recomienda Wallerstein “el grado en el cual el intelectual puede ser capaz de salirse él (ella) mismo del torbellino de las pasiones del momento, será el grado en el cual él (ella) podría ser capaz de servir como intérprete entre los múltiples movimientos, traduciendo las prioridades de cada uno de esos movimientos al lenguaje de los otros movimientos, y también al mutuo lenguaje que permitirá a todos esos movimientos comprender las decisiones intelectuales, morales, y por lo tanto políticas, que ellos enfrentan”.

c) Dicen que si desaparecen los intelectuales, dentro de los movimientos sociales que luchan contra la opresión pueden surgir, de todos modos, teóricos de su propia práctica, pensamiento de consuelo que amenaza al mundo, como la medusa, con nuevas cabezas si cortan las viejas, tal como lo presenta en la segunda parte de su cita, el mencionado Mignolo “y, por el otro, porque podemos pertenecer a otros movimientos sociales (de carácter étnico, sexual, ambiental, etc.) en donde, o bien nuestro rol intelectual desaparece, o bien se minimiza en la medida en que (…) los movimientos sociales que trabajan contra las formas de opresión y a favor de condiciones satisfactorias de vida, teorizan a partir de su misma práctica sin necesidad ya de teorías desde arriba que guíen esa práctica” (negrillas mías).

Para todo esto Schulmaister dice: “Los intelectuales no son distintos al resto de los mortales, por lo tanto, entre ellos también existen los genuflexos del Poder”. No son distintos, en efecto, ni en pensar ni en actuar, lo único que los diferencia de los demás, es que cobran por esos servicios, en cargos o moneda. “El sueño de un “intelectual orgánico” en Argentina es ser transferido a las áreas políticas por haber deslumbrado al señor jefe o a los superiores de éste por haber sido considerado una pieza interesante en las próximas elecciones”. Todos somos filósofos, decía Gramsci, lo que pasa es a que a unos se les paga por eso y a otros no.

Teorizar, independientemente de la práctica (no se pueden separar, pero los intelectuales lo hacen), es similar a mantener la división entre el mensajero y el mensaje en una obra. Todavía no se comprende que el pensamiento en sí, constituye una acción.

Cuando alguien pide que los subalternos, constituidos por intelectuales, produzcan más teóricos parecidos a ellos, lo que desean en realidad es contar con iguales entre los movimientos sociales, quiénes hasta hace poco estaban condenados a obedecerles. Y, así, huyendo del derrumbe, sin saberlo, recomiendan, otra vez, construir el fracaso en el seno de los escombros. Lo último en lo que piensan los intelectuales es en suprimirse. Presumo que debe ser doloroso perder una “esencia” noble y suprema obtenida a base de esfuerzos, desvelos y pasión de toda una vida y creer encontrar su recompensa, cuando se venden a una corriente o a un poder.


En dos de las cosas donde los intelectuales debieron acertar, fracasaron estrepitosamente: pronosticar, por un lado, y resolver problemas, por el otro, haciendo de las soluciones (fuente de polémicas entre todos ellos) el verdadero problema que no pueden resolver, porque viven de ellas.

Schulmaister señala al respecto: “En todos los casos en que la historia se les presenta intempestivamente como una roca en el medio del camino, ellos entran en estado de asamblea para producir sus famosos análisis críticos, sus interpretaciones y explicaciones ex post facto que para entonces no sólo no poseen ningún valor salvo el de la obviedad del error empírico general y del crónico fracaso de su teoría y su metodología, de sus proféticas utopías y de sus condiciones políticas para llevarlas a cabo”.

Al recorrer y releer muchos de los ensayos que forman parte de esta obra (Los intelectuales. Entre el mito y el mercado), se descubren diversos “actos” de la teatralidad intelectual desde una narrativa sencilla y fluida, amena y cuasi irónica, ética y mística y, que hoy me siento honrado en presentar. En el preámbulo, Carlos nos alerta para no entregarnos a ilusiones y, sin usar ningún “logos” por encima de él mismo, nos confiesa “…no integro clubes de fans, ni de cotizantes, ni capilla, banda o secta política alguna; por tanto no necesito, no he buscado ni deseo adquirir ninguna clase de legitimación simbólica para decir lo que pienso acerca de ellos”.

La verdadera naturaleza de esta obra, a mi juicio, es una verdad tan sencilla como insolente: juzgar a los jueces desde abajo e interpretar a los intérpretes desde afuera. Y tiene razón cuando nos dice: “No pretendo ‘desentrañar leyes ni tendencias’, ni ‘supuestos subyacentes’ sobre el comportamiento de los intelectuales, ni del mismo sistema que los produce y reproduce. No vengo en carácter de científico ni de epistemólogo, ni de mago ni sacerdote para esparcir un nuevo maná sobre los lectores, ni a tocar la flauta como Hamelin. Dios, supuestamente hay uno solo; en cambio, encantadores de ratas ya hay demasiados”.

Negación de la negación, Schulmaister manifiesta de forma clara y directa, un escenario donde los intelectuales están atrapados como arañas en sus redes y observan desde sus reinados cómo la nueva cultura crece lentamente.

Desnuda y desdibuja la miseria humana de los intelectuales, sin pretensiones de confesor, ni culpas de pecador. Describe la situación actual de esta élite, en especial en su país, Argentina. Pero, al contrario de la descripción que usan hoy los neoliberales (“las cosas son así, porque así deben ser”), Carlos usa una descripción de segundo grado (“como nos defendemos de nuestros defensores”), no muy lejos de esa otra que consiste en presentarse “uno” como lo peor, y anticiparse así al más furibundo de los críticos, esperando o no (¡qué rayos importa!) que sean otros los que señalen la exageración que “uno” muestra. Especie de recurso ad absurdum, se parte de lo que no es para llegar a ser lo que se es: movimiento puro.

Carlos Schulmaister en su obra, no usa citas, lo cual es hoy muy impopular. Apoya su discurso en sí mismo (sin recurso de autoridad) como en su tiempo lo hicieron Descartes, Wittgenstein y Krishnamurti desde otras tradiciones. “Deliberadamente casi no se hallarán citas de ningún tipo ni menciones de autores ni de términos o categorías clásicas ni a la moda”.

No es solamente una metodología la empleada con tal actitud, sino algo que para muchos es trillado y cansino: la ética. Un ocultamiento sólo es ético, cuando lo sostiene, aparte de lo mecánico, gramático y lógico de la construcción de un contenido, una hoja de vida abierta, sin amparos y a la vista de todos. Y cuando no lo dice él --no debe-- y son otros quienes lo señalan, triunfa y se corona la reconciliación entre el mensaje y el mensajero.

Se distingue en su contenido, una ética consecuente entre lo que se dice y hace, se piensa y dice. La única ética del intelectual, pues, es callar, desaparecer, eliminarse, no para sostener algún discurso (como lo ha hecho hasta hoy), sino para no sostener ninguno o fundirse con él y enseñar el rostro con una trayectoria abierta a todos los juicios, entre las manos. Ahora lo sabemos, nunca se trató de argumentos, sino de carácter; no de logos sino de ethos.

A ello debemos quizás ese final de punto medio, aristotélico y búdico, en el libro de Carlos

Schulmaister, “Finalmente…volver a pensar por nosotros mismos, para no volver a ser, ni adaptativos, ni destructivos (…); ni libertad sin responsabilidad, ni delito sin castigo; ni teoría sin práctica, ni práctica sin teoría; ni principismo abstracto, ni pragmatismo sin principios; ni individualismo sin solidaridad, ni colectivismo sin individuo”.

Monday, March 10, 2008

El nacionalismo latinoamericano

La guerra que pudo ser y no fue
EL NACIONALISMO LATINOAMERICANO

Por Freddy Quezada

Un presidente sudamericano huye a un baño, en medio de una crítica de otro, que espera su retorno para continuar el castigo y ver si lo regresa de nuevo con su ácido, a terminar la descarga; éste contraataca soltándole al rostro que las guerrillas son su problema y no el de él; otro, aplomado y seguro de sí mismo, llama a reconocer como beligerante a una fuerza de la que aseguraba hasta hace poco desconocerla como tal; dos más, una mujer y un indígena, presentes, guardan silencio para el siguiente número por una salida al mar; uno más, centroamericano, se asoma debajo de la carpa y se atreve a intervenir con un levantamiento de ruptura diplomática que nadie había terminado de digerir; un último, caribeño, se premia a sí mismo por haber reconciliado a la fauna, guardándose la silla, el látigo y su pechera a rayas, para la próxima función de todas estas locas de atar, que ignoran que lo menos importante es si ganó Uribe o Chávez, sino el ahorro de una guerra entre jóvenes reclutas de todos los bandos.


¿Cuál subcontinente latinoamericano? Si estuvimos a punto de ver, aunque en clave circense, la precipitación de unas naciones contra otras. El nacionalismo siempre ha tenido más poder que las ideologías (al marxismo y al liberalismo juntos, lo hundió el nacionalismo de las dos guerras “mundiales” europeas) y siempre le ha impedido el regreso a las religiones cristianas, porque su fuente y asiento de poder ha sido el Estado - nación.

Lo que vimos en el recién terminado conflicto entre varios países latinoamericanos, me produjo la impresión que el nacionalismo latinoamericano, no importa si el de Uribe, Chávez, Ortega, Correa, Castro, o el de Calderón, es una bestia agresiva y peligrosa hasta para los mismos quienes la sirven. Nada hay más peligroso que un Estado nación agrediendo a otro. Y no es garantía de ningún tipo que haya al frente de él una mujer, un aborigen o un mulato, porque incluso ellos/as son prisioneros de los principios de todo poder. Y pueden decir dentro de cada una, todo lo que quieran, siempre y cuando se observen las reglas del juego nacional. Lo contrario también es cierto. El cosmopolistismo o globalización, como se le conoce hoy, no son más que máscaras de países específicos. Nada hay más francés que los derechos y humanos, ni más alemán que el ser y nada más gringo que la búsqueda de la felicidad. La globalización no es más que el american way of life impuesto a todo el mundo. El planeta entero no es más que una batalla de naciones débiles, medias y poderosas, como siempre ha sido desde los tiempos de Maquiavelo.

El nacionalismo, ese sentimiento político trabajado en Europa por los ilustrados de todos lo bandos, en América Latina siempre sirvió a los criollos (esos blancos que toda la vida miraron en Europa y después en EEUU su casa nostálgica) y que siempre fueron hegemónicos hacia dentro y hacia abajo (contra una mayoría de mestizos, aborígenes y afrodescendientes) cuando se independizaron, y subalternos hacia afuera y hacia arriba (con las potencias), aún después de serlo, condición que heredaron y complejizaron, después, los mestizos con su sustitución en algunos países de la región.

El nacionalismo latinoamericano está basado sobre estados nacionales débiles y medio hechos, a base de copias, crímenes y falsas coberturas territoriales, poblacionales y epistémicas. América Latina es una entelequia de intelectuales ilustrados ambiciosos, excluyentes y criminales. La América Latina de los desilustrados, de los semilustrados, y de los “otros”, no tiene nada que ver con sus sectores dirigentes. La relación que se ha establecido entre ellos es de puro poder y fuerzas. Y como bailan el uno con los otros u otras, son farsas y simulaciones que persiguen objetivos políticos haciéndose los dominados, unos, y creyeron ser los dominantes, otros.

Donde las clases medias crecieron y se ampliaron, como en México y algunos países del Cono Sur, fue para sepultar la presencia de los sectores no letrados (campesinos, pobres urbanos, tan grandes como ella) y diferentes (inmigrantes recién llegados, afros y aborígenes) con los esquemas de moda y de turno de EEUU y Europa. Es memorable todavía lo que se dijo una vez para explicar porqué Argentina era tan aficionada al psicoanálisis y ninguno de los demás países de América Latina ni siquiera supiera de qué iba el asunto. No propongo nada, porque no hay nada que proponer. No quiero condenar, sino describir, aunque sé que describir es prescribir y proscribir; no quiero juzgar, sino constatar; no maldigo, presento. Y yo no conozco solución alguna al nacionalismo latinoamericano (una contradicción en los términos), a lo mejor no la haya y eso, precisamente, ya lo sea.

Mi amigo, Fernando Mires, me envió esta valoración sobre el asunto desde su punto de vista que, como se verá, es diferente al mío. Es posible que sea él el que tenga razón y no yo. Se las dejo.


Lecciones de una guerra que no fue
(Cuatro tesis)

Fernando Mires
Tesis 1

En la guerra que desde hace tanto tiempo mantiene el estado colombiano en contra de la organización terrorista llamada FARC, tuvo lugar una acción militar que efectivamente violó la soberanía nacional de Ecuador. El tema, sin embargo, no puede ser entendido sólo desde una perspectiva jurídica sino que, además, a partir de otras dos perspectivas: la militar y la política. Argumentar a favor o en contra de una perspectiva en el contexto de la otra, como ha ocurrido quizás por equivocación de parte del gobierno ecuatoriano, o por premeditación por parte del gobierno venezolano, lleva a una radical confusión de los hechos.

Desde una perspectiva jurídica el gobierno colombiano no podía tener la razón, hecho que ha sido reconocido por todos los gobiernos latinoamericanos, e incluso por el colombiano, que pidió las disculpas correspondientes al gobierno ecuatoriano recibiendo en cambio una andanada de injurias que va mucho más allá de la polémica y de la confrontación política. La agresividad empleada por el Presidente ecuatoriano quien ha hado pruebas en otras ocasiones de dominar el idioma político, sólo es posible explicar a partir de ciertas implicancias extra -jurídicas.
El gobierno colombiano hasta entonces muy cuidadoso en el manejo de los temas fronterizos, se vio probablemente conminado a tomar una decisión. Por una parte, el problema jurídico de traspasar las fronteras. Por otra parte, la posibilidad de asestar un golpe estratégico a su enemigo militar, localizado en las selvas de Ecuador. De acuerdo a la fría lógica que ha mostrado en diversas situaciones, el Presidente colombiano calculó probablemente que la decisión militar debía tener primacía por sobre el tema de la juridiccionalidad territorial. Hay dos razones obvias que explican esa decisión, y las dos son militares. La primera, es que el gobierno de Colombia se encuentra en guerra en contra de las FARC, y en la guerra se impone la lógica militar sobre la jurídica. La segunda es, dado que las FARC como toda organización terrorista es extremadamente centralizada, la pérdida de la jefatura era clave para entrar a una segunda fase que es el desmantelamiento de las demás estructuras.

Que lo militar tenga primacía sobre lo jurídico es bajo condiciones normales algo impensable. Pero la guerra no es una condición normal. La guerra tampoco es un hecho jurídico pues apunta a la anulación del adversario. En la guerra declarada por las FARC al Estado colombiano, su objetivo es la destrucción del orden republicano de la nación. A su vez, la guerra del Estado colombiano, está orientada a la destrucción de las FARC.

Uribe calculó probablemente que la acción militar originaría serias controversias con el gobierno ecuatoriano. Lo que al parecer no calculó fue la sobre-dimensionalización de esa controversia de parte de Correa. Quizás Uribe pensó que a pesar del desacato jurídico cometido, en Correa encontraría sino un mínimo de solidaridad, por lo menos algo de comprensión para su lucha en contra de las FARC. Después de todo, las FARC no son un grupo de idealistas samaritanos sino que una de las más crueles y sanguinarias organizaciones terroristas de nuestro tiempo. Por otra parte, la agresión colombiana no ponía en riesgo la seguridad interna ni externa de Ecuador ni tampoco la vida de ningún ecuatoriano. Pero Colombia y Ecuador no son España y Francia, cuyos gobiernos, a pesar de las muchas diferencias que los separan, colaboran estrechamente en la lucha contra el terrorismo vasco.

No el gobierno colombiano pero sí las FARC son una amenaza para la soberanía territorial y para la estabilidad política de la nación ecuatoriana. Mientras Correa no se dé cuenta de esa verdad elemental, será siempre sobrepasado; incluso por el mismo.

Tesis 2

La agresividad, la virulencia y el activismo empleados por Rafael Correa en contra del gobierno colombiano transgreden normas y formas. Si Uribe cometió delito de transgresión de límites geográficos, Correa ha transgredido los límites de la diplomacia y de la política. El lenguaje de Correa no apuntaba ni a una salida ni a una solución, hecho que hace posible pensar que su gobierno no estaba interesado en una desactivación del problema sino que en un plan coordinado tendiente a aislar, “por ahora” políticamente, a la nación colombiana. Si Correa era parte consciente o inconsciente de ese plan no lo podemos saber. Es posible suponer, sin embargo, que el origen de ese plan no estaba en Quito, sino que en Caracas y, además, casi con seguridad, en La Habana.

Que el Presidente Correa rechazara enérgicamente la intromisión de tropas colombianas, cabía esperarlo. Esa debe ser parte del oficio de quien detenta el cargo presidencial. Pero la enorme magnitud de ese rechazo no la esperaba nadie. Hubiera bastado una declaración, quizás una interpelación frente a los tribunales internacionales, una queja frente a la OEA y el llamado a consultas del embajador ecuatoriano.

Correa no ha dicho, por ejemplo, que fueron las FARC las que violaron primero los límites de Ecuador y que la violación limítrofe del ejército colombiano sólo fue un efecto secundario. Las injuriosas referencias de Correa a Uribe podrían haber sido incluso interpretadas como la retórica de un presidente emocionado, si es que paralelamente hubiese hecho algunas propuestas para combatir a aquel enemigo de la humanidad que son las FARC y así evitar que volvieran a repetirse hechos tan lamentables. Pero no. Leyendo las diversas alocuciones de Correa, se obtiene la impresión de que para él las FARC son un grupo de marcianos que aterrizaron por casualidad en las selvas ecuatorianas.

Podría pensarse que el descontrol de Correa tiene un pie en su política interior. En efecto, la intromisión colombiana dejó al descubierto que no sólo circulaban terroristas colombianos en su país como Pedro por su casa, sino que, además, éstos estaban establecidos en la zona, a la que habían convertido en un centro de operaciones en contra de Colombia con la posibilidad adicional de que los de las FARC también agredieran o secuestraran a ciudadanos ecuatorianos. Que eso es lo que hacen con ciudadanos venezolanos en la frontera con Venezuela. Frente a la oposición política, e incluso, frente a algunos de sus partidarios, Correa hizo un pésimo papel.

¿Cómo es que el Presidente no había sido informado que una parte del territorio nacional estaba ocupado por terroristas extranjeros? O una de dos: O Correa lo sabía, o su administración militar es absolutamente ineficiente. En los dos casos (el primero es mucho peor) Correa apuntaba a un fracaso que su agresividad verbal no sólo no ocultaba, sino que, además, delataba. Como suele ocurrir en algunas ocasiones, sus invectivas en contra de Uribe podrían haber sido interpretadas como una “huída hacia adelante”. Sin embargo, cuando el presidente Chávez determinó la expulsión del embajador colombiano y enviar tropas a la frontera, la idea de que había una conjura entre Caracas-Quito en contra de Bogotá, comenzó a tomar fuerza. Correa, en lugar de distanciarse de la posición chavista, elevó aún más el tono de sus invectivas en contra de Uribe, la que, junto a Chávez, culminaría en un violento dúo de injurias en Caracas (6.03.2008). A ellas se sumó la voz de Fidel Castro, quien cada vez que escucha hablar de guerra, resucita. Siempre obsecuente, Ortega anunció al día siguiente la ruptura de relaciones entre Nicaragua y Colombia. De un día a otro, Colombia amaneció cercada.

Tesis 3

Aparentemente Colombia se encontraba situada en una mala posición. Cercada por tres países, más las FARC que operan desde el interior y a través de los límites, y por si fuera poco, sectores estudiantiles que protestaban en las calles por los procedimientos empleados por los grupos para-militares, a los que se supone en conexión con el gobierno. No obstante, esa es sólo la apariencia. El país que tenía las mejores cartas militares y políticas en ese absurdo juego era Colombia.

Desde una perspectiva militar, el poderío de Colombia en la zona es muy superior en un sentido cuantitativo, pero sobre todo, cualitativo al de los tres países del ALBA. No se entrará aquí a analizar la cantidad de armamentos que posee cada país, bastando decir que el de Colombia es muy superior al de los tres países del ALBA unidos. Además, no se trata sólo de la cantidad de armas. Los militares colombianos saben, además, usarlas. De tal modo que los presidentes del ALBA habrían tenido que perder el juicio los tres al mismo tiempo si hubieran decidido embarcarse en una aventura militar en contra del país vecino. Sabían, además, que Colombia recibiría la ayuda directa de los EE UU país que, al tomar una decisión, no tiene como equivocarse. Y no por defender los intereses del “imperio”, ni nada por el estilo. Mucho más dependiente del imperio que Colombia es Venezuela cuya “revolución” es financiada directamente desde los EE UU, ya sea por venta de petróleo, ya sea por compra de alimentos. El problema es que, por razones que nadie entiende, el ALBA, en especial Venezuela, ha buscado el apoyo de los enemigos naturales de los EE UU en otras regiones, sobre todo en Bielorusia e Irak. Esa habría sido la ocasión propicia para que Bush hubiera terminado su mandato con un triunfo militar al menos, empresa en la que con toda seguridad habría sido apoyado sin reservas por la señora Clinton y el señor Obama quienes tendrían así un problema menos al comenzar el gobierno, que seguramente compartirán ambos.

Desde una perspectiva económica quienes más habrían perdido en el cerco a Colombia, son Ecuador y Venezuela. En todo caso, mucho menos que Colombia.

Ahora bien, donde reside la mayor fuerza de Uribe es en el frente político interno. Más del ochenta por ciento de la población colombiana lo apoya y lo apoyará en la guerra en contra de las FARC y, si se da el caso, en contra de los eventuales aliados externos del terrorismo local. La mayor parte de la clase política colombiana, incluyendo a la izquierda, está y estará de su lado. En cambio, de los tres Presidentes adversarios de Uribe, el único que está todavía en la cima de su popularidad es Héctor Correa. El gobierno de Chávez se encuentra en una situación política miserable y el de Nicaragua también en rápido descenso. De tal modo que en un conflicto externo, el ganador político habría sido el gobierno de Uribe. Por si fuera poco, de los cuatro gobernantes envueltos en el conflicto, el más inteligente, y con mucha distancia, es Alvaro Uribe. Y tanto en la guerra como en la política, la inteligencia juega un papel importante.

Si Maquiavelo hubiera querido encontrar su equivalencia a El Príncipe en una región lejana, Uribe habría sido el candidato ideal. Nunca habla demasiado, sólo lo preciso y lo justo. Sabe tender trampas al adversario (caso Emanuel), tiene paciencia y una frialdad impresionante para dejarse insultar sin responder. Nunca pierde de vista el objetivo principal. Si es necesario, sabe ser también cruel, lo que en una zona políticamente civilizada es un gran defecto, pero en las condiciones pre-políticas que subsisten en Colombia, y sobre todo en los países vecinos, se convierte en una virtud. Sus relaciones con el paramilitarismo lo han ensuciado bastante, de eso no cabe duda, pero no lo suficiente como para que la mayor parte de la población colombiana que detecta que el enemigo principal son las FARC, deje de restarle su apoyo.

La que vive Colombia es una guerra. Y todas las guerras son sucias. Solamente a los chavistas que parece que de táctica militar entiende menos que de política se les puede ocurrir que el hecho de abatir a un terrorista como Raúl Reyes fue un asesinato. En las guerras no hay asesinatos. Hay ejecutados y abatidos. Raúl Reyes fue abatido por sorpresa, y el militar que no sabe que en la guerra hay que atacar por sorpresa, mejor que se dedique a coser y a bordar. O a cantar y a bailar. Raúl Reyes murió en su ley.

Pero si todas las guerras son sucias, las guerras en contra de grupos terroristas son más sucias aún. Es que uno de los propósitos de los comandos terroristas es el de ensuciar al enemigo hasta el punto de llegar a convertirlo en alguien irrepresentable. El gobierno socialdemócrata alemán de Helmuth Schmidt por ejemplo, se ensució tanto, que para salvar a los rehenes que mantenía la Rote Armee en Mogadicho, tuvo que ocupar aeropuertos africanos y pagar las debidas compensaciones. Una de las razones del declive del gobierno de Felipe Gonzáles en España, tuvo que ver con la responsabilidad indirecta del gobernante en actos ilegales (ejecuciones y torturas) cometidos en contra de los terroristas de la ETA. El gobierno de Israel tiene que responder a los ataques de las fracciones terroristas del Hama con medios que con toda seguridad nunca desearían emplear sus gobernantes. En Colombia, las FARC han igualmente logrado no solamente ensuciar políticamente a Uribe, sino que a la mayoría de los presidentes que lo antecedieron.

Después del terrorismo, no hay nada que sea moralmente más repugnante que el para-militarismo. Sin embargo, y esto es lo que cuesta entender a muchos, no el terrorismo es una consecuencia del para-militarismo, sino que el para-militarismo es una consecuencia del terrorismo. Si las FARC desaparecieran, más temprano que tarde el para- militarismo se desintegraría. Si el para-militarismo desapareciera, el terrorismo de las FARC continuaría actuando. Esa es la relación, y no otra.

Lo cierto es que pese sus abusos de poder, a la ilegalidad de los para-militares, y a la violencia, a veces excesiva de los policías que en algunos casos han hecho suya la lógica de los terroristas, Uribe continúa siendo el gobernante más popular de la región. Más aún: Chávez lo ha hecho más popular que nunca. Ahora bien, en caso de guerra, la solidez del frente interno es la condición más importante para un triunfo, más importante aún que la cantidad de armas. Eso lo sabe cualquier militar, y Chávez es militar.

La solidez de ese frente interno no la tiene Chávez ni en sueños, ni siquiera entre sus propios partidarios quienes cada cierto tiempo, como ahora está ocurriendo, libran luchas verdaderamente caníbales. El resto de la población venezolana, o es oposición, o es absolutamente indiferente al gobierno. Con Daniel Ortega ocurre algo parecido, más de la mitad de Nicaragua lo adversa. Y además, Ortega ...... Digámoslo así: Ortega no es uno de los gobernantes más prestigiosos del mundo.

Sólo Correa mantiene su popularidad, entre otras cosas porque es un político talentoso, cualidad que lamentablemente no ha mostrado en los últimos acontecimientos.

Desde una perspectiva internacional, Uribe ha sabido ganar el respeto de los gobiernos europeos. Cuenta, está de más decirlo, con el apoyo incondicional de los EE UU, con Bush o sin Bush. A Brasil interesa Venezuela sólo como socio comercial, y a las tímidas y asustadizas democracias del Cono Sur, el gobierno de Chávez les causa más problemas de los que quisieran tener. En fin, tanto la correlación nacional como internacional de fuerzas, favorecía, casi sin contrapeso, al gobierno de Uribe. Chávez, cuyo instinto político es innegable, se dio cuenta a tiempo, y decidió frenar, y como ya es su costumbre, en el mismo borde del abismo.

Tesis 4.

El principal enemigo del gobierno de Uribe, que es el de Chávez, se encuentra, POR AHORA, políticamente neutralizado.

Por ahora, es el antiguo lema de Chávez. Eso lo dijo el Chávez joven cuando fracasó su golpe de Estado: por ahora. Por ahora, el gobierno de Chávez se encuentra en una posición defensiva. Está siendo atacado por todos lados, incluyendo el propio. Un día son los buhoneros a quienes les entregó las calles y a quienes quiere erradicar de las calles. Otro día los obreros y empleados de Sidor. Una vez, y casi siempre, los estudiantes. Cuando menos se espera, los ultraizquierdistas “a la Lina Ron” le echan a perder sus escenas cinematográficas. La corrupción de sus aliados le comen el gobierno por dentro. Tascón, el eterno delator: Delator de profesión, delata a los otros, hoy a los suyos. Los motociclistas y batallones siniestros que amedrentan a la población y le restan cada día más votos para unas elecciones que nadie sabe si tendrán lugar y en las cuales, chavistas y antichavistas, todos juntos, quieren ser candidatos. Chávez los vuelve locos, los locos vuelven loco a Chávez. Chávez quiere salvar la revolución ¿Cuál revolución?
La revolución después de nueve años no ha comenzado, y antes de nueve años ya había terminado, antes de que comenzara. Mucho antes: la revolución de Chávez fue derrotada en 1990, cuando cayó el muro de Berlín.

El 2 de diciembre del 2007, Chávez perdió no una consulta popular. Perdió un proyecto de toma de poder. Después del 2.12.07, no tenía más alternativa que gobernar, aunque no tenía ningún programa de gobierno. Ni siquiera tiene un personal administrativo idóneo para gobernar. El Estado está ocupado por cuadros ideológicos y militares que rotan de un puesto en otro. Los verdaderos cuadros de gobierno están en la oposición. Es cierto que en un arranque de extrema lucidez inventó Chávez tres R. que nadie se acuerda ahora que significan. Al día siguiente se olvidó de todo y creyó de nuevo no en el gobierno, sino que en el poder eterno, aquel que no está en este mundo pero que lo obsesiona. Ese poder nunca lo podrá tener. Ni él ni nadie. Entonces inventó una guerra. “Cortinas de humo”, dijo el hábil Rosales. “Evadir la realidad”, afirma el general Baduel, quien pesa cada palabra como si las palabras tuvieran plomo. Ambos tenían razón. Todavía es tiempo de que el gobierno rectifique, pero el problema es que, a diferencias de Uribe, el Presidente venezolano se encuentra en una estado de extrema ideologización, alteración que le impide desarrollar sus ideas y pensar con libertad.

En cierto modo, el Presidente Uribe –que ironía de la historia– ha salvado con su accionar práctico la continuidad del gobierno venezolano. ¿Qué habría pasado si Uribe se hubiese dejado llevar por el falso orgullo y por las emociones que hizo gala el joven Presidente Correa? Es mejor que ni lo pensemos. Gracias a que en Colombia hay un Presidente que piensa políticamente, vale decir, alguien que es un político de profesión (y de vocación), ha sido evitado el hecho trágico de que muchas vidas humanas hubieran sido inútilmente sesgadas.

Tuesday, February 26, 2008

Toma, Moreno

TOMA, MORENO

Por Freddy Quezada



De asumir Barack Obama, como parece ser, la presidencia de EEUU y de morir, como parece ser también, Fidel Castro, asistiríamos a la ironía perfecta. Mientras una revolución desgastada se derrumba, una nueva, pero impredecible, tomará su lugar; mientras una revolución de hierro saldrá por la ventana, una multicultural, al parecer, entrará por la puerta grande. Moisés, habrá conducido a su pueblo pobre y hambriento, pero sano y educado, hasta las puertas de la tierra prometida, pero no podrá entrar en ella, ni verla; ni verla, el colmo, realizada por su peor enemigo.

Eso es lo que creen muchos; pero, lamento no coincidir, como siempre, con la mayoría.

Barack Obama, es lo más atractivo que ofrece el Imperio (así como lo definen Hardt y Negri, con sus multitudes, ahora también queers, que lo desafían) para seguir incorporando sectores multiculturales en sus consensos. Algunos le dicen el “Chávez gringo”, no sólo por mulato, sino por el proyecto incluyente que le suponen.

Slavoj Zizek, uno de los grandes críticos del multiculturalismo, del que se enorgullecen los académicos norteamericanos, dice que “el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un ‘racismo con distancia’: ‘respeta’ la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad ‘auténtica’ cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada”.

Pero Obama, o cualquier otro u otra que no sea blanco, burgués, anglosajón, protestante y hombre, que lleguen al poder serán prisioneros, siempre, de sus reglas: la del mayor imperio de la tierra. Como se sabe, los imperios se construyen desde adentro hacia fuera, pero caen desde afuera hacia adentro, como los cristianos y bárbaros con Roma y los inmigrantes, que probablemente hagan lo mismo, con Europa y EEUU.

El o la presidente de EEUU, es un prisionero de los intereses industriales, tecnológicos, financieros, militares y culturales de sus corporaciones, su única señal de identidad será obedecerles, su única independencia, negársela al resto de las naciones y su deseo más fuerte, dominar a los demás. Si hay algún atisbo de rebeldía en estos presidentes atípicos, deben asumir las consecuencias, casi siempre mortales.

Los hermanos Castro (pero no los de “sí, ya sé que sólo soy un tonto/ que me estoy volviendo loco/ por ti, sólo por ti/, por tu amor/, no es justo que cada mañana tú pasas y nunca volteas hacia mí...” ¿qué fue de ellos?), por su parte, moviéndose dentro del campo de las mismas reglas del poder, no obran de modo tan diferente, y me pregunto si esta vez no estarán empleando el mismo recurso de Stalin quién, ya al final de su vida, haciéndose el muerto, provocó la euforia de su Ministro del Interior, quien pateó el “cadáver” enfrente de toda la Nomenklatura y, al abrir los ojos, el dictador soviético ordenó de inmediato su fusilamiento a Laurenti Beria, el sucesor del impaciente. Mao Tse Tung, más político, hizo lo mismo con su táctica de dejar crecer las “cien flores” en el régimen chino, para después decapitarlas. Si alguna sabiduría y estrategia (visto que nunca usó el enfrentamiento directo y la rebelión abierta) le resta al pueblo cubano, debe ser la prudencia y la paciencia para esperar que su dirigente muera por efectos del tiempo. Gloria transit mundi!!! Y esperar el recambio en todos los órdenes, en especial el papel que jugará el ejército cubano y sus empresas, como lo anticipa Sam Farber, en lo mejor que leído hasta hoy, sobre los escenarios postcastro en Cuba.

Los medios globales de comunicación, en los que se deja arrastrar la izquierda tonta e ilusa de siempre (como Doris Day frente a Rock Hudson en las películas cursi de los sesenta), nos quiere hacer creer que el triunfo de Obama, nos traerá un nuevo régimen y una nueva era de inclusión, tolerancia y reducción de la desigualdad (no dice, por ejemplo, que no está dispuesto a calendarizar el retiro de las tropas de EEUU de Irak ), en contra de una Hillary Clinton aristócrata y autoritaria, (le reitero, señora, mis ya ofrecidos servicios, si aún desea vengarse de las infidelidades), así como contra un republicano, John Mc Cain, atrasado y guerrero, con casi un nombre secuestrado al Duro de Matar.

Por el lado izquierdo, también nos venden la idea que todo lo que venga después de los hermanos Castro, será más blando y flexible, menos autoritario y más democrático que lo existente. Para toda esta gente, elegir entre los gringos y los Castros es como elegir entre la Pepsi y la Coca, entre las Pizzas y los pollos, entre las hamburguesas y los hotdogs, entre el BM y el FMI, entre el blanco europeo y el norteamericano, entre Caribdis y Escila.

En lo que a mi respecta, le digo al Sr. Barack Obama, con todo respeto, como hace Rockefeller, ese cuervo cascarrabias a su ventrílocuo, a través de su ritmo pélvico, cada vez que le ofrece una promesa de político: toma, Moreno!!!

Saturday, February 16, 2008